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UNA DAMISELA EN APUROS, EL REGRESO DE CASSIDY

UNA DAMISELA EN APUROS, EL REGRESO DE CASSIDY

Status: Terminada
Genre:Traiciones y engaños / Batalla por el trono / Reencarnación / Mundo de fantasía / Completas
Popularitas:67.2k
Nilai: 5
nombre de autor: CINTHIA VANESSA BARROS

Cassidy Boone ya murió dos veces. La primera, de una bala por la espalda en el Viejo Oeste. La segunda, de vieja y en paz, después de una vida que le costó sangre construir. Y justo cuando creía que por fin iba a descansar, un dios la agarra del cuello del alma y le encaja una tercera: *"Tengo una misión para ti."*

Despierta en el cuerpo de Aurora, princesa heredera e hija del ministro de guerra. Gorda, humillada y recién asesinada por su propio prometido y su hermanastra en una "caída del caballo" que de accidente no tuvo nada. Ahora carga con dos vidas de recuerdos, un cuerpo que odia, una madrastra que la quiere muerta y un castillo donde nadie se baña, todos apestan y el veneno se sirve con una sonrisa.

Aquí no hay revólveres ni abogados. Solo su cabeza, un libro de hierbas y unas ganas feroces de no morirse una tercera vez.

NovelToon tiene autorización de CINTHIA VANESSA BARROS para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 5: A los reyes se les mide de cerca. Aunque una ya los conozca.

—Váyanse —dijo Cassidy.

Los tres la miraron como si hubiera dicho una locura.

—Váyanse —repitió, ya de pie, rápido y bajo—. Ustedes conocen este bosque como la palma de la mano. Esos guardias, no. Se meten entre los árboles y desaparecen antes de que el primero baje del caballo. Y me dejan a mí aquí.

—¿Que te dejemos? —Damián frunció el ceño—. Para que les cuentes dónde estamos apenas te suelten.

—Para que me encuentren sola. —Habló con la paciencia de quien explica lo evidente—. Piensen. Si me hallan con ustedes, soy cómplice y me matan aquí mismo, y a ustedes también. Si me hallan sola, temblando, medio muerta del susto, soy la pobre princesa que los forajidos secuestraron y abandonaron. Nadie sospecha nada. Ustedes quedan libres. Yo vuelvo adentro. Y el plan sigue.

Adriano la miró. Y por un segundo dejó de calcular la trampa y calculó a la mujer.

No habla como una princesa. Ninguna dama que yo conozca piensa así de rápido con veinte espadas encima. Ninguna hija de noble te ofrece que la abandones para salvarte a ti. Esta razona como un contrabandista y maldice como un soldado. A esta no la criaron en un salón bordando. La crió alguien que se ganaba la vida mintiendo.

No dijo nada de eso. Adriano no era hombre de decir lo que pensaba. Pero guardó el dato, como ella guardaba los suyos.

—Está bien —dijo—. Nos vamos. Pero si nos vendes…

—Ya sé, ya sé. El bosque, los sitios donde no me encontrarían. Me lo dijiste hace seis horas, guapo, no te repitas, que pierdes misterio. —Cassidy habló aún más rápido, porque afuera los cascos ya se acercaban—. Una cosa más. Necesitamos forma de hablar. No puedo mandar cartas; las cartas cuelgan a la gente. ¿Cómo los busco?

Adriano lo pensó apenas un segundo.

—En el pueblo hay una cantina. Preguntas por el Tuerto. Es nuestro. Solo él. No le entregas papeles, no le explicas nada, no das nombres. Le dejas un mensaje de palabra y él nos lo hace llegar.

—¿Un mensaje de qué tipo?

—Uno que solo signifique algo para nosotros. Corto. Que si lo oye cualquiera, no diga nada.

Cassidy sonrió, porque para eso sí tenía dos vidas de práctica.

—Fácil. Le digo al Tuerto que la princesa manda preguntar por sus tres primos guapos. Si pregunto por los tres, es que los necesito a todos. Si pregunto por uno solo —el mayor, el del medio o el menor—, a ese llamo, y es urgente. Y si alguna vez me oye pedir vino del bueno, es que hay peligro y que corran. —Los miró—. ¿Sirve?

Damián soltó una risa incrédula. Tobías, por lo bajo, casi lo mismo.

Primos guapos, pensó Adriano, y otra vez esa idea incómoda. ¿Quién le enseña a una princesa a armar códigos como un espía? A las hijas de noble les enseñan a bailar. A esta la educó alguien que vivía de engañar.

—Sirve —dijo, cortante—. El mayor soy yo.

—Ya lo sabía. Se te nota en la cara de aguantar a los otros dos.

Y con eso, los tres se movieron. Damián le guiñó un ojo, Tobías le dedicó una inclinación mínima de cabeza que en él era casi una reverencia, y Adriano fue el último en mirarla antes de que el bosque se los tragara, tan sin ruido como habían llegado.

Para cuando el primer guardia echó abajo la puerta de la cabaña, no encontró más que a una princesa sola, tirada en un rincón, abrazándose las rodillas y temblando como una hoja.

Que empiece la función.

—¡Alteza! ¡Está viva! ¡La princesa está viva!

El capitán de la guardia del duque —el jefe de los hombres de su padre— la levantó del suelo con más cuidado del que ella esperaba y la envolvió en su propia capa. Cassidy dejó que la trataran como a algo roto. Lloró un poco, tembló mucho, no dijo casi nada. Una víctima que habla de más es una víctima sospechosa.

La montaron en un caballo, la llevaron de vuelta, y en el patio la esperaba el comité de bienvenida más falso que había visto en dos vidas, y eso que había visto muchos.

Ágata bajó las escaleras con las manos en el pecho.

—¡Aurora! ¡Gracias al cielo! No he dormido pensando en ti.

No dormiste porque estabas en el bacín, querida. Los dos sabemos por qué.

Leonor lloraba. Lloraba de verdad, con lágrimas y todo, y Cassidy casi la admiró por el talento, hasta que se acordó de que a lo mejor lloraba de rabia, porque la habían dado por muerta y ahí estaba, viva, arruinándoles el luto.

Y en lo alto de la escalera, con una taza de café humeante en la mano, sin una gota de barro en las botas, sin haberse movido a buscarla, estaba el príncipe.

Bajó despacio. Le tomó las manos. Compuso una sonrisa de alivio para el público.

—Menos mal que estás bien —dijo, y a Cassidy no se le escapó cuánto le costó cada palabra, ni cómo apretó la mandíbula al final, como quien se muerde la lengua para no decir "otra vez"—. Estaba destrozado.

—Se te ve —dijo Cassidy, mirando la taza—. Destrozado y con café. Qué entereza la tuya.

Algo cruzó los ojos del príncipe. Ella le sonrió, dócil, como si no hubiera dicho nada.

—No se preocupen por mí —dijo en voz alta, para todos—. Estoy bien. Los forajidos me soltaron, ni me tocaron. —Paseó la mirada por las tres caras que la habían dado por muerta y ahora fingían alegría—. Parece que ni la muerte me quiere. Qué suerte la mía.

Esa noche, sola por fin en sus aposentos, Cassidy dejó caer la máscara y se puso a caminar.

Caminaba cuando pensaba. Lo hacía en el Oeste, midiendo el terreno antes de un asalto; lo hacía en la mansión, antes de una junta. Y ahora tenía mucho que medir.

El plan había cambiado de tamaño esa madrugada. Ya no se trataba solo de sobrevivir a Ágata y a Leonor; esas eran las serpientes chicas. Detrás del príncipe idiota estaba su padre, el rey, el hombre que había arrasado el reino de sus nuevos socios y se sentaba en un trono robado. Ese era el jugador grande. Y para tumbar a un rey, primero hay que volver a verlo. Medirlo con los ojos nuevos. Saber qué clase de animal es de verdad.

Necesito acercarme al rey. Y necesito librarme del principito, que este compromiso ya no me sirve para nada, salvo para que me vuelvan a intentar matar. Dos pájaros. Falta el tiro.

Y ahí, en la cabeza de Cassidy, algo hizo clic, porque no era una cabeza vacía: cargaba con la de Aurora.

Aurora conocía ese palacio. Claro que lo conocía. Era la hija del ministro de guerra, la mano derecha del rey, el segundo hombre más poderoso del reino. Había gateado por esos pasillos de niña, había jugado en esos patios mientras su padre despachaba con el rey, conocía las galerías, las torres, el salón del trono. Y conocía al rey de toda la vida, lo había visto crecer en poder, le había besado el anillo desde que tenía memoria.

El problema era que Aurora lo conocía con los ojos de Aurora: los de una niña asustada que agachaba la cabeza y no miraba nada de frente.

Y yo necesito verlo con los míos.

Porque una cosa es recordar un lugar y otra es medirlo. Aurora sabía dónde quedaba el salón del trono; Cassidy quería contar cuántos guardias lo cuidaban. Aurora sabía que el rey era temido; Cassidy quería mirarlo a la cara, ahora que sabía lo que era, y ver de qué estaba hecho por dentro. Los recuerdos de la niña le servían de mapa viejo. Le faltaba caminarlo ella.

Se detuvo junto a la ventana y, sin voltear, preguntó:

—Ismenia. El baile del rey. ¿Cuándo es?

—¿El baile, alteza? —Ismenia se acercó, aliviada de que por fin preguntara algo de dama—. En tres semanas. Su padre, el duque, regresa del frente para asistir. Y era en ese baile donde iban a anunciar su compromiso con el príncipe. Oficialmente. Delante de todo el imperio. —Se retorció las manos—. Hay que encargarle el vestido, alteza. Las telas, las costureras, las pruebas… no hay tiempo que perder.

Cassidy dejó de escucharla a medias.

Un baile. Del rey. Con medio continente mirando. Y ahí piensan encadenarme al principito delante de todo el mundo.

Y despacio, mientras Ismenia seguía con lo de las telas, en su cara fue creciendo una sonrisa que no tenía nada que ver con vestidos.

Me van a poner, en el mismo salón, al rey que quieren muerto mis socios y al príncipe del que me quiero librar. Todos juntos. Toda la corte de testigo. Si yo creyera en ese dios tramposo, diría que hasta me está echando una mano.

Pero Cassidy no era mujer de llegar a un salón sin haberlo pisado primero. Los recuerdos de Aurora eran un plano; ella quería el terreno. Y tres semanas eran demasiado tiempo para quedarse esperando pruebas de vestido.

Así que al día siguiente, dulce como la miel, buscó al príncipe. Nada de pedir "conocer" un palacio que se sabía de memoria; eso habría sonado a loca. Fue más lista. Le dijo que quería que las costureras de palacio, las buenas, las del rey, le tomaran las medidas del vestido de compromiso; que quería estar a la altura, ser una novia digna delante del imperio, hacerlo quedar bien a él. Al príncipe le rechinó cargar con ella, se le notó, pero con la corte creyéndolo un novio devoto y con la princesa recién rescatada, negarse habría dado que hablar. Apretó los dientes, sonrió, y mandó preparar el carruaje.

El palacio imperial era tal cual lo recordaba la memoria de Aurora, y aun así a Cassidy le apretó el pecho verlo con sus propios ojos.

No era un castillo. Era un palacio de los que se levantan para que el que llega se sienta pequeño. De piedra blanca y oro, con murallas dentro de murallas, torres que no terminaban, y más guardias de los que ella había visto juntos en dos vidas. El rey del Oeste no se creía rey. Se creía emperador del continente entero, y había construido esa idea en piedra para que nadie la olvidara.

Esto no se toma con tres espadas y una princesa astuta. Esto se toma con un ejército, o desde adentro, con paciencia y veneno.

Los recuerdos de Aurora la iban guiando —por aquí al ala de las costureras, por allá al salón del trono, esa torre es la guardia— y Cassidy los usaba de mapa mientras hacía su propio trabajo: contaba hombres, medía puertas, memorizaba pasillos, marcaba por dónde se entra y por dónde no se sale. Del brazo del príncipe, con cara de princesa nerviosa por su vestido, iba levantando en la cabeza el único plano que le importaba.

Y entonces, cruzando una galería hacia el ala de las costureras, se toparon con él.

El rey no estaba en el trono. Venía de frente, con dos consejeros, y en cuanto los vio, se detuvo.

Cassidy lo conocía. Los recuerdos de Aurora se lo pusieron delante con nombre y con historia: lo había visto toda la vida. Pero la niña nunca se había atrevido a mirarlo de verdad, y por eso, hasta ese día, Cassidy no lo había visto de verdad tampoco.

Ahora sí.

Aurora recordaba a un rey imponente. Cassidy vio otra cosa. Vio a un hombre más joven de lo que la palabra "rey" prometía —no pasaba de los cuarenta, y llevaba quince años de sangre a la espalda como quien lleva una condecoración—, alto, de hombros anchos, con una barba oscura recortada y unos ojos claros que se clavaban en la gente como si ya estuviera decidiendo dónde enterrarla. Era, y le costó admitirlo hasta para sus adentros, un hombre hermoso.

Y era la cosa más peligrosa que había visto en dos vidas y media.

Porque debajo de esa cara no había nada. Ni calor, ni piedad, ni ese fondo de humanidad que hasta el peor de sus enemigos anteriores tenía en alguna parte. Sebastián, en la otra vida, era un cobarde. El principito era un niño malcriado. Pero este hombre miraba y calculaba igual que Adriano, solo que donde Adriano sumaba para sobrevivir, este sumaba por placer.

—La pequeña Aurora —dijo el rey, y la voz era suave, cálida, encantadora, y por eso mismo daba más miedo—. La hija de mi buen ministro. Cómo has crecido. —Se acercó y le tomó la mano antes de que ella pudiera evitarlo—. Y cómo te empeñas en seguir viva. Un accidente de caballo. Un secuestro de forajidos. —Le sostuvo la mano un segundo de más—. Qué mujer tan difícil de matar te me has vuelto.

Y la miró a los ojos al decirlo. A propósito. Para ver si ella entendía.

Cassidy entendió perfectamente. Le sostuvo la mirada con su mejor cara de niña tímida, mientras por dentro se le enfriaba la sangre y ese instinto viejo —el del animal que reconoce a otro depredador— le erizaba la nuca.

—Su Majestad siempre tan atento —dijo, con vocecita, bajando los ojos como la Aurora de siempre.

—Atento no —dijo el rey, sin soltarle la mano del todo—. Curioso. La niña callada que corría por estos pasillos se me volvió una mujer que no se deja matar por nada. Eso es… entretenido. —Por fin la soltó—. Te quiero ver en el baile, Aurora. De cerca.

El príncipe, al lado, no había notado nada; saludaba a uno de los consejeros, ajeno, idiota.

Pero Cassidy lo había notado todo. La mano sostenida de más. El tono. La palabra "entretenido". Y supo, con esa certeza fría que dan dos vidas de leer a la gente, que ese hombre no la había mirado como se mira a la novia del hijo.

La había mirado como se mira algo que uno decide, en ese instante, que va a querer para sí.

Vaya mierda, pensó, mientras sonreía y hacía la reverencia. Crecí, en esta memoria prestada, besándole el anillo a este tipo. Y ahora que por fin lo miro de frente, resulta que es el hijo de puta más peligroso del continente, y me acaba de mirar como se mira un plato que uno todavía no pidió pero que ya piensa comerse. Dios, si me oyes: la próxima vida hazme fea y aburrida. Te lo suplico de rodillas.

1
Luz Angela Castillo Ramirez
😭😭
Sandra Chana
👏👏👏 chapeaux!
Margarita Acuña Cerda
Lo peor es el poder el rey hace lo que quiera ,ahítame este tiempo quien tenga poder hace lo mismo simi miremos al demonio de trump o los narcos 😔😔😔😔😔
Margarita Acuña Cerda
Y por favor hecha a las putizorras también 🤭🤭🤭3
Roxana Gardilcic
eres genial!! un nivela alucinante!!
Margarita Acuña Cerda
Oye autora es muy entretenida la novela me encanta🤣🤣🤣🤣🥰🥰🥰
Margarita Acuña Cerda
Jajaja que se quede con los 3 me gusta🥰🥰🥰🤭🤭😠
DAINADIE ZAMOR
Excelente historia 👍 👏🏽 🥰
Maria Gonzalez Gonzalez
que bonito detalle de la cena preparada a la luz de las velas 😍❤️😍❤️😂
Maria Gonzalez Gonzalez
pinche necia que eres Cassidy 😡 caes gorda de verdad y no lo digo por tu físico, sino porque de verdad que la estás cagando con tus miedos, Cobarde 🤔
Maria Gonzalez Gonzalez
vamos Cassidy, amar duele, pero si de verdad lo sientes no mata, al contrario te fortalece y te hace feliz ❤️🤔😂😍
Maria Gonzalez Gonzalez
por favor autora que no se muera Adriano, él no por favor 🙏🙏🙏🙏
Maria Gonzalez Gonzalez
🥹🥹😭😭😭😭
Margarita Acuña Cerda
Se ve bastante buena veremos como va la cosa🥰🥰🥰
Maria Gonzalez Gonzalez
pues si esos nobles solo luchan por su causa, lo demás no les interesa, son igua o peor que el usurpador solo que ellos no van a las guerras 😡
Maria Gonzalez Gonzalez
exelente actuación Aurora 🤔😃😂
Maria Gonzalez Gonzalez
el otro enemigo que tiene Aurora en el Castillo es el mayordomo mayor abusada Cassidy, ponte trucha 🤔😃
Maria Gonzalez Gonzalez
pues yo creo que lo que puede hacer es que el rey te corretee por toda la pieza de la alcoba cuando ya esté súper exitado con la medicina del médico brujo y así lo forzas más de lo debido y wuala se muere de verdad de un infarto fulminante porque no se pudo desahogar, como cuando los drogan y no se pueden liberar sexualmente 🤔😂😍😃
Maria Gonzalez Gonzalez
jajajaja jajajaja que cosas no??😂😂😂😂 aún no se inventa el viagra y ya tiene sus antecedentes primarios 😂😂😂😂🤔
Maria Gonzalez Gonzalez
esa Leonor no sabe con quién se meten 🤔😂😍😃
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