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La Heredera De Espinas Y El Duque Monstruo

La Heredera De Espinas Y El Duque Monstruo

Status: Terminada
Genre:Época / Traiciones y engaños / Villana / Completas
Popularitas:5k
Nilai: 5
nombre de autor: Selene Asteria

Una joven condenada como villana renace antes de su muerte y, al descubrir el legado oculto de las Espinas, deberá aliarse con el temido Duque Raven para enfrentar una antigua conspiración que amenaza al Imperio.

NovelToon tiene autorización de Selene Asteria para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 22. La Herida del Cuervo

La batalla terminó antes del amanecer.

 Blackstone seguía en pie.

 Las murallas no habían cedido.

 Las puertas no habían sido abiertas.

 La Orden del Sol Escarlata había sido expulsada de la fortaleza, dejando tras de sí cuerpos, sangre sobre la nieve y un silencio demasiado pesado para llamarlo victoria.

 Desde una de las torres, las primeras luces del día comenzaron a teñir las montañas de gris.

 Aria observó el patio inferior.

 Los soldados retiraban escombros.

 Los heridos eran llevados a la enfermería.

 Los capitanes daban informes en voz baja.

 Nadie celebraba.

 No todavía.

 Porque todos sabían que la Orden no había atacado Blackstone para ganar aquella noche.

 Había atacado para probar algo.

 Y lo había conseguido.

 El segundo fragmento había despertado.

Kael Raven permanecía en la cripta.

 Había ordenado a sus hombres retirarse después de asegurar los accesos inferiores, pero él no se movió del lugar donde la Espada del Juramento había estado sellada durante generaciones.

 Aria lo encontró de pie frente al pedestal vacío.

 La espada negra descansaba en su mano.

 No parecía pesada.

 No físicamente.

 Pero Aria comprendió que su verdadero peso no estaba en el acero.

 Estaba en la historia.

 En la familia perdida.

 En los secretos que su padre no alcanzó a contarle.

 En el niño que sobrevivió al fuego sin saber por qué lo habían dejado vivir.

 —Debería estar con sus soldados —dijo ella desde la entrada.

 Kael no se volvió.

 —Mis soldados saben qué hacer.

 —Eso no significa que no necesiten verlo.

 —Ya me vieron.

Aria avanzó unos pasos.

 La cripta estaba más fría que antes. Quizá porque la batalla había apagado parte del calor de las antorchas. Quizá porque la Espada del Juramento había despertado algo que no pertenecía del todo al mundo de los vivos.

 —Entonces debería descansar.

 Kael soltó una exhalación breve.

 —¿Siempre das órdenes en fortalezas ajenas?

 —Solo cuando el dueño de la fortaleza parece decidido a caer de pie por puro orgullo.

 Esta vez él la miró.

 Sus ojos grises tenían sombras bajo la mirada.

 Cansancio.

Rabia.

Y algo más difícil de nombrar.

—No voy a caer.

—Eso dicen todos antes de hacerlo.

Durante un instante, el silencio entre ellos se tensó.

Luego Kael apartó la vista.

No porque aceptara la derrota.

Sino porque aquella frase había tocado algo demasiado profundo.

Aria se acercó al pedestal.

 En la piedra permanecía la marca donde la espada había estado clavada durante años, quizá décadas. Alrededor, los símbolos de cuervos y espinas aún conservaban un débil resplandor.

 —¿Qué siente? —preguntó ella.

 Kael bajó la mirada hacia la espada.

 —No lo sé.

La respuesta fue honesta.

Demasiado honesta para un hombre como él.

 Aria esperó.

 Kael continuó, con voz más baja:

 —Toda mi vida creí que Blackstone era lo único que quedaba de mi familia. Sus muros. Sus soldados. Su nombre.

Sus dedos se cerraron alrededor de la empuñadura.

—Ahora descubro que también heredé una guerra que nadie me explicó.

 Aria sintió una punzada de comprensión.

—Sí.

Kael la miró.

—No pareces sorprendida.

—Porque sé lo que es despertar dentro de una vida llena de respuestas que nadie quiso darte.

Él la observó con atención.

Esa atención silenciosa que parecía atravesar máscaras.

—A veces hablas como si escondieras más años de los que tienes.

Aria sostuvo su mirada.

El recuerdo de la hoguera pasó entre ambos, invisible pero ardiente.

—Y usted habla como si hubiera dejado parte de sí mismo en una casa en llamas.

Kael no respondió.

No necesitaba hacerlo.

Pasaron varios segundos antes de que él hablara.

—Aldric dice que mi padre intentó protegerme.

—Tal vez lo hizo.

—Eso no cambia que me dejó sin respuestas.

—No.

Aria no intentó suavizar la verdad.

—Pero quizá significa que no murió por ocultártelas. Quizá murió intentando darte tiempo para vivir lo suficiente y descubrirlas.

Kael miró el pedestal vacío.

Por primera vez, la dureza de su rostro pareció resquebrajarse de una forma casi imperceptible.

—Odio esa posibilidad.

—¿Por qué?

—Porque es más fácil estar furioso con los muertos que perdonarlos.

Aria no supo qué responder.

Porque era verdad.

Ella también había cargado rabia contra personas que ya no podían responderle. Contra quienes la habían usado. Contra quienes la habían traicionado. Contra quienes habían callado mientras la llevaban a la hoguera.

La rabia era simple.

El dolor no.

Un sonido de pasos interrumpió la conversación.

Aldric apareció en la entrada de la cripta.

Tenía una venda reciente en el brazo y el rostro más cansado de lo que intentaba aparentar.

Kael se tensó de inmediato.

La tregua silenciosa que había nacido durante la batalla volvió a llenarse de grietas.

—Duque Raven —dijo Aldric.

Kael no respondió.

Aria sintió que aquella conversación era inevitable.

Y necesaria.

—Encontré algo entre los documentos de la cripta —continuó Aldric.

Avanzó hasta la mesa de piedra y colocó sobre ella un pequeño estuche de cuero ennegrecido.

Kael lo reconoció.

Aria lo notó en la forma en que su mano se cerró sobre la espada.

—Eso pertenecía a mi padre.

—Sí.

—¿Dónde estaba?

—Oculto detrás del pedestal.

Kael dejó la Espada del Juramento sobre la mesa con cuidado.

Luego abrió el estuche.

Dentro había una carta.

El papel estaba viejo, pero protegido por algún tipo de sello. La escritura seguía siendo clara.

Aldric bajó la mirada.

—No la leí.

Kael lo observó.

—¿Por qué no?

—Porque no era para mí.

La respuesta pareció sorprenderlo.

No mucho.

Pero lo suficiente.

Kael tomó la carta.

Durante un instante, Aria pensó que la guardaría sin abrirla.

Pero no lo hizo.

Rompió el sello.

Y comenzó a leer.

Nadie habló.

La cripta parecía esperar con ellos.

La expresión de Kael no cambió al principio.

Luego sus dedos tensaron el papel.

 Aria vio cómo su mandíbula se endurecía.

Cómo sus ojos se oscurecían.

Cómo una herida antigua volvía a abrirse con cada línea.

Finalmente, Kael leyó en voz baja:

—Si esta carta llega a tus manos, significa que fracasé en protegerte de la verdad.”

 Aldric cerró los ojos.

 Kael continuó.

—La Casa Raven no nació para conquistar el norte. Nació para proteger la espada. La espada no es poder, hijo mío. Es juramento.”

Su voz se volvió más baja.

—“Si algún día la sangre de las Espinas regresa, deberás decidir si sigues escondido entre las cenizas o si tomas el lugar que nuestra familia juró ocupar.”

 El silencio fue absoluto.

 Aria sintió que el fragmento bajo su capa emitía un leve calor.

 Kael siguió leyendo.

—No confié en ti porque fueras fuerte. Confié en ti porque incluso de niño intentabas proteger a quienes estaban detrás de ti.

La carta tembló apenas en sus manos.

Apenas.

Pero tembló.

—Perdóname por dejarte solo. Si pudiera elegir, habría vivido para explicártelo. Pero si morí, entonces solo puedo pedirte esto: vive. No como arma. No como monstruo. Vive como Raven.

 Kael dejó de leer.

La cripta quedó tan quieta que Aria pudo escuchar su propia respiración.

 Aldric habló primero.

 —Tu padre sabía que vendrían.

 Kael no levantó la mirada.

—Y aun así me dejó escondido.

—Te salvó.

—Me abandonó.

 Aldric aceptó el golpe sin defenderse.

—Quizá ambas cosas son ciertas.

 Kael alzó los ojos hacia él.

La furia estaba allí.

Pero ya no era la única emoción.

—¿Tú sabías esto?

—No.

—¿Sabías lo de la espada?

—Solo como leyenda.

—¿Sabías que mi padre esperaba a una heredera de los Espina Negra?

Aldric negó.

—No.

Kael guardó silencio.

Luego dobló la carta con cuidado.

Demasiado cuidado.

Como si el papel fuera lo último que quedaba de una voz que había esperado años para alcanzarlo.

—Llegaste tarde —dijo.

 Aldric bajó la cabeza.

—Sí.

—No pudiste salvarlos.

—No.

—No pudiste salvarme de crecer sin respuestas.

Aldric apretó la mandíbula.

—No.

Kael lo miró durante un largo momento.

Después dijo:

—Pero estás aquí ahora.

Aldric levantó la vista.

 Aria sintió que algo cambiaba.

No era perdón.

No todavía.

Pero quizá era el comienzo de algo menos cruel que la culpa.

 Aldric asintió lentamente.

—Sí.

—Entonces no vuelvas a llegar tarde.

La voz de Kael fue dura.

Pero ya no era rechazo.

Era una orden.

Y, bajo ella, una aceptación.

Aldric inclinó la cabeza.

—No lo haré.

 Más tarde, cuando Aldric se marchó para revisar a los prisioneros capturados, Aria permaneció en la cripta con Kael.

La carta descansaba sobre la mesa.

La Espada del Juramento, a su lado.

Los dos fragmentos brillaban con una luz tenue.

Tres reliquias.

Tres heridas.

Tres caminos destinados a unirse.

—Su padre lo amaba —dijo Aria.

Kael no respondió enseguida.

—Eso no lo hace menos doloroso.

—No.

—Pero lo vuelve peor.

Ella lo miró.

Él soltó una risa baja, sin alegría.

—Es más fácil odiar a alguien cuando crees que no te amaba.

 Aria comprendió demasiado bien.

Pensó en su familia de la primera vida.

En quienes la habían utilizado con sonrisas amables.

En quienes quizá alguna vez la quisieron, pero no lo suficiente para salvarla.

—Sí —dijo—. Lo es.

Kael la observó.

—¿Quién te hizo tanto daño?

La pregunta fue suave.

Eso la hizo más peligrosa.

Aria sintió que la verdad se acercaba a sus labios.

La hoguera.

La condena.

La muerte.

La segunda oportunidad.

Pero aún no podía decirlo.

No porque desconfiara totalmente de Kael.

Si no, porque pronunciarlo lo haría real de una forma distinta.

—Muchas personas —respondió.

Kael no insistió.

Aquello la sorprendió.

Y la alivió.

—Cuando quieras decirlo —dijo él—, escucharé.

Aria sintió que algo cálido se movía en su pecho.

No gratitud exactamente.

Algo más frágil.

Más peligroso.

—Eso suena casi amable.

—No te acostumbres.

Ella sonrió.

Y, por primera vez desde que lo conoció, Kael no apartó la mirada de esa sonrisa.

Al mediodía, Blackstone ya estaba bajo control.

Los accesos inferiores fueron sellados nuevamente, esta vez con guardias apostados en cada entrada. Los cuerpos de los infiltrados fueron retirados y los prisioneros encerrados en celdas separadas.

Liam pasó horas examinando los objetos recuperados.

Monedas extranjeras.

Cuchillos con compartimentos ocultos.

Mensajes codificados.

Un pequeño mapa incompleto de las rutas bajo Blackstone.

Finalmente, llegó a la sala de estrategia con los ojos brillantes de cansancio y satisfacción.

—Tengo noticias buenas y noticias terribles.

Aldric suspiró.

—Empieza por las buenas.

—Sobrevivimos.

 Kael lo miró.

—¿Esa es la buena?

—Considerando nuestra noche, sí.

Aria ocultó una sonrisa.

—¿Y la terrible?

Liam extendió un papel sobre la mesa.

—La Orden ya sabía que había algo bajo Blackstone. Pero no sabía exactamente dónde. Eso significa que alguien fuera de aquí les dio información incompleta.

 Kael observó el mapa.

—¿Un espía?

—O documentos robados hace años —dijo Liam—. Todavía no puedo saberlo.

Aldric examinó las marcas.

—¿Y esto?

Liam señaló una línea al oeste.

—Ahí está lo más importante.

Aria se inclinó.

El símbolo marcado era un círculo atravesado por una estrella.

El mismo de la visión.

—La tercera casa —murmuró.

 Kael levantó la vista.

—¿Qué tercera casa?

Aldric respondió:

—Los murales del camino ancestral mostraban tres guardianes. Espina Negra, Raven y una tercera familia borrada de los registros.

Liam tocó el símbolo.

—La Orden también la está buscando.

 Aria sintió el peso de los fragmentos.

—El tercer fragmento está relacionado con ellos.

 Kael miró el mapa.

—Y con el Lago Espejo.

 El nombre llenó la sala con una incomodidad inmediata.

 Kael señaló una región al oeste de las montañas.

—Está a varios días de viaje. Terreno difícil. Niebla constante. Ruinas antiguas alrededor del lago.

—¿Por qué nadie va allí? —preguntó Aria.

Liam levantó la mano.

—Déjame adivinar. Maldición.

 Kael no sonrió.

—Los que entran en la niebla no siempre regresan.

—Eso cuenta como maldición.

 Aldric observó el mapa.

—También es el lugar perfecto para ocultar algo que debe permanecer fuera del alcance de la Orden.

Aria recordó la voz de la visión.

La verdad duerme donde el agua refleja lo que el mundo olvidó.

—Debemos ir.

Kael asintió.

—Partiremos al amanecer.

Liam abrió la boca.

Kael lo miró.

—¿Alguna objeción?

—Muchas.

—¿Alguna útil?

Liam cerró la boca.

—No.

—Entonces al amanecer.

Aria casi sonrió.

 Kael y Aldric quizá tenían una herida entre ellos.

 Pero Kael y Liam, sospechaba, iban a convertirse en una batalla completamente diferente.

 Esa noche, Aria volvió a las murallas.

 No le sorprendió encontrar a Kael allí.

 La nieve había dejado de caer, pero el frío era intenso. Desde la altura, Blackstone parecía más tranquila. Las luces de las antorchas brillaban como pequeñas estrellas sobre la piedra oscura.

 Kael estaba de pie junto al muro, con la carta de su padre en una mano.

—¿Sigue sin poder dormir? —preguntó Aria.

—Podría preguntarte lo mismo.

—Yo pregunté primero.

Él guardó la carta.

Aria se apoyó en la muralla.

—Yo tampoco.

Durante unos minutos permanecieron en silencio.

No era un silencio incómodo.

Era un silencio construido con cosas que ninguno sabía decir todavía.

Finalmente, Kael habló.

—Cuando era niño, mi madre me dijo que viviera.

Aria lo miró.

—¿La noche del ataque?

Él asintió.

—Durante años pensé que vivir significaba no morir. Ganar batallas. Proteger fronteras. Mantener Blackstone en pie.

Su mirada se perdió entre las montañas.

—Ahora no estoy seguro.

Aria sintió que la frase le tocaba algo profundo.

—Tal vez vivir también significa permitir que algo entre.

Kael giró hacia ella.

—¿Algo?

Aria sostuvo su mirada.

—Personas. Verdades. Dolor. Futuro.

Él la observó durante mucho tiempo.

—Hablas como si intentaras convencerte a ti misma.

Ella sonrió con tristeza.

—Tal vez.

El viento movió algunos mechones de su cabello.

Kael extendió la mano.

No llegó a tocarla.

Solo apartó con cuidado un mechón que el viento había llevado cerca de su rostro.

El gesto fue breve. Casi nada.

Pero Aria lo sintió más que si hubiera sido una declaración.

Kael pareció darse cuenta al mismo tiempo.

Bajó la mano.

—Deberías descansar.

—Usted también.

—Aria.

Era la primera vez que pronunciaba su nombre sin distancia.

Sin título.

Sin sospecha.

Solo su nombre.

 Ella sintió que el corazón le latía un poco más rápido.

—Kael.

El silencio que siguió fue diferente.

Más íntimo.

Más peligroso que cualquier batalla.

Abajo, en alguna parte de la fortaleza, una puerta se cerró.

 La vida continuaba.

Los heridos dormían.

Los soldados vigilaban.

Aldric cargaba con culpas.

Liam descifraba secretos.

La Orden seguía moviéndose.

Y el Lago Espejo esperaba.

Pero en aquella muralla, bajo el cielo frío del norte, Aria comprendió algo que no había previsto.

El camino hacia el Trono de las Espinas no solo estaba revelando el pasado del Imperio.

También estaba cambiando su propio corazón.

 Y Kael Raven, el hombre al que todos llamaban monstruo, acababa de convertirse en alguien demasiado importante para perder.

1
Chel Garcia
muy bonita historia 👌🏽 felicidades
Selene: Gracias, que bueno que te haya gustado ☺️
total 1 replies
Jemima Cassares
Esperaba que fuera Liam
Jemima Cassares
Jajajajaja literal
Carlos contreras rojas
hermosa historia 👏
Quica Romero
Será, "están relacionadas con su muerte en el pasado y en su posible futuro".🧐🤔
Quica Romero
Ése no suena a apellido.🙄
Más bien parece apodo como: Roberto Gómez Bolaños "Chespirito",
Javier López "Chabelo", Yolanda Montes "Tongolele", Roberto Cobos "Calambres", Germán Valdés "Tin Tan", Gaspar Henaine "Capulina", Manuel "Loco" Valdez, Jorge "Burro" Vanrranqui, etc.🤷‍♀️🙎‍♀️
Selene: 🤣🤣🤣🤣😂😂😂😂😂😂
total 1 replies
Quica Romero
¿Pero cuáles dos vidas?.🧐🤷‍♀️
Si apenas estás viviendo la segunda "según".🤨 "🤷‍♀️"
A no ser que ya tuvieras vivido otra antes de la de la higuera. Y entonces está sería la tercera y ya tendría sentido la frase de " sus dos vidas". 🧐
Selene
🤭
Selene
gracias 🤭
lioness
me dejas con la intriga 😭...
lioness
me está gustando como va la historia 🤭
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