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El Contrato de un Billonario

El Contrato de un Billonario

Status: En proceso
Genre:CEO / Matrimonio contratado / Amor prohibido / Mujer fuerte/hombre frágil / Atracción entre enemigos
Popularitas:23.4k
Nilai: 5
nombre de autor: NocheCeniza

Valentina Estrada lo tuvo todo: un apellido respetado, una mansión en Polanco y un futuro brillante. Hasta que su padre fue acusado de corrupción, se suicidó, y ella cayó al abismo.
Siete años después, sobrevive con tres empleos, paga la clínica de su madre en estado vegetativo y duerme en un departamento del tamaño de un clóset. Una noche de desesperación, finge un accidente automovilístico para cobrar el seguro.
El conductor del Mercedes resulta ser Santiago Reyes — el becario al que humillaron en la preparatoria, ahora dueño de un imperio de miles de millones. Y el hijo del hombre que murió por culpa de su padre.
Santiago le ofrece un trato imposible: 2 mil millones de pesos por seis meses de matrimonio.
Valentina acepta. Lo que no sabe es que Santiago lleva diez años comprando cada objeto que ella tocó, guardando cada foto que encontró, y esperando en silencio el momento de tenerla de vuelta.
En el tercer piso de su mansión hay una habitación cerrada con llave.
Dentro está la prueba de que nunca dejó de amarla.

NovelToon tiene autorización de NocheCeniza para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 23

Valentina no durmió.

Salió del Hospital San Gabriel con Patricia cuando el cielo apenas empezaba a ponerse gris, regresó al Hotel Castellano en taxi y se lavó la sangre de la manga en el baño de empleados hasta que la tela quedó húmeda y áspera. El chupetón bajo la mandíbula no desapareció. Lo cubrió con corrector, se abrochó bien el uniforme y se dijo que, si el cuerpo insistía en delatarla, ella al menos no iba a ayudarlo.

A las ocho de la mañana, el hotel entero estaba en alerta.

No por Santiago.

Por dinero.

En la pantalla del comedor de personal apareció un aviso: "Reunión obligatoria. Todo el personal disponible. Salón Catedral. 9:00 a. m."

Patricia leyó el mensaje desde su celular y soltó un silbido bajo.

—Eso nunca es bueno.

—Quizá van a felicitarnos por sobrevivir otra noche —dijo Valentina, sirviéndose café de máquina.

—Cuando un hotel junta a todos a las nueve, no reparte felicitaciones. Reparte miedo.

Karla pasó junto a ellas con una carpeta contra el pecho y una sonrisa recién pintada.

—Yo escuché que habrá renovación. Y cuando hay renovación, sobran manos.

Patricia la miró de arriba abajo.

—Qué raro que todavía no te renovaron la lengua.

Karla ignoró el golpe.

—Solo digo. Las que tienen reportes quizá deberían ir preparando currículum.

Valentina dejó el vaso de café sobre la mesa.

—¿Quieres repetir eso con Recursos Humanos presente?

—No hace falta. Ya lo saben.

Karla se fue antes de que Patricia pudiera responder. Valentina no la siguió. No porque no quisiera. Porque, si empezaba una pelea, Karla iba a tener otro reporte para mandar.

El Salón Catedral estaba lleno a las nueve en punto: camaristas, botones, recepción, cocina, seguridad, mantenimiento. Algunos todavía olían a cloro, otros a pan caliente. Todos tenían la misma cara de quien hace cuentas mentales: renta, hijos, transporte, deudas.

Valentina pensó en Isabel.

Después en los mil pesos mensuales del convenio con Santiago.

Después en la pulsera de Fabián, guardada en su locker como una mala idea de plata.

El director general subió a la tarima con una tableta en la mano. A su lado había dos personas de traje que nadie conocía y Marco, impecable, serio, con expresión de documento confidencial.

El murmullo se apagó.

—Buenos días —empezó el director—. Como parte de una estrategia de crecimiento y renovación urbana, informamos oficialmente que el Hotel Castellano ha sido adquirido por Grupo SY.

El nombre cayó sobre el salón.

Grupo SY.

Valentina sintió que alguien le cerraba una mano alrededor de la garganta.

Patricia, a su lado, murmuró:

—No manches.

Karla volteó hacia Valentina con una emoción tan obvia que ni siquiera intentó ocultarla.

—El proyecto Centro Histórico contempla una remodelación integral del inmueble —continuó el director—, actualización de estándares, revisión de procesos y auditoría de contratos. Durante las próximas semanas se evaluará la continuidad de puestos según desempeño, necesidad operativa y antecedentes disciplinarios.

Antecedentes disciplinarios.

La palabra se clavó directo en su expediente.

Valentina escuchó a alguien de cocina preguntar por indemnizaciones. Una camarista mayor se persignó. Un botones joven, el mismo que había llevado las flores de Fabián, se puso pálido.

Marco tomó el micrófono.

—Grupo SY respetará las obligaciones laborales vigentes conforme a la ley. Nadie será despedido hoy. Sin embargo, a partir de este momento, todas las áreas responderán a la nueva administración de transición.

Valentina quiso reírse.

Nueva administración.

Santiago no necesitaba instalarse en la suite 1801 para verla. Ahora podía revisar su contrato, su horario, sus reportes, sus llegadas tarde, sus faltas, su deuda moral y su sueldo desde cualquier cama de hospital.

Patricia le apretó el codo.

—Respira.

—Estoy respirando.

—No parece. Pareces a punto de morder a alguien.

—Estoy seleccionando.

El director siguió hablando de beneficios, modernización, capacitación. Palabras limpias para decir que algunas personas iban a quedar fuera y otras tendrían que agradecer seguir adentro aunque les cambiaran la vida entera.

Al terminar la reunión, el salón explotó en preguntas.

—¿Van a cerrar pisos?

—¿Qué pasa con los contratos eventuales?

—¿La antigüedad se respeta?

—¿Habrá liquidación?

Marco respondió con frases exactas, sin prometer más de lo escrito. Valentina no se acercó. No iba a ponerse en fila para pedir tranquilidad a un hombre que trabajaba para Santiago.

Pero la tranquilidad tampoco la dejó ir.

En la pantalla del salón apareció una presentación con renders del proyecto: fachada limpia, lobby nuevo, restaurante de autor, pisos ejecutivos cerrados por etapas. En una diapositiva, Valentina alcanzó a leer "optimización de turnos nocturnos" y "tercerización parcial de servicios no esenciales".

Tercerización.

La palabra recorrió al personal como una corriente eléctrica. Una camarista de lavandería empezó a llorar en silencio. Un hombre de mantenimiento preguntó si los iban a mandar a otra propiedad. Nadie respondió de frente.

Valentina sintió la trampa con una claridad insoportable. Si el piso dieciocho cerraba por remodelación, su asignación especial podía desaparecer. Si los servicios se tercerizaban, una suspensión reciente bastaba para dejarla fuera. Si seguía, sería porque Santiago lo permitía.

Y permitir no era lo mismo que respetar.

A media mañana, Recursos Humanos pidió a los jefes de área entregar expedientes prioritarios en la sala de juntas. Patricia estaba en recepción cuando vio pasar la carpeta azul con el nombre de Valentina en la pestaña.

La alcanzó en el pasillo de servicio.

—Tina.

—¿Qué?

—Tu expediente va en la primera tanda.

Valentina se quedó quieta.

—Claro.

—No pongas esa cara.

—¿Cuál cara?

—La de "me voy antes de que me corran".

Valentina miró hacia la sala de juntas. La puerta de cristal estaba medio abierta. Dentro, el director de operaciones hablaba con Marco y una mujer de Recursos Humanos. Sobre la mesa había varias carpetas. Una, azul, abierta.

Su nombre se veía desde el pasillo.

Valentina Estrada Muñoz.

—El caso es delicado —decía la mujer de Recursos Humanos—. Tiene una suspensión reciente, reporte por conducta inapropiada en suite, historial de quejas de una supervisora y asignación directa al huésped que ahora representa al grupo comprador. Mi recomendación es terminar el contrato antes de que se convierta en un conflicto.

Patricia abrió los ojos.

Valentina no se movió.

Marco pasó una página.

—¿Quién emitió el reporte?

—Karla Núñez, camarista temporal asignada a la 1801 durante la suspensión.

—Anótelo para revisión.

La mujer de Recursos Humanos hizo un gesto.

—Con todo respeto, señor Marco, la salida de la señorita Estrada resolvería varios riesgos.

Valentina sintió una calma rara.

Ahí estaba.

Si la despedían, perdía el sueldo, las propinas, la cobertura de comidas, el acceso a turnos dobles. Perdía, tal vez, la posibilidad de pagar a Santa Teresa sin vender hasta la dignidad en Mercado Libre.

Si la dejaban, trabajaría para Santiago.

No había puerta sin trampa.

El celular de Marco sonó.

Él miró la pantalla y contestó de inmediato.

—Señor Reyes.

La sala se quedó quieta.

Valentina también.

La voz de Santiago salió baja por el altavoz. No sonaba fuerte. Sonaba enferma. Pero no había perdido filo.

—¿Están revisando contratos?

—Sí, señor.

—Lea la lista.

Marco empezó con tres nombres de cocina, dos de recepción, uno de mantenimiento. Luego llegó al suyo.

—Valentina Estrada Muñoz. Ama de llaves, asignación ejecutiva.

Hubo una pausa.

Valentina sintió que Patricia le agarraba la mano.

Desde el teléfono, Santiago habló con una claridad que atravesó el cristal.

—El contrato de la señorita Estrada se mantiene. Sin cambios.

Nadie respiró.

Valentina cerró los ojos un segundo.

No la había salvado.

La había encerrado.

1
Stella Vergara
Hermosa historia
Stella Vergara
después de tantos secretos, lágrimas , desafíos, odio ,amor , reconciliación, tormentas , exoneración y justicia, siempre triunfa el amor
Stella Vergara
la verdad era más fácil aunque doliera
Stella Vergara
,fuerte,las mentiras son crueles
Stella Vergara
e🤭🤭🤭🤭🤭🤭 enamorados o no hacen un equipo perfecto
Stella Vergara
ya es hora que pase algo con bueno entre ellos ,se siente fastidiosa
Stella Vergara
no entiendo nada
Stella Vergara
par de locos se odian no se soportan y se aman o son ideas jajaja🤭👏👏
Stella Vergara
jajajajaj está interesante
Stella Vergara
pobre muchacha 🤭🤭
daniela guzman
me encanta
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