NovelToon NovelToon
En la cama del esposo de mi hermana

En la cama del esposo de mi hermana

Status: Terminada
Genre:Romance / Venganza / Dominación / Vientre de alquiler / Romance oscuro / Completas
Popularitas:24.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Angel_fr_Hell

Valentina Reyes ha pasado toda su vida a la sombra de Mariana, la media hermana que le robó su lugar, su apellido y hasta el último recuerdo de su madre.
Cuando Mariana descubre que no puede darle un heredero a su poderoso esposo, obliga a Valentina a hacerse pasar por ella y entrar en la cama de Alejandro Quirós, el magnate más frío y temido de la Ciudad de México. El trato parece sencillo: quedar embarazada, entregar al bebé y desaparecer.
Pero Valentina no piensa obedecer.
De día será Mariana, la perfecta señora Quirós. Entre los sirvientes se ocultará bajo el nombre de Lucero. Y en secreto seguirá siendo Valentina, la mujer dispuesta a recuperar todo lo que su hermana le arrebató.
Solo hay un problema: Alejandro parece conocer cada una de sus máscaras. La observa demasiado, pronuncia su verdadero nombre cuando nadie debería saberlo y la desea como jamás deseó a su esposa.
Valentina creyó que estaba seduciendo al esposo de su hermana.
Lo que todavía no sabe es que Alejandro nunca fue engañado.

NovelToon tiene autorización de Angel_fr_Hell para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 9

Capítulo 9

Visita inesperada

Valentina no durmió bien esa noche.

Se acostó a las dos de la mañana, después de reportarle a Mariana los detalles de la fiesta: la gente, la comida, la conversación con las esposas, el vestido de Sofía, el collar de diamantes. Le dijo que Alejandro había estado callado y que la había acompañado toda la noche. Le dijo que no pasó nada importante.

Lo de Héctor Villanueva lo omitió.

Lo de "porque te lo estoy pidiendo" lo omitió.

La columna derecha de su libreta siguió creciendo.

A la mañana siguiente, Nana la esperó en la cocina con un plato de chilaquiles verdes y una jarra de café recién hecho. El olor a tomatillo y cilantro le abrió el apetito por primera vez en días.

—Se ve cansada, niña. ¿Trasnocharon mucho?

—Un poco.

—El señor salió temprano. Dejó dicho que vuelve a las siete.

Valentina asintió y se sentó a desayunar. Le gustaba la cocina cuando estaba sola con Nana. El vapor de las ollas, la radio puesta en un programa de rancheras que Nana cantaba por lo bajo, el olor a frijoles. El único espacio de la residencia que se parecía a algo que ella había conocido antes.

El teléfono de "Mariana" vibró. Un mensaje de Sofía Delgado.

"Gracias por venir anoche. ¡Me encantó el pañuelo! Deberíamos juntarnos un día de estos. Solo nosotras."

Valentina releyó el mensaje tres veces. Sofía la estaba invitando a salir. Solas. Sin Alejandro de por medio. La pregunta era para qué.

Contestó: "Me encantaría. Dime cuándo."

¿Por qué Mariana habría aceptado? Y porque Valentina necesitaba saber qué quería Sofía de ella.

El lunes, Valentina bajó al vestíbulo para recibir un paquete que había mandado Mariana: ropa de temporada, zapatos, un neceser con maquillaje que ella nunca usaría, pero que debía tener en el tocador por si alguien entraba al baño.

Bruno Estrada estaba en la puerta con una tablet, revisando la lista de entregas. Le echó un vistazo al paquete, anotó algo en la pantalla, y la miró.

—Señora, tiene una visita. Está en la sala.

—¿Quién?

—El señor Joaquín Carrasco. Dijo que viene de parte de la familia.

El nombre no le decía nada. Valentina repasó mentalmente las listas que Mariana le había dado: nombres de socios, parientes, conocidos del círculo. Joaquín Carrasco aparecía al margen, sin foto, con una anotación en la letra apretada de Mariana: "Primo lejano. Aléjate."

Subrayado tres veces.

Valentina dejó el paquete en la mesa del vestíbulo y caminó hacia la sala.

El hombre que la esperaba estaba de pie junto a la ventana, con un vaso de agua que Nana le había servido y que no había tocado. Era alto, bronceado, con el pelo castaño oscuro peinado hacia atrás con un descuido que parecía costar dinero. Llevaba chaqueta de cuero sobre camisa blanca y botas que no eran de vestir. Todo en él decía que no había venido a una reunión de negocios.

Cuando la vio entrar, sonrió. Despacio. Con los ojos primero y después con la boca.

—Mariana. —La voz era grave, arrastrando la última sílaba como si le gustara el sonido—. ¡Cuánto tiempo!

Valentina se detuvo a tres pasos. La forma en que la miraba le puso los vellos de punta: no la amenazaba, la trataba con una familiaridad que no le correspondía. Como si la conociera de un modo que ella no reconocía.

—Joaquín. ¿Verdad? —Le tendió la mano con la sonrisa de "Mariana"—. ¿Qué te trae por aquí?

Él no le estrechó la mano. Le tomó los dedos, los levantó a la altura de su boca, y le besó los nudillos sin dejar de mirarla a los ojos.

—Vine a saludar a mi primo. Pero no está. —Soltó sus dedos—. Así que te saludaré a ti.

La confianza del gesto le revolvió el estómago. Ese hombre no le hablaba como alguien que veía a la esposa de su primo de vez en cuando. Le hablaba como alguien que tenía cuentas pendientes.

—Alejandro vuelve a las siete —dijo Valentina, retirando la mano—. Si quieres, puedo darle tu recado.

—No tengo prisa. —Se sentó en el sillón sin que nadie lo invitara. Cruzó las piernas, puso un brazo sobre el respaldo, y la miró de arriba abajo—. Te ves diferente. ¿Cambiaste algo?

—No sé a qué te refieres.

—El pelo. La postura. No sé. —Inclinó la cabeza—. La última vez que nos vimos estabas más... relajada.

La última vez que nos vimos. La frase le cayó encima como un balde de agua fría. Mariana conocía a este hombre. Mariana le había dicho que se alejara. Tres subrayados.

—Será que me puse vieja —dijo Valentina, y se sentó en el sillón de enfrente, lo más lejos posible.

Joaquín se rió. Una risa corta que le arrugó las esquinas de los ojos.

—Vieja no. Para nada. —La estudió un momento—. ¿Alejandro sabe que estamos solos?

—Bruno está en la puerta. Nana está en la cocina. No estamos solos.

—Touché. —Levantó el vaso de agua y por fin tomó un trago—. Siempre me gustó eso de ti.

—¿Qué cosa?

—Que sabes cuándo cerrar una puerta.

Valentina sintió el sudor frío bajarle por la nuca. Ese hombre hablaba de algo específico, algo que había pasado entre él y la verdadera Mariana y que todavía pesaba.

Valentina cruzó las piernas y puso las manos sobre la rodilla. La postura de "Mariana": elegante, cerrada, sin puntos débiles visibles.

—¿Llevas mucho en la ciudad?

—Llegué el jueves. Tengo un departamento en Polanco que uso cuando vengo.

—Qué bien.

—Deberías conocerlo. Tiene una terraza con vista al parque.

Valentina dejó pasar la invitación sin pestañear.

Se levantó.

—Fue un gusto verte, Joaquín. Le diré a Alejandro que pasaste.

—Claro. —Se puso de pie también, se abrochó la chaqueta, y caminó hacia la puerta—. Fue bueno verte, Mariana. De verdad.

En la puerta se detuvo. La miró por encima del hombro.

—Dile a tu esposo que lo busco para un negocio. Y cuando tengas un rato libre, llámame. Todavía tienes mi número. ¿No?

Salió sin esperar respuesta. Sus pasos se alejaron por el pasillo, lentos, seguros, como si la casa fuera suya.

Valentina se quedó de pie en la sala con el pulso martilleándole las sienes. Caminó al vestíbulo, tomó el teléfono de "Mariana" y buscó en los contactos: Joaquín Carrasco. El número estaba guardado con un emoji de llama de fuego al lado del nombre.

Un emoji que Mariana jamás habría usado para un primo lejano que debía evitar.

Esa noche, cuando subió al estudio a tocar el arpa, Alejandro la miró desde el sillón.

—Bruno me dijo que Joaquín Carrasco vino hoy.

—Sí. Dijo que te busca por un negocio.

—¿Cuánto tiempo estuvo?

—Diez minutos. Tal vez quince.

Alejandro giró la copa entre los dedos. No tomó.

—La próxima vez que venga sin avisarme, no lo recibas.

—De acuerdo.

Valentina destapó el arpa y posicionó las manos sobre las cuerdas. Antes de empezar, preguntó:

—¿Por qué?

Alejandro la miró. Largo. Más largo que de costumbre.

—Porque Joaquín Carrasco no viene a esta casa a saludar.

No dijo más. Valentina tocó durante cuarenta minutos. Él cerró los ojos a los cinco. Pero ella sabía que no dormía, porque no soltó la copa en ningún momento.

1
Elizabeth Del Valle Romero
no me gustó el final 😔
Dorkis Huerta
Buenas noches.
neumidia ruiz
te felicito escritora me encantó la narración, la trama fue distinta a tantas otras que he leído, me fascinó los personajes de los protagonistas
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play