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Un Corazón De Acero: El Precio De Amar

Un Corazón De Acero: El Precio De Amar

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Traiciones y engaños / Amor-odio
Popularitas:1.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Guadalupe Garza

Trilogía: Pecados de Élite

Libro 1: Un Corazón De Acero: El Precio De Amar

Ella es la Teniente Morgan de la Fuerza Especial de Élite Militar (F.E.E.M.), una mujer de hierro acostumbrada a tener el control. Durante años, ha construido una relación estable y segura con su novio, el capitán Cross, el hombre que representa su futuro y su puerto seguro.

Pero tras dos semanas de ausencia de ella por un luto familiar, todo cambia al volver a la base. Allí es recibida por la imponente presencia del nuevo coronel: un hombre magnético que se convierte en su tentación más oscura, un pecado inconfesable y, probablemente, su mayor error.

El verdadero peligro se revela cuando descubre la verdad: ambos hombres comparten la misma sangre.

Ahora, atrapada en un triángulo de lealtad y deseo, su mente jura que su corazón le pertenece al capitán, pero su cuerpo arde por el coronel.

Cuando el deber militar choca contra una pasión prohibida entre hermanos, el peligro aumenta.

¿Qué podría salir mal?

NovelToon tiene autorización de Guadalupe Garza para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 4: Choque de trenes en la sala de juntas

Victoria Morgan.

Entrenar toda la mañana me había ayudado a limpiar un poco la cabeza. Repasar la rutina de ejercicios de alta resistencia y el combate cuerpo a cuerpo bajo el sol de Londres logró disipar, aunque fuera por un instante, la claustrofobia de mi encierro de quince días. La mañana se me fue en eso, sudor, golpes controlados, un almuerzo rápido con Megan y una montaña de informes burocráticos acumulados antes de que me mandaran a llamar de urgencia a la sala de juntas principal.

Me fui a mi alcoba en el ala de oficiales, me duché con rapidez para borrar el rastro del esfuerzo y me puse el uniforme táctico reglamentario, unos pantalones cargo gris carbón con estampado de camuflaje y una blusa negra de manga corta que lleva bordado el emblema de la F.E.E.M. en el pecho derecho, y mi nombre junto al rango de Teniente en el izquierdo. Me calcé las botas tácticas, recogí mi cabello rubio en una coleta alta y tirante, asegurándome de que ni un solo mechón rebelde se atreviera a escapar de su sitio. No me puse ni una gota de maquillaje, no lo necesitaba....Solo tom3 mi frasco de perfume Wood Sage & Sea Salt, me rocie un toque ligero en los puntos de pulso, abroché la funda de mi arma reglamentaria a la espalda y guardé mi placa oficial.

Salí del dormitorio directa hacia el bloque de reuniones. En el pasillo principal vi de reojo a Dante cruzando hacia la oficina de mando, y un poco más allá a Megan conversando brevemente con Valente. Los saludé con una inclinación de cabeza antes de empujar las pesadas puertas de la sala de juntas.

Al entrar, el aire se sintió instantáneamente más pesado. Estaban todos, los miembros del consejo de seguridad, el ministro Blackwood, el capitán Liam Kincaid y el sargento Christian Frost. Mis ojos buscaron de inmediato un asiento libre que estuviera lo más lejos posible de Dante, pero la distribución de la mesa era implacable. Solo quedaban tres sillas vacías, la destinada a Valente, la de Megan y la que me correspondía a mí por rango.

Solté un suspiro interno y caminé con paso firme, sentándome justo al lado de Dante. Pero en el instante en que mis ojos levantaron la vista hacia la cabecera de la mesa, el mundo pareció detenerse.

El nuevo Coronel había alzado la cabeza, y sentí la presión inmediata de su mirada clavada en mí. Tenía las facciones talladas con la perfección fría y despiadada de una estatua clásica, una mandíbula firme, pómulos angulosos y una severidad en el rostro que dejaba claro que no admitía réplicas de nadie. Pero lo que verdaderamente te desarmaba eran sus ojos....Eran de un azul profundo, un tono zafiro tan oscuro y magnético que parecía absorber toda la luz del despacho, fijos en mí con una intensidad tormentosa, ignorando por completo al resto de los presentes.

Al reclinarse perezosamente en su silla de alto respaldo, el sutil movimiento de su cuerpo liberó su aroma, y el aire de la habitación cambió de golpe.

Su perfume me golpeó como una bofetada sutil pero demoledora... Era un acorde espeso, sofisticado y salvaje, cuero negro ahumado entrelazado con maderas oscuras y un eco de tierra húmeda. Un aroma rudo, costoso y profundamente peligroso que gritaba poder absoluto, la fragancia inconfundible de un depredador acostumbrado a dominar en las sombras. Su estela densa y masculina avanzó por el despacho, intentando arrinconar y devorar la frescura limpia a sal de mar y salvia de mi propio perfume de Jo Malone.

Sostuve su contacto visual, olvidando por completo que Dante estaba sentado a mi lado... Me perdi y me afirma a la vez en la inmensidad de ese azul zafiro que parecía querer descifrar cada uno de mis secretos. Mis grandes ojos verdes devolvieron el reto con absoluta frialdad, demostrandole sin palabras que una ninfa de Londres no se quiebra ante la mirada de ningún dios.

El Coronel rompió el silencio al fin. Su voz era profunda, ronca y aspera, arrastrando el mismo peso oscuro y magnético que su fragancia.

—Soy el nuevo Coronel a cargo de la sede principal de la Fuerza Especial de Élite Militar —empezó a hablar con un tono autoritario que hizo vibrar las paredes de la sala—. Soy el Coronel Alec Cross...

Al escuchar el apellido, mis ojos se desviaron automáticamente hacia el hombre que tenía a mi lado. Dante tenía la mandíbula tensa y una mirada que destilaba el deseo de querer mandar a un batallón entero al paredón de ejecución. Sus ojos eran azules, sí, pero notablemente más claros que los del hombre de la cabecera, en ese momento, oscurecidos por los celos y la furia contenida, me miró de reojo antes de desviar de nuevo su atención hacia su hermano mayor

Así que el famoso dios griego con rango de Coronel que me había provocado una extraña e irritante electricidad en la piel con solo mirarme... resultaba ser el hermano mayor de mi novio. El mismísimo Alec Cross. El cuñado fantasma que, por azares del destino, siempre lograba faltar a las cenas familiares de los Cross cada vez que yo asistía, o viceversa. El destino se habiia empeñado en evitar que nos cruzáramos en un entorno civil, solo para plantarlo aquí frente a mí, ocupando el puesto que dejó vacante Ryan, y con una mirada que parecía atravesarme la ropa y el alma.

Por debajo de la mesa, sentí cómo los dedos de Dante se cerraban con fuerza sobre mi rodilla, apretándola con una posesividad sutil pero dolorosa... Gire la cabeza para mirarlo, y él me devolvio una mirada cargada de advertencia muda.

—Nombres y rangos para el registro —soltó de nuevo el Coronel, o más bien, mi cerebro volvió a conectar con la realidad al ver que sus ojos azules volvían a posarse directamente sobre mi....

—Teniente Victoria Morgan Moore. Pertenezco al escuadrón tactico del Capitán Liam Kincaid —respondi con voz clara y firme, sin titubear.

El capitán Kincaid, sentado enfrente, asintió con una leve sonrisa de apoyo.

—Capitán Dante Cross —intervino mi novio, endureciendo el tono.

—¿Y su teniente asignada, capitán Cross? No la veo en su flanco —le interrumpió Alec de inmediato, con una frialdad glacial que rayaba en la provocación.

—Atiende asuntos de logística en el sector este, no era necesario que estuviera en esta junta —respondió Dante entre dientes.

—Sargento Christian Frost. ¿A cuál tropa pertenece usted? —preguntó Alec, ignorando olimpicamente la explicación de su hermano menor.

—A la del capitán Valente Morgan, mi Coronel —contesto Frost con rigidez...

En ese preciso instante, las puertas de la sala se abrieron de par en par, mi hermano Valente entró con paso marcial, flanqueado por Megan, que lucía impecable con su uniforme de gala, su cabello negro recogido en un moño perfecto y sus ojos color avellana resaltando bajo la luz, y una mujer que se me hacua conocifa, una teniente de rasgos exóticos, castaña, de piel trigueña y penetrantes ojos marrones. Era Katrina Cole....

Mi mente hizo un clic inmediato al recordarla, la teniente Cole, la mujer de la que los pasillos de la base murmuraban que era la sombra y la amante ocasional del mismísimo Alec Cross... Katrina traia una postura impecable, pero sus ojos marrones se detuvieron un segundo en el rostro del Coronel con una familiaridad peligrosa antes de tomar asiento. Valente, por su parte, venía con el uniforme perfecto, manteniendo la compostura de la dinastía Morgan.

—Motivo de su llegada tarde, capitán —soltó Alec sin suavizar el tono al verlos cruzar el umbral.

—Soy el capitán Valente Morgan Moore, fui asignado para recibir y escoltar al nuevo sargento y a la teniente transferida —respondio Valente con absoluta seguridad, plantándose frente a la mesa, Alec lo evaluo con la mirada antes de asentir con desdén —la teniente Katrina Cole y el sargento Marcus Vance se incorporan oficialmente a las filas de Londres.

—¿Y usted qué esperaba, Teniente? ¿Una invitación formal escrita a mano para entrar a la sala? —le espetó Alec a Megan con una autoridad implacable, aunque su tono carecia del filo cortante con el que había tratado a Dante....

Megan solo bajo la barbilla en señal de respeto, aceptando la reprimenda sin parpadear.

Dante se adelantó de inmediato, intentando desviar la tensión hacia su propio equipo al notar que la mirada del Coronel volvía a posarse peligrosamente sobre nosotros.

—Ella es la teniente Megan Shaw, parte activa de mi tropa de élite —intervino Dante, señalando a mi cuñada.

Y por tercera vez consecutiva, Alec ignoro por completo a su hermano menor. Sus ojos zafiro barrieron a Megan con indiferencia profesional antes de girarse hacia mi capitán.

—Kincaid... Veo que en tu escuadrón hay un vacío importante —señaló Alec, clavando sus ojos intensos de nuevo en mí —no tienes sargento de campo asignado.

—Asi es, mi Coronel. El anterior está disfrutando de sus semanas de permiso médico —respondió Kincaid con cautela.

—El Coronel Alec Cross asumirá la supervisión directa y el mando táctico de operaciones especiales a partir de hoy. Quiero a sus tropas preparadas, listadas y marchando bajo mis estándares. Demuestren por qué diablos se supone que forman parte de la élite de esta base —intervino el ministro Blackwood, tomando la palabra y mirando con severidad a cada uno de los oficiales sentados en la mesa.

Pero mi vista, en contra de mi propia voluntad, se desvió otra vez hacia el frente. Alec me estaba mirando. Me sostenía la mirada con un descaro absoluto, sin importarle quien estuviera sentado a su lado o qué grado ostentara....

¿Es que acaso este imbecil no sabía, o peor aún, no le importaba, que yo soy la novia de su hermano menor?...

Se veía como un maldito dios griego, sí, pero un dios soberbio, egocéntrico y cínico que me estaba revolviendo el estómago con esa mezcla de rabia y una extraña adrenalina que me recorria la columna. Su desprecio abierto hacia Dante, tratandolo como si fuera un simple subordinado cualquiera frente a todo el alto mando, era una declaración de guerra abierta dentro de la propia familia Cross, y yo sabía, con absoluta certeza, que este hombre iba a convertirse en mi peor y más constante dolor de cabeza.

Una sospecha que se confirmo de inmediato cuando el ministro Blackwood dio el último golpe a la reunión...

—Y para finalizar... —anunció el ministro con una sonrisa neutral —la teniente Victoria Morgan quedara oficialmente exenta de sus patrullajes habituales, apoyara de manera directa al Coronel Cross en la redacción, analisis y ejecución de los informes clasificados para la nueva misión internacional que llevaremos a cabo en Europa.

El silencio en la sala se volvió gélido.

Dante a mi lado se puso rígido como una barra de acero, con los nudillos blancos de tanto apretar los brazos de la silla, visiblemente furioso ante la asignación, y en el extremo opuesto de la mesa, el arrogante y flamante Coronel Alec Cross ensanchó los labios en una sonrisa de suficiencia tan hermosa como peligrosa, clavando en mí esos ojos de zafiro...

Joder... En ese preciso instante, maldije para mis adentros preguntandome por qué demonios no se había estrellado un maldito avión contra el tejado de la base antes de dejarme encerrada en la misma oficina con este demonio vestido de militar....

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Greys Diaz
Cual van a hacer los otros dos títulos d la saga, para poder buscarlo
Estefanny Castro
me encanta la novela me gustaría que subieras más capitulos o que hicieras un maratón
Estefanny Castro: cuál es el nombre de la otra plataforma para leer las historias que has hecho
total 3 replies
Nairobis Cardozo Portillo
Alec estás jugando con fuego y te vas a quemar 🔥
Guadalupe Garza: yo diría que los dos 🤭
total 1 replies
Nairobis Cardozo Portillo
Peligroso muy peligroso 🔥
Nairobis Cardozo Portillo
Dios mío ésto está que arde🔥
Guadalupe Garza: Y lo que falta
total 1 replies
Nairobis Cardozo Portillo
Excelente comienzo
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