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TE AGUANTAS, CUCARACHO… ESTA SEÑORITA SE VENGARÁ

TE AGUANTAS, CUCARACHO… ESTA SEÑORITA SE VENGARÁ

Status: Terminada
Genre:Venganza / Reencarnación / Completas
Popularitas:4.8k
Nilai: 5
nombre de autor: EspirituCreativo

En su vida pasada, Guadalupe "Lupe" Santos lo perdió todo: su padre envenenado, el rancho robado, y ella misma muerta a manos de quien creía su protector. Jesús "Chuy" Treviño, el capataz, no solo usurpó el poder: hace veintidós años, intercambió en secreto al verdadero heredero por su propio hijo, para que algún día todo fuera suyo. Lupe muere sin saberlo.

Pero despierta. Vuelve a tener 22 años, justo cuando todo empezó a desmoronarse. Esta vez recuerda cada traición y también el secreto que nadie descubrió: el hijo de su tía no es suyo, sino de la mujer que Chuy usurpó su lugar. Con la verdad en sus manos y el apoyo de Santiago "Santi" Ríos —el único que murió leal a su lado—, Lupe desmantelará cada mentira, recuperará lo que es suyo y revelará el cambiazo antes de que la historia se repita.

"Me quitaste todo en la vida pasada. Pero esta vez… te aguantas, Cucaracho. Esta señorita no solo se venga. Viene a corregir lo que rompi

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Sonrisas que engañan

Después del desayuno, salí al porche con una canasta vacía en la mano, como si mi único propósito fuera recoger los huevos que Doña Chona esperaba para el almuerzo. Caminé despacio, sin prisa, permitiendo que el sol de la mañana me iluminara el rostro, y dejé que mis pasos me llevaran cerca de donde sabía que él estaría. No tuve que buscarlo mucho. Ahí estaba Jesús “Chuy” Treviño, junto a la cerca de piedra, fingiendo revisar el alambre de púas aunque en realidad no lo miraba siquiera con atención. Su postura, rígida y vigilante, lo delataba: estaba pendiente de la casa, de cada movimiento que hiciéramos, midiendo el terreno como el depredador que era. Sabía que sus ojos me seguían, y en lugar de apresurarme o bajar la mirada como seguramente esperaba que hiciera, me detuve, me acomodé el cabello con gesto suave y giré la cabeza hacia él dibujando en mi rostro la sonrisa más dulce e inocente que pude fingir. Esa sonrisa que en mi vida pasada lo había llevado a subestimarme una y otra vez. Esta vez no sería una debilidad; sería mi arma más poderosa.

—¡Buen día, Chuy! —lo llamé con voz clara y amable, dando unos pasos hacia él como si realmente me alegrara verlo.

Se giró bruscamente, sorprendido de que me dirigiera a él con tanta naturalidad después de lo ocurrido en la cocina. Por un instante sus ojos se entrecerraron, tratando de descifrar si había algún reproche en mi gesto, pero yo mantuve la sonrisa intacta, con esa expresión de niña bondadosa que no guarda rencor.

—Mire, discúlpeme si esta mañana parecí maleducada —empecé diciendo, bajando la mirada un momento como si me sintiera genuinamente apenada—. Es que amanecí con un dolor de cabeza terrible y andaba de mal humor, sin darme cuenta de cómo hablaba. No fue contra usted, de verdad. Sé que usted solo quiere lo mejor para el rancho y para nosotros. Mi papá confía en usted plenamente, y yo… bueno, yo sé que debería confiar más también, ¿no le parece? A veces me gano miedos tontos que no tienen sentido.

Lo miré entonces con ojos grandes y sinceros, inclinando levemente la cabeza hacia un lado. Vi cómo sus hombros se relajaban poco a poco. Su ego necesitaba creer que no era rival para mí, que con unas pocas palabras amables y una disculpa oportuna me tendría nuevamente donde siempre quiso: bajo su sombra, sin cuestionar nada. Su expresión se suavizó, y esa sonrisa engreída volvió a sus labios.

—Ya lo sabía, Lupe —dijo, acomodándose el sombrero con gesto de superioridad—. Solo son niñerías. No te preocupes por eso. Sabes que aquí estoy para lo que necesiten, como siempre lo he estado. No hay nada que perdonar.

—Qué bueno que me comprende —respondí, acercándome un paso más con tono confidencial, como si le estuviera confiando un secreto—. Precisamente quería preguntarle algo, ya que usted entiende mucho de estas cosas y mi papá siempre dice que es el más listo de todos nosotros. Cuando mi papá le compraba las tierras al señor Torres hace unos años, ¿los papás los revisaba él solo o venía alguien del pueblo a explicárselos despacio? Es que… me da mucho miedo que se equivoque en algo, usted sabe cómo es él, tan confiado y tan bueno con todo el mundo. No quiero que nadie lo engañe, aunque suene exagerado decirlo.

Chuy dudó un instante. No esperaba que hiciera una pregunta así, y mucho menos con esa cara de preocupación genuina. Sus ojos vagaron por un momento hacia el horizonte antes de responderme, como si estuviera calculando qué decirme para no levantar sospechas.

—Yo… yo se los explico todo con calma, no hay problema —dijo, con voz que intentó sonar tranquilizadora—. Tú no te metas en esas cosas, Lupe. Son asuntos de hombres, de negocios, que no te deben preocupar a ti.

—Claro, claro, yo no entiendo nada de eso —me apresuré a decir, encogiéndome de hombros y sonriendo con timidez—. Solo pensaba que tal vez podríamos pedirle al señor Valdez, el que trabaja en el juzgado del pueblo, que nos ayude a revisar todo antes de firmar nada. Dicen que es una persona muy honesta y que no le cobraría caro a mi papá por echarnos una mano. Así todos estaríamos bien tranquilos, ¿no le parece? Usted tampoco tendría que cargar con tanta responsabilidad solo. Sería como una ayuda extra para que todo salga bien.

Sus ojos se entrecerraron apenas, casi imperceptiblemente. Sabía perfectamente que el señor Valdez revisando cualquier documento era lo último que él deseaba. Pero no podía decir que no sin parecer que tenía algo que ocultar. Si se oponía con excusas, parecería sospechoso. Si aceptaba, arriesgaba que sus trucos quedaran al descubierto. Lo tenía en una esquina, y lo mejor de todo era que él no se daba cuenta de que yo lo había puesto ahí a propósito.

—No hace falta complicar las cosas, Lupe. Todo está bien como está —dijo, con un tono que se había vuelto un poco más seco—. Tu papá ya confía en mi palabra, y tú deberías hacer lo mismo. No hay necesidad de andar buscando a nadie más.

—¿Seguro que no es molestia? —pregunté, inclinando la cabeza como una niña pequeña que solo quiere hacer lo correcto—. Es que mi papá mencionó ayer que tal vez deberíamos llevar una copia al banco para que nos ayudaran con los números. Yo solo quiero que no haya problemas dentro de unos meses, ¿verdad? No quiero que usted se meta en líos por ayudarnos. Eso sería terrible.

Ahí estaba. Lo puse entre la espada y la pared. Si insistía en que no era necesario, parecería que desconfiaba de las instituciones o que tenía algo que ocultar. Si aceptaba, sabía que su juego corría peligro. Tuve que contenerme para no sonreír con satisfacción. Vi cómo apretaba la mandíbula, y por una fracción de segundo esa máscara de hombre amable se resquebrajó, dejando ver la impaciencia que sentía por tener que darme explicaciones. Pero se obligó a soltar una risa forzada.

—Qué preocupada andas últimamente, mija. Todo está bajo control, te lo aseguro. Hablamos luego de eso cuando tengamos más tiempo. Ahora mejor ve a hacer tus cosas que ya se te hizo tarde —dijo, y me dio la espalda bruscamente, fingiendo ocuparse de la cerca para cortar la conversación.

—Como usted diga, Chuy. Que le vaya muy bien —respondí con dulzura, y me alejé caminando despacio, sin prisa, disfrutando por dentro de haber ganado esa pequeña batalla sin que siquiera se diera cuenta de que había estado en una.

En cuanto estuve fuera de su vista, la sonrisa inocente desapareció de mi rostro, reemplazada por determinación. Él creía que yo era ingenua, que no era más que una niña asustada que apenas empezaba a entender cómo funcionaba el mundo. Y mientras siguiera creyendo eso, tendría todas las ventajas a mi favor. No subestimaría a su enemiga porque no sabía que yo era su enemiga todavía. Miré hacia donde trabajaba Santi, al otro lado del corral, y le hice una señal casi imperceptible con la cabeza. Él me observó, frunció el ceño ligeramente pero asintió, entendiendo sin palabras que algo estaba cambiando, que yo ya no era la misma chica que se había ido a la ciudad. Esta vez, nadie me tomaría el pelo por ser joven o mujer. Esta señorita sabía exactamente lo que hacía.

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Noelia Elizabeth Barrera
Muy bueno el primer capítulo 💖
EspirituCreativo: 🥰Gracias lectora espero te gusten los siguientes
total 1 replies
Mara
Me encantó más capitulos por favor 👏👏💐💐
EspirituCreativo: Gracias lectora
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