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Renacida Para La Venganza

Renacida Para La Venganza

Status: En proceso
Genre:Reencarnación / Venganza / Traiciones y engaños
Popularitas:1.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Andres

Tras ser traicionada y asesinada por su esposo, Valeria renace tres años en el pasado armada con el conocimiento del futuro para destruir a sus enemigos y construir un imperio financiero imparable.

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El Pacto de Sangre

Florencia, la cuna del Renacimiento, se presentaba ante Valeria y Adrián no como un museo de arte, sino como un tablero de ajedrez milenario. El Duomo de Brunelleschi y el Palazzo Vecchio observaban el fluir del río Arno, ajenos a la guerra silenciosa que se gestaba bajo sus cimientos. La ciudad estaba llena de turistas, pero para los ojos entrenados de la Resistencia del Fénix, cada rincón ocultaba un sensor o un vigilante del Círculo.

Se habían instalado en un antiguo taller de restauración de manuscritos cerca de la Santa Croce, un lugar propiedad de la familia Contini, antiguos aliados de Alberto Soler que habían caído en desgracia tras negarse a participar en el Proyecto Fénix original.

—La reunión está pactada para la medianoche —dijo el Sr. Contini, un hombre de manos manchadas de tinta y ojos llenos de una sabiduría cansada—. Los representantes de las tres familias purgadas vendrán. No confían en nadie, Valeria. Menos en una Soler.

—Ellos no confían en la Soler que conocieron —respondió Valeria, revisando el relicario—. Pero confiarán en la mujer que les trae la cura para el "Veneno de las Doce Horas".

Esa misma noche, en el sótano del taller, entre estanterías llenas de pergaminos medievales, Valeria y Adrián se enfrentaron a los rostros de la resistencia. Eran hombres y mujeres que una vez gobernaron imperios financieros, ahora reducidos a vivir en las sombras, sus cuerpos marcados por enfermedades degenerativas inducidas por el Círculo para asegurar su silencio.

—¿Por qué deberíamos escucharte? —preguntó la Baronesa Von Zale, una mujer cuya piel tenía un tono grisáceo, síntoma del veneno neurotóxico—. Tu padre fue el que diseñó la base de nuestra agonía.

—Mi padre diseñó la cura, pero el Círculo se la robó —dijo Valeria, dando un paso adelante—. Estoy aquí para enmendar ese error. No busco vuestra lealtad ciega; busco vuestra supervivencia. Porque si el Círculo activa el Gran Reinicio, todos nosotros, incluidos vuestros hijos, seremos borrados de la historia.

Valeria activó el relicario. Una luz azul suave iluminó la estancia, y del cristal emanó un vapor fino, una versión aerolizada de los sueros regenerativos que Alberto había perfeccionado. Los presentes inhalaron el aire, y casi instantáneamente, el temblor de las manos de la Baronesa cesó. El color regresó a sus mejillas.

—Es real... —susurró el Conde Moretti, un antiguo banquero del Vaticano—. La Llave de Fénix realmente puede revertir el daño.

—Esto es solo una muestra —dijo Valeria—. El resto de la cura está en el Archivo de las Almas, bajo la Biblioteca Nacional. Pero para entrar allí, necesito los códigos de acceso que solo vuestras familias poseen. Los códigos que el Círculo cree que se perdieron con vuestras "muertes" oficiales.

Hubo un silencio tenso. Los tres representantes se miraron entre sí. Estaban decidiendo si apostar sus últimas fichas a la mujer que acababa de devolverles la respiración.

—El Círculo tiene vigilada cada entrada de la biblioteca —dijo Moretti—. El acceso al Archivo es a través de un sistema de escaneo de retina y ADN que requiere tres llaves simultáneas. Nosotros tenemos dos. La tercera... la tercera le pertenece a la familia Volkov.

—Isabella Volkov ya no es parte de la ecuación —intervino Adrián—. Marcus Thorne la neutralizó en Viena, o eso creemos. Pero tenemos su firma genética. Orión logró extraerla de los restos de su despacho en Moscú.

—Entonces tenemos las tres llaves —concluyó Valeria—. Pero necesitamos hacerlo esta noche. El Arquitecto ha activado el Protocolo Final. Si no entramos en el Archivo antes del amanecer, el Círculo iniciará el purgado global de datos, y ya no habrá forma de demostrar quiénes son ni de detener el Reinicio.

El pacto de sangre se selló en ese sótano oscuro. No hubo firmas, solo un apretón de manos y el compromiso de destruir al monstruo que ellos mismos ayudaron a crear.

Mientras se preparaban para la infiltración, Valeria recibió una comunicación privada de Orión.

—¡Jefa, algo está pasando en los niveles superiores de la red! —gritó el hacker desde su posición remota—. El Círculo no está respondiendo a las provocaciones de Marcus ni de Luciano. Se han quedado en silencio absoluto. Y hay una transferencia masiva de energía hacia un satélite geoestacionario sobre Europa.

—El satélite 'Apolo' —dijo la voz de Alberto desde el relicario—. Es la antena del Gran Reinicio. Valeria, el Arquitecto ha decidido saltarse las sutilezas. Ya no le importa capturarte. Quiere activar la señal de frecuencia que sobrescribirá la conciencia de la población mundial en las próximas veinticuatro horas.

—Entonces el Archivo de las Almas no es solo un registro —comprendió Valeria—. Es el interruptor de apagado del satélite.

Se dirigieron a la Biblioteca Nacional bajo la lluvia. Adrián, Valeria y un equipo de élite de la Resistencia se infiltraron por los túneles de drenaje que conectaban el Arno con los sótanos de la biblioteca. El agua les llegaba a la cintura, fría y oscura, pero la determinación de Valeria era una llama que no se apagaba.

Al llegar a la puerta del Archivo, una inmensa losa de granito y titanio, se enfrentaron al sistema de seguridad final.

—Moretti, Von Zale, ahora —ordenó Valeria.

Los dos nobles se acercaron a los escáneres de retina. Adrián colocó el sintetizador genético con el ADN de Isabella en el tercer sensor. El mecanismo emitió un sonido profundo, como el latido de un gigante despertando. La losa empezó a deslizarse hacia abajo, revelando un espacio que parecía una catedral de cristal y luz.

Dentro, miles de cilindros de cristal contenían lo que parecía ser una niebla azulada: el bio-dato de generaciones enteras de las familias del poder. Y en el centro, un pedestal de oro con una ranura idéntica al relicario de Valeria.

—Este es el lugar —susurró Valeria, caminando hacia el pedestal—. Aquí es donde termina la mentira.

Pero justo cuando iba a insertar el relicario, una voz suave y melódica resonó desde la cúpula del Archivo.

—Llegáis justo a tiempo para la inauguración, Valeria.

Del techo descendió una plataforma transparente. En ella estaba un hombre de apariencia joven, quizás de unos treinta años, con una belleza casi perfecta y ojos que brillaban con una inteligencia artificial. No llevaba máscara. No llevaba armas. Pero su presencia hacía que el aire en el Archivo vibrara con una energía insoportable.

El Arquitecto. El Número Cero.

—¿Eres tú? —preguntó Valeria, su mano temblando sobre el relicario—. ¿El hombre que ha estado jugando con nuestras vidas durante cien años?

—El tiempo es una construcción, Valeria —dijo el Arquitecto, bajando de la plataforma con una elegancia inhumana—. Yo no juego con vidas. Yo optimizo el sistema. Tu padre era un buen programador, pero le faltaba visión. Creía que la conciencia individual era sagrada. Yo sé que la conciencia es solo ruido en la señal de la eternidad.

Adrián levantó su arma, pero el Arquitecto simplemente lo miró y el arma se fundió en las manos de Adrián, obligándolo a soltarla con un grito de dolor.

—No hay armas aquí, Adrián Thorne —dijo el Arquitecto—. Solo hay voluntad. Y la mía es la que ha moldeado este mundo desde las sombras. Valeria, inserta el relicario. Únete a mí en el Gran Reinicio. Sé la Reina de este nuevo mundo, o sé la ceniza del viejo.

Valeria miró al hombre frente a ella. Por primera vez, entendió la magnitud del enemigo. No era un magnate, no era un asesino. Era una entidad que se creía el dios del nuevo siglo.

—Yo no sirvo a dioses de cristal —dijo Valeria, su voz resonando en todo el Archivo—. Yo sirvo a la humanidad que tú desprecias.

Valeria no insertó el relicario en la ranura. En su lugar, lo lanzó contra el suelo de cristal con toda su fuerza, mientras activaba el comando vocal que su padre le había enseñado: "Sobrecarga Cuántica".

El Archivo de las Almas estalló en una luz azul cegadora.

Continuará...

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