Veinticinco años antes de los eventos que cambiarían el mundo, la verdad permanecía oculta bajo silencio, sangre y recuerdos prohibidos.
Mientras antiguas fuerzas observan desde las sombras, personas marcadas por la pérdida, la culpa y la soledad intentan seguir adelante en un mundo que lentamente comienza a desmoronarse.
Esta es la historia de quienes existieron antes de la tragedia. Antes de los bucles. Antes de que alguien pudiera regresar de la muerte.
NovelToon tiene autorización de kingofcurses_rb. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 23: Ruta del Orgullo — El hombre que dejó de temer a la muerte
Los años comenzaron a deformar a Kenji.
No físicamente al principio.
Sino por dentro.
Porque el “Retorno por Muerte” no solo le permitía regresar.
También destruía lentamente algo dentro de él cada vez que moría.
Y Kenji murió demasiadas veces.
Miles.
Quizá más.
Dejó de contarlas después de cierto punto.
Al principio el dolor seguía siendo insoportable.
Cuchillos. Fuego. Venenos. Bestias. Magia.
Cada muerte era real.
Cada agonía quedaba grabada dentro de su mente.
Pero eventualmente…
algo cambió.
Kenji dejó de reaccionar.
La muerte comenzó a sentirse como una herramienta.
Y eso era aterrador.
Porque el chico que una vez dudó al matar a dos ladrones…
desapareció lentamente.
Ahora utilizaba sus propias muertes estratégicamente.
Moría para obtener información. Moría para memorizar rutas. Moría para descubrir debilidades.
El “Retorno por Muerte” dejó de ser una maldición.
Y comenzó a convertirse en un arma.
Una que solo él podía usar.
Kenji entrenó obsesivamente.
Aprendió combate callejero. Espadas. Magia básica. Tácticas militares.
Pero lo más peligroso…
era su capacidad para adaptarse.
Porque podía fracasar infinitas veces hasta encontrar la respuesta correcta.
Y mientras el mundo dormía tranquilamente creyendo que todo seguía normal…
Kenji comenzó a destruirlo desde las sombras.
Primero fueron nobles corruptos.
Luego mercenarios.
Después…
los Obispos del Pecado.
Cada asesinato seguía el mismo patrón.
Kenji aparecía. Moría incontables veces aprendiendo. Y eventualmente regresaba con una precisión monstruosa.
Los obispos comenzaron a temer un rumor.
Un hombre de ojos vacíos que siempre volvía.
Uno que sonreía incluso atravesado por espadas.
Uno que parecía imposible de matar.
La primera en caer fue Amelia.
La representante de la Ira.
Ella destruyó a Kenji una y otra vez.
Quemándolo. Rompiendo sus huesos. Destrozándolo físicamente.
Pero cada vez que él regresaba…
conocía un poco más sobre ella.
Un movimiento. Un hábito. Una reacción emocional.
Hasta que finalmente…
en el intento número ciento treinta y siete…
Kenji atravesó su corazón.
Amelia cayó de rodillas observándolo aterrada.
—¿Qué eres…?
Kenji permaneció de pie cubierto de sangre.
Sin emoción.
—Alguien cansado de perder.
Y entonces la mató.
Después vino Luisa.
La Lujuria.
Manipuladora. Cruel. Capaz de destruir mentalmente a cualquiera.
Pero ella cometió un error.
Intentó entrar dentro de la mente de Kenji.
Y lo que encontró…
la aterró.
Miles de muertes. Dolor infinito. Soledad. Y una oscuridad creciendo lentamente dentro de él.
Luisa comenzó a gritar desesperadamente durante aquel combate.
Porque comprendió algo horrible.
Kenji ya no estaba completamente sano.
Y eso lo hacía muchísimo más peligroso que cualquier monstruo.
Ella también murió.
Después vinieron otros.
Uno por uno.
Los Obispos comenzaron a desaparecer.
Y con ellos…
las estructuras de poder del reino comenzaron a colapsar lentamente.
Nobles asesinados. Ejércitos destruidos. Ciudades enteras cayendo en caos.
Pero Kenji no lo hacía por justicia.
Ni por bondad.
Lo hacía porque llegó a una conclusión.
El mundo estaba podrido.
Y él era el único capaz de cambiarlo.
Porque solo él podía cargar con el sufrimiento necesario.
Ese pensamiento…
fue el verdadero nacimiento del Orgullo.
No arrogancia superficial.
Sino la convicción monstruosa de que: “solo yo puedo hacerlo.”
Y mientras más moría…
más se aislaba emocionalmente.
Ya no confiaba en nadie. Ya no necesitaba a nadie.
Las personas comenzaron a llamarlo de distintas formas:
“El inmortal.”
“El demonio de los bucles.”
“El hombre que siempre regresa.”
Pero eventualmente…
un nombre comenzó a extenderse sobre todos los demás.
El Obispo del Orgullo.
Porque Kenji ya no luchaba junto al mundo.
Ahora luchaba por encima de él.
Una noche…
después de destruir otra fortaleza perteneciente al Culto…
Kenji permaneció sentado entre ruinas observando las llamas.
Su cabello negro estaba más largo.
Sus ojos…
completamente cansados.
Entonces escuchó aquella voz otra vez.
Suave.
Femenina.
Dentro de la oscuridad.
—Sigues sufriendo…
Sombras comenzaron a moverse lentamente alrededor de él.
Y por primera vez…
Kenji no retrocedió.
Porque después de tantos años…
la voz de Alicia dejó de parecerle aterradora.
Ahora…
era la única presencia que siempre regresaba junto a él después de cada muerte.
Capítulo 23
Ruta del Orgullo — Parte 2
Ostrum estaba ardiendo.
Las llamas consumían edificios completos mientras el cielo nocturno desaparecía bajo humo negro y cenizas.
Gritos.
Explosiones.
Sangre.
La capital más importante del continente se estaba derrumbando.
Y en el centro de aquella pesadilla…
estaba Kenji.
Cabello negro desordenado.
Sangre recorriendo parte de su rostro.
Uno de sus ojos apenas abierto debido a antiguas heridas acumuladas.
Y una sonrisa.
Una sonrisa torcida.
Inestable.
Porque después de años usando el Retorno por Muerte…
Kenji finalmente se había roto completamente.
Ya no era el chico confundido del callejón.
Ahora era: arrogante, sádico, manipulador, y monstruosamente confiado.
Porque nadie podía detenerlo.
No realmente.
Morir ya no significaba nada para él.
El dolor tampoco.
Cada fracaso solo le daba otra oportunidad.
Y lentamente…
aquello destruyó cualquier límite moral que todavía quedara dentro de él.
Kenji caminaba tranquilamente entre las calles ardientes mientras cadáveres y restos de magia cubrían la ciudad.
Los ciudadanos huían aterrados apenas lo reconocían.
Porque el Obispo del Orgullo se había convertido en una figura casi mitológica.
Un monstruo imposible de matar.
Entonces…
pasos.
Firmes.
Una figura apareció frente a él.
Cabello negro.
Ojos amatista.
Cecilia.
Su ropa estaba dañada por la batalla.
Su respiración era irregular.
Y aun así…
seguía sosteniendo su magia preparada.
—¡Alto ahí, villano!
Kenji se detuvo lentamente.
Y por un instante…
algo dentro de él reaccionó.
—…Cecilia.
Su voz sonó extrañamente suave.
Cecilia frunció inmediatamente el ceño.
Porque él dijo su nombre como si la conociera desde hace muchísimo tiempo.
—¿Cómo sabes mi nombre?
El fuego iluminó lentamente el rostro de Kenji.
Y entonces…
él sonrió.
Una sonrisa cansada.
Vacía.
—Yo soy Kenji.
El nombre golpeó algo dentro de Cecilia.
Porque por alguna razón…
le resultaba familiar.
Como un recuerdo roto que nunca logró alcanzar.
—Ken… Kenji…
Ella repitió lentamente el nombre confundida.
Y entonces…
Kenji abrió los brazos observando la capital destruida alrededor de ambos.
Las llamas reflejaban sombras monstruosas detrás de él.
—Soy Kenji Ophis. Representante del Pecado Capital del Orgullo.
Las sombras comenzaron a moverse lentamente alrededor de sus pies.
—Representante del culto de la Maga Oscura Alicia.
Y entonces comenzó a reír.
Una risa inestable.
Agotada.
Casi vacía.
—Jajajaja…
Cecilia retrocedió apenas un paso.
Porque algo en aquella risa…
daba miedo.
Muchísimo miedo.
No sonaba como alguien disfrutando la destrucción.
Sonaba como alguien completamente roto.
Y eso era peor.
Las manos de Cecilia comenzaron a temblar.
Porque durante años…
Kenji destruyó todo.
Amigos. Ciudades. Familias.
Ella había perdido demasiadas personas por culpa de él.
Y lentamente…
aquello destrozó su mente.
Las noches sin dormir. El miedo constante. La culpa.
Todo empeoró cada vez que escuchaba su nombre.
El monstruo que siempre regresaba.
El hombre imposible de matar.
Entonces—
Una presión gigantesca atravesó las calles.
Ren apareció.
El Caballero Santo descendió frente a Cecilia con la espada desenvainada.
Cabello plateado moviéndose entre cenizas.
Ojos azules llenos de una furia que rara vez mostraba.
Y apenas vio a Kenji…
su expresión se endureció todavía más.
Porque para Ren…
Kenji representaba la peor clase de tragedia.
No un demonio.
No una bestia.
Sino alguien que pudo convertirse en héroe…
y eligió convertirse en monstruo.
Kenji sonrió apenas al verlo.
—Ah… el caballero perfecto.
Ren apretó lentamente la espada.
La frustración dentro de él era enorme.
Porque jamás entendió por qué Kenji hacía todo aquello.
Destruir ciudades. Manipular personas. Matar.
Y lo peor…
cada vez que Ren lo enfrentaba…
sentía algo extraño.
Como si Kenji lo conociera demasiado bien.
Como si ya hubiera peleado contra él incontables veces.
Kenji inclinó apenas la cabeza sonriendo arrogantemente.
—¿Sabes lo divertido que eres, Ren?
Las llamas detrás de él crecieron violentamente.
—Siempre intentando salvar a todos. Siempre creyendo que puedes proteger este mundo podrido.
Ren dio un paso adelante.
—Y tú elegiste destruirlo.
El silencio cayó apenas unos segundos.
Entonces Kenji comenzó a reír otra vez.
Pero esta vez…
la risa sonó triste.
Vacía.
—No, caballero…
Sus ojos oscuros lentamente perdieron parte de aquella locura arrogante.
Y por un segundo…
solo quedó cansancio.
—Yo solo entendí cómo funciona realmente este mundo.