Aurora, una joven de campo marcada por el miedo, huye hacia Londres junto a su pequeño hermano Charles, escapando de un pasado oscuro y de un padrastro que amenaza con destruirlo todo. En medio de una ciudad desconocida y desafiante, su dulzura e inocencia se convierten en su única fortaleza.
Su vida cambia cuando conoce a Christian Potter, un hombre que ella cree un simple chofer, sin imaginar que en realidad es un poderoso y frío CEO multimillonario. Acostumbrado al éxito, pero atrapado en una vida de soledad y amargura, Christian encuentra en Aurora una luz inesperada.
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Capítulo 19
Christian llegó a la hora habitual frente a “El Rincón de Maggie”. Aurora salió con su delantal aún puesto y una sonrisa que iluminaba toda la calle. Se acercó al coche y, sin decir nada, Christian la tomó por la cintura y le dio un beso suave pero lleno de ganas.
—Hola, mi amor —susurró contra sus labios.
—Hola… —respondió ella, todavía sonrojada—. Te extrañé todo el día.
Subieron al coche y Christian condujo hacia el edificio. En el asiento trasero llevaba varias bolsas grandes de supermercado.
Cuando entraron al apartamento 503, Charles corrió a recibirlos.
—¡Christian! ¿Qué traes ahí?
Christian sonrió y empezó a sacar las cosas sobre la mesa:
Un pollo entero asado aún caliente
Una caja grande de fresas
Queso cheddar en bloque
Yogur natural con frutas
Una bolsa de chocolates finos
Jugo de naranja natural
Pan de molde fresco
Carne para guisar
Una torta pequeña de vainilla
Aurora se quedó mirando todo en silencio. En su mente pensaba: “Es solo un chofer… ¿cómo puede gastar tanto dinero en una sola noche?”. Le dolía que gastara de esa forma, pero no quiso decir nada para no ofenderlo.
—Gracias… —dijo finalmente con una sonrisa forzada—. No tenías que traer tanto.
Christian la miró con ternura.
—Quiero que coman bien.
Aurora trajo la comida que había sobrado de la cafetería (un poco de pastel y pan) y lo complementó con un guiso rápido de carne con papas y verduras que preparó en pocos minutos. Los tres se sentaron a comer.
Charles estaba especialmente animado.
—Hoy en el libro que me prestó Peluche leí una historia de un fantasma que vivía en un ático y movía las cosas por la noche. Dicen que si apagas la luz y dices su nombre tres veces, aparece…
Christian, con tono serio y misterioso, intervino:
—Pues yo conocí una historia peor. En un edificio antiguo de Londres, una mujer vestida de blanco caminaba por los pasillos a medianoche. Si la veías de frente… te seguía hasta tu casa y nunca más podías dormir tranquilo.
Charles abrió mucho los ojos y se acercó más a su hermana.
—¿De verdad? ¿Y si viene aquí?
Aurora miró a Christian con reproche, pero él solo sonreía.
Cuando terminaron de comer, Aurora llevó a Charles a su habitación.
—Vamos, mi amor. Es hora de dormir. No pienses en fantasmas, ¿sí? Todo eso son solo cuentos.
—Pero… ¿y si el de blanco viene? —preguntó el niño, asustado.
—No va a venir. Yo estoy aquí y Christian también. Duérmete tranquilo.
Lo arropó, le dio un beso en la frente y apagó la luz, dejando solo una pequeña lámpara encendida.
Al salir de la habitación, Aurora cerró la puerta y miró a Christian con tono burlón, cruzada de brazos.
—Traumatizaste a mi hermano. Ahora va a tener pesadillas toda la noche por tu culpa.
Christian, que estaba sentado en el sofá, se levantó lentamente con una sonrisa peligrosa. Se acercó a ella, la tomó por la cintura y la besó con intensidad.
—Entonces… ¿ya es nuestro tiempo? —susurró contra sus labios mientras sus manos bajaban la cremallera del vestido.
Aurora suspiró contra su boca y asintió.
El vestido cayó al suelo. Minutos después, ambos estaban desnudos en la habitación de Aurora, besándose y tocándose con deseo. Christian fue cuidadoso, pero apasionado. Hicieron el amor con más confianza que la noche anterior, aunque Aurora todavía ahogaba sus gemidos por temor a que Charles despertara.
Cuando terminaron, Aurora se levantó, se puso la ropa interior y una pijama ligera. Christian seguía desnudo sobre el colchón, observándola con admiración.
De pronto tomó su saco, sacó una caja elegante y se la extendió.
—Esto es para ti.
Aurora abrió la caja y vio un teléfono móvil último modelo, brillante y moderno.
—No… Christian, no puedo aceptarlo —dijo inmediatamente, devolviéndoselo—. Es demasiado caro. Con lo que te robaron la otra noche… no quiero que gastes más dinero en mí.
Christian fue hábil y respondió con naturalidad:
—Es de segunda mano. En la empresa donde trabajo nos dan bonos y descuentos especiales a los empleados. Los teléfonos los conseguimos muy baratos. Casi no me costó nada, te lo juro.
Aurora lo miró con desconfianza durante unos segundos, pero finalmente suspiró y lo aceptó.
—Está bien… pero solo porque dices que te costó poco esfuerzo. Gracias, de verdad.
Christian sonrió, tomó el teléfono y empezó a configurarlo. Guardó su propio número y le puso de nombre de contacto:
“Mi Christian ❤️”
Aurora vio la pantalla y soltó una risa suave.
—Qué cursi…
Luego él le pasó el teléfono a ella.
—Ahora ponme tú.
Aurora pensó un momento y escribió con una sonrisa tímida:
“Mi Aurora bonita 🌸”
Christian leyó el nombre y sonrió ampliamente.
—Perfecto.
La atrajo hacia él y la besó con ternura.
—Ahora sí podré escribirte y llamarte cuando quiera. No quiero volver a preocuparte como hoy.
Aurora se acurrucó contra su pecho desnudo.
—Gracias… por todo.
Se quedaron abrazados en silencio, disfrutando de la calma después de la pasión.