Hace veinte años, ella le salvó la vida. Hoy, él por fin la encontró... pero ella no recuerda quién es. Mientras el pasado vuelve para destruirlos, Adrián deberá luchar contra quienes hicieron todo para separarlos. Porque esta vez, pase lo que pase... no piensa perderla otra vez.
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Capítulo 12: La llamada
¡Ring...!
El sonido del antiguo teléfono resonó por toda la bóveda.
Era un sonido grave, metálico, completamente fuera de lugar en medio del caos.
Emma se detuvo en seco.
—¿Escuchaste eso?
Adrián también lo había oído.
La enorme puerta de acero seguía cerrándose lentamente y la alarma repetía una y otra vez:
—Veinte segundos para el cierre total.
—¡Señor! —gritó Viktor—. ¡Tenemos que salir!
Pero Emma no podía apartar la vista del teléfono.
Estaba sobre un pequeño pedestal de mármol, iluminado por una única lámpara.
Sonaba una vez.
Luego otra.
Y otra.
Como si hubiera esperado exactamente ese momento para hacerlo.
—Tengo que contestar... —susurró Emma.
Adrián la tomó del brazo.
—No.
—¿Y si es importante?
—No sabemos quién está del otro lado.
Emma volvió a escuchar el teléfono.
Sintió un fuerte latido en el pecho.
Una voz muy lejana parecía llamarla.
"Contestá, Emilia..."
Cerró los ojos.
Aquella voz...
La conocía.
—Adrián...
—¿Qué pasa?
—Alguien me está llamando.
Él la miró preocupado.
—No hay nadie.
—Sí lo hay.
Puedo escucharlo.
Viktor volvió a intervenir.
—¡Dieciséis segundos!
Los escoltas ya estaban saliendo de la bóveda mientras cargaban a Damián, que apenas podía mantenerse consciente por la herida de bala.
Emma soltó la mano de Adrián.
Corrió hacia el teléfono.
—¡Emma! —gritó él.
Ella levantó el auricular.
Durante unos segundos solo escuchó estática.
Después...
La voz de un hombre.
Una voz suave.
Serena.
—Si estás escuchando esto...
Significa que llegaste mucho más lejos de lo que imaginé.
Las lágrimas comenzaron a correr por el rostro de Emma.
Conocía esa voz.
Aunque hacía veinte años que no la escuchaba.
—Papá...
Adrián quedó inmóvil.
El mensaje había sido grabado.
No era una llamada.
Era una cinta antigua que se activó al abrir la bóveda.
—Emilia...
No sé cuántos años pasaron desde la última vez que te vi.
Tampoco sé si sigo con vida cuando escuches esto.
Pero hay algo que necesito que sepas.
Nunca te abandoné.
Nunca dejé de buscarte.
Emma rompió en llanto.
Sus piernas comenzaron a temblar.
—Papá...
La voz continuó.
—Si alguien te hizo creer que no te amaba...
Te mintió.
Todo lo que hice fue para darte una oportunidad de vivir.
Adrián sintió un nudo en la garganta.
Jamás imaginó que aquel hombre hubiera dejado un mensaje para su hija.
—No confíes en nadie que lleve nuestro apellido.
La traición nació dentro de la familia.
Y si Alekséi sigue con vida...
Significa que fallé.
Emma sintió que el corazón se detenía.
Adrián levantó lentamente la vista.
Las palabras confirmaban todas sus sospechas.
Alekséi llevaba décadas destruyendo a los Volkov desde adentro.
La grabación continuó.
—Hay algo que nadie conoce.
Ni siquiera Adrián.
Él también está en peligro.
Porque el verdadero heredero...
Nunca fui yo.
Adrián frunció el ceño.
—¿Qué...?
Pero en ese instante sonó otra alarma.
Más fuerte.
Más agresiva.
—Diez segundos para el cierre definitivo.
Viktor corrió hacia ellos.
—¡Señor!
¡Ahora!
Adrián tomó a Emma de la mano.
Ella todavía sostenía el auricular.
—¡No terminó!
—¡Volveremos!
—¡Pero...!
Sin darle tiempo a reaccionar, Adrián tiró suavemente de ella.
Los dos comenzaron a correr hacia la salida.
Detrás de ellos, el teléfono seguía reproduciendo el mensaje.
La voz del padre de Emma aún podía escucharse.
—Si encontraron la llave...
También encontrarán...
La última palabra quedó ahogada por el estruendo de la enorme puerta de acero.
¡BOOOOM!
La bóveda quedó completamente sellada.
Emma cayó de rodillas al otro lado de la puerta.
Golpeó el acero una y otra vez.
—¡No!
¡Todavía estaba hablando!
¡Papá!
El eco de sus golpes se perdió en el silencio del viejo pasillo.
Adrián se agachó junto a ella.
Nunca la había visto llorar de esa manera.
Le acarició el cabello con cuidado.
—Lo vamos a abrir otra vez.
Te lo prometo.
Emma levantó la vista.
—¿Y si era la única oportunidad?
Antes de que Adrián pudiera responder, Viktor recibió un mensaje en su comunicador.
Su rostro cambió por completo.
—Señor...
Tenemos otro problema.
Adrián se puso de pie de inmediato.
—¿Qué pasó?
Viktor observó la pantalla de su comunicador unos segundos antes de responder.
—Acaban de entrar a la residencia Volkov.
Emma levantó la cabeza lentamente.
Todavía tenía los ojos llenos de lágrimas.
—¿Entraron...? ¿Quiénes?
—Las cámaras de seguridad dejaron de transmitir hace apenas un minuto. Los guardias encontraron el portón principal abierto y varias alarmas fueron desactivadas desde el panel central.
Adrián frunció el ceño.
—Eso significa que quien entró conocía perfectamente el sistema.
—Exactamente.
Viktor deslizó una fotografía en la pantalla de la tablet.
—Antes de que las cámaras dejaran de funcionar, una alcanzó a registrar esto.
Los tres observaron el video.
La imagen era borrosa por la lluvia, pero podía distinguirse a un grupo de hombres vestidos de negro caminando con absoluta tranquilidad por el jardín de la residencia.
No parecían ladrones.
No buscaban objetos de valor.
Avanzaban directamente hacia el ala oeste de la mansión.
Como si supieran exactamente qué estaban buscando.
Uno de ellos levantó la cabeza hacia la cámara.
Durante un segundo, su rostro quedó perfectamente enfocado.
Viktor respiró hondo.
—No puede ser...
Adrián giró hacia él.
—¿Lo conocés?
—Sí.
Y ojalá no fuera él.
Emma miró nuevamente la fotografía.
Aquel hombre rondaba los sesenta años.
Cabello completamente blanco.
Barba perfectamente recortada.
Vestía un antiguo uniforme de seguridad.
Había algo extrañamente familiar en su rostro.
—¿Quién es? —preguntó.
Viktor tardó unos segundos en responder.
—Iván Petrov.
El jefe de seguridad personal de tu padre.
Emma quedó inmóvil.
—¿Mi padre tenía un jefe de seguridad?
—Era mucho más que eso.
Era su hombre de mayor confianza.
Adrián frunció el ceño.
—Pero Petrov murió hace veinte años.
Viktor negó lentamente.
—Eso creíamos todos.
Mientras regresaban a la residencia Volkov, ninguno pronunció una sola palabra.
Solo se escuchaba el ruido de la lluvia golpeando contra el techo del automóvil.
Emma observaba el medallón que descansaba entre sus manos.
No dejaba de pensar en la voz de su padre.
"Nunca te abandoné."
Aquellas palabras le habían cambiado la vida.
Si su padre nunca la abandonó...
Entonces todo lo que creyó saber sobre su infancia era mentira.
Respiró profundamente.
—Adrián...
Él giró apenas la cabeza.
—Decime.
—¿Vos alguna vez pensaste en rendirte?
Adrián sonrió con tristeza.
—Todos los días.
Emma lo miró sorprendida.
—¿Entonces por qué no lo hiciste?
Él permaneció unos segundos en silencio.
—Porque antes de desaparecer...
Una nena muy valiente me hizo prometer que volvería por ella.
Y nunca rompo mis promesas.
Emma sintió que el pecho se le llenaba de una calidez que no experimentaba desde hacía mucho tiempo.
Bajó la mirada para ocultar una pequeña sonrisa.
Cuarenta minutos después, el convoy llegó a la residencia.
Todo estaba demasiado silencioso.
Ni un solo guardia en la entrada.
Ni una sola luz encendida.
Adrián descendió primero.
Los escoltas rodearon inmediatamente el perímetro.
Viktor hizo una señal.
—Revisen toda la propiedad.
Los hombres comenzaron a dispersarse.
Emma caminó lentamente hasta la puerta principal.
Estaba abierta.
El viento hacía mover las cortinas del enorme recibidor.
La casa parecía completamente vacía.
Entraron.
Cada paso hacía crujir el viejo piso de madera.
Entonces escucharon una voz.
—Llegaron más rápido de lo que esperaba.
Todos levantaron las armas al mismo tiempo.
Un hombre descendía lentamente por la gran escalera central.
Vestía el mismo uniforme que aparecía en el video.
Su cabello blanco contrastaba con sus ojos celestes.
Al ver a Emma, sonrió con emoción.
Los ojos comenzaron a humedecérsele.
—Señorita Emilia...
Bienvenida a casa.
Emma sintió un fuerte dolor en el pecho.
No sabía quién era ese hombre.
Pero una parte de ella quería correr y abrazarlo.
—¿Usted... me conoce?
El hombre hizo una leve reverencia.
—Mi nombre es Iván Petrov.
Fui el jefe de seguridad de sus padres durante más de veinte años.
Y desde la noche de su desaparición...
He esperado el día en que pudiera volver a verla.
Adrián no bajó el arma.
—Si realmente trabajaba para mi familia...
Explíqueme una cosa.
¿Por qué fingió su muerte?
Petrov cerró los ojos unos segundos.
Cuando volvió a abrirlos, parecían cargados de culpa.
—Porque era la única forma de seguir protegiéndola.
Alekséi ordenó matar a cualquiera que supiera la verdad.
Yo debía desaparecer...
O nunca habría llegado este momento.
Emma dio un paso al frente.
Las lágrimas volvieron a llenar sus ojos.
—¿Qué verdad?
Petrov respiró profundamente.
Miró primero a Adrián.
Luego a Emma.
Y finalmente dijo:
—Sus padres no murieron hace veinte años.
Están vivos.
Y llevan dos décadas escondidos... esperando el momento de recuperar a su hija.
Continuará...