Melanie conoció a Brandon. Un hombre brillante, intenso, imposible de ignorar, se enamoró de él sin medir consecuencias. Él la miraba, la deseaba, la tenía… pero nunca la eligió. le daba un amor a cuotas largas
Porque hay amores que no se olvidan.
Y secretos que tarde o temprano tocan la puerta.
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capitulo 9
Melanie
El desayuno fue raro. Bueno, raro no. Fue… distinto
Él comió en completo silencio, con la vista clavada en el plato, como si los huevos revueltos fueran la revelación más grande del universo. Yo lo miraba de reojo, disfrutando cada maldito segundo. De tenerlo ahí. En mi casa. Sin teléfono, sin escapatoria y sin esa armadura de superioridad que se ponía cada vez que pisaba el club
— Siempre eres así?
le pregunté para romper el hielo
— Así cómo?
— Serio. Callado. Como si estuvieras haciendo cuentas en un funeral
Levantó la vista y me midió con la mirada. Por un segundo, vi que se le resquebrajaba la fachada
— No siempre, a veces soy peor
— Ah, no, y cuándo no?
— Cuando no estoy rodeado de gente
— Y yo qué soy, parte del inventario?
Soltó un bufido seco. Casi una risa
— Tú eres… diferente
— Ya me lo dijiste en el club. Pero todavía no me explicas qué carajos significa eso
Dejó el tenedor sobre la cerámica del plato, se recostó contra el respaldo de la silla y me clavó esos ojos oscuros que te descolocan
— Significa que no encajas con las demás
— Las demás quiénes?
— La gente que conozco. La gente con la que hago negocios. La gente con la que… se supone que debo convivir
— Y cómo es toda esa gente? haber explícame
— Predecible. Correcta. Aburrida hasta el cansancio
— Y yo no tengo nada de eso
— Tú eres un huracán, un incendió forestal
Le sonreí, inevitablemente halagada
— eso me halaga gracias
— en líneas generales no era un cumplido
— Para mí sí lo fue
Terminamos de desayunar. Para mi absoluta sorpresa, se ofreció a lavar los platos. Nunca me lo habría imaginado con las manos en el fregadero, las mangas de la camisa arremangadas y el ceño ligeramente fruncido por la concentración. Pero lo hizo. Y yo me quedé apoyada en la isla de la cocina, sosteniendo una taza de café humeante, pensando en lo ridícula y perfecta que era mi idea del secuestro
— Siempre secuestras a la gente que te llama la atención?
preguntó de espaldas, abriendo la llave
— eres mi primer secuestrado, y fue solo por que te haces el difícil de gratis
— No me estoy haciendo el difícil
— Claro que sí. Te encanta jugar al misterioso
— No me gusta jugar a nada. Simplemente soy así
— Y por qué eres así, deberías relajarte mas
Se quedó en silencio. Cerró la llave del agua, tomó un trapo para secarse las manos con lentitud y finalmente giró para encararme
— Porque es más fácil
— Más fácil que qué? amargarse por todo?
— no, permitir que la gente se acerque de verdad
Me quedé con la taza a mitad de camino de los labios. Esa respuesta no la vi venir. Sonó cruda, honesta, como si se le hubiera escapado del sistema sin permiso
— Y por qué no dejas que se acerquen? no todos somos malos
— Porque no vale la pena el desgaste ni los problemas
— ... entonces valgo la pena?
No respondió nada. Pero tampoco desvió la mirada ni un milímetro
— Vamos a la sala
dije, dejandola taza sobre la repisa
— Hay un sofá cómodo y una chimenea que jamás prendo, pero podemos fingir que somos una pareja normal en una tarde de invierno
— no somos pareja soy tu secuestrado
— es lo mismo, ahora callate y camina
Me siguió sin protestar. Se acomodó en un extremo del sillón con la espalda tan recta que parecía que seguía en una reunión de directorio. Yo me tiré en el otro extremo, cruzando las piernas y estudiándolo con descaro
— Siempre estás al borde de un colapso de tanta tensión
— No estoy tenso
— Estás postrado como si te fuera a clavar los dientes, aunque ganas no me faltan
— No sé qué esperas que haga o diga, Melanie
— Que hables de verdad. Que me cuentes algo real. Lo que sea
— Como qué?
— Como qué haces las veinticuatro horas del día. A qué te dedicas. Por qué vives con esa cara fea de amargado crónico
Suspiró hondo, pasándose una mano pesada por el cabello. Por primera vez no se veía distante, se veía acorralado
— Trabajo en un holding familiar. Tengo la presidencia. Mi vida entera está… trazada. Como una hoja de cálculo
— Trazada por quién?
— Por mí. Y por un montón de expectativas ajenas
— espectativas que otros esperan de ti verdad?
— si, de mi madre, principalmente
— Y qué demonios quiere tu madre, ella vivió su vida, deberías vivir la tuya feo
— ella quiere que cumpla el libreto al pie de la letra. Que me case con la mujer adecuada. Que asegure la descendencia. Que mantenga el apellido limpio y brillante, parámetros naturales
— pero y tú qué quieres?
Se quedó mudo. Clavó la vista en la chimenea apagada con una expresión de agotamiento profundo que me dolió verle
— No lo sé
soltó al cabo de un largo rato
— Nunca he pensado en eso, el tiempo es limitado
— Jamás has pensado lo que te haría feliz a ti y no a todos los que rodean?
— Jamás. Siempre supe qué casilla tenía que marcar. Jamás me detuve a pensar si era lo que quería
— Eso es tristísimo
— No importa ya, es lo que me tocó
Me quedé en silencio. Por una vez, no me nació ninguna broma ácida ni ninguna ocurrencia irónica. Sentí una punzada de genuina empatía por el hombre que lo tenía supuestamente todo y estaba completamente vacío
— Y tú?
preguntó de golpe, buscando cambiar el foco
— A qué te dedicas?
— Estoy recién graduada, vine aquí de vacaciones, en un mes vuelvo a mi lugar, al trabajo y obligaciones, también a la empresa familiar
— Y te gusta?
— Me encanta. Me gusta tratar con personas, destrabar problemas, moverme…
— Moverte hacia dónde?
— viajar, resolver lo inresolvible, marcar la diferencia no solo estar de paso
Me miró de verdad. Sin la máscara de póker, con una curiosidad genuina brillándole en los ojos
— como sería de paso?
— A veces siento que la vida va demasiado rápido como para desperdiciarla cumpliendo protocolos ajenos. Por eso hago locuras. Por eso bailo como me da la gana. Y por eso te secuestré
— te gustan los problemas para resolverlos, Pero tú misma los creas
— Exactamente por eso. Porque si uno no empuja las cosas, nadie las va a hacer por ti. Y porque me gustas, Brandon. Ya te lo había dicho
Se quedó sin aire un segundo, pero no apartó los ojos de los míos. Y yo, que llevaba aguantando las ganas desde hacía rato, acorté la distancia de un salto y me planté a centímetros de su boca
— Puedo preguntarte algo?
— Ya lo estás haciendo
— Por qué me besaste anoche?
— Porque tú me besaste primero
— Pero me seguiste el juego. Pudiste frenarme en seco y no lo hiciste
— No
— Por qué?
— Porque no me dio la gana hacerlo
Me quedé sin respiración. Esa frase tan simple me desarmó por completo
— Y ahora?
susurré rozándole los labios
— Quieres que paremos?
No dijo nada. Pero sus manos ya me estaban tomando de la cintura. No dudé un segundo más, me acomodé a horcajadas sobre su regazo, cerrando el espacio que quedaba entre los dos.
Y esta vez el beso no tuvo nada de tanteo. Fue un choque urgente, hambriento, cargado de todo lo que nos veníamos guardando. Sentí sus palmas apretándome la espalda, mis dedos enredándose en su pelo, y su respiración quebrándose contra mi boca
Me aparté solo un instante para mirarlo a los ojos. Tenía los labios rojos, la camisa desordenada y una intensidad oscura en la mirada
— Si según tú no te gusto
le reté con una sonrisa de lado
— por qué respondes con tantas ganas?
No me dejó terminar la frase. Me calló con otro beso todavía más profundo, mientras sus manos recorrían mis muslos con una urgencia que me hizo soltar una risa baja contra sus labios.
Se detuvo un segundo, respirando agitado, y me miró con una mezcla de desconcierto y pura debilidad
— De qué te ríes, maldita sea?
— De los dos. De esta locura y de lo nada que te gusto feote
— odio que juegues asi
— ya caíste, feo. Y me encanta
Me levanté de golpe de su regazo, dejándolo ahí plantado en el sofá, con la camisa hecha un desastre y el pelo alborotado. Lo miré desde arriba, sintiendo que por primera vez en toda esta historia, los dados los tiraba yo
— Me voy a dar una ducha
le dije guiñándole un ojo
— Si quieres, puedes subir. Pero ven sin esa cara de amargado feote, así te relajas y tú amiguito también creo que le gustó más que a ti
Le dije señalando su bulto en las piernas, me di media vuelta y empecé a subir las escaleras con calma, sintiendo su mirada clavada en la espalda, saboreando el triunfo absoluto.