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CEO Amargado Asistente Indómita.

CEO Amargado Asistente Indómita.

Status: En proceso
Genre:Diferencia de edad / CEO / Romance
Popularitas:10.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Lewis Alexandro Delgado

Sigue a Valentina Márquez Santos, abogada humilde e hija ilegítima de un magnate. Tras ser traicionada en su boda y expulsada de su trabajo por defenderse de acoso, se convierte en asistente del amargado CEO Mateo Castellanos. Demuestra su valía al organizar el proyecto médico VidaPlus y salvar a su hija Sofía de un rapto, mientras enfrenta la envidia de Gitana, la hermana de la difunta esposa de Mateo. A pesar de que Mateo es insoportable, entre ellos surge una conexión, mientras Valentina lucha por su futuro y por hacer realidad un proyecto que cambiará vidas.

NovelToon tiene autorización de Lewis Alexandro Delgado para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

PROBLEMAS Y TENSIONES

Después de cenar en la mansión de los Castellanos, Mateo cogió sus llaves y se dirigió hacia su coche deportivo azul oscuro.

—Vamos, Valentina —dijo con voz seca—. No quiero llegar tarde a mi reunión de mañana temprano.

Subí al asiento del pasajero, intentando mantener la calma. El ambiente dentro del coche era tenso desde el primer momento: el silencio era pesado, y solo se oía el sonido del motor. Al salir de la zona residencial, Mateo rompió el silencio con un tono de crítica.

—Sé que Sofía te considera su heroína —comenzó, mirando hacia la carretera—. Pero enseñarle artes marciales es una mala idea. Ella es una niña delicada, no una peleadora de barrio como tú.

Me quedé helada por sus palabras. No iba a permitir que me hablaran así.

—Sofía no es delicada, es valiente pero necesita aprender a defenderse —respondí con firmeza—. Y no me llame "peleadora de barrio", señor Castellanos. Mis habilidades me han servido para salvar la vida de tu hija, ¿o se ha olvidado de eso? Además, le estoy enseñando algo más importante que golpes: a quererse a sí misma y a tener confianza. Cosas que, por lo visto, usted no sabe transmitirle adecuadamente.

Mateo apretó el volante hasta hacer blanco los nudillos.

—¿Cómo te atreves a decirme cómo debo criar a mis hijas? —gritó—. Soy su padre, y sé lo que es mejor para ellas. Tú solo eres mi asistente, no tienes derecho a meterte en mis asuntos familiares.

—Yo no me meto en nada —contesté, mirándolo a los ojos—. Sofía me pidió ayuda, y yo se la di. Usted está demasiado ocupado con el trabajo y con su amargura para darle la atención que necesita. Eres un buen padre en lo material, pero las niñas necesitan más que dinero y cosas caras: necesitan apoyo emocional y alguien en quien confiar.

—No tienes idea de lo que he pasado —dijo, con la voz un poco más baja—. Cuando mi esposa murió, me quedé solo con dos niñas pequeñas. Tuve que trabajar día y noche para mantener la empresa y darles todo lo que necesitaban. No tuve tiempo para nada más.

—Entiendo que haya sido difícil —respondí, con un toque de empatía en la voz—. Pero la tristeza y la amargura no son excusas para descuidar el corazón de tus hijas. Ellas te aman, pero también necesitan sentir que te preocupas por ellas más allá de lo material. Y como asistente tuyo, creo que mi trabajo va más allá de los documentos: si tus hijas están bien, tú estarás bien, y la empresa también.

Mateo no respondió. Mantuvo la mirada fija en la carretera, pero pude ver cómo sus hombros se relajaban un poco. El resto del camino transcurrió en silencio, pero la tensión había cambiado: ya no era solo de enojo, sino de un entendimiento silencioso entre nosotros.

Al llegar a mi casa pequeña en el norte de la ciudad, Mateo se detuvo frente a la puerta.

—Mañana temprano llegan los médicos —dijo, con voz más calmada—. Espero que todo esté listo. No podemos permitirnos ningún error.

—Todo estará perfecto, señor Castellanos —respondí, abriendo la puerta del coche—. Y gracias por llevarme a casa.

Antes de bajarme completamente, él me cogió del brazo suavemente.

—Valentina... —comenzó, pero luego se calló, frunciendo el ceño como si se arrepintiera de lo que iba a decir—. Nada. Mañana temprano en la oficina.

Yo asintí y bajé del coche, viendo cómo se alejaba con el coche. Sabía que nuestras discusiones no iban a terminar pronto, pero también sentía que por primera vez él había escuchado lo que yo tenía que decir.

A las nueve de la mañana del día siguiente, el grupo de médicos llegó a Castellanos Medical Tech. Eran cinco profesionales reconocidos en el área de medicina rural, liderados por la Dra. Elena Ríos, una mujer de cincuenta años con una reputación de exigente pero justa. Mateo los recibió en el vestíbulo, acompañado de mí y de varios miembros del equipo técnico. Gitana también se había presentado, vestida con un vestido negro elegante, intentando llamar la atención de los invitados.

—Bienvenidos, estimados médicos —dijo Mateo, dirigiéndose al grupo—. Hoy les mostraremos el sistema VidaPlus, que esperamos sea una herramienta fundamental para mejorar la atención médica en zonas rurales de nuestro país y de países vecinos. Valentina les explicará la parte logística y legal, y luego nuestro equipo técnico hará la demostración práctica.

Comencé mi explicación con la misma seguridad que siempre, detallando cómo funcionaría la distribución del sistema, los protocolos legales para su uso y los planes de capacitación para los médicos de las zonas rurales. Los médicos escucharon con atención, haciendo preguntas que respondí con precisión.

Luego, pasamos al centro de demostración, donde los equipos estaban dispuestos en semicírculo como yo había planeado. El jefe del equipo técnico, Carlos, encendió el sistema principal para mostrar su funcionamiento: monitoreo de signos vitales, transmisión de datos en tiempo real y conexión con hospitales urbanos. Todo parecía ir perfectamente, hasta que de repente la pantalla principal se volvió negra, y todos los equipos dejaron de funcionar al mismo tiempo.

—¿Qué está pasando? —preguntó el Dr. Martínez, uno de los médicos, con preocupación—. Si esto sucede en una zona rural, podría ser fatal para los pacientes.

Carlos intentó reiniciar el sistema, pero nada funcionó. Leticia Woen se acercó rápidamente, con una sonrisa maliciosa.

—Ya lo dije —murmuró para todos oír—. La disposición de los equipos era incorrecta. Esto es lo que pasa cuando se deja que una asistente tome decisiones técnicas.

Mateo se puso rojo de ira, mirando a Carlos y luego a mí.

—Arreglenlo ahora mismo —gritó—. No podemos perder esta oportunidad.

Mientras el equipo técnico revisaba los cables y los programas, yo me acerqué a la consola principal y comencé a revisar los registros del sistema. Había estudiado el funcionamiento técnico del VidaPlus en mi tiempo libre, sabiendo que podría ser útil en situaciones como esta. Al revisar los códigos, descubrí que alguien había introducido un virus en el sistema principal —un virus diseñado para bloquear todos los equipos justo en el momento de la demostración.

—¡Lo encontré! —grité, mientras tecleaba rápidamente en el teclado—. Alguien ha introducido un virus que bloquea el sistema cuando se activa la función de transmisión en tiempo real. Pero tengo conocimientos de seguridad informática, puedo eliminarlo y restaurar el sistema en unos minutos.

Mateo se acercó hasta mí, mirando la pantalla con sorpresa.

—¿Sabes algo de informática? —preguntó, con voz entre el enojo y la curiosidad.

—Aprendí por mi cuenta, para proteger mis documentos cuando trabajaba en el bufete —respondí, sin dejar de teclear—. Los casos que llevaba a menudo requerían seguridad máxima. Confíen en mí, en cinco minutos el sistema estará funcionando de nuevo.

Gitana intentó interrumpir.

—¡Esto es imposible! —exclamó—. Ella es solo una asistente, no puede saber nada de informática. Debe ser ella quien introdujo el virus para llamar la atención.

Yo me giré hacia ella, sin dejar de teclear.

—Si hubiera sido yo, no estaría arreglando el problema ahora mismo, ¿verdad? —dije con una sonrisa segura—. Además, el virus fue introducido desde una computadora de la oficina de la señora Lombarde. Los registros del sistema lo demuestran. Pero ahora no es momento de acusaciones: es momento de demostrarle a estos médicos lo que puede hacer nuestro sistema.

Cinco minutos después, presioné el botón de encendido y todos los equipos volvieron a funcionar perfectamente. La pantalla principal mostró los datos de prueba con claridad, y la transmisión en tiempo real funcionó sin problemas. Los médicos miraron con admiración, haciendo notas y preguntando sobre las características del sistema.

—Esto es impresionante —dijo la Dra. Ríos, estrechándome la mano—. No solo el sistema es excelente, sino que tener a alguien que pueda solucionar problemas tan rápidamente es un gran valor para cualquier empresa. Usted no es solo una asistente, es una profesional completa.

Los demás médicos asintieron, felicitándonos por la demostración y expresando su interés en colaborar con el proyecto VidaPlus. Cuando se fueron, Mateo se acercó hasta mí, con una expresión que nunca había visto antes: mezcla de respeto, admiración y algo más que no lograba identificar.

—No sabía que conocías de informática —dijo, con voz más suave de lo habitual—. Gracias por salvar la demostración. Hubiéramos perdido todo si no hubieras estado ahí.

—Como le dije antes, señor Castellanos —respondí con firmeza—. Yo sé hacer mi trabajo, y siempre estoy preparada para cualquier cosa. No me subestime más, porque tendrá sorpresas.

Gitana se acercó furiosa, pero esta vez Mateo la detuvo con una mirada.

—Gitana, necesito hablar contigo en mi oficina —dijo, con voz seria—. Los registros del sistema indican que el virus fue introducido desde tu computadora. Tengo que saber por qué.

Mientras Mateo se llevaba a Gitana hacia su oficina, Eliézer se acercó a mí con una sonrisa de admiración.

—Eres increíble, Valentina —dijo—. Cada día me sorprendes más. Te dije que eras especial.

Yo solo sonreí y me preparé para volver a trabajar. Sabía que había pasado una prueba más, y que aunque las discusiones con Mateo seguirían, algo entre nosotros había cambiado para siempre.

 

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Juana Pérez Pérez
este capítulo estuvo raro por los descubrimientos pero bonito a ka vez
Juana Pérez Pérez
ya veremos que hace la autora con Valeria t los demás
ShaLop
Vuelvo y digo Valentina estudió de todo caramba la mujer maravilla 👏
ShaLop
Valentina es multifacetica. Sabe de todoooo
Aleida Delgado Santana: Se tuvo que criar sin ayuda, solo con su abuelo.
total 1 replies
valeska garay campos
cada capítulo te deja con ganas de más 🤭
Aleida Delgado Santana: Muchas gracias.
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valeska garay campos
algún día podrá perdonarla?
Aleida Delgado Santana: Yo creo que sí. Gitana merece una oportunidad.
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valeska garay campos
la niña no se llama luna?🤔
Aleida Delgado Santana: Ya le cambié el nombre
total 1 replies
Ales🌷🍃
Estoy al tanto de tus otras historias que están saliendo. Te agradecería que las actualizaras también.
Aleida Delgado Santana: Claro.
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valeska garay campos
me perdí con la edad de las niñas
que pena que alejandro solo este con ella para hacer daño
valeska garay campos: pero no tenían que ir por ellas al colegio 🤔
total 3 replies
valeska garay campos
las hijas no eran pequeñas y no de 20 años?
karencitha
y Mateo un covarde por no luchar por la mujer que ama
karencitha
esa niña Sofia esta mal de la cabeza chantajear asu padre con quitarse la vida si se separa de la bruja de su madre esa niña necesita ayuda sipcologica urgente
danny Fernandez
hasta allí llega la historia
Aleida Delgado Santana: Casi le atinaste.
total 2 replies
Elena Rodriguez Welman
A la expectativa ,ni demores estoy ansiosa por saber que pasará
Juana Pérez Pérez: ya vernos como salen de esto mateo y sus hijas
total 3 replies
valeska garay campos
guauuu ojalá en la pelea que tuvo con Gitana la escuchara alguien de la familia
Aleida Delgado Santana: Lo bueno es que Giraba protegerá a su hija.
total 1 replies
valeska garay campos
sabía que era la bruja de la esposa muerta
valeska garay campos
yo creo que es la esposa muerta 🤔🤔
Aleida Delgado Santana: Adivinaste.
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Kayra Villavicencio
Daniela al principio salía que tenía 17 años, como pasaron tan rápido 3 años y no medio de cuenta 😳
Aleida Delgado Santana: Es un error, ya lo voy a corregir, tiene 20 años.
total 2 replies
Kayra Villavicencio
😳 La anaconda se la iba a comer.🫣🤭😂🤣😂🤣
Aleida Delgado Santana: ¡Qué risa! 🤣🤣
total 1 replies
valeska garay campos
también me gustan son sencillos y elegantes 🤭
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