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El Concierto Del Destino

El Concierto Del Destino

Status: Terminada
Genre:Romance / Completas
Popularitas:3.8k
Nilai: 5
nombre de autor: liligacaño

Darly Mosquera es una mujer colombiana de 32 años que aprendió desde muy joven que la vida rara vez regala caminos fáciles.
Estudió cosmetología y estética, y gracias a años de esfuerzo, sacrificio y largas jornadas de trabajo logró construir el sueño que parecía imposible: abrir su propio spa en su ciudad natal. Sin embargo, el éxito profesional nunca logró llenar por completo los vacíos que llevaba en el corazón.
Mientras lucha cada día por cuidar a su madre, quien padece una enfermedad congénita que se ha agravado con el paso de los años, Darly intenta mantenerse fuerte y seguir adelante. Soñadora, noble y creyente del amor a la antigua, siempre imaginó una historia de amor sincera, de esas que duran para toda la vida.
Pero el destino tenía otros planes.
Después de una dolorosa separación ocurrida hace apenas cuatro meses, decidió cerrar las puertas de su corazón. Cansada de las decepciones, prometió no volver a enamorarse y dedicarse únicamente a disfrutar la vida sin compromisos

NovelToon tiene autorización de liligacaño para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 9: Una noche imposible de olvidar

Darly

Terminé mi jornada laboral cerca de las cuatro de la tarde.

Antes de salir revisé mi celular y encontré un mensaje de Santiago.

"Hermosa, no olvides enviarme tu dirección."

Sonreí sin darme cuenta.

Le envié la ubicación y guardé el teléfono.

Después me subí a mi motocicleta y regresé a mi apartamento.

Durante todo el camino intenté convencerme de que aquello era simplemente una cena entre amigos.

Pero ni yo misma me creía esa mentira.

Desde que Santiago había aparecido aquella mañana en el spa, mi corazón había estado inquieto.

Llegué a casa, me di una ducha relajante y me dediqué tiempo a mí misma.

Me apliqué algunos tratamientos corporales, arreglé mi cabello y escogí cuidadosamente la ropa que usaría.

Cuando terminé de arreglarme, observé la hora.

Faltaban pocos minutos para las seis.

Y por primera vez en mucho tiempo me sentía nerviosa por una cita.

Santiago

A las seis y media estaba estacionado frente al edificio donde vivía Darly.

Le envié un mensaje.

"Ya estoy aquí."

Ella respondió de inmediato.

"Ya bajo."

Esos diez minutos de espera parecieron eternos.

Hasta que finalmente la vi salir.

Y por un momento olvidé respirar.

Se veía espectacular.

Elegante.

Natural.

Hermosa.

Bajé del vehículo y le abrí la puerta.

—Buenas noches, señorita.

Tomé suavemente su mano.

—Estás preciosa.

Ella sonrió.

—Gracias.

Subió al automóvil y yo ocupé mi lugar detrás del volante.

Mientras arrancábamos, noté que ella observaba por la ventana.

—¿A dónde vamos? —preguntó.

—A un restaurante que me recomendaron.

Ella asintió.

Pero unos segundos después habló nuevamente.

—¿No te preocupa que te vean conmigo?

Comprendí inmediatamente a qué se refería.

—¿Por Isabella?

—Por tu relación y porque eres una figura pública.

Suspiré.

—No quiero que tengas problemas por mi culpa.

Sus palabras me hicieron reflexionar.

Tenía razón.

Quizás no había pensado bien las cosas.

—No te preocupes.

No voy a exponerte.

Vamos a cenar y disfrutar la noche.

Nada más.

Ella me observó unos segundos.

—Eso espero.

Para tranquilizar cualquier posible inconveniente envié un mensaje a Isabella explicando que estaba reunido con personas relacionadas con unos negocios.

Después guardé el celular.

Y me concentré únicamente en la mujer que tenía sentada a mi lado.

Darly

El restaurante era elegante y acogedor.

Santiago fue atento desde el primer momento.

Me ayudó con la silla y esperó a que me acomodara antes de sentarse.

Mientras hacíamos el pedido, sentí que me observaba.

—¿Qué pasa? —pregunté.

—Nada.

—Claro que sí.

—Solo estaba pensando que te ves aún más bonita fuera del uniforme.

No pude evitar sonrojarme.

—Deja de decir esas cosas.

—¿Por qué?

—Porque sí.

Su sonrisa apareció inmediatamente.

Y esa sonrisa comenzaba a ser un problema para mí.

Durante la cena hablamos de muchas cosas.

De mi trabajo.

De su carrera.

De la motocicleta que había comprado.

De nuestros planes.

De nuestras familias.

Por primera vez sentí que realmente estábamos conociéndonos.

Y aquello hizo que todo se sintiera mucho más peligroso.

Porque ya no era solamente atracción.

También comenzaba a existir una conexión.

Santiago

La conversación fluía de forma natural.

Era increíble lo cómodo que me sentía con ella.

No necesitábamos fingir.

No necesitábamos impresionar al otro.

Simplemente hablábamos.

Y disfrutábamos la compañía.

En un momento decidí preguntarle algo que llevaba tiempo rondando mi cabeza.

—¿Puedo hacerte una pregunta personal?

Ella tomó un poco de agua.

—Depende.

—¿Por qué una mujer como tú sigue soltera?

Darly bajó la mirada durante unos segundos.

Y su expresión cambió.

Entonces me contó sobre su relación anterior.

Diez años junto a la misma persona.

Sueños.

Planes.

Esperanzas.

Y finalmente una separación reciente.

Escuché cada palabra atentamente.

Hasta que mencionó algo que hizo que mi corazón se encogiera.

La pérdida de un embarazo.

Por un instante no supe qué decir.

La tristeza en sus ojos era imposible de ignorar.

—Lo siento mucho —murmuré.

Ella sonrió con tristeza.

—Ya pasó.

—Aun así debió ser muy duro.

—Lo fue.

Aquella conversación cambió algo dentro de mí.

Porque detrás de su sonrisa existía una mujer fuerte que había enfrentado mucho más dolor del que imaginaba.

Y eso solo hizo que la admirara más.

Darly

Después de aquella conversación la noche continuó.

Y sorprendentemente me sentía tranquila.

Cómoda.

Segura.

Como si llevara años conociendo a Santiago.

Cuando terminamos de cenar salimos del restaurante.

La brisa fresca de la noche hizo que me acercara un poco más a él.

—Gracias por la cena.

—La noche aún no termina.

Lo miré.

—¿No?

—No quisiera que terminara todavía.

Mi corazón volvió a acelerarse.

—¿Qué propones?

—Podemos ir al hotel a conversar un rato.

Sabía perfectamente que aquella invitación tenía más significado del que ambos estábamos diciendo en voz alta.

Una parte de mí quería negarse.

Recordarme que él estaba comprometido.

Recordarme que aquello no estaba bien.

Pero otra parte...

La parte que aparecía cada vez que él sonreía o me miraba de esa manera...

Esa parte quería quedarse.

Quería seguir a su lado.

Finalmente asentí.

—Está bien.

Santiago

El camino hasta el hotel transcurrió entre conversaciones y sonrisas.

Cuando llegamos, subimos directamente a mi habitación.

Por primera vez desde que comenzó la noche, ambos parecíamos nerviosos.

Como si los dos supiéramos que habíamos llegado a un punto donde sería imposible seguir fingiendo.

Darly se acercó a la ventana.

Yo permanecí observándola durante algunos segundos.

Hasta que finalmente hablé.

—Gracias por venir.

Ella giró lentamente.

—Gracias por invitarme.

Nuestros ojos se encontraron.

Y el silencio lo dijo todo.

No fueron necesarias más palabras.

Porque ambos sabíamos exactamente lo que sentíamos.

Me acerqué despacio.

Ella no retrocedió.

Y cuando nuestras manos se encontraron, sentí una paz que llevaba semanas buscando.

La abracé.

Ella apoyó la cabeza sobre mi pecho.

Y durante varios minutos permanecimos así.

Simplemente disfrutando del momento.

Como si el resto del mundo hubiera desaparecido.

Y lo peor era que tampoco quería hacerlo.

Pero muy lejos de allí, en Medellín, Isabella seguía confiando en el hombre que amaba.

Sin imaginar que aquella noche cambiaría el rumbo de muchas vidas.

Y que el verdadero problema apenas estaba comenzando.

1
Elena Rodriguez Welman
Hermosa historia de amor. Felicitaciones escritora
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