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LA ESPOSA CIEGA QUE EL CEO NO QUIERE

LA ESPOSA CIEGA QUE EL CEO NO QUIERE

Status: En proceso
Genre:CEO / Matrimonio arreglado / Romance
Popularitas:17.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Azly colon

En una guerra de orgullo y desprecio, ¿quién caerá primero? ¿El hombre que lo tiene todo o la mujer que aprendió a brillar sin luz?
Puntos clave de la trama

NovelToon tiene autorización de Azly colon para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capitulo 3

El pánico es un sabor amargo que se instala en la base de la lengua. Mientras escuchaba el crujido del metal contra el marco de la puerta del balcón, mi cuerpo se convirtió en una estatua de hielo. Estaba atrapada en un camisón de seda que me hacía sentir desnuda, en una habitación que era un laberinto de muebles desconocidos, y mi único escudo era el silencio.

—¿Quién está ahí? —mi voz apenas fue un hilo.

El roce de la madera contra la alfombra me indicó que la puerta se había abierto. Un soplo de aire frío entró de golpe, cargado con el olor de la lluvia reciente y algo más... el olor rancio del tabaco barato. No era el perfume de Alexander. Mi corazón golpeaba mis costillas con una fuerza que me hacía doler el pecho. Tanteé la mesita de noche buscando algo, lo que fuera, pero mis dedos solo encontraron la suavidad de un posavasos de cuero.

—Vaya, la muñequita de porcelana está despierta —una voz rasposa, desconocida, llenó el espacio. El sonido de sus pasos era pesado, descuidado—. Thorne tiene gustos caros, incluso para una mujer que no sirve para nada.

—Sal de aquí ahora mismo —dije, tratando de que mi voz no temblara, aunque mis rodillas amenazaban con fallar—. Si grito, la seguridad llegará en segundos.

—¿La seguridad? —el hombre soltó una carcajada seca—. Tus guardias están muy ocupados disfrutando del café que les envié. No te muevas, preciosa. Solo vengo a buscar algo que tu maridito me debe.

Escuché cómo se acercaba. El sonido de sus botas sobre la alfombra era como el tictac de una bomba. Retrocedí, pero mis talones chocaron contra el borde de la cama. Estaba acorralada. Justo cuando sentí que una mano áspera se extendía hacia mí, la puerta principal de la suite se abrió de un golpe violento, estrellándose contra la pared con un estruendo que hizo vibrar el suelo.

—Fuera. De. Mi. Habitación.

La voz de Alexander no era humana. Era el rugido de un depredador que encuentra a otro animal en su territorio. No gritó, pero la vibración de sus palabras tenía un peso que cortaba el aire. El silencio que siguió fue absoluto, roto solo por el sonido de la lluvia golpeando el cristal del balcón.

—Thorne... yo solo quería...

—No me importa lo que querías —la voz de Alexander estaba ahora mucho más cerca. Escuché el sonido sordo de un golpe, un gemido de dolor y luego el forcejeo de cuerpos chocando contra los muebles—. Si vuelves a poner un pie en esta propiedad, no será la policía quien te encuentre. Será el forense.

Hubo un sonido de arrastre, un último grito ahogado y luego el portazo de la salida. El silencio volvió, pero esta vez estaba cargado de una tensión eléctrica que me erizaba los vellos de los brazos. Me quedé allí, temblando, con las manos apretadas contra mi pecho, tratando de controlar mi respiración.

—¿Estás herida? —la pregunta de Alexander fue cortante, casi clínica, pero noté una ligera irregularidad en su respiración. Estaba agitado.

—No... no me tocó —susurré.

Sentí sus pasos acercándose. Esta vez no intenté retroceder. Necesitaba el calor que emanaba de él, incluso si ese calor venía acompañado de espinas. Se detuvo a centímetros de mí. Podía oler la adrenalina, el sándalo y el rastro metálico del forcejeo. Sin previo aviso, sus manos rodearon mis hombros. Sus dedos apretaron la tela de seda de mi camisón, y sentí el calor de sus palmas filtrándose hasta mi piel.

—Eres una imprudente —dijo, y su voz sonaba extrañamente ronca—. ¿Por qué no cerraste la cerradura del balcón?

—No sabía... no sabía ni que había un balcón ahí —respondí, y una lágrima traicionera se deslizó por mi mejilla—. Alexander, no puedo ver las cerraduras. No puedo ver los peligros.

Sentí que sus manos subían por mis hombros hasta mi cuello, y luego sus pulgares acunaron mi mandíbula. Fue un gesto posesivo, dominante, pero por primera vez, no sentí que quisiera lastimarme. Sus dedos recorrieron el contorno de mi rostro con una lentitud que me dejó sin aliento. El roce de su piel contra la mía era como fuego.

—Mírame —ordenó.

—No puedo, Alexander. Sabes que no puedo.

—He dicho que me mires —su voz bajó una octava, volviéndose una caricia peligrosa.

Incliné la cabeza hacia arriba, buscando la dirección de su aliento. Estábamos tan cerca que nuestras respiraciones se mezclaban. Podía sentir el calor de su cuerpo envolviéndome, la potencia de sus músculos bajo el traje sastre. Su pulgar rozó mi labio inferior, una caricia tan deliberada y sensual que mi pulso se aceleró hasta el delirio. En ese momento, la oscuridad no era un vacío, era un refugio donde cada sensación se magnificaba. El roce de su ropa contra la mía, el aroma de su piel, el sonido de su corazón latiendo con fuerza.

—Debería odiarte —susurró él, y sentí cómo se inclinaba más, sus labios rozando mi frente—. Debería dejar que te hundas en tu propio mundo de sombras. Pero no soporto que otros toquen lo que es mío.

—¿Soy tuya? —pregunté en un susurro valiente.

Alexander no respondió con palabras. En su lugar, sentí que su mano se deslizaba hacia mi nuca, enredando sus dedos en mi cabello y tirando suavemente hacia atrás, exponiendo mi cuello. Su cercanía era una tortura deliciosa. Por un segundo, pensé que iba a besarme, que iba a romper todas las reglas que él mismo había impuesto. La tensión entre nosotros era un hilo a punto de romperse, una mezcla de rabia, deseo y algo mucho más oscuro que el odio.

Pero entonces, se apartó. El vacío que dejó fue tan frío que casi grité.

—Mañana pondré guardias dentro de la casa —dijo, recuperando su tono de acero—. No quiero que vuelvas a moverte de esta habitación sin que alguien te guíe. No es por tu seguridad, Elina. Es porque no quiero que un accidente tuyo arruine mis negocios.

Escuché cómo caminaba hacia la puerta del balcón y la cerraba con llave con un clic definitivo. Luego, se dirigió a la salida de la suite.

—Duerme —fue lo último que dijo antes de que la puerta principal se cerrara.

Me dejé caer en la cama, con los labios todavía ardiendo por su cercanía y el corazón en un puño. Sabía que Alexander estaba librando una guerra interna. Me despreciaba por lo que yo representaba (una cadena, una obligación), pero su cuerpo y sus instintos decían algo diferente. Él me quería, aunque fuera como un objeto precioso que nadie más podía tocar.

Pasé el resto de la noche en un estado de vigilia. Cada sonido de la mansión parecía amplificado. El viento contra los cristales, el crujir de la madera antigua, el lejano zumbido de la ciudad. Me sentía como una intrusa en un castillo encantado donde el príncipe era el monstruo y la salvación al mismo tiempo.

Al amanecer, el aroma a flores frescas inundó mi habitación. No era el olor rancio de la noche anterior, sino el perfume dulce de las azucenas y el jazmín. Tanteé la mesa y encontré un jarrón de cristal. Había una nota al lado, pero por supuesto, no podía leerla. Pasé mis dedos por los pétalos húmedos, sintiendo su fragilidad.

—El señor Thorne envió esto antes de irse —la voz de la señora Hudson era ahora menos burlona, quizás porque Alexander le había dado una reprimenda por lo ocurrido—. Dijo que el olor le ayudaría a orientarse.

Un gesto de amabilidad envuelto en pragmatismo. Típico de él.

Durante los días siguientes, la mansión Thorne se convirtió en un campo de batalla silencioso. Empecé a memorizar cada rincón, cada mueble, cada cambio en la corriente de aire. No quería ser la carga que él decía que era. Practiqué caminar por los pasillos sin ayuda, usando el sonido de mis pasos para medir la distancia. Aprendí que la cocina olía a canela a las diez de la mañana y que el despacho de Alexander siempre estaba cerrado con un aroma persistente a tabaco de pipa y libros viejos.

A veces, sentía su mirada sobre mí. Sabía que estaba allí, observándome desde las sombras de un pasillo o desde lo alto de la escalera. No decía nada, pero su presencia era como un peso físico en el aire. Eran esos momentos los que más me perturbaban, porque en el silencio, podía sentir su curiosidad, su frustración y, quizás, una pizca de admiración por mi terquedad.

Una tarde, mientras estaba en la biblioteca tratando de encontrar un libro en braille que me habían prometido, escuché el sonido de un coche llegando a gran velocidad. No era el ritmo habitual de Alexander. Había una urgencia en el frenazo, un portazo violento.

Minutos después, las voces empezaron a subir desde el vestíbulo. Era una mujer. Su voz era aguda, melodiosa pero cargada de veneno.

—¡No puedes hablar en serio, Alex! —gritaba—. ¿Casarte con ella? ¿Con esa mujer que ni siquiera puede ver quién eres? Es una farsa y lo sabes.

—Vete de aquí, Vanessa —la voz de Alexander era como un trueno bajo—. Mi vida privada no es de tu incumbencia.

—¡Lo es desde que me prometiste que seríamos nosotros los que manejaríamos este imperio! ¿Qué tiene ella que yo no tenga? ¡Es una ciega !

Escuchar esa palabra fue como un latigazo en mi rostro. Salí de la biblioteca, guiándome por las voces. No me importaba si Alexander se enojaba. No iba a permitir que me insultaran en mi propia casa. Llegué a la barandilla de la escalera y apreté el pasamanos de madera.

—Tiene algo que tú nunca tendrás, Vanessa —dije, mi voz resonando en el vestíbulo con una autoridad que no sabía que poseía.

El silencio que siguió fue sepulcral. Podía sentir la sorpresa de Alexander y la furia de la otra mujer.

—Vaya, la cieguita sabe hablar —escuché el sonido de sus tacones acercándose a la escalera.

—No solo sé hablar —respondí, bajando el primer escalón con la cabeza en alto—. Sé escuchar. Y he escuchado suficiente de ti para saber que no eres más que un eco del pasado de mi marido. Alexander, dile a tu invitada que el tiempo de las visitas ha terminado.

Sentí a Alexander subir la escalera en dos zancadas. Se colocó a mi lado y, por primera vez, pasó su brazo alrededor de mi cintura frente a alguien más. Su agarre fue firme, casi posesivo.

—Ya has oído a mi esposa —dijo Alexander, y hubo un matiz de orgullo oscuro en su tono—. Vete. Ahora.

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Clarita Gonzalez
estás istorias ya se están volviendo aburridoras asi
Clarita Gonzalez
😭😭😭😭😭
Clarita Gonzalez
Huy no está buena pero cuando terminara está istoria y como será el final no será esperar cuando pongan los otros capítulos q rrabia
Clarita Gonzalez
bueno escritora hasta cuándo esperamos los últimos capitulos ya muchas semanas y nada no deje las novelas a medias
Sonia Nalbandian
Holaa.. tendrías q buscar y utilizar otro término,ya q en infinidades de oportunidades repetis😭 SEXUALIDAD!!!
Clarita Gonzalez
🤭🤭😭😭😭
Clarita Gonzalez: q rrabia no termina las novelas completas y uno espere y espere semanas y nada
total 1 replies
Clarita Gonzalez
😭🤭
Melanny Guevara
no entendí, no la habían operado antes?
Clarita Gonzalez
😭😭
Clarita Gonzalez
hay q pereza lo dejan a uno en ascuas y la escritora no deja BN los capitulos ni los termina😭
Clarita Gonzalez
escritora lleva cuatro semanas q no escribe los capitulos de la novela porfavor son varias q se quedan así por falta de escritura
Clarita Gonzalez
cuando sube los otros capítulos escritora 👏
Clarita Gonzalez
hay escritora porq tan corto este capítulo porfavor no nos deje así en ascuas siga la lectura de la historia porfavor gracias eee dejado de leer varias novelas pensando q terminaban así 👏🥰
Clarita Gonzalez
faltan más capitulos escritora porfavor espero q estés BN para q termines los capitulos dios te bendiga grandemente tus manos para q sigas escribiendo 🥰
Luisana Carmona
me gusta el contraste de las palabras y la secuencia de la narración extensa que te atrapa y sigues leyendo cada palabra sin parar Hasta el final
Luisana Carmona
está novela oh es muy nueva o solo no comentan ☺️
Clarita Gonzalez
hay escritora q termine BN está istoria muy traumática para ellos pero el muy lindo como la proteje🥰
Betty Saavedra Alvarado
Elina te obligaron a casarte con Alexander tu le vas a dar guerra
Cliente anónimo
Por que en cada capítulo colocas al sensualidad ?
Clarita Gonzalez
escritora y como termina esta historia no hay final o sigue la otra parte y cuando
Clarita Gonzalez: si me gustó y mucho pero le falta para saber en qué termina esta maravillosa historieta 👏
total 1 replies
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