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"CORAZÓN DE CRISTAL, ALMA DE FUEGO"

"CORAZÓN DE CRISTAL, ALMA DE FUEGO"

Status: Terminada
Genre:Traiciones y engaños / CEO / Mujer poderosa / Completas
Popularitas:6.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Naibelys Perez

"CORAZÓN DE CRISTAL, ALMA DE FUEGO" es una historia de segundas oportunidades, de la lucha por el amor verdadero frente a la adversidad familiar y de cómo un alma ardiente puede derretir el más frío de los corazones. ¿Podrán Serena y Julián superar los obstáculos, sanar sus heridas y construir un futuro juntos, o los secretos de su pasado y la oposición de sus hijos destruirán el imperio que han construido con tanto esfuerzo? Adéntrate en un mundo de ambición, pasión y redención, donde solo el amor más puro puede salvarlos.

NovelToon tiene autorización de Naibelys Perez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

EL ENCUENTRO FUERA DEL CUADRO

​El fin de semana llegó con un cielo despejado. Para Serena, los sábados no solían ser días de descanso, sino la única oportunidad de caminar sin un horario marcándole el paso.

​Aceptando la insistencia de Beatriz y Constanza, accedió a almorzar en un exclusivo restaurante con terraza en la zona alta de la ciudad.

​—Insisto en que deberías usar más color, Serena —comentó Beatriz, probando un sorbo de su copa de vino blanco—. Un verde esmeralda o un rojo rubí.

La gente cree que vives vestida de gris porque te congelas, no porque te guste.

​—Me gusta la sobriedad, Beatriz. Evita distracciones —respondió Serena, esbozando una sonrisa contenida mientras cortaba su ensalada.

​—Lo que evita es que los hombres se te acerquen a menos de tres metros sin pedir un permiso por escrito —replicó Beatriz, guiñándole un ojo a Constanza.

​—Déjala en paz, Beatriz —intervino Constanza con serenidad—. Serena no necesita llamar la atención; la atrae de manera natural.

Además, tiene bastantes tensiones esta semana como para que la atormentes.

​Serena suspiró, recordando la fría actitud con la que Ignacio había abandonado la casa dos días atrás.

​—Ignacio sigue sin contestar mis llamadas. Se quedó en el apartamento de Guillermo. Me duele ver cómo su padre le llena la cabeza de veneno, usándolo como un peón para atacar la empresa.

​—Guillermo es un frustrado —sentenció Beatriz, borrando la sonrisa juguetona de su rostro—. Se gastó el dinero que le diste en el divorcio en malas inversiones y ahora pretende volver a colgarse de tus logros utilizando a su propio hijo. Es despreciable.

​En ese momento, una risa infantil, cristalina y contagiosa, resonó cerca de la entrada de la terraza, rompiendo la conversación.

​—¡Papi, mira! ¡Ese edificio se parece al de mis bloques! —exclamó un niño de unos seis años, señalando emocionado hacia la vista de la ciudad.

​—Es bastante más alto, Oliver. Pero el tuyo tiene mejores colores —respondió una voz masculina, cálida y profundamente familiar.

​Serena giró la cabeza instintivamente.

​A pocos metros de su mesa, vestido con un suéter de hilo color crema, jeans oscuros y una actitud relajada que distaba mucho de la rigidez del mundo financiero, estaba Julián Ocampo. Sostenía la mano de un pequeño de cabello castaño y ojos inquisitivos.

​Julián alzó la vista y sus ojos azules se encontraron de lleno con los de Serena. Lejos de esquivar la mirada o mostrar incomodidad, una sonrisa genuina iluminó el rostro del empresario.

​—Señora Montemayor —dijo Julián, acercándose con paso tranquilo a la mesa—. Qué grata sorpresa encontrarla fuera de la torre corporativa.

​—Señor Ocampo —respondió Serena, poniéndose de pie con su elegancia habitual—. No esperaba verlo por aquí.

​—Suelo reservar los sábados exclusivamente para este caballero —explicó Julián, poniendo una mano con ternura sobre el hombro del niño—. Oliver, ella es la Sra. Serena.

​El niño la miró con absoluta curiosidad y le dedicó una sonrisa amplia.

​—Hola, Sra. Serena. Mi papá me dijo que usted es muy inteligente y que manda en un edificio gigante.

​Un ligero rubor amenazó con asomar a las mejillas de Serena, mientras Beatriz abría ligeramente la boca, fascinada por la escena, y Constanza sonreía con la cabeza inclinada.

​—Hola, Oliver —dijo Serena, bajando la voz a un tono suave que rara vez utilizaba en su vida pública—. Tu papá tiene razón, pero el edificio gigante solo es un lugar de trabajo.

Encantada de conocerte.

​—¿Ves, papi? Te dije que no tenía cara de enojada —soltó el niño con la ingenuidad propia de su edad.

​Julián soltó una carcajada baja, un sonido grave que hizo vibrar algo en el pecho de Serena.

​—Oliver tiene la mala costumbre de decir exactamente lo que piensa —se disculpó Julián, mirando a Serena a los ojos con un matiz de complicidad—. Le ruego que lo disculpe.

​—No hay nada que disculpar.

Los niños siempre dicen la verdad —respondió Serena, sosteniéndole la mirada. Por primera vez en años, no sintió la necesidad de erigir un muro defensivo.

​—Buenas tardes —intervino Beatriz con una sonrisa pícara, extendiendo la mano—. Soy Beatriz, amiga de Serena. Y ella es Constanza.

​—Un placer, damas —saludó Julián con impecable cortesía—. No quiero interrumpir su almuerzo. Solo quería saludar.

Nos veremos el lunes para la firma final de los contratos, Señora Montemayor.

​—Así será, Señor Ocampo. Que tengan un buen fin de semana.

​—Igualmente. Vamos, Oliver.

​Serena se quedó de pie observando cómo Julián se alejaba tomado de la mano de su hijo, guiándolo hacia una mesa junto al ventanal con una dedicación y una paciencia que hablaban volúmenes de su carácter.

​Cuando volvió a sentarse, Beatriz la miraba fijamente, apoyando la barbilla sobre sus manos cruzadas.

​—¿Qué pasa? —preguntó Serena, intentando retomar su postura seria.

​—Pasa que no tiene treinta años en el alma, Serena. Ese hombre tiene una madurez y un aplomo que muchos de cincuenta envidiarían —comentó Constanza con sutileza.

​—Y además es un padre adorable —añadió Beatriz, guiñándole un ojo—. La «Dama de Hielo» está empezando a derretirse, y lo mejor de todo es que ni siquiera te estás dando cuenta.

​Serena no respondió. Miró de reojo hacia la mesa del fondo, donde Julián reía pacientemente mientras le limpiaba los labios a su hijo con una servilleta. Una sensación insólita de calidez recorrió a Serena, dejando una pregunta flotando en su mente: ¿cuánto tiempo llevaba privándose de la posibilidad de volver a sentir?

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Isela Aguirre
excelente inicio autora
Magdalena Petrazzini
👏👏👏👏
Magdalena Petrazzini
Hermosa historia, me encanta la teama👏👏👏🥀
Magdalena Petrazzini
Wauu, que hombre👏👏
America Lopez
que cierre de capitulo tan intenso 🤭
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