Dos amigos, un destino marcado por la sangre y una búsqueda desesperada. Cuando su amiga de la infancia desaparece sin dejar rastro, Joan y Ralph deberán despertar el poder oculto de sus linajes. Desde las sombras de la Hermandad del AMO hasta los secretos prohibidos de civilizaciones ancestrales, descubrirán que la realidad es solo un velo... y que para rescatar a quien aman, primero deben aceptar quiénes son en realidad.
En el juego del AMO, la lealtad es un mito y la sangre es la única moneda. ¿Estás listo para cruzar el umbral?
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CAPITULO 8 JUEGO DE TRAICIÓN
La mujer salió del despacho tras arreglarse la ropa. Llevaba el pelo algo alborotado y se lo peinaba con rapidez en el camino. A la altura del recibidor vio a los dos hombres que la habían llevado hasta allí.
Ambos la miraban imperdibles. Ella con desdén les sonrió y con malicia en el tono de voz les dijo.
- ¿A qué esperáis para cumplir con la orden de vuestro jefe? Prepararme un avión para América.
- El avión está preparado Jasleen. Nuestra orden es acompañarte.
- Bien, espero que por vuestra integridad mantengáis las distancias. – amenazó al cruzar por su lado.
Al salir al jardín principal una limusina les esperaba para acercarlos al aeropuerto. En el trayecto uno de los guardaespaldas, la miraba analizando cada movimiento que hacía. Con sus piernas parecían inquietas.
Llegaron al aeropuerto, tras pasar por las distintas puertas de acceso, embarcaron en el avión privado. Mientras subía, iba en medio de ambos guardaespaldas, hizo un ademán de tropezar mientras que disimuladamente le metió un papel en su bolsillo.
Una vez en el interior del avión, se sentaron los asientos. Ella volvió a sentarse frente al guardaespaldas que la había estado mirando descaradamente a sus piernas durante el trayecto del coche. Volviendo a su juego de piernas seductor.
Nada más despegar el avión. Esperó el momento en el que se estabilizara el avión para levantarse e irse al baño. El guardaespaldas se metió la mano en el bolsillo buscando un caramelo y se notó el papel, lo sacó y desdobló.
“Te espero en el baño”
Se levantó y se dirigió a la otra zona del avión privado donde estaban los baños y el servicio de bar. El otro se le quedó mirando con la finalidad de obtener una explicación a su repentina marcha.
- Voy a tomar algo y de paso vigilo la chica no te preocupes.
- Bien, entonces descansaré un poco.
- Sí, hazlo, con ella nunca se sabe.
Se dirigió a la puerta del baño, dio con los nudillos y pronto se abrió. Ella asomó la cabeza.
- ¿Esto es tuyo? – le dijo mostrándole el papel.
- Sí – se lo arrebató. – es una invitación a mi sala privada.
Abrió más la puerta y le hizo pasar. El espacio era un cuadrado donde solo podía caber una persona. Ella le sonrió seductora y le rodeó el cuello.
- Me he percatado que me mirabas mucho a las piernas … o era al…
- ¿Crees que no sé tu juego de seducción?
- Me alegro, así que no tendré que recordarte las reglas. ¿Estás dispuesto a quebrantar las órdenes de tu jefe y ponerte a mi servicio?
- ¿Qué me ofreces a cambio?
- Cumplir tu deseo de follarte a la novia del jefe. – le besó salvajemente, él la cogió de las piernas para colocarla a la altura de su cintura y la estampo contra la pared metálica del baño.
El avión aterrizó en el aeropuerto de Texas. Una mujer pelirroja de cabello largo bajó, con elegancia y prepotencia en los escalones. Tras tocar suelo firme se dirigió a una limusina que quedaba unos metros de la puerta de la nave en la que habían estacionado el avión. Aunque no estaba permitido el paso a coches la licencia de servir a su gran jefe se lo permitieron.
- Vámos al hotel, necesito darme una buena ducha. – miró hacia la ventanilla con gran asco hacia ella misma. Cuando la limusina giró pudo ver con gran gusto como saltaba por los aires el avión privado y en consecuencia por estar en un recinto cerrado toda la nave explosionó con una furia demencial.
- Creí que te gustaba tener el poder entre tus piernas. – ironizó el chófer mostrando una gran confianza y cercanía con la mujer.
- Hasta cierto punto sí, pero ahora solo quiero poseer a alguien que se me escapa.
- Ese desertor te tiene obsesionada Jasleen… eso no es bueno.
- Llevas razón, pero se ha vuelto una cuestión de honor para mí doblegarlo y hacerlo mi sirviente.
- El jefe se sentiría orgulloso de escucharte. – en eso sonó el teléfono y Jasleen lo cogió de la mesa y lo descolgó. El chófer subió la mampara divisoria para darle una privacidad autentica a la conversación, luego tocó un botón e instantáneamente se tiñó de negro opacando la visibilidad de la pasajera.
- Bien jefe, he acabado con los dos pilotos y los dos guardaespaldas. Ahora mismo están ardiendo en el infierno. – dijo dándose la vuelta para ver como las llamas devoraban la nave perteneciente a Mark en la que habían estacionado el avión privado.
La limusina se perdió en la oscuridad de la noche, hacia Texas. Las sirenas aullaban en la lejanía alarmadas por la alerta del incendio en el aeropuerto. Pronto el escenario quedó envuelto por sirenas y luces de diversos colores que representaban las distintas autoridades y profesionales que se habían concentrado en el lugar.