Hay perdidas que te quitan las ganas de vivir. Ainara perdió a su bebé antes de conocerlo por culpa de la negligencia de su esposo.
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Beso
Muchas veces creemos que el tiempo cura las heridas, pero no es así. Siempre queda una cicatriz que te recuerda que algo se movió y que, desde ese momento, no volviste a ser la misma o el mismo. Ainara salía del mismo hospital donde trabajaba Ander. Por varios días no habían cruzado ni una palabra. Ander estaba tan enfocado en su trabajo que decidió tomar distancia de Ainara, aunque sabía que ella frecuentaba el hospital junto con su cuñada.
Ainara se quedó parada frente al hospital unos minutos, recordando todo lo que había vivido ahí. Sus heridas aún estaban frescas. Los recuerdos viajaron por su mente y se estacionaron en el momento en que conoció a Josué y lo feliz que era a su lado. Le fui difícil continuar con su camino porque las lágrimas se apoderaron de sus ojos. Ander, sin querer, abrió la ventana de su oficina y la vio llora. Era doloroso ver sufrir a lo que más amaba.
Los pies de Ainara empezaron a sentir debilidad, su cuerpo empezó a tambalearse y cayó al suelo. Ander se estaba quemando por dentro. Quería salir corriendo para protegerla, pero prefirió huir del pasado que aún dolía. Él estaba seguro que ya no tenía nada que ofrecerle a ella, porque pensaba que había vuelto con su esposo y que por eso andaban juntas.
Por unos minutos siguió observando. Sus colegas la estaban atendiendo, la subieron en una camilla y se la llevaron al área de observación. Ander no podía estar sin saber qué pasaba con Ainara. Una vez más sus sentimientos se movieron y tomó la decisión de ir con ella.
Ainara estaba acostada en la cama cuando él entró. La estaba mirando con sus ojos claros cuando ella despertó.
— ¿Ander, sos vos? —ella preguntó para estar segura, porque aún se sentía desorientada.
—No estás alucinando, Ainara. Soy yo —dijo Ander tomando su mano.
Ainara quiso levantarse de la cama, pero Ander la detuvo. —¿Qué haces? —dijo Ander, sosteniéndola de los hombros.
— Tengo que irme.
— ¿Estás escapando de mí?
— No, Ander. Me alegra verte de cerca, las veces que vine al hospital te veía de lejos, pero ahora que estás aquí me siento bien.
— ¿Por qué estás aquí? ¿Qué te pasó?
— Vine a buscar un estudio, pero los recuerdos pasaron a saludarme y me puse mal. Es difícil seguir adelante cuando las heridas aún están abiertas.
— Sé perfectamente cómo te sientes. A veces quisiera rendirme y dejar todo, pero estaría siendo egoísta con los demás. Todo esto depende de mí, vos los sabés.
— Te admiro mucho por eso, Ander. Te extrañé mucho. Cuando mi mundo se cayó, vos fuiste el único que supo sostenerme. Y cuando te alejaste, sentí que me moría de nuevo. Sé que me estabas ignorando. ¿Por qué lo hiciste? —dijo Aianara llorando.
La curva de la sonrisa de Ainara, que muchas veces alegro el día de Ander, no era más que unos labios secos y agrietados. Sin temor, Ander seco las lágrimas de Ainara con besos cálidos, uno por uno, hasta que llegó a sus labios. Quería detenerse, pero ya era muy tarde tomar una decisión. Cerró los ojos y la besó. Ainara correspondió al beso.
Los días malos seguirán existiendo, pero eso no significa que uno tenga que retroceder. Las noches largas que Ainara pasó sin Ander ahora las estaba recompensado con un beso sincero. Sanar les estaba costando a ambos, pero si juntos echaban raíces en el mismo jardín, harían que los días malos se convirtieran en oportunidades.
Ander sentía una gran adrenalina recorrer su cuerpo. Amaba con todo su corazón a Ainara. Dar este paso hacía que su mente pintara muchas más veces este momento, pero en diferentes escenarios y estaciones. Odiaba la idea de soltar sus labios, pero realmente era necesario, porque una enfermera interrumpió el momento. Ander se puso un poco nervioso; la enfermera también se puso algo nerviosa. Encontrar al director del hospital en esas circunstancias no se lo imaginaba. Saludó a ambos y le dijo Ainara que ya se podía ir si quería, que los estudios que se le habían hecho estaban bien, que el desmayo fue producto de estrés. La enfermera le tomó los signos vitales a Ainara y luego se marchó.
—¿Con quién te estás quedando? —preguntó Ander.
—Con Asia.
—¿Tu cuñada?
— No sé si sigue siendo mi cuñada o no, pero estoy ayudándola con su tratamiento.
—¿Mejoró?
—Sí. Ya puede caminar. El terremoto la dejó en sillas de ruedas.
—El terremoto cambio muchas vidas.
—Dejó mucha tristeza en varios hogares.
—¿Volverás con ella?
—Por ahora no tengo un hogar.
—Ven conmigo Ainara. Al menos hasta que consigas estabilidad.
—Aún soy una mujer casada, Ander.
—Eso no me importa. Te amo, Ainara, y te quiero conmigo.
—Después de todo lo que hemos vivido he aprendido a no hacer planes, sino a vivir el día a día. Por mucho tiempo busqué una salida y ahora estoy muy segura que encontré esa salida. Ese camino me llevó a vos. Desde que apareciste en mi vida supe que había algo bueno en esa sonrisa que siempre me regalaste. Esta trampa de la vida me enseñó a amar de verdad. Tenía miedo al principio decir lo que sentía, pero también te amo, Ander y quiero que sepas que donde vayas yo quiero ir con vos.
los personajes y crea muy bien la trama.
Joshua que astuto resultaste sabes que Aimara no es tu madre pero se lo haces creer te encanta que te abrace y llene de besos 😘😘😘🥰🥰🥰 pero no sabes si cuando te vayas sufrirá por tu partida y quieres que ella este con Ander para que no sufra lo que hace la inocencia de un niño.