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JUEGOS DE PODER Y PASIÓN

JUEGOS DE PODER Y PASIÓN

Status: Terminada
Genre:CEO / Comedia / Romance / Completas
Popularitas:3.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Jessics8 Rodriguez

Valentina Cruz es una abogada brillante, sarcástica y que no se deja intimidar por nadie. Cuando entra a trabajar para Alejandro Montero, el CEO más poderoso y arrogante del país, chocan de inmediato. Acostumbrado a mandar y a que todos obedezcan, Alejandro encuentra en ella a la única persona que se atreve a desafiarlo, corregirlo y... ponerlo en su lugar.

Entre órdenes que no se cumplen, miradas cargadas de tensión y situaciones cómicas, nace una guerra de poder donde nadie quiere ceder. Pero lo que empieza como una batalla de voluntades se convierte en una atracción irresistible.

¿Podrá el hombre que siempre controló todo aprender a dejar que ella lleve las riendas?

Una historia de amor, humor y pasión donde la verdadera dominación es amar sin miedo.

NovelToon tiene autorización de Jessics8 Rodriguez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 8: Secretos del Pasado

El regreso de Buenos Aires marcó un punto de inflexión decisivo en la relación entre Alejandro y Valentina. La tensión sexual se había transformado en una intimidad ardiente que consumían en secreto, lejos de las miradas curiosas de la oficina. Los besos furtivos en el ascensor, las manos que se rozaban "accidentalmente" debajo de la mesa de reuniones, los encuentros apasionados en la suite de Alejandro después de horas... su amor era un incendio clandestino.

Sin embargo, el juego de poder y dominación no había desaparecido. Se había trasladado a la alcoba, donde Valentina, con su audacia innata, seguía llevando la batuta. A Alejandro le fascinaba su resistencia, su espíritu indomable, y cómo, incluso en los momentos más íntimos, ella era quien decidía hasta dónde. Él, el todopoderoso CEO, se encontraba pidiéndole permiso, deseando su aprobación, anhelando su "dominio" en una forma que nunca imaginó.

Una noche, después de una de sus citas clandestinas, mientras Valentina se vestía, sus ojos se posaron en una fotografía en el escritorio de Alejandro. Era una foto antigua, de un niño pequeño, quizás de unos siete u ocho años, sonriendo tímidamente junto a un hombre mayor de semblante severo. El niño tenía unos ojos idénticos a los de Alejandro.

— ¿Quién es él? — preguntó Valentina, señalando la foto.

Alejandro se tensó. Era raro que hablara de su pasado.

— Mi padre — dijo, con una voz extrañamente dura. — Y yo.

Valentina observó la foto con atención.

— No parece muy feliz el niño.

Alejandro soltó una risa amarga.

— Mi padre era un hombre... exigente. Quería un heredero perfecto. Quería que fuera el mejor en todo. Y yo... yo solo quería jugar al fútbol.

Valentina se sentó a su lado, sintiendo la vulnerabilidad de él, una faceta que rara vez mostraba.

— Entiendo. Por eso eres tan... controlador. Siempre queriendo tener el dominio de todo.

Él la miró, sorprendido de que ella hubiera conectado los puntos tan rápido.

— Sí. Siempre sentí que si no tenía el control absoluto, iba a decepcionar. Iba a ser débil. Mi padre me enseñó que la debilidad no se perdona.

— Y por eso intentas dominarme — dijo ella, con una media sonrisa. — ¿Para demostrarte a ti mismo que puedes controlar lo incontrolable?

Alejandro sonrió, un brillo de comprensión en sus ojos.

— Quizás. Pero contigo, Valentina... contigo es diferente. Me gusta que no te dejes. Me gusta que me desafíes. Me gusta que seas tú la que ponga los límites.

Ella se rió, una risa suave y genuina.

— Entonces, ¿te gusta que yo te domine?

Él se inclinó, besando su cuello.

— Me gusta que me hagas querer ser mejor. Me gusta que me demuestres que la fuerza no está en el control, sino en la capacidad de amar sin miedo.

Los días siguientes, esa conversación flotó en el aire entre ellos. La dinámica había cambiado, se había vuelto más profunda. Alejandro seguía siendo el CEO autoritario para el mundo, pero con Valentina, era un hombre que estaba aprendiendo a ceder, a confiar, a amar.

Las "citas" clandestinas se hicieron más frecuentes. Un día, Valentina entró al despacho de Alejandro para una reunión de trabajo y lo encontró en medio de una discusión acalorada con su asistente.

— ¡No me importa que el proveedor de caviar no tenga la variedad Beluga! ¡Quiero la mejor para la cena de aniversario de la empresa! — gritaba Alejandro, su rostro enrojecido de ira.

Valentina se quedó en la puerta, observando la escena con una mezcla de diversión y exasperación. Cuando Alejandro la vio, su rostro cambió de inmediato. La ira se disipó, reemplazada por una sonrisa ladeada.

— Valentina, cariño — dijo él, con un tono meloso que hizo que el asistente abriera los ojos como platos —. ¿Podrías ayudarme con el proveedor? Mi asistente es incapaz de conseguirme lo que quiero.

Valentina rodó los ojos, pero se acercó al asistente.

— No se preocupe, yo lo resuelvo. Señor Montero, ¿por qué no relaja un poco los músculos? Tiene la cara de piedra.

Alejandro rió, y el asistente, atónito, vio cómo el temido CEO se convertía en un corderito a las órdenes de su "prometida".

— ¡Pero tengo que resolverlo ya! — insistió Alejandro.

— Cálmese. Ya le dije, yo lo resuelvo. ¿Por qué no intenta jugar un poco al golf? O leer un libro. O meditar. Se ve muy estresado.

— ¿Y tú crees que voy a hacer esas cosas?

— No, claro que no — dijo ella, con una sonrisa burlona. — Usted solo sabe trabajar. Pero no se preocupe, ya yo estoy aquí. Y cuando yo estoy aquí, las cosas se resuelven.

Él la miró, su expresión suavizada.

— Eres insoportable, ¿lo sabías?

— Ya me lo ha dicho mil veces. Y usted es un gruñón. Pero un gruñón al que le gusta que lo salven.

El asistente salió del despacho, con la cabeza dando vueltas. Esa mujer era un milagro. Había domesticado a la bestia.

Alejandro, sin embargo, no había perdido del todo su vena dominante. Todavía intentaba hacerla quedar mal en las reuniones, le lanzaba desafíos imposibles, y buscaba cualquier oportunidad para demostrar que, al final, él era el jefe. Pero ahora, esas acciones tenían un matiz diferente. Era como si quisiera ver hasta dónde podía llegar, no para humillarla, sino para admirar su fuerza.

Una tarde, mientras trabajaban hasta tarde en la oficina, Alejandro le pidió que se quedara a cenar con él.

— Tengo unas reservaciones en ese nuevo restaurante de comida fusión — dijo él, con un tono casual, como si fuera una obligación.

— ¿Es una orden, señor Montero? — preguntó ella, con una sonrisa.

— Es una... invitación — corrigió él, y por un momento, sus ojos buscaron los de ella con una sinceridad inusual. — Me gustaría que me acompañaras. No como mi abogada, ni como mi prometida de fachada. Sino como... Valentina.

Ella lo miró fijamente. Ese era un paso importante. Dejar caer las máscaras, incluso por un instante, era arriesgado para ambos.

— De acuerdo — dijo ella, sintiendo una punzada de emoción. — Pero yo elijo el postre.

La cena fue sorprendentemente agradable. Hablaron de todo menos de trabajo, de sus sueños, de sus miedos, de las cosas que los hacían reír. Alejandro, al hablar de su infancia, reveló el peso de las expectativas de su padre, el constante miedo a no ser suficiente.

— Por eso siempre tengo que tener el control — explicó. — Si no controlo, siento que me van a fallar. O que yo voy a fallar.

Valentina le tomó la mano por encima de la mesa, un gesto inusual en ella.

— No tienes que controlar todo, Alejandro. Puedes confiar. Puedes soltar.

Él la miró, y por primera vez, vio el miedo en sus ojos. El miedo a perder el control, a ser vulnerable.

— Pero si suelto... ¿qué pasa si me caigo?

— Yo te atrapo — dijo ella, con una firmeza que lo conmovió hasta lo más profundo. — Siempre te atraparé.

Esa noche, cuando regresaron a la suite de Alejandro, la atmósfera era diferente. No había la urgencia de la pasión desenfrenada, sino una ternura profunda. Hicieron el amor con una conexión emocional que superaba lo físico, con una vulnerabilidad compartida que los unía de una manera que la dominación nunca podría haber logrado.

A la mañana siguiente, Valentina se despertó en sus brazos, sintiendo una paz que nunca antes había conocido. Miró el rostro de Alejandro, relajado en el sueño, y vio al hombre detrás del CEO, al niño que solo quería jugar al fútbol, al ser humano que temía decepcionar.

Se dio cuenta de que su juego de dominación, su lucha por el poder, ya no era una competencia para ver quién ganaba. Era una danza, una danza de dos, donde ambos cedían y tomaban, donde ambos aprendían a confiar y a amar.

Y en esa danza, Valentina sabía que había encontrado algo más valioso que cualquier victoria: había encontrado el corazón de un hombre que, a pesar de su poder, estaba dispuesto a ser dominado por el amor. Y ella, la mujer que nunca se doblegaba, estaba más que feliz de aceptar ese "dominio".

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Maribel Euan
m gusta sin tanto drama soluciones rápidas 🤭❤️
Jacquelyn Hernández
🤣🤣🤣🤣🤣 el CEO corriendo detras de un mapache. si la prensa se imaginara algo asi me serian la portada de revistas por años. 🤣🤣🤣
Helizahira Cohen
una historia de Sofia sería muy interesante
Helizahira Cohen
👏Excelente me gustó mucho bonita, corta y con una trama diferente
Helizahira Cohen
Esta interesante esta novela
Zuliner Chacon
Comenzaron a jugar con 🔥y se pueden quemar
Zuliner Chacon
Este se cree dueño de todo y que él es quien manda 😂 🤔 le llegó la orma de su zapato
Zuliner Chacon
Ninguno da su brazo a torcer, ambos son hueso duro de roer 😂
Zuliner Chacon
😂😂 Guerra de titanes osea Yo y Yo 😂😂
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