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Asado, Mate Y Destino

Asado, Mate Y Destino

Status: En proceso
Genre:Omegaverse / Romance / Yaoi
Popularitas:2.7k
Nilai: 5
nombre de autor: nuestros sueños

Valentín Bianchi, un omega porteño de veinticinco años, está acostumbrado al ritmo frenético de Buenos Aires. Su vida gira entre cafeterías, subtes, reuniones y el ruido constante de la ciudad.
Todo cambia cuando hereda una antigua estancia en plena pampa bonaerense. Su único objetivo es venderla cuanto antes, volver a la Capital y olvidarse del barro, las vacas y los caminos de tierra.
Pero la estancia no está vacía.
Tomás Ferreyra, un alfa gaucho nacido y criado allí, administra el lugar desde hace años. Es serio, orgulloso, amante de los caballos y defensor de las tradiciones. Para él, esa estancia no es un negocio: es su hogar.
Desde el primer encuentro, ninguno soporta al otro.
—¿Vos sos el nuevo dueño? Mirá vos... pensé que mandaban a alguien que supiera ensuciarse las botas.
—Y yo pensé que los gauchos eran más educados.
Entre mates compartidos a regañadientes, asados con los peones, cabalgatas interminables y noches bajo un cielo lleno de estrellas, ambos descubrirán que hay se

NovelToon tiene autorización de nuestros sueños para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 23: Bajo el mismo cielo

El verano se instaló por completo en La Esperanza.

Las mañanas comenzaban con el canto de los teros y el aroma del mate recién cebado. Antes de que saliera el sol, Tomás ya estaba en el corral revisando a los caballos, mientras Valentín recorría los potreros con una libreta donde anotaba las tareas del día.

—Buen día, patrón —saludó Nico con una sonrisa pícara.

Valentín levantó una ceja.

—Ya te dije que no me digas así.

—Bueno... entonces, buen día, porteño.

—Eso es peor.

Tomás soltó una carcajada mientras acomodaba una montura.

—Dejalo, no va a cambiar nunca.

—Ya me di cuenta.

Pampa apareció corriendo entre los tres con una rama enorme en la boca.

—¿Y este qué encontró ahora? —preguntó Valentín.

El cachorro dejó la rama a sus pies y movió la cola orgulloso.

—Creo que quiere que juegues —dijo Tomás.

—¿A esta hora?

Pampa ladró una vez.

—Bueno... ya entendí.

Los tres terminaron riendo mientras el perro corría feliz por todo el patio.

Ese mediodía llegó una camioneta del correo.

El cartero bajó con un sobre grande.

—¿Valentín Bianchi?

—Sí, soy yo.

—Traigo una carta certificada.

Valentín firmó el recibo y abrió el sobre allí mismo.

Era una invitación del Ministerio de Turismo de la provincia.

—¿Qué dice? —preguntó Marta, curiosa.

Valentín comenzó a leer.

—Invitan a La Esperanza a formar parte del circuito oficial de turismo rural de la provincia.

Todos quedaron en silencio.

—¿Eso es bueno? —preguntó Don Ramón.

Tomás sonrió.

—Es excelente.

Va a venir mucha más gente a conocer la estancia.

Nico levantó los brazos.

—¡Vamos!

Marta abrazó a Valentín.

—¡Qué orgullo!

El omega sonrió emocionado.

—Esto también es gracias a ustedes.

—No —respondió Don Ramón—. Es gracias a que trabajamos todos juntos.

Por la tarde, Valentín y Tomás salieron a caballo para recorrer los límites del campo.

El viento movía los pastizales como si fueran olas verdes.

—Cada vez montás mejor —comentó Tomás.

—No me caigo hace casi un mes.

—Eso merece un premio.

Valentín rio.

—No exageres.

Llegaron hasta una pequeña laguna donde solían descansar los animales.

Bajaron de los caballos y se sentaron bajo la sombra de un sauce.

El lugar era tranquilo.

Solo se escuchaban los pájaros y el suave movimiento del agua.

Tomás tomó la mano de Valentín.

—¿En qué pensás?

El omega sonrió.

—En que fui muy cabezota.

—¿Por qué?

—Porque cuando llegué estaba convencido de que mi felicidad estaba en Buenos Aires.

Miró el paisaje frente a él.

—Y resulta que estaba acá.

Tomás apoyó la cabeza sobre su hombro.

—Capaz el destino sabía más que nosotros.

Valentín rio.

—Capaz.

Al regresar a la estancia encontraron a Marta organizando una gran mesa en el patio.

—¿Qué pasa?

—Hoy vienen los vecinos.

—¿Otra vez hay festejo?

—No hace falta una fecha especial para compartir un asado.

Nico apareció con una guitarra.

—Y esta noche hay música.

Don Ramón levantó el mate.

—Así tiene que ser.

Cuando cayó el sol, el patio volvió a llenarse de risas.

Los vecinos llegaron con empanadas, ensaladas y postres caseros.

Las brasas iluminaban los rostros de todos.

Después de cenar, Nico comenzó a tocar una chacarera en la guitarra.

Algunos se pusieron a bailar.

Tomás miró a Valentín.

—¿Te animás?

El omega sonrió.

—Esta vez no necesito clases.

Tomó su mano.

Y, bajo las luces colgadas del viejo ombú, comenzaron a bailar entre las risas y los aplausos de todos los presentes.

Marta observó la escena con los ojos brillantes.

—Mirá, Ramón...

Don Ramón sonrió mientras cebaba otro mate.

—Sí...

La Esperanza volvió a estar llena de vida.

Y, mientras el cielo argentino se cubría de estrellas, Valentín comprendió que ya no era un porteño de visita.

Ahora era parte de aquella tierra.

Parte de aquella familia.

Y, sobre todo, parte del corazón de un gaucho con quien estaba dispuesto a compartir toda una vida.

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Amparo Carvajal
historia diferente que relata la libertad de poder amar, sin señalamientos, además muestra el amor tierno de la pareja de amantes.
Pollo
Okeeeeeey, recién empiezo a leer pero ya quedé enganchada, me encanta 😁
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