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A Los 42, Me Enamoré De Un Stripper

A Los 42, Me Enamoré De Un Stripper

Status: Terminada
Genre:Diferencia de edad / Amor en la madurez / Romance / Completas
Popularitas:5.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Darianrb

Claudia tiene 42 años, un matrimonio vacío y un bar de barrio que apenas sobrevive. El día que descubre que su marido la engaña, un joven se presenta por error a una entrevista de trabajo... para stripper, no para mozo. Lo que empieza como un malentendido incómodo termina convirtiéndose en la decisión que le cambia la vida: contratarlo para revivir su negocio.

NovelToon tiene autorización de Darianrb para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La dulce rutina de hacer el amor

La luz todavía no terminaba de entrar del todo por la ventana cuando esos dos cuerpos se encontraron entre las sábanas revueltas, piel con piel, con esa familiaridad que ya no necesitaba preguntar nada antes de moverse en el poco espacio de la cama de una plaza.

Una boca buscó la otra despacio, sin apuro, como quien repite un gesto que ya va conociendo de memoria pero que igual sigue queriendo hacer, cada mañana. A Claudia le gustaba despertar a su joven amante con esos detalles y mimos, algo que con su ex nunca había podido llevar a la práctica, por las pocas ganas de aquel a darse cariño por las mañanas.

Los besos de Claudia recorriendo la espalda desnuda de Eric, con un detalle y una entrega que demostraban deseo, mucho deseo contenido por ese cuerpo joven y musculoso. Luego sus labios bajaron a la zona genital, besando y chupando sin pudor, una y otra vez, metiendo todo lo que podía en su boca.

Él por su parte, luego de tener su orgasmo en la boca de ella, devolvió ese placer besando su cuello, mordiendo ligeramente sus orejas y pezones, para luego usar su lengua en los labios de abajo de su amante de más de 40 años.

A esa altura, Eric no podía creer que ya lo habían hecho más de 7 veces, ya que hasta ese momento el nunca había repetido con ninguna mujer, siempre eran encuentros de una noche, rápidos y fugaces.

Pero, con Claudia parecía ser diferente. Incluso parecía más fresca y divertida que las chicas adolescentes. Una mano se perdió en el pelo negro y fino del otro; unos dedos recorrieron el abdomen todavía caliente de sueño. No hubo palabras, no hicieron falta. Solo la costumbre nueva de un cuerpo desnudo contra el otro, cada mañana, sin que ninguno de los dos necesitara explicarlo ni justificarlo frente a nadie.

Los gemidos nunca se hacían esperar, ambos los manifestaban sin miedo y cuando Claudia llegaba a sus orgasmos empezaba a avisarle a Eric, que le pedía saber el momento justo. Él también le manifestaba a ella sus momentos de clímax, algo que se convirtió, poco a poco, en complicidad de pareja nueva.

Pasó una semana sin que ninguno de los dos lo hablara formalmente, pero para cuando quisieron darse cuenta, Eric ya estaba muy instalado. El colchón que tanto les había costado bajar nunca se fue del monoambiente.

Y las cosas empezaron a aparecer, un cepillo de dientes de más, dos remeras colgadas en el placard que no eran de ella, y un desodorante distinto al suyo en el borde de la ducha. También preservativos y ropa interior masculina...

—¿En algún momento hablamos de esto? —le preguntó Claudia una noche, mirando el segundo cepillo de dientes con una sonrisa que no lograba disimular.

—¿De qué? —Eric, ya en la cama, solo con un boxer muy ajustado, ni siquiera levantó la vista del teléfono.

—De que te mudaste.

—No me mudé. —Se encogió de hombros, sin ninguna intención de sonar convincente—. Tengo cosas acá porque me quedo seguido. Es distinto, je.

—Ajá. Me parece que tenés miedo a ponerle nombre a esto.

— Mm para nada Clau, sin miedos. Y repito, esto es totalmente distinto.

Ella se rió, y no insistió más. Las funciones en el bar se habían vuelto casi diarias, todos los días salvo los domingos, que se transformaron sin acuerdo previo en el único momento de la semana enteramente para ellos dos.

Claudia manejaba las noches con una regla no escrita que nunca terminó de explicarle a nadie, ni siquiera a sí misma con total honestidad: entre semana, cuando el bar tenía menos gente, se quedaba lejos del salón mientras él bailaba, ocupándose de la caja, del depósito, de cualquier tarea que la mantuviera en otro lugar del edificio.

Los viernes y sábados, cuando el lugar se llenaba de verdad, no tenía escapatoria: tenía que estar ahí, sirviendo tragos, cobrando entradas, viendo cómo las manos ajenas se acercaban demasiado a la cintura de Eric mientras ella sonreía y cobraba como si nada.

'Es el trabajo', se repetía, cada vez, apretando los dientes. Es exactamente lo mismo que hacía antes de que estuviéramos juntos. Pero no era lo mismo, y los dos lo sabían tan bien que ni falta hacía decírselo en voz alta.

Melina, mientras tanto, los miraba de reojo cada vez que se cruzaban en el bar, buscando alguna señal, algún gesto de más, cualquier prueba que confirmara lo que ya sospechaba desde la noche del divorcio. No encontraba nada. Claudia y Eric, dentro del salón, se trataban con una profesionalidad casi actuada, sin ningún roce de más, sin miradas que se sostuvieran demasiado tiempo, como si ambos hubieran acordado, sin decirlo, que el bar era territorio neutral y todo lo demás quedaba afuera.

Y justamente eso, hacia sospechar a Melina. ¿Por qué de repente eran tan correctos?

Lo que Melina no sabía, y lo que Claudia tampoco le hubiera contado ni bajo tortura, era que en el monoambiente esa distancia actuada se convertía, cada noche sin excepción, y sobre todo cada mañana, en exactamente lo contrario.

Esa mañana en particular, Claudia se despertó antes que él, como se había vuelto costumbre, con el cuerpo liviano y satisfecho de quien duerme bien acompañada. Se quedó un momento mirando el techo, notando —otra vez, como cada mañana desde hacía una semana— esa sensación rara de estar más despierta, más viva, con más ganas de empezar el día de las que había tenido en años. Nadie le había preguntado, pero si alguien lo hubiera hecho, hubiera tenido que admitir que hasta se sentía más joven, con una energía que no recordaba haber tenido ni a los treinta.

—Me tengo que levantar a abrir el bar —dijo, estirándose, sin muchas ganas reales de moverse.

—Quedate quince minutos más. —La voz de Eric le llegó ronca, todavía medio dormida, con un brazo que la buscó por la cintura sin abrir del todo los ojos—. El bar puede esperar quince minutos.

—Tengo que abrir.

—Quince minutos, por favor.

Claudia se rió, cediendo, dejándose quedar un rato más de lo que debería.

—Clau —dijo Eric, de golpe, ya más despierto—. Hoy tengo audición.

—¿En serio? —Claudia se incorporó apoyada en un codo, mirándolo—. ¿Para qué?

—Un papel secundario, en una novela para la tele. Todavía nada seguro, ni cerca, pero por lo menos llegué hasta acá. —Trató de sonar despreocupado, aunque el nerviosismo se le notaba en la forma en que jugaba con el borde de la sábana.

—Vas a estar increíble. —Claudia se acercó y lo besó, corto, sin darle tiempo a que se pusiera más nervioso todavía—. Te deseo toda la suerte del mundo.

—Gracias.

No se levantó enseguida, aunque ya no tenía ninguna excusa para seguir en la cama. Se sentó en la cocina minúscula con un café mientras Eric se metía a bañar, escuchando el agua correr, tomando su tiempo con una intención que no terminó de reconocer del todo hasta que se levantó, casi sin pensarlo, y se metió en la ducha detrás de él.

—Pensé que tenías que abrir el bar —dijo Eric, sorprendido, con el agua cayéndole por la espalda.

—El bar puede esperar quince minutos más —contestó ella, agarrando el jabón de sus manos con una sonrisa—. Vos tenés una audición importante. Necesitás estar impecable.

Así lo empezó a enjabonar, poco a poco, en sus muslos, en la espalda, el abdomen y por supuesto los genitales. Pero, al llegar a ellos, no pudo evitar tomar el miembro, que ya se estaba hinchando, con ambas manos.

— ¿Querés que te toque hasta acabar? — le preguntó divertida, sabiendo que él iba a ceder, como cada mañana.

— Por favor...

A diferencia de cuando estaban en la cama, el no aguantó mucho. En solo un par de minutos, sus fluidos lo volvieron a ensuciarlo y Claudia besó a su joven amante en el cuello, con mucha devoción, mientras lo miraba gozar.

—Creo que los dos vamos a llegar tarde, Eric —dijo Claudia, todavía riéndose, besándolo una última vez en el cuello mientras empezaba a enjabonar su cuerpo nuevamente.

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Betty Saavedra Alvarado
Cuando ama tiene que dejar volar cada uno tiene que cumplir sus sueños
Betty Saavedra Alvarado
La de la Ceo todavía no la subes no sale en tu historial
Darian RB🌹: nop, estoy en eso
total 1 replies
Betty Saavedra Alvarado
Daríanrb un abrazo desde mi Piura Perú no sé porque se rompió tu corazón hay que ser fuerte la vida siempre nos da golpes hay que seguir adelante Clau y Erick juntos no sé si seguirán hasta el final si no cada uno seguirá su camino
Betty Saavedra Alvarado: El lunes seguiré con tus historias
total 1 replies
Gaby❤️
Me encantó el final 😍, gracias autora por esta novela ❤️, espero que cures pronto ese hermoso corazón, abrazo enorme 😘
Gaby❤️
Me encantó el final 😍, gracias autora por esta novela ❤️, espero que cures pronto ese hermoso corazón, abrazo enorme 😘
Gaby❤️
hermoso capitulo 👏🏻👏🏻👏🏻👏🏻
Betty Saavedra Alvarado
Clau Erick no quiere que sufras el pronto se irá es mejor para los dos
Claudia Marcela Casas
muy caliente esta 🤣
Betty Saavedra Alvarado
Clau Erick te salvará no lo dudes esos dos no tienen porque mezclar las cosas así no es el trabajo
Betty Saavedra Alvarado
Clau y Erick llenos de nervios parecen dos adolescentes con miedo
Betty Saavedra Alvarado
Erick a conversar con Clau aclarar todo es mejor si su amor es fuerte seguirá si no cada uno seguirá su camino
Betty Saavedra Alvarado
Erick cómo todo joven tiene amigos
Betty Saavedra Alvarado
Erick no desaproches la oportunidad de salir adelante la vida es muy duro contigo
🥀 ✨ 𝓟𝓪𝓽𝓻𝓲𝓝𝓸𝓿𝓪 ⋆
te felicito,me tienes en Vilo por cada capítulo 👏🏽👏🏽☺️
Betty Saavedra Alvarado
Erick no hay mal que por bien no venga
Betty Saavedra Alvarado
Erick por el stress se confundió bailara en el bar de Clau
Gaby❤️
Entonces el primero que mintió fue el 😢
Gaby❤️
💔🥺😢
Betty Saavedra Alvarado
Clau ahora los jóvenes se olvidan rápido Erick está saboreando su fama tu estarás enamorado el no se cómo actúa parece que no
Betty Saavedra Alvarado
Clau Erick te escuchará creo que si es lo mejor para los dos Fabián ya tiene novia
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