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El Matrimonio Que Llore A Escondidas

El Matrimonio Que Llore A Escondidas

Status: Terminada
Genre:Pareja destinada / Amor eterno / Romance / Ángeles / Completas
Popularitas:1.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Maria Luisa Soto Rios

El matrimonio que lloré a escondidas
Una historia real de amor, un bebé milagro y un duelo que nadie vio

NovelToon tiene autorización de Maria Luisa Soto Rios para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La voz que se volvió mi casa

Hay gente que entra a tu vida por la puerta. Él entró por el oído. Por una llamada que no debía contestar, a una hora que no debía, un día que yo ni me acuerdo cuál era. Solo me acuerdo de su voz la primera vez. Ronca, bajita, como si acabara de despertarse, pero con una calma que no le había escuchado a nadie.

"¿Bueno?" me dijo. Y yo me quedé callada. Porque no sabía qué decir. Porque yo no esperaba que me contestara así, tan tranquilo, tan seguro, como si me hubiera estado esperando toda la vida.

Yo no lo conocía. O creía que no lo conocía. Sabía de él por otras personas, por pláticas, por historias que me contaban. Sabía que estaba lejos, que estaba en un lugar del que no podía salir, que tenía mucho tiempo ahí. Sabía que tenía fama de ser serio, de no hablar mucho, de no pedir nada. Y de repente, esa persona seria, esa persona que según todos no hablaba con nadie, me estaba hablando a mí como si yo fuera lo más importante de su día.

Al principio eran llamadas cortas. De cinco minutos, de diez. Yo siempre con prisa, siempre diciendo "ya me tengo que ir, luego hablamos". Y él siempre diciendo "está bien, mija, cuídate, me marcas cuando puedas". Nunca me reclamaba. Nunca me decía por qué no me reportaba, por qué tardaba. Y eso me empezó a gustar más que cualquier palabra bonita. Porque yo estaba acostumbrada a que me exigieran, a que me celaran, a que me controlaran. Y él no. Él me daba espacio y aun así se quedaba. Esa es una forma de amor que no mucha gente entiende.

Poco a poco las llamadas de cinco minutos se hicieron de una hora. Las de una hora de tres horas. Y las de tres horas ya no tenían final. Hablábamos de todo y de nada. Me contaba de su día allá adentro, que si se levantó temprano, que si no durmió bien por el frío, que si la comida estaba bien fea, que si extrañaba el café como lo hace mi suegra. Yo le contaba de mi trabajo, de mis hijos, de mis peleas, de mis sueños que sentía que se me estaban quedando dormidos. Él me escuchaba. De verdad me escuchaba. No como esos que te escuchan para contestarte, sino como los que te escuchan para guardarte.

Había noches que yo ya tenía mucho sueño, que los ojos se me cerraban, y le decía "ya me voy a dormir". Y él me decía "duérmete, yo aquí me quedo contigo, no te voy a colgar". Y yo me quedaba dormida con el teléfono en el pecho, escuchando su respiración del otro lado. Y cuando despertaba a media noche, todavía estaba ahí. "¿Ya despertaste?" me decía. Como si hubiera estado cuidando mi sueño toda la noche. Y sí, sí lo cuidaba.

Su voz se volvió mi casa. No exagero. Llegó un punto en que yo no necesitaba verlo para sentirme acompañada. Me bastaba con escuchar su "buenos días, mi reina". Ya con eso yo sentía que el día iba a estar bien. Si él no me marcaba en la mañana, mi día se hacía gris, largo, feo. Me ponía ansiosa, le marcaba yo, y cuando por fin me contestaba y me decía "perdóname, mija, es que nos tardaron en dejar salir a marcar", yo sentía que volvía a respirar.

Mucha gente me decía que estaba loca. Que cómo me iba a enamorar de alguien por teléfono. Que cómo iba a perder mi tiempo con alguien que no podía ni invitarme a un café, ni llevarme al cine, ni abrazarme cuando yo llorara. Me decían que yo era joven, que yo podía tener otra cosa, que dejara de jugarle a la que salva a alguien.

Pero es que nadie entendía que él no necesitaba que lo salvara. Él no me pedía nada. Ni dinero, ni cosas, ni que le hiciera favores. Él solo quería que lo escuchara, que le creyera cuando me decía que era buen hombre, que había cometido errores pero que quería ser mejor. Y yo le creí. Porque su voz no mentía. Hay voces que te mienten, que te prometen cosas que sabes que no van a cumplir. Su voz no. Su voz era de verdad.

Me acuerdo de una noche que llovió muy fuerte aquí en Tijuana. Yo estaba sola en mi casa, con mucho miedo porque los truenos estaban bien feos y la luz se fue. Le marqué llorando, como una niña. Y él del otro lado, sin poder hacer nada físicamente, me empezó a cantar bajito para calmarme. No canta bien, no creas que canta como cantante, canta ronquito, desafinado, pero esa noche para mí cantó como los ángeles. Me cantó hasta que me quedé dormida, hasta que la lluvia se calmó y yo ya no tenía miedo. ¿Cómo no me iba a enamorar de alguien así?

Él me enseñó a querer de otra forma. Una forma que no necesita verse todos los días. Una forma que no necesita regalos caros ni fotos en redes sociales. Una forma que se sostiene con palabras, con constancia, con estar ahí. Él me decía "cuando salga de aquí, te voy a hacer todo lo que no te pude hacer aquí adentro". Y yo le decía "cállate, no digas eso que me pones triste". Pero por dentro me lo guardaba todo. Yo ya me imaginaba una vida con él afuera. Me imaginaba cocinándole, peleando con él por tonterías, durmiendo a su lado sin un teléfono de por medio.

Pasó un año así. Un año completo de puras llamadas, de puros "te extraño", de puros "ya quiero verte". Y luego pasó medio año más. Año y medio en total. Y yo ya no podía más con la curiosidad. Ya no quería solo su voz. Quería su cara viéndome. Quería saber si cuando me decía que yo me miraba bonita, me lo decía de verdad o solo por hacerme sentir bien. Quería saber si su abrazo era tan calientito como sonaba su voz cuando me decía "ven, abrázame aunque sea por teléfono".

Fue en ese año y medio cuando él me empezó a pedir que me casara con él. Al principio me lo decía de broma, luego medio en serio, luego ya totalmente en serio. "Cásate conmigo, Yessica, para que seas mi esposa y me puedas venir a ver sin problemas". Yo le decía que no, que estaba loco, que cómo nos íbamos a casar si solo nos habíamos visto una vez en la vida, en persona, hacía mucho tiempo.

Pero la verdad es que mi "no" cada vez era más chiquito. Cada vez sonaba menos a "no" y más a "convénceme". Y él me convenció. No con regalos, no con promesas imposibles. Me convenció con su paciencia. Con ese amor terco, constante, que no se cansaba de esperarme.

Un día, después de una llamada muy larga donde los dos lloramos porque nos extrañábamos mucho, le dije que sí. Que sí me casaba con él. Que sí quería ser su esposa. Que sí quería llevar su apellido aunque fuera en un papel. Que sí quería ser la mujer que lo esperara afuera.

No sabes la alegría que le dio. Gritó. Gritó de verdad del otro lado del teléfono. Como un niño cuando le regalan algo que quería mucho. "¿De verdad, Yessica? ¿De verdad te vas a casar conmigo?" Y yo llorando le dije que sí, que de verdad.

Ese sí, ese segundo sí, fue el más importante de mi vida. Porque el primero se lo dije jugando, sin creer. Pero este segundo sí se lo dije creyendo, queriendo, amando.

Y a partir de ahí, todo cambió. Ya no éramos dos personas hablando por teléfono. Ya éramos dos esposos separados por una distancia que pronto, con papeles y con la ayuda de mi suegra, íbamos a intentar romper.

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monita
wauu que historia de amor más profundo ,más bonito ,espero que seas feliz ❤️
monita
😰
monita
perdón ,pero cuando tuvieron su visita de pareja ella dijo que era su primera vez 🤔 y ahora dice que ya es madre ???😱😱😱
monita
me pareció repetido 🤔
Carmen Ramos
triste pero ella fue feliz y siendo porque lo recuerda con amor
Carmen Ramos
q hermosa novela de verdad estoy aquí leyendo y llorando
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