Ella renace en otra época, conoce su futuro y está decidida a cambiarlo.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Mansion Sallow 1
Cuando Rebecca cruzó las puertas de la academia, el aire del atardecer la envolvió con suavidad.
El día había sido largo… pero no pesado.
Y por primera vez en mucho tiempo, sentía una calma profunda.
Había logrado lo que se propuso.
Sin depender de nadie.
Sin distraerse.
Sin perderse.
Sus pasos fueron tranquilos al avanzar hacia la salida… hasta que lo vio.
El carruaje de la casa Sallow.
Esperándola.
Inmóvil.
Impecable.
Como si su presencia ahí fuera algo natural.
Rebecca lo miró apenas un segundo.
Para ella, no tenía mayor significado.
Era, simplemente… el medio para volver.
Subió sin dudar, sin emoción particular, acomodándose en el asiento mientras el cochero cerraba la puerta con respeto.
El carruaje se puso en marcha.
Y durante los primeros minutos, todo parecía normal.
El mismo sonido rítmico.
El mismo balanceo suave.
Pero algo… no encajaba.
Rebecca frunció ligeramente el ceño, mirando por la ventana.
El camino no era el correcto.
No era el que llevaba a su casa.
[¿Se ha equivocado de ruta…?]
mientras observaba con más atención.. el lugar..
Las calles, los caminos… todo indicaba otra dirección.
Una más… conocida.
Su mente reaccionó rápido.
[¡dioses! vamos a la mansión Sallow…]
Sus dedos se tensaron apenas sobre su falda.
No dijo nada.
No preguntó.
Porque también sabía que un cochero como ese no se equivocaría.
Si iban hacia allí… era porque esa era la orden.
[Entonces… ¿debo bajar ahí y caminar…? mmm puede ser.. lord Sallow dijo que me llevaría a dar el examen quizas que me lleve de regreso es otra cosa]
La idea cruzó por su mente, lógica dentro de su experiencia anterior.
Pero algo en el ritmo del trayecto le decía que no.
El carruaje no se detuvo antes.
No redujo la velocidad.
Siguió.
Directo.
Hasta que finalmente… se detuvo frente a la gran mansión.
Rebecca la observó desde dentro por un segundo.
Imponente.
Elegante.
Distante.
Ese lugar… que siempre había existido como algo ajeno.
Algo que no le pertenecía.
Algo que nunca había pisado.
Ni ella.
Ni su madre.
El cochero abrió la puerta.
—Hemos llegado, señorita.
Rebecca bajó.
Y en cuanto sus pies tocaron el suelo… lo vio.
Lord Sallow.
De pie.
Esperándola.
[¿estara todo bien?]
Eso, por sí solo, ya era inesperado.
Pero no fue lo único.
A su lado… estaba su madre.
Con los ojos llenos de lágrimas.
Rebecca se detuvo un instante.
Sorprendida.
De verdad sorprendida.
Porque sabía… perfectamente… que su madre nunca había estado ahí.
Nunca había sido invitada.
Nunca había cruzado esas puertas.
Y sin embargo… ahí estaba.
Sosteniendo la emoción como podía.
Rebecca caminó hacia ellos.
Su mirada pasó brevemente por su madre, que parecía al borde de decir algo… de llorar… de reír al mismo tiempo.
Pero fue Lord Sallow quien habló.
—Comeremos aquí —dijo, con su tono habitual, sobrio
—Para celebrar tu resultado en el examen de ingreso a la academia..
No hubo sonrisa.
No hubo entusiasmo evidente.
Pero tampoco indiferencia.
Era… un gesto.
Rebecca inclinó ligeramente la cabeza.
—Gracias.
Sencillo.
Directo.
Sin exageraciones.
Para ella… no era un gran evento.
No había invitados.
No había música.
No había un banquete preparado para mostrar al mundo.
Era solo una comida.
Pero sabía que, para su madre… era todo.
Entraron.
Y al cruzar el umbral, Rebecca sintió ese leve cambio en el ambiente. La amplitud, los detalles, la calidad… todo hablaba de una vida distinta.
Una vida que siempre le había sido negada.
Miró de reojo a su madre.
Sus ojos brillaban, recorriendo cada rincón como si temiera que todo desapareciera si dejaba de mirar.
Sus manos temblaban ligeramente.
Rebecca pensó, con una mezcla de incredulidad y ternura contenida..
[En cualquier momento se desmaya… si estuviéramos en mi época le sacaria una foto de recuerdo]
Pero no lo dijo.
La dejó sentirlo.. disfrutar ese momento que quizas para ella no era significativo, pero para su madre lo era.. y mucho..
Porque entendía… que ese momento era más importante para ella que para nadie más.
Se sentaron a la mesa.
Todo estaba dispuesto con elegancia, sin exceso.
Y mientras los sirvientes comenzaban a servir, Rebecca permaneció en silencio unos segundos.
Hasta que algo cruzó por su mente.
Una pregunta.
Simple.
Pero significativa.
Levantó la vista hacia Lord Sallow.
—¿Su hija no está?
No había reproche en su voz.
Solo curiosidad.
Él respondió sin rodeos.
—Se ha casado.
Rebecca asintió lentamente.
—Ya veo…
Y lo entendió.
No necesitaba más explicaciones.
La ausencia tenía sentido ahora.
Y con ella… la presencia.
[Está solo, por eso nos recibe, antes siempre nos escondio]
Y por eso… ahora las recibía.
Ahora abría esas puertas que antes permanecían cerradas.
Rebecca bajó la mirada hacia su plato.
No dijo nada más.
No comentó su pensamiento.
No lo compartió con su madre.
Porque sabía… que para ella, ese momento no tenía ese matiz.
Para su madre, no era una consecuencia de la ausencia de alguien más.
Era un logro.
Un reconocimiento.
Un sueño.
Y Rebecca… no iba a romperlo.
Tomó suavemente los cubiertos.
Y comenzó a comer.
En silencio.
Con la calma de alguien que entiende exactamente lo que está pasando… pero que elige, por esta vez… no decirlo.