En las heladas tierras de Rusia nació un hombre destinado a conocer el verdadero significado del sufrimiento. Desde su infancia fue arrojado a un mundo de violencia, traición y muerte, donde cada día era una batalla por sobrevivir. Las cicatrices que cubrían su cuerpo eran solo una pequeña muestra de las heridas que consumían su alma. Después de perder todo aquello que alguna vez amó, se convirtió en una sombra de sí mismo: un guerrero despiadado que caminaba entre cadáveres y campos de batalla sin sentir miedo, compasión o esperanza. Para él, el mundo era un infierno interminable, y él mismo era uno de sus demonios. Sin embargo, cuando el destino parecía haber sellado su condena, una mujer apareció en su vida. A diferencia de los demás, ella no vio al monstruo que todos temían, sino al hombre roto que se ocultaba tras años de dolor. Con paciencia, valentía y una determinación inquebrantable, comenzó a derribar los muros que protegían su corazón.
NovelToon tiene autorización de Black_Dragon para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 22: El príncipe sin corona
Me llamo Maximo.
Y, según mi padre...
Nací para estar por encima de todos.
Desde que tengo memoria, nunca me faltó nada.
Si quería un caballo de madera, al día siguiente tenía tres.
Si quería un pastel, toda la cocina trabajaba solo para mí.
Si rompía un juguete, simplemente compraban otro.
Así era mi vida.
Y, sinceramente...
Pensaba que la de todos también debía ser igual.
---
Ahora tengo siete años.
Mi padre dice que ya soy un hombre.
Mi madre dice que todavía soy un niño.
Yo creo que ambos tienen razón.
Aunque, si soy sincero...
Me gusta más escuchar a mi padre.
Siempre dice que algún día dirigiré los negocios de la familia y que todos tendrán que obedecerme.
Suena divertido.
---
Hay un pueblo a unos cuantos kilómetros de nuestra mansión.
Mi padre suele llevarme algunas veces para que "aprenda cómo vive la gente común".
No entiendo muy bien qué debo aprender.
Solo veo personas trabajando todo el día.
Es aburrido.
Aunque hay una razón por la que siempre quiero volver.
Una chica.
No sé su nombre.
Solo sé que tiene el cabello castaño y siempre lleva un pequeño sombrero de paja cuando ayuda a vender frutas.
La primera vez que la vi pensé:
"Es bonita."
Así que fui directamente hacia ella.
—Hola.
Ella levantó la vista.
—Hola.
Sonreí con orgullo.
—Cuando sea mayor puedes vivir en mi mansión.
Ella parpadeó.
Después me respondió con una sonrisa muy amable.
—No, gracias.
Y siguió acomodando manzanas.
Me quedé confundido.
¿Cómo que "no, gracias"?
¿Quién rechazaría una mansión?
---
La siguiente semana regresé.
Esta vez llevaba una caja enorme llena de chocolates importados.
Los coloqué frente a ella.
—Son para ti.
La muchacha miró la caja.
Luego me miró a mí.
Y volvió a empujarla hacia mi lado.
—No los quiero.
—¿Por qué?
—Porque no.
—Pero son caros.
Ella se encogió de hombros.
—Qué bien por ellos.
Me fui completamente confundido.
No entendía nada.
---
Una semana después lo intenté otra vez.
Esta vez con un enorme ramo de flores.
—Ahora sí aceptarás.
Ella observó las flores.
Eran realmente bonitas.
Tomó una.
Sonrió.
Yo ya podía imaginar mi victoria.
Hasta que...
Me devolvió todo el ramo.
—Gracias...
—Pero no.
Otra vez.
Otra vez me rechazó.
---
Comencé a obsesionarme un poco.
¿Cómo era posible?
Todo el mundo aceptaba mis regalos.
Los sirvientes.
Los comerciantes.
Incluso otros niños.
Todos.
Menos ella.
---
—¿Qué estoy haciendo mal?
pregunté una tarde.
Mi padre soltó una carcajada.
—Nada.
—Simplemente todavía no entiende quién eres.
—¿Y qué hago?
Él sonrió con confianza.
—Insiste.
Las mujeres terminan cayendo tarde o temprano.
Aquella respuesta me convenció.
Mi padre siempre tenía razón.
¿Verdad?
---
Los siguientes meses seguí intentándolo.
Un peluche.
—No.
Un collar.
—No.
Una pulsera.
—No.
Una caja de dulces.
—No.
Un vestido.
Ella casi se molestó.
—¡Deja de traerme cosas!
Fruncí el ceño.
—¿Por qué?
—¡Porque no quiero!
—¿No te gusto?
Ella cruzó los brazos.
Me miró directamente a los ojos.
Y respondió sin pensarlo siquiera.
—No.
Silencio.
Después añadió otra frase.
—Y deja de seguirme.
Sentí algo extraño.
No era enojo.
Era...
Vergüenza.
Nunca antes alguien me había rechazado tantas veces.
---
Regresé a la mansión completamente desanimado.
Mi madre me encontró sentado en las escaleras.
—¿Qué ocurre?
Suspiré.
—Una chica me rechazó.
Ella sonrió con dulzura.
Se sentó a mi lado.
—Eso pasa.
—¿También le pasó a papá?
Mi madre dejó escapar una pequeña risa.
—Muchas veces.
Abrí mucho los ojos.
—¿En serio?
—Claro.
El amor no se consigue con dinero.
Ni con regalos.
Ni obligando a alguien.
Se consigue cuando dos personas sienten lo mismo.
Fruncí el ceño.
No entendía muy bien.
Mi padre siempre decía algo diferente.
Mi madre acarició mi cabeza.
—Todavía eres pequeño.
Algún día lo entenderás.
Miré el suelo.
Seguía sin comprender por qué aquella chica me rechazaba.
Pero, por alguna razón...
Sabía que volvería a intentarlo.
Después de todo...
Yo era Maximo.
Y nunca me habían enseñado a rendirme.