⛈️🍒El amor Alfa x Alfa rompe todas las leyes de la naturaleza, nuevamente. 🍼🐺 ¿Se imaginan al imponente Min-hyuk con pancita y a Tae-jun liberando toda su cereza quemada para protegerlo? El cachorro Enigma ha llegado para reclamar su trono. 🍒⛈️
NovelToon tiene autorización de Skay P. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Terquedad
El aire dentro de la bodega abandonada del distrito industrial olía a óxido, gasolina barata y humedad acumulada. En el centro del inmenso espacio en penumbra, iluminado apenas por la luz amarillenta de una lámpara que colgaba del techo, Jun-seo permanecía de pie frente a una mesa de metal. De su piel emanaba constantemente ese rastro rancio a vinagre blanco y metal oxidado, una firma biológica de sótano húmedo que delataba el colapso absoluto de su cordura.
Tenía entre sus dedos la tableta digital donde parpadeaba el historial clínico clonado de su hermano. Sus ojos, hundidos y cubiertos por ojeras negras debido a las semanas de decadencia en el bajo mundo, devoraban la imagen tridimensional del ultrasonido de Min-hyuk. Una sonrisa perversa y desalmada le estiró las facciones, transformándose de inmediato en una mueca de profundo asco.
—Dos Alfas dominantes engendrando un parásito... Es una aberración asquerosa —siseó Jun-seo, arrojando la tableta sobre la mesa con un golpe seco que resonó en las paredes de concreto—. Los dos grandes reyes del mercado coreano revolcándose para dar a luz a un monstruo que arruina el linaje. Me lo quitaron todo. Me desheredaron y me enviaron al olvido por culpa de ellos. Pero esta porquería va a ser su tumba.
A su lado, un mercenario de cicatriz en el labio y hombros anchos, que revisaba el cargador de un arma automática, soltó una risa ronca y confiada.
—No me importa qué tipo de monstruo lleven en las entrañas, Jun-seo —declaró el matón, con una voz tosca que denotaba que solo le importaba el dinero —. Mi equipo ya revisó el perímetro de ese edificio. Es una fortaleza con cifrado militar, pero tenemos los explosivos suficientes para reventar los portones en menos de cinco minutos. Mis hombres no fallan cuando la paga es alta; y más te vale cumplir con el trato.
Un segundo mercenario, un Alfa de menor rango, tenía dos horribles cicatrices en la mejilla derecha, que permanecía apoyado contra una camioneta gris sin placas de registro, intervino en la conversación cruzando los brazos.
—Deberías pensarlo mejor, Jun-seo —sugerió el segundo matón, entornando los ojos de manera calculadora—. Si los informes son ciertos y ese cachorro emite la frecuencia de un Enigma, tenemos un arma invaluable entre las manos. Un Alfa de Alfas es algo por lo que los mercados globales y cualquier mafia extranjera pagaría fortuna. Podríamos secuestrar a tu hermano, mantenerlo encerrado hasta que dé a luz y vender al bebé al mejor postor. Seríamos más ricos que tu propio padre.
Jun-seo se giró hacia él con un destello asesino en las pupilas dilatadas, liberando una ráfaga débil pero amarga de su aroma a vinagre que denotaba que su ambición había sido sepultada por la sed de sangre.
—¡No me interesa mantener vivo a ese cachorro! ¡Lo que yo quiero es muerte! —rugió Jun-seo, dando un golpe violento sobre la mesa de metal—. Quiero ver a mi hermano mayor y a Kim Tae-jun enterrados bajo el concreto. Y una vez que termine con ellos, seguiré por mis propios padres. Esos viejos infelices jamás me defendieron frente al consejo de administración. Me borraron del apellido familiar como si fuera una bicho insignificante para lamerle las botas a Min-hyuk. Todos en ese maldito clan van a sangrar.
La rata de cloaca se inclinó sobre el mapa del distrito industrial, trazando una línea roja con un marcador grueso sobre las coordenadas de la sede de Aura. El plan de asalto masivo se estaba tejiendo de manera destructiva en su mente desquiciada.
—Pero antes de matar a Min-hyuk, no se la voy a poner fácil —añadió Jun-seo con una sonrisa letal que le deformó el rostro—. Quiero torturarlo. Quiero romperle los huesos pélvicos uno por uno frente a los ojos de Tae-jun, obligando al rey a ver cómo su precioso esposo se deshace en gemidos de dolor antes de cortarle la cabeza a ambos. Déjenlos que sigan disfrutando un poco más.
Por el momento, todo era un plan silencioso guardado en el subsuelo de la bodega abandonada. Los mercenarios continuaron limpiando el instrumental metálico de sus armas, ajenos a que la red internacional que intentaban cazar ya había encendido sus primeras alertas.
A menos de tres kilómetros de allí, en el último piso de Aura, el ambiente de la cafetería se mantenía iluminado por un neón azul tenue. Joel, el eterno jefe de seguridad Beta, ingresó con paso rápido y el rostro tenso, sosteniendo una tableta que mostraba el mapa de calor de las avenidas industriales.
Se detuvo frente a la mesa donde Zen y Hendrik revisaban las transacciones. El Príncipe de Hielo vestía impecable, desprendiendo su rastro nítido de ginebra seca, mientras Hendrik mantenía sus hombros anchos en una postura rígida y una mano sobre la pierna de su pareja, denotaba que sus instintos territoriales seguían en alerta máxima.
—Señores, tenemos una anomalía en el perímetro exterior de la clínica —informó Joel con su voz monótona, mostrando la pantalla digital—. Los radares informáticos acaban de detectar un movimiento inusual en una bodega cercana del sector bajo. Hay un flujo constante de camionetas sin registros ni placas de tránsito ingresando al subsuelo de esa propiedad desde la madrugada. El firewall bloqueó un par de intentos microscópicos de hackeo contra nuestras señales inalámbricas.
Hendrik frunció el ceño, su aroma a abedul alquitranado volviéndose denso por la molestia.
—¿Crees que sea la seguridad privada de los franceses, Joel? —preguntó el Alfa De Vries, apretando los puños sobre el reposabrazos.
—No lo parece, señor Hendrik —respondió el viejo Beta—. Los metadatos de los dispositivos móviles detectados en esa zona no tienen el protocolo de las familias francesas. Apestan a delincuencia local de bajo nivel.
Zen Grimhand dejó su taza de porcelana sobre la mesa con un golpe seco que cortó el aire acondicionado de la cafetería. Sus ojos claros se entornaron con una frialdad suprema, asumiendo su rol de líder del imperio.
—Necesitamos que investigues un poco más, Joel —ordenó Zen con una calma gélida—. Envía a nuestros propios analistas de seguridad externa a vigilar esa bodega. No quiero tener problemas con mafias o bandas locales en medio del tramo crítico de Min-hyuk. Si esos matones están buscando un territorio para sus negocios, asegúrate de desviar su atención lejos de nuestros portones de antes del amanecer. Mantén las cámaras activas y duplica la vigilancia electrónica del perímetro.
—Así se hará, señor Grimhand —asintió Joel con una reverencia antes de retirarse hacia la sala de control, dejando a los dos Alfas en un silencio cargado de una anticipación peligrosa. Los dueños de Aura creían tener el control del juego digital, sin sospechar que la rata que intentaban esquivar ya tenía la mira telescópica apuntando.
Mientras el peligro exterior movía sus hilos en el distrito industrial, en el piso inferior del búnker, la habitación médica continuaba sumida en una calma y sincronía perfectas.
Las sábanas blancas de la cama arropaban la robusta y masiva figura de Min-hyuk. El tratamiento de bioquímica avanzada aplicado por las especialistas había funcionado a la perfección durante las últimas semanas. Los sueros modificados y los bloqueadores térmicos habían logrado ablandar de forma exitosa sus rígidas paredes pélvicas, permitiendo que la gestación avanzara sin el pánico de los desgarros internos del pasado. Habían alcanzado oficialmente las doce semanas de embarazo, superando la barrera más crítica y peligrosa de la Mutación de Enlace.
Margaret revisaba los monitores de frecuencia celular con una sonrisa dulce que le iluminaba las facciones Omega, mientras Tania guardaba las jeringas en el maletín metálico.
—El escaneo tridimensional confirma el milagro, Tae-jun —anunció Margaret en un susurro pausado, para no perturbar el descanso del paciente—. La pulsación del feto es rítmica, fuerte y densa. El cachorro está muy sano y sus niveles de progesterona están perfectamente estabilizados gracias al escudo de feromonas que instalaste con la marca en su hombro. Es un rey fuerte que está creciendo con una vitalidad biológica inquebrantable.
Min-hyuk soltó un suspiro, hundiéndose en un sueño tranquilo, desprovisto de las náuseas y del cansancio crónico de las mañanas. Su mano permanecía resguardada debajo de la playera de Tae-jun, buscando el contacto directo con la piel pálida de su pantera para absorber su calor constante.
Tae-jun se mantenía recostado a su lado, con la espalda apoyada en la cabecera, pero sus ojos estaban rojos por la falta de sueño y la paranoia de su instinto de padre Alfa. Llevaba días sin pegar el ojo, manteniendo su brazo alrededor de los hombros de su esposo y su mano libre custodiando de forma posesiva la curva sutil de su vientre. Tenía el pulso desbocado y la mandíbula rígida, devorado por la locura protectora que le impedía bajar la guardia un solo segundo.
Tania se acercó al borde de la cama, cruzándose de brazos con esa expresión severa y autoritaria de Alfa médico.
—Ya escuchaste a Margaret. El cachorro está sano y Min-hyuk está completamente estable —ordenó Tania, tomándolo del brazo con una firmeza incuestionable—. Llevas días sin dormir más de dos horas y tu aroma a cereza negra quemada está empezando a sobrecargar los filtros de la habitación de pura ansiedad. Te vas a desmayar sobre tu propio esposo si no dejas esta terquedad.
Margaret intervino de inmediato, ayudando a Tania a empujar sutilmente los hombros del Alfa pálido hacia las almohadas.
—Tania tiene razón, cariño. Tienes que dormir ahora mismo —le exigió la cirujana Omega con una ternura que adormeció el pánico territorial de Tae-jun—. Min-hyuk no se va a mover de este colchón y nosotras nos quedaremos en la siguiente habitación vigilando las pantallas. Si tú colapsas por el cansancio, no tendrás la fuerza necesaria para ser el ejército que cuide este nido cuando el tercer trimestre comience. Recuéstate, respira profundo y deja que tu lobo te dé su propio calor.
Tae-jun, exhausto por el desgaste psicológico y doblegado ante la sumisión emocional que el ambiente manso le provocaba, soltó un suspiro de rendición. Se acomodó de lado bajo las colchas, cerrando finalmente sus ojos, sintiendo las manos de Min-hyuk apretándolo por debajo de su playera. El aroma unificado a tabaco dulce y tormenta eléctrica los envolvió en una última tregua de azúcar, un refugio de confort que bloqueaba temporalmente las sombras de la rata que ya estaba lista para desatar la guerra.
⛈️🍒 ¡Mis Chickis, agárrense los parches porque el drama y el suspenso estallarán al máximo! 🐀 No se olviden de dejar sus: 👍🌟🎁 dejen mucho amor. Nos vemos en el siguiente capítulo.🍒⛈️