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El Precio De Amarte

El Precio De Amarte

Status: Terminada
Genre:Amor eterno / Romance / Completas
Popularitas:8k
Nilai: 5
nombre de autor: Yamila22

Él domina un imperio, pero ante ella se vuelve un cobarde.
Dominic Sterling es el implacable magnate de la moda inclusiva en Nueva York, un hombre frío que construyó una fortaleza de éxito para proteger a su madre, Elena, de los fantasmas del pasado. Pero cuando Scarlett Sinclair —una brillante y hermosa diseñadora de alta costura que pisa fuerte en sus tacones altos— irrumpe en su empresa, el control de Dominic se desmorona.
Scarlett busca un socio, pero encuentra a un hombre que la desarma y que, al mismo tiempo, levanta una barrera de hielo por pánico a ser vulnerable. Mientras Dominic calla lo que siente, la llegada del carismático fotógrafo Julian Beck amenaza con alejar a Scarlett para siempre. Atrapado en su propio silencio, Dominic se enfrentará a la prueba más difícil: descubrir si el orgullo vale más que el precio de amarte.

NovelToon tiene autorización de Yamila22 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 22: La Fiebre del Hielo

El temporal que azotaba París no daba tregua. La humedad calaba hasta los huesos y el viento del norte arrastraba agujas de hielo que azotaban los cristales del taller. Dominic había pasado las últimas noches durmiendo en una habitación minúscula y mal calefaccionada de un hostal barato a las afueras, un lugar rústico que eligió deliberadamente para desconectarse por completo de las comodidades que su dinero podía comprar. Ese aislamiento, sumado a las extenuantes jornadas cargando bultos bajo la llovizna constante con la ropa húmeda, terminó por pasarle una factura biológica implacable.

Cuando Dominic cruzó la puerta trasera a las seis de la mañana, su estampa habitual se veía severamente afectada. Tenía las facciones desencajadas, la piel de un tono pálido casi traslúcido y las comisuras de los labios agrietadas por el frío. Sin embargo, lo más alarmante era el brillo errático y febril de sus ojos oscuros. Scarlett lo notó en cuanto él tomó el delantal de lona, pero el hombre evitó sostenerle la mirada, carraspeó para aclarar su garganta y caminó con paso rígido hacia la zona del almacén, aferrado a la terca determinación de no fallarle ni mostrar un solo rastro de debilidad que ella pudiera interpretar como un abandono.

El esfuerzo fue inútil contra la realidad de su cuerpo. A media mañana, mientras intentaba levantar un rollo de brocado de lana de doble ancho, el suelo pareció desvanecerse bajo sus botas de trabajo. Un sudor frío y espeso le cubrió la frente, la vista se le nubló por completo y sus piernas, firmes hasta ese día, fallaron por completo. Dominic se desplomó pesadamente sobre el suelo de cemento, derribando un estante menor y quedando tendido entre los textiles que tanto se había esmerado en ordenar.

El estrépito alertó de inmediato a las costureras del primer piso. Al escuchar los gritos de alarma, Scarlett abandonó sus bocetos y bajó las escaleras a toda prisa. Al ver al imponente empresario tirado en el suelo, respirando de forma entrecortada y temblando de frío a pesar del calor del lugar, toda la fachada de gélida indiferencia que la diseñadora había construido minuciosamente durante semanas se derrumbó por puro instinto de protección.

—¡Dominic! —exclamó, arrodillándose a su lado sin importarle manchar su propio vestido con el polvo del suelo.

Al tocarle la frente, retiró la mano casi por reflejo; su piel quemaba como una plancha de sastre. Con la ayuda de dos operarios del taller, lograron ponerlo en pie a duras penas y lo arrastraron hasta la pequeña sala de descanso del personal, recostándolo en un viejo sofá de terciopelo desgastado. Scarlett tomó el control de la situación con una autoridad que no admitía réplicas. Despachó a las empleadas para que continuaran con sus labores, cerró la puerta de madera y se despojó de su abrigo para ponerse a trabajar en su cuidado.

Ella misma encendió la pequeña estufa eléctrica de la habitación, hirvió agua en una tetera metálica y preparó un té concentrado con hojas de menta y limón. Con un cuenco de agua templada y un paño de algodón limpio, se sentó en el borde del sofá y comenzó a limpiar con delicadeza el sudor de la frente, el cuello y las sienes del hombre.

Dominic entró en un estado de semi-inconsciencia profunda, atrapado en el delirio que la altísima temperatura provocaba en su mente. En ese trance vulnerable, despojado de cualquier filtro o estrategia, el magnate no habló de acciones en la bolsa, ni mencionó sus empresas, ni articuló frases hechas para pedir un perdón racional. Su mente había regresado al peor día de su existencia. Con la voz pastosa, rota y ahogada por la angustia, Dominic comenzó a mover la cabeza de un lado a otro sobre el cojín, agitando las manos heridas en el aire como si intentara alcanzar algo invisible.

—Scarlett... no —deliraba en un susurro desesperado, mientras las lágrimas se abrían paso entre sus pestañas cerradas—. No subas... por favor. El avión... Scarlett, mírame, llegué tarde. No me dejes en este invierno... no te vayas.

Scarlett se detuvo con el paño húmedo a medio camino, sintiendo un vuelco desgarrador en el pecho. Escuchar su nombre pronunciado con tanto terror, ver a ese hombre que siempre consideró un monumento al control absoluto llorando de manera genuina en mitad de la fiebre, desarmó los últimos reductos de su hostilidad. Las palabras de Dominic en el delirio eran la prueba más pura y descarnada de que el sufrimiento de él durante esos tres meses de separación había sido tan real, tan destructivo y tan profundo como el de ella. Él no estaba actuando; se había roto de verdad.

Silenciosamente, mientras exprimía el paño en el cuenco, Scarlett permitió que sus propias lágrimas rodaran libremente por sus mejillas. Se inclinó sobre él, le colocó el lienzo fresco en la frente y, por primera vez en meses, entrelazó sus dedos con la mano marcada de Dominic, apretándola con suavidad en la penumbra de la sala de descanso. En ese rincón apartado de París, rodeados por el aroma herbal del té y el zumbido de la estufa, Scarlett comenzó a soltar de manera definitiva el peso muerto del rencor, aceptando que el dolor del pasado finalmente podía empezar a sanar.

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Maria Mongelos
Hermosa historia 💕 gracias querida escritora 💕
Maria Mongelos
Me encantó este capítulo, gracias querida escritora 💕
Maria Mongelos
Que bueno!! Ella vuelve y vuelve por él, por el hombre que ama y le demostró su amor
Maria Mongelos
Pero pueden visitarse, París no queda tan lejos, pueden hablar todos los dias
Maya
Mm pensé que iban a poder estar juntos otra vez se separan
Maria Mongelos
Está muy buena, gracias querida escritora 💕
Maria Mongelos
Siii, ya aprendió la lección, ya bajó la guardia, reconoció sus sentimientos, ahora aprovechen la oportunidad y sean felices
Maria Mongelos
Ya es hora de que tengan una conversación y dejar de lado el orgullo, creo que él ya entendió
alicia g
el amor y respeto por la pareja pueden mover montañas, excelente historia escritora, felicitaciones
Judy
Hermosa historia!
Judy
Hermosa historia!!!! Me encantó la trama, diferente pero con un mensaje muy valioso sobre el respeto, la confianza, etc. Felicitaciones!
Isela Aguirre
excelente novela autora felicidades me encantó 💕 saludos
JZulay
😉👌🏼
Isela Aguirre
excelente felicidades autora
Rosa Nicolás
excelente
Zulema Neme
Pobre.Scarlett..No.Sufras por un Soberbio 😍😍😍😍😍. Ya llegará la hora de tu Venganza 🍀🍀🍀🍀🍀🍀🍀
Karina Marriaga
hola escritora me gusta la historia pero la tienes que seguir escribiendo para ver más capitulos
Maria Mongelos
Tu orgullo va a quedar hecho trizas pero sí va a valer la pena si consigues el perdón de Scarlet
Maria Mongelos
Te pásate Scarlet pero me parece justo, él tiene que aprender a ser humilde
Maria Mongelos
Si realmente la amas vas a tener que demostrarlo, remar bastante para que ella vuelva contigo
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