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Fuego Interior

Fuego Interior

Status: Terminada
Genre:Mujeriego enamorado / Colegial dulce amor / Completas
Popularitas:346.4k
Nilai: 4.9
nombre de autor: Paola Alejandra Paolini

Ludmila es una chica tímida que esta cursando su tercer año en la universidad. ella siempre se encuentra sola ya que su timidez la mantiene al margen de todos. vestida constantemente con gorros que cubren su cabello completamente, lentes que cubren casi todo su rostro y ropa holgada, es alguien que pasa desapercibida.
Shain es el chico popular, el que siempre tiene a toda chica loca por el, pero tiene una debilidad por su hermana menor a la que protege y consiente constantemente.
Ayse, hermana de Shain, logra que su hermano se acerque a la chica tímida para ella poder tener momentos mas que románticos con su novio Bruno, que es a su vez hermano de Ludmila.
¿podrá esta tímida muchacha lograr concertar una amistad con el chico que en el fondo de su corazón es su amor platónico?

NovelToon tiene autorización de Paola Alejandra Paolini para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

modo avión

Ludmila:

Mientras veo como prepara todo para que nos demos una ducha, siento como mi cuerpo arde. Pero no es que sienta dolor, más bien siento deseo. Deseo que se repita otra vez lo que habíamos hecho.

Por su mirada y la forma en la que me trata no creo que sea su idea, quiero que vuelva a perder el control, como cuando me hizo suya.

Dolió como la mierda, pero luego... fue increíble. Solo quiero más.

Ahora entiendo porque todos se vuelven locos con el sexo. Ahora entiendo porque mis padres no pueden dejar de meterse mano cada dos por tres y como mi madre canta feliz cuando en la lavadora quedan monedas en el fondo. Claramente es un código que ellos tienen para aprovechar y tener relaciones en el cuarto del lavado.

También entiendo perfectamente lo que sintió Ayse cuando mi hermano le hacía eso que me había dejado anonadada.

Ahora entiendo esa necesidad de mis amigos por aprovechar esa pijamada y como la bibliotecaria me apuraba para dejar el lugar y querer asistir a esa fiesta.

Como no, si hacerlo se sintió liberador.

Tengo veintidós años y nunca me había sentido igual. Si me pongo a sacar cuentas la vida sexual del ser humano comienza aproximadamente a los dieciocho años, por lo que tengo ya en mi inventario cuatro años que cubrir.

Si me tiro sobre él y le exijo que me ayude a cubrir la cuota ¿Lo haría? Claramente no lo sé por lo que hay que intentarlo, ¿no?

Todo sea por la paz mundial.

La libertad.

Y obviamente lo bueno que esta.

Me levanto del retrete y cuando quiero dar un paso hacia el me enriendo con mis pies y estaría besando el mosaico del suelo, si no fuera por sus fuertes brazos que me atraparon a tiempo.

—¡Luz! —grita. Su voz suena preocupada, yo solo me rio.

—Creo que me dejante invalida —suelto aun riendo por el hecho de que me cuesta mover mis piernas.

Para colmo de males mi idea sigue en pie, pero no sé cómo hare, si claramente no me puedo mantenerme en pie.

Decido fruncir, apretar y retener esas ganas para más tarde. Después de todo que apuro tengo, si es de madrugad y tengo todo el domingo para comenzar con la ardua tarea de recuperar el tiempo perdido e ir tachando días imaginarios de mi inventario.

—Yo creo que más bien se trata de la falta costumbre que tiene tu cuerpo al ejercicio —apunta el.

—Yo creo que lo que hicimos no tiene comparación con una tarde de gimnasio —razono.

—Cariño, tener sexo claramente tiene mucho que ver con una buena tarde de ejercicios —da su punto, mientras me sostiene entre sus brazos y me cuesta un montón ignorar que estamos completamente desnudos.

Siento como mis mejillas se sonrojan.

—Lo nuestro no fue sexo, hicimos el amor —digo pensando que es completamente diferente.

—Claro, pero eso no cambia que hayamos hecho un buen ejercicio —me sostiene bien y encara hacia la ducha—. Ahora debemos lavarnos.

—¿Para ensuciarnos de nuevo? —pregunto divertida.

Me mira pensativo por un momento y pone esa mirada pervertida que me hace estremecer.

—¿Estas adolorida? ¿O algo? —pregunta pasando sus grandes manos por mi cintura, llegando a mi muslo para levantarlo y colocarlo en su cadera.

—¡No! —respondo rápidamente, a lo que el achica sus ojos, se acerca más a mi para escudriñar mi mirada.

Muerdo mis labios porque él sabe que miento. El dolor que siento no tiene nada que ver con que se haya llevado mi pureza, más bien tiene que ver con la necesidad de querer más. Esa necesidad que se vuelve visceral.

—¿Segura? —pregunta y siento como algo golpea mi entrepierna.

—¿Sí? —respondo con un jadeo, ahogada en las sensaciones que su roce le hace a mi cuerpo.

—Ok —dice sin más y grito.

Al parecer disfruta dejándome sin aire. Como cuando se metió de una, otra vez lo hizo. Lejos de molestarme, me gusta y mucho.

Mis piernas adquieren movimiento de pronto y mi espalada choca con los azulejos cuando quedo aferrada a su cadera.

Mi estomago ruje, necesitando algo de sustancia sólida. Está claro que el arduo ejercicio nocturno tiene sus consecuencias y ahora no solo estoy algo paralitica, sino que muero de hambre.

Me duele desde la punta de los pies, hasta la punta de los pelos, pero eso no borra la sonrisa idiota que llevo en mi cara.

Shain se ha dormido sobre mi pecho. Trato de ver su cara, pero solo veo sus cabellos desparramados. Lo acaricio. Se remueve y besa mi lunar antes de abrir sus ojos y verme a la cara.

—Buen día —murmura con la voz enronquecida por el sueño.

—Hola, hambre —respondo algo enfadada y solo se debe a que mi apetito deberás que es grande.

Levanta su cara de mi cuerpo para verme mejor y reír cuando mi estomago se encarga de dejarnos algo sordos.

—¿Mi princesa tiene hambre? —pregunta y no sé si besarlo o golpearlo.

—Si —digo con mi tono para nada divertido—, aliméntame que me pongo flaca.

Suelta una carcajada que me hace sonreír y llega a mi boca robándome el aliento.

Se parta y enseguida sale de la cama. El frio ocupa su lugar y lo sigo con la mirada mientras veo como busca que ponerse para cubrir su desnudez.

—Enseguida vuelvo —promete antes de salir de la habitación.

Me acomodo mirando el techo por un momento hasta que escucho el sonido de mi celular. Lo tomo viendo que se trata de mi hermano preguntándome donde estoy.

Ruedo los ojos, ¿Dónde más estaría?

Le respondo esa ridícula pregunta y dejo mi celular nuevamente sobre la mesa de noche, para que al mismo momento vuelva a sonar con otro mensaje entrante. Suspiro y vuelvo a tomarlo para ver que me ha mandado una foto. Descargo la imagen y veo que se encuentra con Ayse, sonrío y le mando mis saludos.

Antes de dejar nuevamente mi celular, le mandó un mensaje a mi madre para agradecerle el haber precavido mi situación sexual.

Claramente estaría en problemas si no fuera porque estoy tomando las pastillas que me dio la doctora. Recuerdo que me había hablado de utilizar un chip anticonceptivo y creo que es la mejor opción para no olvidarme de las dichosas pastillas.

Enseguida mi teléfono vuelve a sonar y me encuentro con un mensaje de mi madre que me dice si ya dejé de ser una niña.

Me dan ganas de decirle que desde que uso sostén deje de ser una niña, pero como no tengo ganas de discutir simplemente le respondo que “si”.

Ese simple mensaje hace que mi teléfono se llene y no deje de llegar notificaciones de wasap, por lo que, decido que es un buen momento para activar el modo avión.

Sigo mirando el techo hasta que el retumbar de unos pasos me hace ver hacia la pueta de la habitación y nuevamente Ken con su delantal rosado hace su majestuosa entrada. Bandeja en mano, repleta de comida y como no, una flor.

—Para mí bella dama —dice tendiéndome la flor realizada en papel, sonrío como tonta y me acomodo para quedar sentada—. Ese lunar me vuelve loco.

Miro mi pecho desnudo y vuelvo la mirada a él. Lo veo morder sus labios de forma sensual, mientras deja la bandeja y busca algo. Su remera, me la pasa para que me la coloque y con una sonrisa traviesa en mis labios, lo hago.

—Me encanta tu delantal —ironizo y él se ríe.

—Mi madre me lo compro a propósito, fue una broma del día de los inocentes, pero yo decidí conservarlo —comenta pasándome una taza de café humeante.

Desayunamos, ahí, en su cama, charlando de los diferentes regalos que nos han hecho nuestras madres y que resultaron muy graciosos.

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🖤 dulce melón 🖤
👏
Alba Molina
excelente historia
Nanes
no es que a Jimena le gustaba el camarógrafo??? entonces cual novio ?
yuraima maldonado
Felicidades, esta historia me encantó, muy divertida 😘🙏
Anonymous
No
Anonymous
Nada
Miriam Cuscueta
guau perfecto! no podía dejar de leer me encanta como escribes! FELICITACIONES 👏
Hilda Emens
cómo todo lo que Paola escribe es magnífica esa capacidad de escribir los diálogos y relacionar una novela con otras como los hijos de Zafiro espectacular 👏👏👏👏👏👏👏😘❤️💐
LogeAa
Pero si lo quieres a él, viene incluido y no es que te aproveches de su fama porque cuando saques tu siguiente libro sólo lo compraran quienes les gustó tu escritura mas no lo harán de nuevo por él
victor hernandez
execelente execsional magnífica
victor hernandez
execelente execsional magnífica
LogeAa
tengo un amor/odio por este personaje porque me estrese mucho leyendo su historia y como no sabia ni porque, me enloquece sólo de saber que esta chica quedó en una familia monarca aunque su padre rechazara ese linaje 🤭😂
CHRIS
Bruno es igual de impulsivo que su papá pero su papá si, sabía sobrellevar sus celos
CHRIS
WOW veamos que pasa con los hijos de Lucia y Naguel
Yanett Alvarez
muy bueno
Daniela Maidana
recien me doy cuenta como se entrelazan las historias!! hermoso!!
Daniela Maidana
recien me doy cuenta como se entrelazan las historias!! hermoso!!
Lorenza Malpica
Se pasó el amigo de Shain ,no debió hablar de más ,mira todo lo que ocasionó
Lorenza Malpica
pobre,como no se siente bonita,ya pensó mal y no esperó a escuchar todo, ojalá y la alcance antes de que le pueda pasar algo
Lorenza Malpica
Que tiernos los hermanitos, la cuidan
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