"En los libros de historia, Jeon Youngjae era un monstruo. En persona, es mi mayor tentación." Kang Yoona es una estudiante de historia que sabe cómo termina la vida del joven Rey Youngjae: traicionado, solo y ejecutado. Pero cuando un antiguo espejo la arrastra al año 1520, Yoona no cae en un libro de texto, sino en los brazos del hombre más peligroso de Corea. Él es un tirano que no confía en nadie; ella es una intrusa que conoce todos sus secretos y su trágico final. Para sobrevivir, Yoona deberá jugar un juego mortal: ¿Cambiará la historia para salvar al hombre que ama, aunque eso signifique borrar su propio futuro? En una era de acero y sangre, la verdad es el arma más peligrosa.
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Capítulo 8: El sello del dragón
El palacio después del ataque era una colmena de actividad frenética. Antorchas encendidas cruzaban los jardines como luciérnagas furiosas, y el metal de las armaduras resonaba en cada esquina. La guardia real, bajo las órdenes directas de un Youngjae implacable, estaba filtrando a cada sirviente, cada eunuco y cada soldado. La paranoia, esa vieja amiga de los reyes de Joseon, había regresado para reclamar su trono.
Yo caminaba hacia los aposentos privados del Rey, escoltada por cuatro guardias que mantenían una distancia respetuosa pero asfixiante. A mi paso, las criadas se inclinaban tanto que sus frentes casi tocaban el suelo frío, murmurando bendiciones que sonaban a miedo. Todo el mundo sabía ya lo que había pasado en el lago: que el Rey había matado por mí, y que yo, la mujer sin nombre, era ahora el centro de su universo.
Al llegar a las grandes puertas de madera de cedro, los guardias se detuvieron y se cuadraron. Uno de ellos, el capitán de la guardia, me miró con una mezcla de respeto y advertencia antes de anunciar mi llegada.
—Su Majestad, la Concubina Real Kang Yoona está aquí —dijo con voz firme.
—Que entre. Y retiraos todos. No quiero a nadie a menos de cincuenta pasos de estas puertas. Si alguien intenta acercarse, cortadle la cabeza primero y preguntad después.
La orden fue tan gélida que me hizo estremecer. Los guardias asintieron y se retiraron en un silencio sepulcral, dejando el pasillo desierto. Empujé la puerta pesada y entré.
El aire dentro de la habitación estaba cargado de un calor húmedo y el aroma penetrante del incienso de mirra. El ambiente era tenue, iluminado únicamente por un par de lámparas de aceite que proyectaban sombras alargadas y danzantes sobre las paredes. Youngjae estaba de pie junto a la ventana abierta, observando la noche.
—Cierra la puerta, Yoona —dijo, sin girarse.
Lo hice. El clic del pestillo resonó como un disparo en la habitación. Me quedé allí, de pie, sintiendo cómo mis manos sudaban. Él se giró lentamente y, por primera vez en la noche, lo vi sin su armadura de monarca.
Llevaba puesta únicamente una bata de seda negra, desatada de manera informal. La tela caía sobre su cuerpo con una suavidad insultante, revelando que, debajo de ella, no llevaba absolutamente nada. La luz de las velas delineaba la musculatura de su pecho y el rastro de las cicatrices que contaba sus batallas pasadas. Se veía devastadoramente hermoso, pero también peligrosamente decidido.
—Ven aquí —ordenó, extendiendo una mano.
Caminé hacia él, mis piernas sintiéndose pesadas, como si estuviera caminando bajo el agua. Al llegar a su lado, Youngjae me tomó de las manos. Estaban calientes, contrastando con el frío que yo sentía por dentro debido a los nervios.
—El ataque de hoy ha dejado claro que mis enemigos no respetarán tratados ni etiquetas —comenzó a decir, su voz bajando a un susurro que me vibró en los huesos—. Saben que eres mi debilidad. Saben que te he nombrado concubina, pero también saben que, según la ley, nuestra unión aún no ha sido sellada. Mientras no lo sea, los ministros pueden alegar que solo eres un capricho pasajero, un error que puede ser "eliminado" sin grandes consecuencias políticas.
Me quedé tiesa. Sabía a qué se refería. En la historia de Joseon, la consumación no era solo un acto de intimidad; era un acto legal, un sello que otorgaba a la mujer una protección institucional que nadie, ni siquiera el Gran Consejo, podía ignorar fácilmente.
—¿Estás diciendo que…? —mi voz se quebró.
—Estoy diciendo que no voy a darles ni un segundo más para conspirar contra tu vida —continuó él, acortando la distancia mínima que quedaba entre nosotros—. Si te conviertes en mi esposa de cuerpo y alma esta noche, cualquier ataque contra ti será un ataque directo contra la línea sucesoria. Tu seguridad dejará de ser mi deseo personal para convertirse en una ley del reino.
Se inclinó hacia mí, su rostro a milímetros del mío. Pude ver el deseo ardiendo en sus ojos, pero también una desesperación noble por protegerme.
—Pero hay algo más, Yoona —murmuró, su mano subiendo para acariciar mi mejilla con una ternura que me desarmó—. No quiero hacerlo solo por la política. Me dijiste que nunca habías estado con nadie. Me dijiste que eras pura. Y la idea de que ese tesoro me pertenezca, de ser el primer y único hombre que conozca la cartografía de tu piel, me está volviendo loco.
Me quedé allí, tiesa como una estatua de mármol. Mi cerebro de historiadora gritaba que esto era un evento canónico, algo que cambiaría mi propia existencia en el tiempo. Mi corazón de mujer, sin embargo, latía desbocado porque el hombre frente a mí era el único por el que estaría dispuesta a quemar todos mis libros y quedarme para siempre en el pasado.
—Youngjae… yo… no sé qué hacer —admití, mi respiración volviéndose errática—. En mi mundo, las cosas no son así. No hay guardias fuera, no hay ministros conspirando…
—Olvida tu mundo por una noche —me interrumpió, su voz volviéndose una caricia ronca—. Olvida los libros, olvida el futuro y olvida al tirano que el mundo cree que soy. Aquí, entre estas cuatro paredes, solo somos un hombre que ha esperado siglos para encontrarte y una mujer que ha caído de las estrellas para salvarlo.
Su mano se deslizó desde mi mejilla hasta la nuca, atrayéndome hacia él. Su bata se entreabrió un poco más, dejando que mi piel rozara la suya. El contacto fue como una descarga eléctrica. Sentí la firmeza de su pecho contra mis manos, que instintivamente se habían apoyado en él para no caer.
—¿Tienes miedo, Yoona? —preguntó, sus labios rozando los míos.
—Tengo miedo de que, después de esto, no haya vuelta atrás —confesé.
—No la hay —dijo él, y por fin rompió la distancia con un beso que no tuvo nada de la suavidad anterior. Fue un beso hambriento, posesivo, un sello de propiedad y de promesa.
Me levantó en vilo como si no pesara nada y me llevó hacia el gran lecho de seda roja que dominaba la estancia. Mientras me depositaba con delicadeza sobre las sábanas, Youngjae se deshizo de la bata con un movimiento fluido, revelándose ante mí en toda su imponente desnudez. Era como ver a un dios guerrero tallado en obsidiana.
Se colocó sobre mí, atrapándome con sus brazos, su mirada fija en la mía.
—Esta noche reescribiremos tu historia y la mía —susurró, bajando la cabeza para besar la marca de la constelación en mi hombro—. Ya no serás una viajera del tiempo. Serás mi reina, mi concubina, mi todo. Y juro por cada antepasado de esta dinastía que nadie volverá a ponerte una mano encima mientras yo respire.
Me quedé allí, con los ojos muy abiertos, asimilando la realidad de mi nuevo destino. El miedo seguía ahí, pero el deseo y la lealtad que veía en sus ojos eran más fuertes. Estaba a punto de entregar mi mayor tesoro al hombre más peligroso de Corea, y por primera vez en mi vida, sentí que estaba exactamente donde debía estar.
—Consumemos nuestra unión, Youngjae —dije, rodeando su cuello con mis brazos—. Y que el futuro diga lo que quiera.
Afuera, el viento de Joseon soplaba con fuerza, pero dentro de los aposentos reales, el tiempo se detuvo para dar paso a una noche que ningún historiador se atrevería jamás a describir con palabras.
Si llegaste hasta aquí, ya sabes una cosa:
esta historia NO es un romance normal.
Aquí no hay príncipes…
hay un rey que destruye todo lo que toca.
Y Yoona…
ella sabe exactamente cómo termina su historia.
💔 Sabe cómo muere el hombre del que se está enamorando.
Ahora dime tú…
👇
¿Lo salvarías… o dejarías que el destino lo destruya?
👀 Lean con cuidado, porque lo que viene en los próximos capítulos…
no todos están listos para soportarlo.
— GIA 💞