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EL AMOR NO SIEMPRE LLEGA CON PALABRAS BONITAS

EL AMOR NO SIEMPRE LLEGA CON PALABRAS BONITAS

Status: En proceso
Genre:Reencuentro / Amor de la infancia / Mafia
Popularitas:921
Nilai: 5
nombre de autor: miamartina

Soy Natalia Salazar. Tengo veintitrés años y jamás imaginé que una amistad de la infancia pudiera convertirse en algo más.

En Puerto Marina nadie pronunciaba el apellido Salazar sin bajar la voz. Mi padre era el hombre más temido de la ciudad, y crecer bajo su sombra significó vivir entre guardaespaldas, reglas y puertas cerradas. Mientras otros hacían amigos en la escuela o salían los fines de semana, yo aprendí a mirar el mundo desde lejos.

Pero no estaba completamente sola.

Tenía a Marcos y a Alex.

Nos conocíamos desde niños y, aunque rara vez podíamos vernos fuera de los eventos organizados por nuestras familias, ellos eran lo más parecido a una vida normal que había tenido.

Hasta aquella noche.

Lo vi entre la multitud y algo cambió.

No fue una mirada, ni una sonrisa, ni una palabra bonita. Fue algo peor: la sensación de que, por primera vez en mi vida, estaba a punto de desear algo que nunca debería haber querido.

NovelToon tiene autorización de miamartina para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

el viaje

natalia

Ya habían pasado dos días desde que Alex me contó que tendría que viajar a Rusia.

Yo intentaba no pensar en eso. No quería pensar en el momento en el que tendría que irse.

Así que aprovechamos cada minuto juntos.

Fuimos al campo de tiro, salimos a comer y me llevó a explorar las montañas.

Por momentos, mi mente lograba olvidarse de todo: de su viaje, del trabajo y de todo lo que nos esperaba.

Incluso había dejado de importarme que alguien pudiera vernos juntos.

Pasamos horas decorando su apartamento, discutiendo dónde colocar cada cosa y riéndonos de nuestras propias decisiones.

Por unas horas, simplemente éramos nosotros.

A la mañana siguiente nos levantamos y fuimos a desayunar con mi padre y mis hermanos, como ya era costumbre.

—Alex, ¿puedes llevar a Natalia hoy? Debo irme a Noctis.

—Claro, señor.

Lo dijo con seriedad.

Cuando llegamos a la empresa, yo fui directamente a mi oficina y él se dirigió a la suya.

Ya era la hora del almuerzo.

Justo cuando estaba por pedir mi comida, alguien tocó la puerta.

—Permiso.

Era Marcos.

Sonreí.

—Adelante.

Traía una bolsa en la mano.

—Avísale a Alex que traje la comida.

Lo miré asombrada.

—Tranquila, que nadie se va a tratar mal.

Lo dijo en tono burlón.

No pude evitar sonreír.

Tomé mi teléfono y llamé a Alex.

Unos minutos después entró a la oficina.

Su expresión no parecía muy feliz al ver a Marcos, pero, aun así, se sentó.

Charlamos durante un rato y, para mi sorpresa, las cosas estuvieron bastante tranquilas.

Incluso pude notar que, poco a poco, comenzaban a amigarse nuevamente.

Quizás no volverían a ser los de antes de un día para otro, pero al menos habían dado un primer paso.

Cuando llegó la tarde, me quedé esperando a Alex.

Siempre venía a buscarme para llevarme a casa, pero el tiempo pasaba y él no aparecía.

Tomé mi teléfono y le escribí.

"¿Vienes a buscarme o te veo abajo?"

No pasó mucho tiempo antes de que recibiera una llamada.

—Hola, amor. ¿Vienes?

—Lo siento, mi reina, pero justo ahora estoy por viajar para reunirme con tu padre y no pude avisarte.

Hizo una pausa.

Suspiró.

Antes de que pudiera continuar, lo interrumpí.

—No te preocupes, ¿sí? Nos vemos a la noche. Dejo la puerta de mi habitación abierta.

Hice una pequeña pausa.

—Te amo.

—Créeme que yo más.

Colgó.

Fui a casa y me preparé un ramen.

Mientras subía las escaleras hacia mi habitación, recordé cómo había comenzado todo.

Sin darme cuenta, estaba sonriendo.

Entré a mi habitación, me acomodé en la cama y puse una película.

Ya habían pasado varias horas y ellos todavía no regresaban.

Decidí prepararme un baño para relajarme.

Me sumergí en la tina durante un largo rato, intentando despejar mi cabeza.

Cuando salí, me sequé y me preparé para dormir.

No sé en qué momento me quedé dormida.

Sentí un cosquilleo en la espalda.

Me llevé una mano hacia ella, pero no sentí nada.

El cosquilleo continuó.

Abrí los ojos y, cuando me giré, lo vi.

Alex estaba frente a mí.

Le sonreí.

—Ya llegaste.

—Me esperaste mucho, seguro.

—Un poco, pero tenía mucho sueño.

—Perdón. Nos atrasamos organizando el viaje.

Se mordió el labio inferior.

—Pero antes de hacer todo lo que quiero hacerte en este momento, debemos hablar.

Me incorporé en la cama.

—¿Qué pasó?

Tomó la frazada y me cubrió con ella.

—Si no hago esto, no voy a poder concentrarme.

Negué con la cabeza, divertida.

—Está bien. Habla.

Su expresión cambió.

—Ya me dijeron cuándo debo irme.

Sentí que mi corazón se aceleraba.

—¿Cuándo?

Muy dentro de mí deseaba que me dijera que ya no tendría que irse.

Pero sabía perfectamente que eso no era posible.

—Mañana.

Lo dijo seco, pero pude notar cómo se quebraba por dentro.

No sabía qué decir.

Quería abrazarlo y pedirle que no se fuera, pero sabía que no podía hacerlo.

—Está bien, amor. No te preocupes. Vas a ver que el tiempo pasa volando.

Lo dije intentando animarlo, aunque por dentro sentía todo lo contrario.

Me dio un beso.

—Ven, acuéstate conmigo.

Se desvistió, cerró la puerta con seguro y volvió a la cama.

Me abrazó, me besó y, durante un rato, simplemente nos dejamos llevar.

No queríamos pensar en que al día siguiente tendría que irse.

Solo queríamos aprovechar aquella última noche juntos antes de su viaje.

A la mañana siguiente, Alex se levantó primero.

Antes de salir de la habitación, vi en el reflejo del espejo una pequeña caja sobre la cama.

Me giré y me acerqué.

Cuando la tomé, descubrí que debajo había una carta.

La abrí y leí:

"Para mi reina. No compensa nada, pero espero que cuando la uses te acuerdes de mí."

Sentí un nudo en la garganta.

Claramente era un regalo de Alex y, por alguna razón, estuvo a punto de hacerme llorar.

Abrí la caja.

Dentro había una pulsera hermosa, delicada, con pequeños diamantes rojos.

Él sabía cuánto me gustaba ese color y cuánto le encantaba cómo se veía en mí.

Sonreí mientras me la colocaba.

Antes de salir, tomé mi bolso y bajé.

Me senté con todos, desayunamos y después nos fuimos a la empresa.

Alex pasó primero por su oficina para recoger algunos papeles.

Antes de partir, pasó por la mía para despedirse.

—Voy a volver lo antes posible.

—Está bien.

Me acerqué y le di un beso.

—Me vas a esperar, ¿no?

Lo dijo en tono burlón.

Lo golpeé suavemente en el brazo y soltó una risa.

De repente, alguien golpeó la puerta.

Era Marcos.

—Permiso. Vine a saludar.

—Pasa.

Alex se giró para mirarlo.

Por un momento pensé que había creído que Marcos venía a despedirse de mí.

Pero Marcos se acercó a él.

—Buen viaje, Alex. Espero que vuelvas pronto. Todavía tenemos que aclarar un par de cosas.

Alex lo miró durante unos segundos.

Finalmente, se estrecharon la mano.

En ese momento, comenzó a sonar el celular de Alex.

Lo miró y después volvió a mirarme.

—Amor, ya debo irme. Si no puedo contactarme contigo, Mirko se va a encargar de hacértelo saber.

Asentí.

Se acercó, me dio otro beso y salió.

Me quedé mirando la puerta durante unos segundos.

La pulsera roja brillaba en mi muñeca.

La acaricié con los dedos.

Era lo único que tenía de él mientras esperaba que regresara.

Y, aunque intentaba convencerme de que todo estaría bien, una parte de mí no podía dejar de preguntarse qué podía pasar durante aquel viaje.

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