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MI ESPOSA ME OLVIDO

MI ESPOSA ME OLVIDO

Status: En proceso
Genre:Embarazada fugitiva / Malentendidos / Traiciones y engaños / Salvar al hijo enfermo
Popularitas:28.1k
Nilai: 5
nombre de autor: CINTHIA VANESSA BARROS

Valentina tenía una sola cosa que proteger: a su familia.

Hasta que una noche, frente a todos, un video destruyó su matrimonio.

Su esposo, Rodrigo, creyó que lo había traicionado. Su suegra se encargó de humillarla y convertirla en la culpable perfecta. Y cuando Valentina dio a luz, Rodrigo le arrebató a su hijo y la obligó a firmar el divorcio mientras ella apenas podía mantenerse con vida.

Después de aquella noche, Valentina desapareció.

Diez años más tarde, vive bajo otro nombre y criando a un hijo que guarda un secreto que nadie puede descubrir.

Porque hay otro niño en el mundo que tiene su misma sangre.

Y cuando los dos hermanos se encuentran por casualidad, comienzan a hacer preguntas que alguien lleva diez años intentando mantener enterradas.

Rodrigo también ha seguido adelante… o eso intenta creer.

Hasta que una mujer aparece en su vida.

No recuerda haberla conocido.

No sabe quién es.

Pero cada vez que está cerca de ella, algo dentro de él se

NovelToon tiene autorización de CINTHIA VANESSA BARROS para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 4

El teléfono seguía vibrando en la mano de Mateo.

Simón lo miró vibrar.

—Contesta —dijo—. Si no contestas, llama al hotel, y entonces hay que explicar por qué estabas cuarenta minutos en un vestuario con el que te ganó.

Tenía razón. Mateo se llevó el teléfono a la oreja y, sin pensarlo, le dio la espalda al espejo.

—Papá.

—Cambié el vuelo. —La voz de Rodrigo, sin saludo—. Estoy llegando al hotel ahora. Nos vemos en la habitación. ¿Ganaste?

Mateo se quedó descolocado. No esperaba a su padre hasta el día siguiente.

—Quedé segundo.

Un silencio corto. De los que en su casa pesaban.

—Hablamos arriba —dijo Rodrigo, y colgó.

Mateo bajó el teléfono despacio.

—Llego al hotel —dijo—. Adelantó el vuelo.

Simón lo miraba con atención. No por curiosidad; lo estaba estudiando.

—No te preguntó contra quién perdiste —dijo.

—No.

—Mi mamá me habría hecho repetir el asalto punto por punto. —Lo dijo sin orgullo, como un dato—. El tuyo ni preguntó.

Mateo no contestó. No hacía falta. Los dos habían aprendido algo del otro sin decirlo.

Simón sacó el teléfono, buscó una foto y se la mostró.

Una mujer pelirroja, el pelo a los hombros, riéndose de algo fuera de la foto. Mateo la miró unos segundos. No la había visto nunca, y aun así esa cara le movió algo por dentro.

—Mi mamá —dijo Simón—. Tu turno.

Mateo buscó en su galería. La única foto decente de su padre era de una reunión que nadie había pedido y que Estela había organizado igual. Rodrigo de traje, serio.

Simón la tomó. La miró un rato.

—Tiene mi mandíbula.

—Tiene la mía —lo corrigió Mateo—. Llevo diez años viéndola en el espejo.

—Yo también.

Se miraron.

—Mi mamá dice que mi papá murió antes de que yo naciera —dijo Simón—. Nunca cuenta cómo. Si pregunto, cambia de tema. —Hizo una pausa—. Pero una vez se le escapó a mi tía Carla que mamá perdió la memoria. Un accidente. Que olvidó casi todo. Por eso no se acuerda de mi papá, por eso no hay fotos.

—¿Perdió la memoria?

—Eso entendí. Mi tía no lo volvió a mencionar y yo aprendí a no preguntar, porque se pone rara.

Mateo lo pensó un momento, juntando lo que sabía.

—Mi papá no habla de mi mamá. Nunca. Si pregunto, se cierra y no dice nada. La que habla es mi abuela, y según ella mi mamá era una interesada que firmó el divorcio y desapareció sin preguntar por mí ni una vez.

Simón frunció el ceño.

—Mi tía no es de las que mienten porque sí. —Se quedó callado un segundo—. Y tú abuela no parece de las que dicen toda la verdad.

—No la conoces.

—No me hace falta.

Mateo casi sonrió. Era justo lo que él habría contestado.

—Necesitamos una prueba —dijo Simón—. Una de ADN tarda semanas y habría que explicar por qué la pedimos. Por ahora tenemos esto: las fotos, la misma cara, y que hoy los dos hicimos un mismo movimiento de muñeca que nadie nos enseñó. —Bajó la voz—. Y ahora tu papá llegó antes de tiempo. Tenemos menos tiempo del que pensaba.

—¿Para qué?

—Yo hago hablar a mi mamá. Tú observas al tuyo. —Lo miró de frente—. Tú no preguntas, porque él no suelta nada. Pero si te quedas callado y miras, igual se le escapan cosas.

Mateo asintió despacio.

—Si nos separaron a propósito —dijo—, alguien tomó una decisión que no le tocaba.

—Sí —dijo Simón—. Y vamos a saber quién.

Tres golpes secos en la puerta. Los dos agarraron las caretas y se las pusieron antes de que se abriera, sin ponerse de acuerdo.

Valentina asomó con el teléfono en la mano y cara de haber esperado un buen rato.

—Simón. Cuarenta minutos.

—Hablaba con un amigo. —La voz le salió normal—. Ya subo.

Valentina le sonrió apenas a Mateo, como a cualquier amigo de su hijo.

—Hola.

—Hola —dijo Mateo, con la careta puesta y la voz tapada.

Salió. Mateo se quedó mirando la puerta cerrada con algo en el pecho que tardó en entender: la forma en que esa mujer había entrado a buscar a su hijo, había esperado la respuesta como si fuera lo más importante del día. A él nadie lo buscaba así.

Se quitó la careta.

—Es igual a la foto —dijo.

—Sí. —Simón se quitó la suya—. ¿Mañana?

—Mañana. —Mateo agarró el bolso—. Si mi papá ya está aquí, esto va a moverse antes de lo que crees.

Valentina caminó hacia los ascensores mirando el teléfono. Carla no había escrito. Entró sin levantar la vista, y cuando la levantó había un hombre adentro.

De traje. El teléfono en la mano, como quien acaba de colgar. Y antes de que pudiera pensar nada, el cuerpo reaccionó solo. Un frío le bajó por la nuca y se le metió en el pecho. Se le aceleró el corazón sin razón, porque no conocía a ese hombre, no lo había visto nunca.

Apartó la vista hacia el panel. Apretó el ocho.

Rodrigo levantó los ojos del teléfono.

Una mujer. Pelirroja. Lo miró apenas un segundo antes de volverse hacia los números, y ese segundo le bastó para sentir algo que no supo explicar. No tenía por qué. Una pelirroja delgada en un ascensor de hotel no debía moverle nada, y aun así se le quedó mirando el perfil más de la cuenta.

Las puertas se cerraron.

Se quedaron callados, los dos demasiado pendientes el uno del otro.

El apagón fue sin aviso. El ascensor se detuvo con un tirón que ninguno esperaba, Valentina se fue hacia adelante y Rodrigo la sujetó sin pensar: una mano en el brazo, la otra en la espalda. En la oscuridad, los dos se quedaron quietos.

Y en el momento en que la mano de ese desconocido le tocó la espalda, Valentina sintió algo por dentro que no supo explicar. No fue un recuerdo. Fue una sensación: que eso ya lo había vivido. Ese peso, esa mano. Se le cortó la respiración. No de miedo. Era otra cosa, peor, porque el miedo al menos se entiende.

Dos segundos. Quizá tres.

Volvió la luz. El ascensor arrancó.

Valentina se soltó y dio un paso atrás. Él abrió las manos al mismo tiempo. Los dos empezaron a hablar a la vez, ninguno terminó la frase, y se quedaron callados.

Las puertas se abrieron en el piso ocho.

Ella salió. Él salió. El mismo piso. Ella giró a la izquierda sin mirarlo. Él, a la derecha, sin mirarla.

Cuatro pasos. Cinco.

Rodrigo se detuvo. No supo por qué. No había ninguna razón para frenar en el pasillo y mirar hacia donde una desconocida había doblado la esquina tres segundos antes. No había razón, y se detuvo igual.

En la otra punta, Valentina metió la tarjeta y se quedó un momento con la mano en la manija y el corazón acelerado, sin entender por qué. Era un hombre en un ascensor. No significaba nada. Y ella no era de las que se ponían así por un hombre en un ascensor.

Entró. Cerró.

Y no pensó en él.

O eso se dijo.

Simón entró a la habitación, soltó la maleta y encontró a Valentina sentada en el borde de la cama, mirando al vacío, con una mano sobre el pecho.

—¿Estás bien?

—Sí. —Parpadeó y volvió en sí—. El ascensor se quedó sin luz un segundo.

Simón la miró un momento más de lo necesario. Después fue a su maleta, sacó la tablet y, de espaldas a ella, abrió una nota.

Escribió lo único que tenía:

Misma cara. Mismo movimiento. Una madre que perdió la memoria y un padre que no la nombra.

Guardó la nota. Tenía una cara igual a la suya durmiendo en otro piso del mismo hotel, un padre que había llegado antes de tiempo, y esa idea fija que tenía desde los cuatro años: cuando algo no cuadra, no es que esté mal; es que falta un dato. Y él lo iba a encontrar.

En otro extremo del hotel, Rodrigo seguía de pie frente a la puerta de su habitación.

Mirando el teléfono.

Sin entender qué le pasaba.

Abrió la aplicación de seguridad del hotel. Buscó el registro del ascensor. Amplió la imagen de la pelirroja.

Una vez.

Dos.

Tres.

Y por primera vez en diez años sintió miedo. Porque esa desconocida tenía los mismos ojos de la mujer que llevaba diez años queriendo olvidar.

1
Titisx
somo dos
Maigualida Ramirez
escritora busca la forma de que Carla quede con Damian
Limaesfra🍾🥂🌟
sera que la Lucia es tsn buenita xoko dicen xq tiwne como.un faro para interrumpir cualquier aclaracion.entre Damian y Carla
Maigualida Ramirez
que lastima lo cierto en todo esto es que ellos dos se aman y no es justo que no queden juntos porque se ve que es un amor bonito
Maigualida Ramirez
esa malvada Isabella me cae más mal
Maigualida Ramirez
por lo menos la pido rescatar ojala llegue con bien a casa
Maigualida Ramirez
bueno es la trama de la novela que coños
Maigualida Ramirez
si Rodrigo sabe que es una malvada vieja mal nacida porqué no le puso escolta con tanto dinero que tiene
mariela
Pobre Carla dejo a su amor se sacrificó para que no le pasará nada y el estuvo 10 años odiandola y con una verdad se dió cuenta de cuánto la ama pero Lucia una mujer dulce e inocente de todo se casará con él como dijo ella la verdad llegó demasiado tarde.
mariela
Pregunto si ella se enteró porque no confronto a Carla 🤔🤔🤔❓❓❓❓
Si tiene a los niños no le ha preguntado como se conocieron y que hicieron 🤔🤔🤔❓❓❓❓
Porque Rodrigo si es tan poderoso no se ha enfrentado a Estela su madre🤔🤔🤔🤔❓❓❓❓❓❓
mariela
Llegó Isabela con su maldad y todavía Rodrigo confiado que la protegía y dentro hay traidores que le hicieron llegar el sobre con la verdad y ahora que le dirás como enfrentarás esa verdad y Carla no se salvará por habérselo ocultado todo.
mariela
Damián reconoció entre líneas donde tenían a Valentina ahora vendrán los enfrentamientos entre madre e hijo porque Rodrigo no se quedará de brazos cruzados otra vez.
mariela
Estela un viejo plan te dió resultado por ahora porque lo que menos te imaginas es que te enfrentarás a tu hijo y está vez tienes las de perder todo e igual Isabela te queda grande decir mi Rodrigo.
Nancy romero
autora q pena por lucia pero carla merece ser feliz
Betty Saavedra Alvarado
Estela estás dando los últimos manotazos de ahogado Rodrigo no dejará que le hagas daño a vale o Elena
Betty Saavedra Alvarado
Rodri la encontrará todos trabajan para encontrarla
Betty Saavedra Alvarado
En las historias pasa de todo sin darnos cuenta Rodri si que te llegó la noche
Betty Saavedra Alvarado
Damián no te cases no amas a Lucia no conviertas tu vida en un infierno
Betty Saavedra Alvarado
Rodrigo te va a dar una neumonía
Maigualida Ramirez: te vas a enfermar hombre
total 1 replies
valeska garay campos
ahora vamos a ver que pasa con la bruja 🧙‍♀️
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