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Sariel. Él Inicio De La Eternidad

Sariel. Él Inicio De La Eternidad

Status: En proceso
Genre:Amor eterno / Reencarnación / Mundo de fantasía
Popularitas:56
Nilai: 5
nombre de autor: victoria illescas

Sariel portador del séptimo rayo, es elegido por el dios del amor para ser su guardián en la tierra humana, mientras trata de ser el observador cósmico del creador , conocerá la fragilidad de su esencia al conocer el sentimiento que solo los mortales estaban condenados a sentir , él amor , acompaña al guerrero de amatista a encontrar su verdadera misión entre él cielo, la tierra y el infierno en ese extensa línea de la Eternidad

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capítulo 1: La era de la luz pura.

SARIEL. Ciudad de plata, Los jardines de cristal

Capítulo 1. La era de la luz pura.

En el principio, antes de que el tiempo se midiera en días, y antes de la existencia humana, en los confines del universo un Dios de amor , con sabiduría y mucha paciencia, creó a sus primeros hijos, los ángeles, una raza celestial de guerreros fieles.

Durante un tiempo solo fueron ellos junto a el , después todo cambió, pues este majestuoso Dios creó una tierra nueva, un hogar para una nueva raza , esa nueva creación pequeña y frágil tenía un propósito, que con el paso de los eones sería fundamental para él , y así él puso toda su fe en esas dos razas, indispensables para algún día coronarse por la eternidad por sobre todo.

En aquel tiempo de luz , antes de que las grietas de la traición y el deber dividieran sus corazones, los arcángeles , príncipes celestiales , y los ángeles menores convivían en paz , los Jardines de cristal eran el escenario de una armonía que parecía eterna, en aquel entonces, la convivencia entre los arcángeles y ángeles no era una fuente de tensión, sino un reflejo de la perfección de su creador.

En los tiempos de paz, en la Ciudad de Plata, los Jardines de cristal no eran solo un refugio, sino que eran el centro de la actividad celestial. Cada uno de los príncipes celestiales tenía un rincón , en donde su esencia se manifestaba en su máxima expresión. Cada príncipe y princesa celestial tenían una labor

A Gabriel se le encontraba a menudo en la torre de los ecos. Su labor era transcribir los susurros del Creador en partituras de luz. Con su trompeta de plata a un lado, Gabriel dirigía las brisas del jardín para que cada flor de cuarzo emitiera una nota perfecta, manteniendo la vibración del cielo en sintonía

Rafael habitaba el valle de las aguas vivas. Allí, cultivaba plantas hechas de rocío y esmeralda. Su dedicación era la sanación, probaba bálsamos en las alas de los ángeles menores y se aseguraba de que la vida en el jardín fluyera sin marchitarse.

Uriel la primer princesa celeste, era la arquitecta de la armonía y de la sabiduría. Era ella la bibliotecaria de la luz, la que acumulaba los informes de los demás príncipes celestes, siempre estaba rodeada de pergaminos que brillaban con el fuego del conocimiento, asegurándose de que el orden lógico del cosmos se mantuviera intacto.

Miguel incluso en paz, era el centinela. Se dedicaba a entrenar a las huestes en las explanadas de mármol que bordeaban el jardín. Para él, la convivencia era una cuestión de estructura y lealtad, observaba a sus hermanos con un orgullo severo, siempre listo para desenvainar su espada de fuego si la paz se veía amenazada.

Sariel, un ángel dedicado a la observación de las leyes cósmicas y el orden eterno, siempre se encontraba en el observatorio de Marfil, un lugar donde las estrellas parecen estar al alcance de la mano. Siempre estaba allí, rígido, con la mirada perdida en el mapa de las constelaciones

Zadquiel el hermano gemelo de Sariel , Se dedicaba a la afinación de los cristales y la custodia de las fuentes de luz líquida. Su labor era mantener el equilibrio emocional y sonoro de los jardines, asegurando que la paz fluyera sin distorsiones , y con el paso del tiempo el creador lo eligió para la interpretación de las profecías , Sariel y él eran los portadores del séptimo rayo

Samuel realizaba su delicada tarea , cuidar las rosas de cristal, las cuales crecían con el amor y la compasión de los mortales, cuando alguien amaba o perdonaba, su rosa florecía despidiendo aroma a canela y mirra, si se rompía, un lazo sagrado se perdía en el universo. Cuando no estaba en el plano mortal, se le encontraba cerca de la Fuente de las Lágrimas Claras

Jofiel, se encontraba al norte del jardín, entre sauces de filamento de plata, ahí se alzaba la morada de la segunda princesa celestial. Su labor consistía en limpiar el polvo de la ignorancia de los Espejos de la Iluminación suspendidos en el aire. Al hacerlos girar, atrapaba la Luz Primordial y la descomponía en ideas, arte y descubrimientos que enviaba a los buscadores de la verdad, disipando la confusión con ráfagas de claridad. Ella junto con Samuel eran enviados a la tierra mortal con más frecuencia que sus otros hermanos

Luzbel era, irónicamente, el más brillante de todos. Se dedicaba a la Arquitectura de la Belleza. Su labor era embellecer los jardines con estructuras de luz sólida que desafiaban la gravedad.

Cada que algún ángel menor destacaba, era colocado al lado de ellos , para que alcanzarán una cultivación más elevada, entre los cuales destacaba Alanis.

Ella era una joven ángel que custodiaba el flujo del tiempo, en el reloj de arena estelar, ese reloj contenía la arena de los siglos .

La tarea de Alanis era asegurarse de que el tiempo fluyera a un ritmo constante, evitando que los momentos de dolor se estancaran o que las épocas de paz pasaran demasiado rápido.

Esta labor la convertía en una figura etérea, alguien que, aunque rodeada de belleza y protección, siempre parecía estar mirando hacia un horizonte que nadie más podía alcanzar.

En ese entonces era común verlos a todos reunidos bajo el árbol de la vida, Gabriel tocaba una melodía suave, Uriel compartía algún nuevo descubrimiento sobre los mundos inferiores, y Luzbel bromeaba con Miguel sobre su incapacidad para relajarse.

La convivencia era un tapiz de personalidades opuestas. Mientras Miguel dictaba el orden y Gabriel la música, los gemelos aportaban el alma

Sariel y Zadquiel, eran los puentes. Sariel solía caminar junto a Alanis por los senderos de amatista, explicándole los misterios de las estrellas que él custodiaba en el vacío. Zadquiel, por su parte, traía la risa y la benevolencia, mediando cuando el temperamento orgulloso de Luzbel chocaba con la rigidez de Miguel.

Alanis era la pupila de los príncipes y princesas , pero especialmente era el centro de atención de los gemelos.

En aquellos días, Alanis pasaba horas con Sariel aprendiendo sobre la profundidad de las almas

Rafael le enseñaba los secretos de las flores curativas, Luzbel creaba auroras boreales solo para ver el asombro en los ojos de Alanis, mientras que Sariel en silencio, movía las constelaciones para que ella nunca tuviera miedo de la oscuridad.

Eran una familia de dioses y luz, donde el “yo” no existía, solo el “nosotros”… antes de que el deseo y la misión de Sariel lo cambiaran todo... Continuará

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