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EL DESCONOCIDO EN MI ALMOHADA

EL DESCONOCIDO EN MI ALMOHADA

Status: Terminada
Genre:Fantasía épica / Mundo de fantasía / Viaje a un mundo de fantasía / Completas
Popularitas:2.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Azly colon

El Desconocido de mi Almohada es una historia de amor, misterio y autodescubrimiento que te hará cuestionar los límites entre la realidad y la fantasía.

NovelToon tiene autorización de Azly colon para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capitulo 24

La mañana siguiente a la gala del Hotel Shilla, Seúl amaneció con un color distinto. Los titulares de los diarios económicos no hablaban de otra cosa: “La caída del gigante: El fin de la era Park”. Las acciones de Kkum Group se habían disparado, y por primera vez en mi vida, me vi reflejada en las pantallas gigantes de la plaza de Samsung-dong como la "Socia Estratégica" del hombre que había puesto en jaque al sistema.

Estábamos en el ático de la nueva sede. El lujo aquí no era frío como en Han-Guk; había madera clara, plantas naturales y una luz que entraba a raudales. Min-ho estaba sentado tras su escritorio de cristal, pero no estaba trabajando. Me miraba a mí, que intentaba asimilar el peso de la nueva realidad.

—Lo hemos conseguido, Valeria —dijo, levantándose—. Park está bajo custodia, Se-bin ha desaparecido del mapa social y la junta directiva ha firmado la fusión bajo nuestras condiciones. Eres, oficialmente, la mujer más poderosa del sector tecnológico en Asia.

Caminé hacia él y dejé que me rodeara con sus brazos. Debería haberme sentido eufórica. Habíamos limpiado mi nombre, habíamos recuperado su imperio y estábamos juntos. Pero en el fondo de mi estómago, una pequeña alarma seguía vibrando. Era demasiado fácil. Demasiado perfecto.

—¿Sientes eso? —pregunté, apoyando la cabeza en su pecho.

—¿El qué?

—El silencio. Es como si la ciudad estuviera conteniendo el aliento. Min-ho, hemos humillado a familias que llevan gobernando este país desde antes de que naciéramos. No se van a quedar mirando cómo una extranjera y un "renegado" se sientan en su trono.

Min-ho me besó en la sien, restándole importancia con esa confianza nueva que le daba el éxito.

—Madame Kang tiene ojos en todas partes. Si hubiera un movimiento en nuestra contra, lo sabríamos. Hoy no es día para miedos, Valeria. Es día para celebrar. Esta noche tenemos la cena con los nuevos inversores de Silicon Valley. Quieren llevar Kkum a nivel global.

Pasamos el día en una nube de reuniones, firmas y apretones de manos. Cada vez que cruzábamos un pasillo, los empleados se inclinaban con un respeto que rayaba en la adoración. Pero yo no podía dejar de pensar en la cara de Cho Se-bin antes de salir de la gala. No era la cara de alguien derrotado; era la cara de alguien que está esperando a que su oponente dé un paso en falso.

A media tarde, recibí una caja en mi nuevo despacho. Era elegante, envuelta en papel de seda negro. Dentro no había flores, ni joyas. Había un pequeño espejo antiguo, de marco de plata oxidada. Y pegada en el cristal, una nota escrita con una caligrafía perfecta:

> "El cristal que se rompe no se olvida de quién sostuvo el martillo. Bienvenida al palacio, Valeria. Disfruta de la vista mientras dure."

>

No tenía firma, pero no hacía falta. Sentí que el aire de la oficina se volvía gélido.

—¿Valeria? ¿Estás lista? —Min-ho apareció en la puerta, ya vestido con su esmoquin para la cena. Vio la caja y se acercó—. ¿Otro regalo de felicitación?

—Es de Se-bin —dije, mostrándole el espejo—. O de su padre. Es una advertencia, Min-ho.

Él cogió el espejo y lo dejó sobre la mesa con desdén.

—Son estertores de muerte, nada más. Están intentando asustarte porque ya no tienen poder real. No dejes que te arruinen la noche.

La cena fue un desfile de vanidades. Los inversores americanos hablaban de miles de millones, de expandir el algoritmo a sistemas de vigilancia estatal, de "monetizar la empatía" a una escala que me hacía sentir náuseas. Min-ho escuchaba con atención, asintiendo. Vi cómo, poco a poco, el brillo de "el niño de la playa" se iba apagando bajo la máscara del CEO global.

—No podemos vender el algoritmo para vigilancia —susurré a su oído en un momento de la cena—. Eso va en contra de todo lo que escribimos en el garaje de Seochon.

—Es solo una posibilidad, Valeria. Estamos explorando mercados. Para ser grandes, necesitamos capital —respondió él, sin mirarme.

Fue la primera vez que sentí una grieta entre nosotros desde Berlín. El éxito estaba empezando a cambiar las reglas del juego. Ya no éramos dos náufragos luchando por sobrevivir; éramos los dueños del barco, y el rumbo empezaba a parecerse peligrosamente al que llevaba Park.

Al salir del restaurante, la noche de Seúl era eléctrica. De repente, el teléfono de Min-ho empezó a sonar. Una vez, otra, otra. No eran llamadas normales; eran alertas de seguridad.

—¿Qué pasa? —pregunté, viendo cómo su rostro se transformaba en una máscara de piedra.

—Los servidores centrales de Kkum... están sufriendo un ataque masivo. Pero no es un hackeo externo.

—¿Cómo que no es externo?

—Viene de dentro. Alguien ha activado un protocolo de autodestrucción que solo yo y... y la junta de fundadores conocíamos.

—¡Pero la junta de fundadores somos nosotros y Madame Kang!

Min-ho se quedó lívido. Miró hacia la Torre de Kkum que se alzaba a lo lejos. Las luces del edificio estaban parpadeando en un código errático.

—Madame Kang —susurró él.

Fuimos directos a la sede. Al llegar, el vestíbulo era un caos. Los técnicos corrían de un lado a otro. Al subir al ático, encontramos a Madame Kang sentada en su sillón, mirando el horizonte con la misma calma de siempre. Pero en su regazo no había una taza de té; había una tablet con el control total de la empresa.

—¿Qué ha hecho, Madame? —rugió Min-ho—. ¡Está borrando el algoritmo!

La anciana levantó la vista. No había rastro de la aliada que nos había ayudado en el garaje. Había algo mucho más antiguo y oscuro en su mirada.

—Os di una oportunidad para ser diferentes —dijo ella, con una voz que sonaba como el juicio final—. Pero hoy, en esa cena, he visto cómo vendíais vuestra alma a los americanos. He visto cómo planeabais usar la empatía para el control. Os habéis convertido en Park más rápido de lo que Park se convirtió en un monstruo.

—¡Lo hacíamos por la empresa! —gritó Min-ho.

—La empresa es humo, Min-ho. Lo que importaba era la idea. Y la habéis corrompido. He activado el borrado porque prefiero que el mundo se quede a oscuras a que use vuestra luz para vigilar las sombras.

—¡Deténgalo! —Min-ho se abalanzó sobre la tablet, pero Madame Kang la lanzó por el ventanal. El dispositivo cayó al vacío desde el piso 50.

En ese momento, las pantallas de toda la oficina se volvieron negras. Un año de trabajo, catorce meses de sacrificio, el imperio que acabábamos de recuperar... todo se estaba desvaneciendo en binario.

Pero lo peor no fue la pérdida de la empresa. Lo peor fue lo que vino después.

La puerta del ático se abrió. No eran guardias de seguridad. Era la policía nacional, flanqueada por el abogado de la familia Cho.

—Kang Min-ho, Valeria —dijo el oficial—. Quedan detenidos bajo cargos de manipulación de mercado y espionaje corporativo. El Vicepresidente Park ha entregado pruebas de que la auditoría que presentasteis anoche fue obtenida mediante hackeo ilegal de cuentas gubernamentales.

Miré a Madame Kang. Ella no se inmutó.

—Ella lo sabía —susurré, dándome cuenta de la magnitud de la trampa—. Ella nos dejó ganar para que subiéramos lo suficientemente alto como para que la caída nos matara.

Min-ho intentó resistirse, pero los oficiales lo redujeron. Yo me quedé paralizada, mirando el espejo que Se-bin me había enviado. Ahora entendía el mensaje. El cristal se había roto, y nosotros habíamos sostenido el martillo. Nuestra propia ambición, nuestra prisa por ganar, nos había cegado ante la verdadera jugada de las élites de Seúl.

—Valeria, lo siento... —gritó Min-ho mientras se lo llevaban por el pasillo—. ¡Lo siento!

Me llevaron a mí después. Mientras cruzaba el vestíbulo que horas antes me adoraba, vi a Cho Se-bin en la entrada. Llevaba el mismo vestido esmeralda. Me guiñó un ojo y levantó su copa de champán.

Habíamos llegado al capítulo 20 creyendo que éramos los reyes de Seúl. Pero la ciudad nos había recordado que solo éramos peones en un tablero mucho más grande. El "Falso Triunfo" se había convertido en una derrota absoluta.

 estaba entrando en un coche patrulla, mirando por última vez la Torre de Kkum totalmente a oscuras. No tenía nada. Ni empresa, ni visado, ni a Min-ho. Estaba de vuelta en el punto de partida, pero esta vez, el enemigo no era Park. El enemigo era el sistema mismo, y Madame Kang, la mujer que creíamos nuestra salvadora, era su jueza más implacable.

La verdadera guerra no había hecho más que empezar. Y ahora, tendríamos que lucharla desde el lugar más oscuro: una celda de interrogatorio en el corazón de la ciudad que una vez soñamos conquistar.

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The Wolf 🥀🐺🍃
una historia que se parece a mi vida mi ....me pasó lo mismo con mi ahora esposo y dejé de soñarlo cuando xfin lo conocí y extrañaba a el chico de mi sueños 😭😭....veamos k pasa .
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