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Cartas para un alfa que nunca existió

Cartas para un alfa que nunca existió

Status: Terminada
Genre:Romance / Yaoi / Comedia / ABO
Popularitas:98
Nilai: 5
nombre de autor: felina black

Ethan Ashford tiene veinte años, un tío empeñado en casarlo cuanto antes y una lista interminable de pretendientes ricos, educados… e insoportables.

Para librarse de la presión, se le ocurre una broma: inventar a un prometido imposible de investigar. Un alfa extranjero. Un capitán de la Fuerza Aérea de Corea del Sur. Un tal Kang Min-Jae que jamás podría presentarse en Ravenshire.

Una noche, sin pensarlo, Ethan le escribe una carta. Cuatro páginas de confesiones, quejas y sueños que nunca le ha contado a nadie. Y, por capricho, la envía.

Lo que Ethan no sabe es que, en una base aérea de Seúl, existe un hombre llamado Kang Min-Jae. Que la carta llegó a sus manos. Y que no puede dejar de leerla.

Carta tras carta, entre el humor, la soledad y una sinceridad que no se atreve a mostrar de frente, Ethan se enamora de alguien que cree que no existe. Y Min-Jae, que lleva meses guardando cada sobre en un cajón, se enamora de un desconocido al que no sabe cómo responder.

Hasta que una misión militar lo trae a la ciudad de las cartas, a pocas calles de una florería.

¿Qué pasa cuando el destinatario imaginario resulta ser real? ¿Y cuando la verdad hiere más que cualquier mentira?

NovelToon tiene autorización de felina black para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 22 — La florería de las cartas

La mañana amaneció fría en Ravenshire.

Una fina capa de niebla cubría las calles de la ciudad, dándole al lugar un aire casi mágico.

Kang Min-Jae observaba el movimiento por la ventana de la posada mientras terminaba su café.

La misión oficial comenzaría en pocas horas.

Pero su mente estaba en otra parte.

O mejor dicho...

En otra persona.

—Estás pensando en él otra vez.

Ji-Ho apareció en la puerta con una taza en la mano.

—Buenos días a ti también.

—Eso no fue una negación.

—Porque ya renuncié a negarlo.

Ji-Ho sonrió.

—Sabia decisión.

Min-Jae negó con la cabeza.

Aquello nunca tendría fin.

Esa mañana, el equipo recibió unas horas libres antes de las actividades oficiales.

La mayoría de los militares decidió conocer la ciudad.

Min-Jae también salió.

Pero tenía un destino específico en mente.

Un lugar que conocía solo a través de las cartas.

La florería.

El sitio donde Ethan pasaba gran parte de sus días.

El sitio descrito decenas de veces.

El sitio donde todo había comenzado.

Caminó por las calles de Ravenshire tratando de parecer casual.

Tratando de actuar con normalidad.

Sin éxito.

El corazón le latía demasiado rápido.

Después de unos minutos, la encontró.

Una pequeña construcción encantadora.

Con grandes ventanales.

Flores de colores decorando la entrada.

Exactamente como la había imaginado.

O quizá todavía más bonita.

Min-Jae se quedó parado del otro lado de la calle.

Observando.

En silencio.

Porque aquello era real.

Por fin real.

No solo palabras en un papel.

No solo imaginación.

Era el mundo de Ethan.

La puerta de la florería se abrió.

El corazón de Min-Jae casi se detuvo.

Pero no era Ethan.

Era Clara.

Llevaba unas cajas y volvió a entrar.

El capitán soltó el aire despacio.

Ni siquiera se había dado cuenta de que estaba conteniendo la respiración.

—Esto se está volviendo ridículo.

Murmuró para sí.

Pero no se fue.

Siguió observando.

Como quien admira un lugar importante.

Un lugar especial.

Mientras tanto, dentro de la florería...

Ethan armaba arreglos nuevos.

Había más movimiento de lo normal.

Sobre todo por los visitantes extranjeros.

Muchos habitantes comentaban la presencia de los militares coreanos.

Y eso parecía haber despertado la curiosidad de toda la ciudad.

—¿Te fijaste?

Preguntó Clara.

—¿En qué?

—En los militares.

—Sí.

—Hay varios paseando por Ravenshire.

—Supongo que forman parte del programa internacional.

Clara sonrió.

—Algunos son bastante guapos.

—Clara.

—¿Qué?

—Concéntrate en las flores.

—Estoy concentrada.

—No lo parece.

Ella solo se rio.

Poco después, Ethan salió por la parte de atrás a buscar unas plantitas.

El viento fresco le despeinó el cabello.

Caminó entre los canteros.

Tratando de ignorar aquella sensación extraña que lo acompañaba desde el día anterior.

Era como si algo estuviera cambiando.

Como si algo se estuviera acercando.

Pero no podía explicarlo.

Ni comprenderlo.

Del otro lado de la calle, Min-Jae miraba la florería por última vez antes de volver a la posada.

No había visto a Ethan.

Ni siquiera de lejos.

Y quizá fuera mejor así.

Porque todavía no sabía cómo abordarlo.

Qué decirle.

Cómo explicarlo.

Hola, soy el hombre al que le mandas cartas desde hace meses.

No.

Definitivamente no.

Parecía una pésima idea.

Esa tarde, la misión comenzó oficialmente.

Reuniones.

Presentaciones.

Entrenamientos conjuntos.

Todo exigía atención.

Pero Min-Jae seguía distraído.

Porque ahora conocía la florería.

Sabía exactamente dónde trabajaba Ethan.

Sabía que estaba cerca.

Muy cerca.

Al final del día, Ethan volvió a casa agotado.

Después de la cena, se sentó frente al escritorio.

Como siempre.

Tomó papel.

Como siempre.

Y empezó otra carta.

Querido capitán Kang Min-Jae,

Una pequeña sonrisa asomó.

Los militares coreanos siguen apareciendo por todas partes.

Escribió sobre el movimiento en la ciudad.

Sobre los visitantes.

Sobre las conversaciones de los vecinos.

Y luego añadió:

Es extraño oír tu idioma por las calles.

Se detuvo.

Pensativo.

Después sonrió.

Quizá eso me haga pensar en ti más de lo que debería.

Dobló la carta a toda prisa.

Sintiendo que se le encendía el rostro.

Esa misma noche, Min-Jae caminaba solo por las calles de Ravenshire.

Las luces de los faroles iluminaban la ciudad con suavidad.

El viento traía el perfume de las flores.

Y, por primera vez, se dio cuenta de algo.

Durante meses había imaginado cómo sería encontrar a Ethan.

Pero ahora que estaba tan cerca...

No tenía miedo al rechazo.

Ni a la verdad.

Lo que de verdad lo asustaba era otra cosa.

La posibilidad de que Ethan fuera aún más especial de lo que imaginaba.

Porque, si eso pasaba, ya no habría vuelta atrás.

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