Sinopsis
Lyra creció creyendo que era una loba común dentro de la Manada de la Luna Plateada.
Toda su vida soportó humillaciones, desprecios y el rechazo de quienes consideraba su familia. Cuando finalmente encontró el amor y la confianza, fue traicionada de la forma más cruel.
La noche de la Luna Sangrienta, Lyra murió.
Pero la muerte no fue el final.
Al abrir los ojos, despertó cinco años en el pasado, antes de que comenzaran las conspiraciones que destruyeron su vida. Ahora recuerda cada mentira, cada traición y cada rostro que sonrió mientras planeaba su caída.
Esta vez no será una víctima.
Sin embargo, cuanto más intenta cambiar el destino, más descubre una verdad imposible: ella no es una loba cualquiera.
Es la heredera perdida de la primera estirpe de lobos.
La legítima reina.
Y el temido Rey Licántropo, un hombre que debería ser su enemigo, parece haberla estado esperando durante siglos.
NovelToon tiene autorización de Scarlet Salas para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
CAPITULO 20
Esa noche no pude dormir.
Las palabras de mis padres adoptivos no dejaban de repetirse en mi cabeza.
"No somos tus verdaderos padres."
"Te encontramos la noche de la caída de la Casa Lunar."
"Lucien estaba celoso."
"Selene quería ser tú."
Me giré sobre la cama.
Intentando encontrar una posición cómoda.
Intentando apagar mis pensamientos.
Inútil.
Cada respuesta había traído nuevas preguntas.
Y lo peor era que ya no sabía qué dolía más.
La mentira.
O la verdad.
—Deberías descansar.
Murmuró Nyra.
—Lo intento.
Respondí.
—Piensas demasiado.
—Mi vida acaba de derrumbarse.
Creo que tengo derecho.
Mi loba no discutió.
Porque sabía que tenía razón.
Cerré los ojos.
Y poco a poco el cansancio terminó venciendo.
El sueño llegó apenas cerré los ojos.
Esta vez no hubo oscuridad.
No hubo transición.
Solo fuego.
Llamas elevándose hacia el cielo.
Sangre cubriendo la tierra.
Y el rugido de cientos de lobos resonando en la noche.
Abrí los ojos.
O al menos eso creí.
Porque estaba allí.
Otra vez.
La noche de mi muerte.
La Luna Sangrienta brillaba sobre el campo de batalla.
Observándolo todo.
Pero esta vez no veía los acontecimientos desde mis propios ojos.
Los veía desde arriba.
Como si alguien quisiera mostrarme la verdad completa.
Lobos enormes luchaban entre sí.
Alfas.
Betas.
Guerreros.
Los rugidos hacían temblar el suelo.
Las espadas chocaban en todas direcciones.
Los cuerpos caían uno tras otro.
Y entonces lo vi.
Mi padre adoptivo.
No era el hombre tranquilo que recordaba.
No era el hombre que me enseñó a caminar.
Era un Alfa.
Uno poderoso.
Su enorme lobo marrón estaba cubierto de sangre.
Luchaba contra otros guerreros mientras protegía a los miembros de la manada.
—¡Retírense!
Rugió.
—¡Protejan a los cachorros!
Mi corazón se aceleró.
Nunca lo había visto así.
Nunca.
La escena cambió.
Mi padre había vuelto a su forma humana.
Estaba herido.
Cubierto de sangre.
Respirando con dificultad.
Frente a él había varios alfas.
Discutían.
Gritaban.
—La chica debe entregarse.
Dijo uno de ellos.
—No.
Respondió mi padre.
—Ella no tiene nada que ver con esto.
Mi respiración se detuvo.
—Si sigue viva, todos estaremos en peligro.
Dijo otro alfa.
—Es solo una niña.
Gruñó mi padre.
—No entiendes quién es.
El sueño comenzó a temblar.
Como si intentara mostrarme algo más.
Pero las voces se distorsionaron.
Y no pude escuchar el resto.
La escena volvió a cambiar.
Ahora estaba viendo a Lucien.
Mi estómago se revolvió.
Su expresión era exactamente la misma que recordaba.
Fría.
Cruel.
Llena de resentimiento.
—Siempre fue ella.
Escuché decir.
—Siempre Lyra.
Selene estaba frente a él.
Llorando.
—No hagas esto.
Suplicó.
—Todavía podemos detenerlo.
Lucien negó con la cabeza.
—¿Detener qué?
¿Que todos la admiren?
¿Que todos hablen de ella?
¿Que siempre sea más importante que nosotros?
Selene bajó la mirada.
Y comprendí algo.
Ella nunca quiso mi muerte.
Pero tampoco tuvo el valor de impedirla.
Y eso dolía casi tanto como la traición.
La visión cambió una última vez.
Y entonces me vi.
Arrodillada.
Herida.
La espada atravesando mi abdomen.
La sangre caía sin detenerse.
Lucien sonreía.
Selene lloraba.
Los demás observaban.
Y de repente...
Un rugido estremeció el mundo.
Todos se quedaron inmóviles.
Los lobos.
Los guerreros.
Los alfas.
Todos.
Porque una presencia aterradora acababa de llegar.
Kael.
Mi respiración se cortó.
Lo vi atravesar el campo de batalla.
Lo vi abrirse paso entre guerreros y lobos.
Lo vi ignorar cada ataque.
Solo tenía los ojos puestos en mí.
—¡LYRA!
Su voz hizo temblar la tierra.
Y entonces vi algo que jamás había visto.
Dolor.
Dolor verdadero.
Como si verme herida hubiera destrozado algo dentro de él.
Su lobo rugió con tanta furia que varios guerreros retrocedieron.
Kael intentó llegar hasta mí.
Intentó alcanzarme.
Intentó salvarme.
Pero llegó demasiado tarde.
La sangre seguía escapando de mi cuerpo.
La oscuridad comenzaba a envolverme.
Y justo antes de que el sueño terminara...
Escuché una voz.
La misma voz que me habló antes de morir.
—Mi pequeña heredera.
Athea.
Y por primera vez comprendí algo.
Mi muerte no había sido un accidente.
No había sido una simple traición.
Había sido parte de algo mucho más grande.
Abrí los ojos de golpe.
Jadeando.
Con el corazón golpeando con fuerza contra mi pecho.
La habitación estaba oscura.
Pero una cosa era segura.
Necesitaba encontrar a Kael.
Porque él estaba allí aquella noche.
Y probablemente conocía respuestas que nadie más podía darme.
🌙🐺👑✨