Liz tiene veintidós años, un hijo de siete y un infierno del que no puede escapar.
Atrapada en una casa de la que no puede salir, sometida a la violencia de un hombre que dice ser su dueño, su única razón para seguir respirando es Dedé, su pequeño, que cada noche la mira con esos ojos tristes que lo saben todo.
Pero una madrugada, Dedé hace lo que ella nunca pudo: huir.
Y su camino lo lleva hasta Cobra, el dueño del cerro, el hombre más temido de la comunidad. Un narcotraficante despiadado con sus enemigos... y con un corazón que ni él mismo sabía que tenía.
Lo que empieza como un rescate se convierte en algo que ninguno de los dos esperaba. Gael —porque así se llama cuando baja la guardia— descubre que la mujer rota que cargó en brazos aquella noche le despertó algo que no tiene nombre. Y Liz descubre que el amor no siempre llega vestido de príncipe: a veces llega con un fusil en la espalda, tatuajes en los brazos y un imperio de pólvora y lealtad.
Pero la felicidad en el cerro tiene precio. Enemigos del pasado vienen a cobrar deudas con sangre. Secretos familiares enterrados durante décadas salen a la luz. Y Liz tendrá que decidir si la mujer que fue puede convertirse en la mujer que merece ser.
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LLAMADA
LIZ
La semana ha ido pasando tranquilamente, Gael y yo estamos cada día más unidos. Él y Dedé parecen de verdad padre e hijo.
Una tarde estaba tranquila en casa cuando sonó mi celular.
Vi que era un número desconocido, se me hizo raro, porque casi nadie tiene mi número.
📱
— ¿BUENO?
— Pinche zorrita, entérate de que tu felicidad va a durar poco.
OFF
Temblaba por la llamada, no sé, me detonó un montón de cosas.
No logré reconocer la voz.
Intenté no darle tanta importancia, pero no pude sacarme la llamada de la cabeza. No le comenté nada a Gael.
Ya pasó una semana desde la llamada.
COBRA
Estaba en la boca atendiendo mis negocios cuando sonó mi celular.
Número desconocido.
📱
— Dime.
— Cobra, cuánto tiempo. Un displacer hablar contigo.
Reconocí la voz, es Terror, dueño de un cerro rival.
— Habla rápido, no tengo ni tiempo ni paciencia para ti. Y que yo sepa tampoco nada de qué hablar contigo.
— Calma, Cobra, el asunto es rápido. Es lo siguiente: tú y tus soldados mataron al hermano de mi sub. Y parece que fue por culpa de la zorra de su mujer.
— Mi compa quiere a esa nena aquí, para vengar la muerte de su hermano.
— ¿Y cómo saben que esa nena está aquí?
— Cobra, no solo está ahí, sino dentro de tu casa sirviendo de puta particular.
El corazón me dio un vuelco, me invadió una rabia enorme.
— ¡MIRA, HIJO DE PUTA, CUIDADO CON CÓMO HABLAS DE MI MUJER! ¡EL DIFUNTO ERA UN GOLPEADOR Y ABUSADOR, Y MURIÓ GRITANDO COMO EL COBARDE QUE ERA!
— ¿Mujer? Qué antietico, matar al tipo para quedarse con su mujer, jajaja.
— ¡VETE A LA VERGA, TERROR! ¡MANDA A TU SUB A VENIR AQUÍ SI ES HOMBRE!
— Si no me entregas a la nena, vamos con seguridad. El difunto tenía una deuda grande conmigo y antes de desaparecer dio a su mujer como garantía, así que ahora la puta es mía, y el chamaco también, va a trabajar para mí.
— ¿Inhalaste coca echada a perder? MI mujer no sale de aquí y nadie se le acerca ni a ella ni a mi hijo.
— ¿Vas a armar bronca por una zorrita y un chamaco? No mames, Cobra, tú antes eras mejor.
— Tú sabrás, Terror, si intentas cualquier cosa, eres hombre muerto.
Colgué el teléfono con la boca seca, Derel entró a mi oficina y le conté todo.
— Mejor aumenta la seguridad de tu mujer y del chamaco, también voy a avisar en el retén para que no dejen entrar a nadie de fuera.
— Lo voy a hacer, ahora me voy a la casa, tengo la cabeza hirviendo.
— Tranquilo, hermano, aquí están seguros.
Salí de la boca en mi moto, iba para la casa pero antes necesito calmarme, no quiero asustar a Liz.
Pasé frente al bar y vi a Zóio y a DK tomándose una cerveza, me senté un rato con ellos, les conté todo sobre la llamada y nos pusimos a platicar de cualquier cosa, acabé perdiendo la noción del tiempo y ni me di cuenta de que olvidé mi celular en la boca.
LIZ
Estoy muy preocupada, hoy no hablé con Gael en todo el día, ya son las 10 de la noche y hasta ahora no ha llegado. Le marco al celular y no contesta.
Ya acosté a Dedé y estoy aquí mordiéndome las uñas.
Pensé en llamar a mi suegra, pero no quise preocuparla.
Fui a la puerta y uno de los soldados de seguridad se acercó.
— ¿Puedo ayudarla, patrona?
— ¿Sabes algo de Cobra?
— No, señora, ha de estar en la boca.
— Entonces me vas a llevar hasta allá.
— Uy, patrona, al jefe no le va a gustar.
— Después me arreglo con él, vamos.
Llamé a otro soldado y le entregué una tablet.
— Mi hijo está dormido, vigílalo por la cámara, si se despierta corres para allá.
Él agarró un carro, me subí y nos fuimos a la boca.
Llegamos a la puerta y fui entrando.
Me topé de frente con Derel.
— ¿Liz? ¿Está todo bien?
— ¿Viste a Cobra?
— Salió de aquí hace rato, dijo que iba a la casa, ¿por qué?
— Todavía no ha llegado y no contesta el celular.
Me dio un celular que estaba encima de la mesa.
— Se le olvidó el celular aquí. —Derel me entregó el celular de Gael.
Salí de la boca y le hablé al soldado.
— Vamos a dar una vuelta hasta que lo encuentre.
Me subí al carro y empezamos a recorrer.
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