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HASTA QUE EL ORGULLO SE ROMPA. (HISTORIA JOSE Y ESTELA "UN DESEO QUE CAMBIO MI VIDA""

HASTA QUE EL ORGULLO SE ROMPA. (HISTORIA JOSE Y ESTELA "UN DESEO QUE CAMBIO MI VIDA""

Status: Terminada
Genre:Amor-odio / Atracción entre enemigos / Amor de la infancia / Romance / Completas
Popularitas:6.9k
Nilai: 5
nombre de autor: SIKEVALEN

Estela y José se conocen desde la infancia, marcados por una diferencia de edad que parecía un abismo y una eterna relación de perro y gato. Detrás de cada burla y de cada cita saboteada, se escondía un amor tan profundo como doloroso. Al crecer, el orgullo, las malas decisiones y terceras personas los distanciaron, empujando a José a forjar una falsa reputación de hombre frío y mujeriego para proteger su dignidad herida.
Años después, convertidos en dos exitosos profesionales, el destino los obliga a unirse de nuevo. Laura, hermana de José y mejor amiga de Estela, se convierte en el lazo inquebrantable que derriba sus muros. Un inesperado viaje de negocios a la costa y la estrechez de un apartamento compartido encenderán la mecha de una pasión contenida durante una década. ¿Podrán sanar los fantasmas del pasado y admitir que sus corazones siempre se pertenecieron, o el orgullo familiar ganará la última batalla?

NovelToon tiene autorización de SIKEVALEN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPITULO 22. EL FILO DE LOS COMENTARIOS.

Parte 1: La perspectiva de José

El tintineo de los cubiertos contra la porcelana se me clavaba en los oídos como un ruido molesto. Toda mi vida me había jactado de dominar las reuniones más complejas con proveedores y competidores, pero estar sentado aquí, en la mesa de mi propia infancia, me hacía sentir acorralado. Estela comía con una tranquilidad exasperante, moviendo las manos con esa elegancia que parecía haber adquirido en los juzgados de la capital, mientras yo me limitaba a destrozar mi trozo de carne sin probar bocado.

Mi madre se encargó de avivar el fuego sin ser consciente de la mina que estaba pisando.

—Por cierto, José —soltó, dejando la fuente en el centro—. El otro día me crucé con la hija de los Martínez y me dijo que te vio en aquel restaurante tan caro del centro el sábado por la noche. Me comentó que ibas muy bien acompañado por una chica altísima, de melena oscura. A ver cuándo asientas la cabeza, hijo, que cambias más de pareja que de camisa y ya tienes una edad para ir pensando en algo más serio que esos romances de revista.

Sentí que el calor me subía por las entrañas, tiñéndome el cuello de un rojo furioso. La farsa de mi reputación de mujeriego picaflor, esa mentira ridícula que me había construido para salvar el orgullo herido, se me estaba volviendo en contra de la manera más humillante posible. Busqué de reojo la reacción de Estela, esperando ver aunque fuera un atisbo de molestia o una mueca de desprecio en sus labios, pero el golpe fue gélido. Ella ni se inmutó. Le dio un sorbo pausado a su copa de agua, manteniendo esa sonrisa de cortesía perfecta que borraba mi existencia del mapa.

—Déjalo, mamá —intervino Laura de golpe, dejando caer el tenedor sobre el plato con una sonrisa maliciosa que me puso los pelos de punta—. Mi hermano es un soltero de oro incorregible. Le encanta que en el pueblo piensen que es un conquistador inalcanzable. Lo que yo no entiendo es cómo le da el tiempo para tantas citas los fines de semana y luego pasa la semana entera encerrado solo en su oficina. Es un misterio digno de estudio, ¿verdad, Estela? Tú que eres experta en analizar perfiles psicológicos en el bufete, ¿qué opinas de los hombres que necesitan presumir de tantas mujeres para sentirse seguros?

La provocación de mi hermana fue directa a la yugular. Apreté los puños debajo de la mesa, conteniendo las ganas de levantarme y mandarla a callar. Laura estaba metiendo cizaña de la forma más descarada posible, obligándonos a romper el hielo artificial que nos separaba. Miré fijamente a Estela, exigiéndole con los ojos una respuesta, harto de su indiferencia ensayada. Quería que me atacara, que me gritara, que me lanzara una de sus pullas de siempre. Necesitaba cualquier cosa antes que seguir soportando ese vacío sordo que nos estaba matando a los dos en mitad de la cena familiar.

Parte 2: La perspectiva de Estela

La comida se me atascó en la garganta cuando la madre de Laura mencionó la última cita de José en el restaurante de la capital. Tuve que hacer un esfuerzo sobrehumano, apretando los dientes detrás de los labios, para mantener la fachada de total indiferencia que me había propuesto sostener durante toda la noche. Me dolía. Me quemaba por dentro escuchar que seguía siendo el mismo picaflor egoísta de siempre, encadenando romances vacíos con mujeres despampanantes mientras yo me deslomaba levantando las bases de Compradona para no volver a llorar por sus desprecios.

Pero cuando Laura soltó su comentario cargado de veneno y complicidad, mirándome de reojo con esa chispa de pura travesura en los ojos, comprendí que mi amiga no iba a dejarnos salir ilesos de esta cena. Estaba metiendo cizaña sin ningún tipo de filtro, empujándome al borde del precipicio para obligarme a hablarle directamente a su hermano después de tantos años de silencio.

José me estaba clavando una mirada oscura, intensa, casi desesperada, con la mandíbula tan apretada que se le marcaba la línea del hueso. Quería que entrara al trapo. Deseaba con el alma que le respondiera para recuperar el control de nuestro terreno conocido de perro y gato. Así que decidí darle exactamente lo que buscaba, pero con las reglas de la mujer madura que era ahora.

—No creo que sea una cuestión de seguridad, Laura —respondí con una voz clara, suave y perfectamente modulada, sosteniéndole la mirada a José por primera vez en toda la noche sin pestañear—. Hay hombres que simplemente maduran más tarde que otros. Se quedan atrapados en esa fase juvenil donde necesitan coleccionar apariencias para convencer al mundo de que tienen éxito, cuando en realidad sus vidas personales están completamente vacías. Es una lástima, pero cada uno elige sus prioridades. A algunos nos apasiona levantar empresas reales como Compradona y a otros les basta con salir en los rumores del pueblo.

Noté cómo el aire en el comedor se volvía denso, casi irrespirable. Mis palabras habían sido una estocada directa a su orgullo de CEO y a su falsa reputación de donjuán cansado. José se inclinó hacia delante en la silla, apoyando los antebrazos en la mesa, con los ojos echando chispas de pura frustración y rabia contenida. Sus padres miraron la escena confundidos, intuyendo que debajo de esa conversación empresarial y legal se estaba librando una guerra psicológica que venía de muy atrás. Le sostuve el pulso con firmeza, cruzándome de brazos, sintiendo un subidón de adrenalina que me recorrió el cuerpo entero. El muro del aislamiento se había agrietado por fin. Ya no éramos dos extraños educados; el fuego de nuestra eterna rivalidad volvía a estar encendido sobre el mantel, y esta vez no tenía ninguna intención de ser yo quien diera el primer paso atrás.

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alejandra martinez añez
me gusta ésta novela, sale fuera de lo común, aunque el comportamiento de él es muy infantil! tiene 35 años y sale corriendo! 🤣
alejandra martinez añez
me gusta ésta novela, sale fuera de lo común, aunque el comportamiento de él es muy infantil! tiene 35 años y sale corriendo! 🤣
Ruby Baquero de Sánchez
Pero no tuvieron sino una hija de tres años, después de tanto tiempo de matrimonio? Y dónde están los padres de Estela? Se crió sola?
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