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SANADOR DESCARTADO

SANADOR DESCARTADO

Status: En proceso
Genre:Mundo de fantasía
Popularitas:5.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Annyaeliza

Invocado a otro mundo como sanador, fue descartado por su propio equipo por no hacer daño.
Herido y abandonado en la frontera, comenzó a curar a quienes nadie miraba: plebeyos, soldados rotos, niños enfermos.
Con conocimientos del mundo moderno y una magia que evoluciona al salvar vidas, su nombre empieza a recorrer el reino.
Cuando la guerra y la peste alcancen la capital, descubrirán que descartaron al único que podía salvarlos.

NovelToon tiene autorización de Annyaeliza para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 21: Lo que se enseña ya no se puede esconder

El vapor se alzaba en columnas breves cada vez que Bromm abría el recipiente metálico.

No era un espectáculo. Era un gesto repetido: colocar las herramientas, sellar la tapa, esperar el tiempo justo, abrir con cuidado. Aun así, cada vez que el metal salía limpio y caliente, la gente del campamento se inclinaba un poco hacia adelante, como si presenciara algo que no terminaba de creer.

Ren había marcado con carbón el tiempo en una tabla de madera. No había relojes. Había ritmo. Había paciencia.

—No abran antes —decía—. Si el vapor se escapa, no sirve. Y si se queman las manos, tampoco sirve.

El sudor le corría por la frente. El humo del fuego le picaba en los ojos. La voz le salía ronca de tanto explicar lo mismo una y otra vez.

Un hombre joven observaba desde el borde del campamento, con las manos crispadas dentro de las mangas. Tenía la cara sucia de polvo y los ojos atentos.

—¿Puedo ayudar? —preguntó—. No soy sanador… pero puedo cargar agua, mantener el fuego.

Ren asintió.

—Empieza por hervir el agua —dijo—. Y no la uses para beber después. Es para limpiar.

Otro joven se acercó detrás.

—Yo… sé leer un poco —dijo—. Puedo anotar lo que diga, para no olvidarlo.

Ren lo miró con sorpresa. En los barrios del puerto, la lectura era un lujo. En la mina, casi un mito.

—Anota esto —respondió—: manos limpias antes de tocar, herramientas al vapor antes de cortar, vendas limpias siempre. No mezclar lo sucio con lo limpio.

Los dos jóvenes se miraron, como si acabaran de recibir algo más grande que una tarea. No eran aprendices todavía. Eran manos que empezaban a entender por qué importaban los gestos pequeños.

La elfa Lirael regresó con haces de hierbas.

—Para lavar heridas cuando no haya fuego —dijo—. No reemplazan el vapor. Pero reducen la podredumbre.

Ren la ayudó a preparar infusiones. Explicó cómo dejar enfriar el agua hervida antes de tocar una herida. Cómo no reutilizar paños sucios. Cómo separar lo que había tocado pus de lo que aún estaba limpio.

—Es lento —dijo uno de los jóvenes—. Antes, el sacerdote solo imponía las manos y ya.

Ren no alzó la voz.

—Imponer las manos no limpia la suciedad que entra después —respondió—. Esto no es más rápido. Es más seguro.

A media mañana, llegaron dos acólitos del templo.

Observaban desde la distancia, con los brazos cruzados.

—No puedes enseñar métodos no aprobados —dijo uno, finalmente—. Confunde a la gente.

Ren siguió limpiando una herida.

—La gente está menos confundida cuando no se le pudren las heridas.

—Eso es una acusación —replicó el acólito.

—Es una observación —respondió Ren—. Mira los bordes de esa herida. Ayer estaban negros. Hoy no.

Los acólitos se miraron. No respondieron. Se fueron con prisa contenida.

El gremio envió un mensajero por la tarde.

—Hay que registrar el método —dijo—. No puedes difundir prácticas sin autorización.

Ren se secó el sudor de la frente.

—Regístralo —respondió—. Pero no me pidas que deje de hacerlo mientras tanto.

Esa noche, el vapor volvió a subir. Las herramientas volvieron a salir limpias. Los jóvenes volvieron a acercar agua y leña. Lirael volvió a enseñar qué hojas no irritaban la piel abierta. Bromm volvió a reforzar el borde del recipiente para que no se deformara con el calor.

En algún punto, Ren se dio cuenta de que ya no estaba solo frente al fuego.

Había manos a su alrededor.

No eran sanadores. Aún no.

Pero estaban aprendiendo a no ensuciar lo que tocaban.

Y eso, en un mundo que había normalizado la podredumbre, era el primer acto de rebeldía.

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Elba Lucia Gomez
no come? enfermo atendiendo? débil? no se......
btcclic cuenta3
Espero los próximo nuevos capítulos, welcome, perfec./Scare/
Annyely
gracias , tratare de publicar otro isekai este mes, para que me sigas apoyando☺️
🇲🇽Háyme Castelo🇲🇽🇲🇽🇲🇽
Excelente.
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