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La Esposa Del Lobo De Plata

La Esposa Del Lobo De Plata

Status: En proceso
Genre:Hombre lobo
Popularitas:5.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Lobelia

Sebastián Volk es el hombre más temido de la alta sociedad. Tras una máscara de plata esconde un secreto monstruoso: es el último heredero de una estirpe de licántropos. Cuando la familia del Sol debe entregar una hija en matrimonio, Mía huye del compromiso y Luna ocupa su lugar. Despreciada por su madrastra, Luna ve en Sebastián la oportunidad perfecta para vengarse. Pero el lobo esperaba una esposa sumisa y encontró a una mujer que no teme desafiarlo. Entre deseo, traiciones y secretos sangrientos, ambos descubrirán que el matrimonio puede ser una prisión… o el comienzo de una guerra.

NovelToon tiene autorización de Lobelia para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 12: Estrategia mutua

​La penumbra del archivo secreto parecía congelarse alrededor de ellos.

​El eco de la pregunta de Sebastián todavía flotaba en el aire, denso y cargado de una quietud peligrosa.

Sosteniendo el expediente de la segunda esposa entre las manos, Luna no hizo el menor intento de ocultar los documentos ni de dar un paso atrás.

​Sebastián avanzó lentamente hacia la luz de la linterna. Su sombra, gigantesca sobre la pared de piedra, cubrió a Luna por completo. La máscara de plata destelló con un brillo cenizo bajo el haz de luz.

​—Esperabas encontrar una cámara de ejecuciones, ¿verdad? —repitió él, deteniéndose a menos de un metro. Su voz, grave y raspada, sonaba sorprendentemente calmada, pero la tensión en la línea de sus hombros delataba al depredador en alerta.

​—Esperaba encontrar la prueba de que eres un monstruo sin escrúpulos —respondió Luna, cerrando la carpeta con un golpe seco que resonó en el búnker—. En su lugar, encontré esto. Un programa de protección de testigos financiado con las filiales de tu corporación.

​Sebastián bajó la mirada hacia los folios encuadernados. Un matiz de amargura cruzó su único ojo visible.

​—No eran guerreras, Luna —dijo él, apoyando una mano sobre el borde del escritorio de acero—. Eran mujeres de la alta sociedad que colapsaron al primer indicio de lo que realmente significa el apellido Volk.

Cuando descubrieron que la mitad de la élite pertenece a clanes que se despellejan en las sombras, suplicaron por salir. Les di una vida nueva a cambio de su silencio.

​—Las protegiste —afirmó Luna, inclinando la cabeza ligeramente hacia un lado—. Aceptaste que la ciudad te tachara de demente y asesino con tal de no poner en riesgo la red ni exponer la existencia de tu gente.

​Sebastián soltó una risa amarga y baja, un sonido cavernoso que le erizó la piel a ella.

​—El miedo es una herramienta de disuasión excelente —contestó él, fijando su mirada gris en los ojos oscuros de Luna—. Un monstruo es impredecible. A un monstruo se le teme y se le respeta la distancia. Un hombre vulnerable, en cambio, es una presa fácil.

​Luna dio un paso hacia él, acortando la distancia hasta que el calor sofocante que emanaba del cuerpo de Sebastián envolvió su espacio personal.

​—Pero no puedes ganar esta guerra solo con miedo, Sebastián. Los Sombras no te temen lo suficiente. Se están atreviendo a emboscarte en tus propios caminos y a enviar amenazas de muerte a tu mansión porque saben que estás aislado.

​Sebastián tensó la mandíbula. La cercanía de Luna, su falta absoluta de temor y el perfume a jazmín y acero que emanaba de su piel agitaban el instinto de su lobo, exigiendo dominación y, al mismo tiempo, reconociendo una fuerza equivalente.

​—¿Y qué propones, Luna? —preguntó él en un susurro áspero—. ¿Vas a darme lecciones de estrategia?

​—Propongo un pacto real —dijo ella con voz gélida y pulida—. Uno que no dependa de firmas forzadas ni de la comedia que montamos para la prensa.

Tú tienes la fuerza bruta, el ejército táctico y el dominio de las sombras. Yo tengo el control de las redes financieras de los Del Sol, el algoritmo que puede desmantelar el lavado de dinero del Consejo y la cabeza fría para mover las piezas sin que el instinto me ciegue.

​Sebastián la examinó en silencio. Por primera vez desde que cruzó el umbral de la capilla el día de la boda, no vio en Luna a una heredera sustituta ni a una prisionera de lujo. Vio a una estratega despiadada, dispuesta a usar la bestia de los Volk como su arma más letal.

​No es una víctima, pensó Sebastián, sintiendo que un chispazo de fascinación oscura le recorría la espina dorsal. Es la única mujer en este imperio capaz de mirar al lobo a los ojos y exigirme la mitad del botín.

​—Si caminamos juntos en esto —murmuró Sebastián, inclinándose ligeramente hacia ella hasta que el borde de su máscara rozó la mejilla de Luna—, no habrá vuelta atrás. Mis enemigos se convertirán en los tuyos. Si fallamos, no habrá una villa en los Alpes para ti, Luna. Te buscarán hasta enterrarte.

​—Mis enemigos ya son los mismos que los tuyos —respondió Luna en un susurro sereno, sosteniéndole la mirada sin parpadear—. Tu guerra es la única vía que tengo para aplastar a mi madrastra y tomar el control definitivo. No busco un refugio en el extranjero, Sebastián. Busco la victoria.

​Sebastián extendió su mano derecha. Ya no llevaba el guante de piel; su palma era ancha, tibia y marcada por las cicatrices de la batalla.

​—Un pacto de sangre y poder, entonces —dijo él.

​Luna extendió su mano sin vacilar. Deslizó sus dedos sobre los de él, sintiendo la firmeza inhumana de su agarre.

​—Un pacto —sello ella.

​La tensión entre ambos se transformó de inmediato. La hostilidad que los había separado desde el primer día se disolvió, dando paso a una alianza peligrosa, donde la atracción física y el cálculo táctico se mezclaban en un equilibrio inestable.

​Antes de que alguno de los dos pudiera decir algo más, un sonido seco y distante retumbó desde la planta principal de la mansión.

​Un golpeteo pesado y urgente en la puerta de roble del hall de entrada.

​Sebastián se distanció al instante, volviendo a ponerse en alerta. Consultó su reloj de pulsera: eran las cuatro y media de la mañana.

​—Quédate aquí —ordenó con tono autoritario pero ya no hostil.

​—Voy contigo —corrigió Luna, ajustándose el abrigo oscuro sobre los hombros y tomando la linterna—. Dijimos que trabajaríamos juntos.

​Ambos subieron en silencio las escaleras del pasadizo secreto, reingresando al pasillo principal del ala este justo cuando la Sra. Martha descendía apresuradamente por la escalinata central.

​En el gran vestíbulo, un sirviente joven y pálido permanecía junto a la puerta de entrada, temblando visiblemente mientras sostenía una bandeja de plata.

​—¿Qué ocurre? —bramó Sebastián desde lo alto de la escalera, con su voz resonando en las vigas del techo como un trueno.

​El sirviente dio un respingo, casi dejando caer la bandeja.

​—Señor Volk... perdone la hora —balbuceó el joven, tragando saliva con dificultad—. Un mensajero de la red de entregas nocturnas acaba de dejar esto en el puesto de control de la reja exterior. Dijo que era de máxima urgencia para la señora Luna.

​Luna descendió los escalones con paso firme, adelantándose a Sebastián.

​Sobre la bandeja de plata descansaba un sobre de papel satinado, blanco y de aspecto refinado, cerrado con un sello de lacre rojo. En el frente, escrita con una caligrafía elegante y reconocible, destacaba la dirección de la mansión.

​Luna reconoció la trazo de inmediato. Era la letra de Victoria del Sol, su madrastra.

​—Déjanos —ordenó Luna al sirviente con voz helada.

​El joven hizo una reverencia apresurada y se retiró casi corriendo hacia la zona de servicio.

​Sebastián se posicionó al lado de Luna, observando el sobre con el ojo entrecerrado y las fosas nasales dilatadas, buscando cualquier rastro de veneno o pólvora.

​—¿Es de tu familia? —preguntó él.

​Luna no respondió. Tomó un abrecartas de latón que descansaba en la mesa auxiliar del vestíbulo y rompió el sello de lacre de un solo movimiento limpio.

​Dentro del sobre no había una carta larga ni una petición de dinero. Solamente había una pequeña tarjeta de cartulina negra con bordes dorados.

​En el centro, redactada con tinta blanca y una precisión escalofriante, se leía una única frase:

​"Ejecuta el plan de la taza. El veneno actúa al tercer sorbo."

1
Betty Saavedra Alvarado
Luna tu eres más inteligente que Mia todo es una trampa tus hombres y tu saldran de esta no lo dudes
Betty Saavedra Alvarado
Eso es Luna tienes que acabar con el Consejo de Ancianos que les hace mucho daño
Carolina A²V
no entiendo como la cabeza hueca de mía pudo embocar a Luna❓️🤔
Carolina A²V
pero es que siempre haz sido una apestosa no veo porque la culpas 🤔🤨😠
Carolina A²V
remarparia 😡
Carolina A²V
😳 a la máquina 😧😱
Carolina A²V
😳 que paso❓️🤔 te emboscaron❓️😠 pero cómo❓️🤔🤨
Carolina A²V
🤨😧😠😠😠
Carolina A²V
ustedes sólo obedezcan 🤔
Carolina A²V
duró contra ellos Luna
Carolina A²V
😳 que se preparen esos chuchumecos traidores y falsos
Carolina A²V
se volvieron locos
Carolina A²V
😳 santas medidas batman 😱 ahora que haremos
Carolina A²V
que paso Victoria se te fue la valentía que trajiste❓️🤔
Carolina A²V
dónde se supone está la dichosa orden por desde que llegaron no han mostrado nada
Jesus Castro Montero
Por que Victoria quiere todo lo que tiene Luna ahora sabe que Luna no es nada sumisa ni tonta por que no acabar de una vez con esa escoria que lo único que hace es dar más problemas
Jesus Castro Montero
Luna eres buen terca y que poco te conoce Sebastián jamás te quedarás quieta y hoy más que nunca verá que cometió el error de no consultarte bueno ek se lo busco
Carolina A²V
😂😂😂 demuestralo porque las palabras de una loca cómo tu hija no son de peso 🤨🤔
Carolina A²V
un comentario que hago leo los cargos y me pregunto que hace victoria en ese lugar❓️🤔 porque no la puedo relacionar con nada de lo que sucede 🤔
Carolina A²V
esos funcionarios están buscando narcotraficantes o que❓️🤨🤔
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