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Por Mi Reina

Por Mi Reina

Status: Terminada
Genre:Yuri / Romance / Mujer poderosa / Completas
Popularitas:782
Nilai: 5
nombre de autor: Skay P.

✅️🔞🦋👑En el imponente Imperio de Aethelgard, la luz y la piedra dictan las leyes. En la cima de las Torres de Marfil, la princesa Lysandra gobierna las cortes con una elegancia tan afilada como un puñal. Es hermosa, calculadora y letal en el juego de la política; una experta para asegurar la supervivencia de su dinastía.
En la base del reino, entre el barro, la lluvia y el eco del acero, se encuentra la general Kaelith. Marcada por las cicatrices de una guerra interminable contra las sombras de Umbralia, Kaelith es el escudo inquebrantable del imperio. Es una mujer de disciplina marcial y pocas palabras, pero esconde un secreto que podría costarle la cabeza: su lealtad no le pertenece a la corona, sino a la mujer que la lleva.👑🦋🔞✅️

NovelToon tiene autorización de Skay P. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Nuestro fénix

Tres años de paz habían transformado al Imperio de Aethelgard. Las Torres de Marfil ya no eran un símbolo de frialdad y traición aristocrática; ahora, sus calles de azul y piedra blanca bullían de vida. Gracias a la alianza con los señores de Osoria, los mercados de la terraza media estaban llenos de comida, telas ricas y metales. El pueblo adoraba a su joven soberana, la reina Lysandra, y respetaba profundamente a la mujer que custodiaba sus fronteras.

En el gran salón del trono, el ambiente era muy diferente al de la época del viejo emperador. Ya no había ministros corruptos susurrando en las esquinas. Las leyes del imperio habían cambiado, y con ellas, las costumbres de la corte.

Nadie en Aethelgard cuestionaba ya en voz alta la relación entre la reina y su Comandante Suprema. Los nobles habían aprendido a tragarse sus prejuicios el día que vieron a Kaelith destrozar al campeón del norte, y el pueblo simplemente celebraba ver a su reina feliz. Era un secreto a voces que todos aceptaban con naturalidad: la corona y la espada compartían el mismo lecho en los aposentos reales.

Kaelith entró en el salón del trono con paso firme. Llevaba su armadura oscura de combate, pulida y reluciente, con el broche de plata del fénix en el hombro. Aunque el imperio disfrutaba de una era de tranquilidad, la militar nunca había abandonado sus hábitos de vigilancia. Su cabello oscuro estaba recogido en una coleta alta, y la cicatriz de su ceja izquierda se había atenuado con el tiempo, dándole un aire aún más maduro y majestuoso.

En el trono, revisando unos pergaminos de comercio, se encontraba Lysandra. Al ver entrar a la comandante, una sonrisa cálida y brillante iluminó el rostro de la reina. Se levantó de su asiento sin importar el protocolo y bajó los escalones del estrado para recibirla.

—Has regresado antes de lo esperado de la inspección de la muralla, mi comandante —dijo Lysandra, extendiendo sus manos delgadas para tomar las manos callosas de Kaelith.

Kaelith entrelazó sus dedos con los de la reina con suavidad, disfrutando del calor del contacto físico que ahora podían permitirse a la vista de los guardias del salón, quienes simplemente apartaban la mirada con respeto.

—Los hombres del este han terminado de instalar las nuevas balistas rúnicas en los acantilados, Lysandra —respondió Kaelith, inclinándose levemente para dejar un beso corto y tierno en los labios de la reina—. Las defensas de la capital son inexpugnables. No hay flota en el norte ni ejército en el oeste que pueda amenazar nuestras torres.

Lysandra soltó un suspiro de alivio, apoyando la cabeza contra el pecho acorazado de la comandante por un breve segundo.

—Me alegra escucharlo. Estos tres años a tu lado han sido un sueño, Kaelith. A veces tengo miedo de despertar y descubrir que sigo atrapada en mitad de aquel banquete falso, forzada a sonreírle a Valkarn mientras tú sangrabas en el sur.

Kaelith subió su mano grande para acunar el rostro de la reina, delineando su pómulo con el pulgar. Sus ojos oscuros brillaban con un amor maduro y protector.

—Esa guerra terminó, mi reina. Rompimos el tablero y ganamos nuestro derecho a vivir en la luz. El imperio está en paz, y nosotras no tenemos que escondernos nunca más en las sombras.

Lysandra sonrió, sintiéndose completamente a salvo en los brazos de su soldado. Una recompensa justa para dos mujeres que lo habían arriesgado todo por amor.

Sin embargo, en el mundo, la paz perpetua es solo una ilusión antes de la tormenta.

Al caer la noche, la calma del palacio real se rompió de forma abrupta.

Kaelith y Lysandra se encontraban en los aposentos reales, compartiendo un momento de intimidad junto a la chimenea. La reina vestía su camisón de seda blanco y descansaba en el regazo de la Comandante, mientras Kaelith le acariciaba los hombros con una lentitud relajada. El aroma a rosas llenaba la habitación, creando una atmósfera de ternura pura.

¡BOM!

Un sonido sordo y pesado, diferente a cualquier trueno natural, retumbó en las profundidades de la montaña sagrada. No era el impacto de una balista ni el choque de un barco en el puerto. El suelo de madera de los aposentos vibró con una fuerza que hizo que las velas mágicas titilaran con un color violento... un color morado que Lysandra no había visto en tres años.

Kaelith se puso en pie de inmediato por puro instinto militar, colocándose delante de la reina mientras desenvainaba la espada rúnica del este que descansaba junto a la cama. El acero azul brilló en la penumbra, pero sus runas comenzaron a parpadear de forma inestable, como si una energía externa estuviera devorando su magia.

—Esa vibración... —susurró Lysandra, con el rostro pálido y los ojos verdes abiertos por la sorpresa. Se levantó de la cama, tomando una de sus dagas finas—. No viene del exterior, Kaelith. Viene de abajo. De las catacumbas de la terraza baja.

La puerta de los aposentos se abrió de golpe. Mael entró en la habitación sin pedir permiso. Su rostro, que había ganado algunas arrugas de tranquilidad en los últimos años, estaba desencajado por el pánico absoluto. Tenía la armadura sucia de un polvo negro que Kaelith reconoció al instante: ceniza.

—¡Comandante! ¡Majestad! —gritó Mael, con la respiración entrecortada—. Tienen que venir a la muralla del sur de inmediato. El Río de Ceniza... no es que el enemigo esté cruzando. Es que el río mismo está ascendiendo por las colinas.

Kaelith y Lysandra no esperaron más. La reina se colocó su capa de cazadora sobre el camisón y la general se ajustó las hombreras de metal en un movimiento rápido. Los tres corrieron por los pasillos del palacio hasta llegar al gran balcón exterior de la muralla oeste, el punto más alto que miraba hacia los cañones del sur.

Lo que vieron desde las alturas les congeló la sangre en las venas.

La noche del sur ya no era oscura. El horizonte estaba iluminado por un resplandor de fuego morado gigante que teñía las nubes de un color sangriento. La llanura de ceniza, que había estado desierta y silenciosa durante tres años, estaba completamente cubierta por una marea de humo negro que avanzaba hacia la capital con la fuerza de una inundación viva.

Pero Umbralia ya no usaba chamanes aislados ni bestias salvajes de hueso.

En el centro de la marea oscura, gigantescas estructuras de piedra negra flotaban en el aire, sostenidas por una magia de sombras tan densa que distorsionaba la luz de las estrellas. Eran fortalezas voladoras, nexos umbríos de un tamaño colosal que avanzaban ignorando por completo los cañones y los abismos protectores de Aethelgard. Las balistas rúnicas que Kaelith había instalado en las murallas exteriores disparaban flechas de escarcha, pero los proyectiles se disolvían en el aire antes de tocar las estructuras flotantes, devorados por la pureza de la nueva magia oscura.

—No murieron en el cañón hace tres años —susurró Kaelith, con los dientes apretados y el agarre de su espada rúnica sudando por la tensión—. Solo se estaban escondiendo en las profundidades de la tierra, reuniendo fuerzas. Han resurgido, Lysandra. Y esta vez no vienen a hacer una escaramuza. Vienen a borrar la luz de Aethelgard del mapa.

Desde la fortaleza voladora principal, una figura alta, cubierta con una armadura de placas hechas de obsidiana y un casco con cuernos de humo, avanzó hasta el borde de la plataforma flotante. El líder de Umbralia alzó un gigantesco bastón de metal negro hacia el cielo.

Un rayo de energía morada salió disparado desde el bastón, impactando directamente contra la primera terraza de la ciudad. El estallido destruyó los cuarteles de la infantería del sur en un segundo, levantando una columna de fuego oscuro que iluminó los rostros horrorizados de las mujeres.

Lysandra dio un paso al frente, apoyando las manos en la barandilla de la muralla alta. Sus ojos verdes reflejaron el fuego morado del enemigo, pero en lugar de miedo, una furia fría y calculadora volvió a encender su mirada de reina. Sintió el papel de la carta de Kaelith, que aún guardaba en su joyero real, y comprendió que el destino de su amor estaba ligado a una nueva y más terrible batalla.

—Pensaron que nos encontrarían débiles por estar en paz —dijo Lysandra, y su voz musical recuperó la vibración marcial de la revolución—. Pero se equivocan. Mael, envía mensajeros rúnicos a los señores de Osoria de inmediato. Exige que marchen con todas sus flotas hacia la capital. No defenderemos este cañón; defenderemos el cielo mismo de este imperio.

Kaelith se colocó al lado de su reina, levantando su espada rúnica del este hacia la marea de fortalezas voladoras. La hoja azul brilló con una intensidad renovada, respondiendo a la determinación del amor que las unía. Miró de reojo a Lysandra, y una sonrisa de orgullo cruzó su rostro.

—Gané la primera guerra por ti, mi reina —susurró la general con su voz de trueno—. Y ganaré esta segunda guerra por ti en las estrellas. Que vengan las sombras de Umbralia. Nuestro fénix está listo para volver a arder.

Lysandra tomó la mano de su compañera frente al fuego del enemigo, entrelazando sus dedos con fuerza en mitad de la tormenta que comenzaba. Las fortalezas voladoras de Umbralia continuaron su avance implacable sobre las Torres de Marfil, dando inicio al asedio que cambiaría el destino del mundo para siempre. La Reina y su Comandante Suprema tendrían que arriesgarlo todo una vez más para salvar su libertad y su imperio.

FIN DEL PRIMER TOMO.

✨️⚠️🔞¡Mis Chickis! Con este capítulo cerramos oficialmente el Tomo 1 de "Por mi reina". La paz ha sido hermosa, pero una nueva y más peligrosa amenaza ha resurgido desde las sombras de Umbralia con fortalezas voladoras. ¿Lograrán Lysandra y Kaelith defender su imperio y su amor en el cielo? ¡El Tomo 2, llegará muy pronto con más adrenalina, intriga política y, por supuesto, mucha más intimidad entre nuestras protagonistas! No olviden dejar sus cinco estrellas y sus teorías en los comentarios. ¡Gracias por acompañarnos en este viaje!🔞⚠️✨️

🦋⬇️Esta es la imagen que una seguidora nos mandó. Kaelith y Lysandra.🦋⬇️

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