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Cautiva

Cautiva

Status: Terminada
Genre:Elección equivocada / Romance / Traiciones y engaños / Completas
Popularitas:2.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Lisi A. A

Amar es lindo, que te ame y elija vez tras vez la misma persona que amas, es inexplicable. Pero lamentablemente, en este mundo, hay demasiadas personas rotas, demasiadas personas tratando de curar sus heridas, demasiadas personas sin saber reconocer cuando son amadas y cuando solamente son un paso en la vida. Y muchas personas olvidan lo más importante, para amar a otros sin lastimar, primero debemos amarnos nosotros mismos

NovelToon tiene autorización de Lisi A. A para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 20 El precio de la verdad

El vehículo avanzaba sin prisa.

Demasiada calma para lo que acababa de ocurrir.

Ana Laura iba en el asiento trasero, rodeada por dos hombres. Ninguno hablaba. Ninguno la miraba directamente. Era como si su presencia fuera un asunto ya resuelto, algo que no necesitaba explicaciones.

Pero dentro de Ana no había calma.

Había incendio.

Sus manos estaban apretadas con tanta fuerza que le dolían los dedos. El cuerpo entero le temblaba, no solo por el miedo, sino por la rabia contenida.

Jared.

Ese nombre no dejaba de repetirse en su cabeza.

No como una idea.

Sino como una herida abierta.

—Está vivo —susurró.

Nadie respondió.

—¿A dónde lo llevan?

Silencio.

Ana giró la cabeza.

—¡Les estoy hablando!

El hombre a su derecha suspiró, molesto.

—No preguntes.

—¡Es mi vida!

El conductor soltó una risa breve.

—Ya no.

Aquellas palabras fueron más fuertes que un golpe.

Ana sintió que algo dentro de ella se quebraba otra vez.

Pero no lloró.

No todavía.

El paisaje cambió.

La carretera se volvió más amplia.

Más controlada.

Ya no era bosque.

Ya no era huida.

Era destino.

—Esto no es un simple traslado —murmuró Ana.

El hombre a su lado la miró por primera vez.

—Eres más inteligente de lo que nos dijeron.

Ana lo sostuvo con la mirada.

—¿Quién me quiere?

El hombre dudó.

Solo un segundo.

Pero fue suficiente.

—No es una sola persona.

Ana sintió un escalofrío.

—Eso ya lo sé.

El hombre desvió la mirada.

—Entonces sabes demasiado.

El vehículo siguió avanzando.

Cuando llegaron, Ana no entendió inmediatamente dónde estaba.

Era una propiedad enorme.

Demasiado limpia.

Demasiado silenciosa.

Una mansión moderna, rodeada de muros altos y vigilancia invisible.

No había letreros.

No había identificación.

Solo poder.

Ana bajó del vehículo empujada.

El aire era distinto aquí.

Frío.

Controlado.

Como si incluso el viento tuviera permiso para entrar.

—Camina —ordenó uno de los hombres.

Ana lo miró con desprecio.

—No soy su prisionera.

El hombre la miró sin emoción.

—Todavía no sabes lo que eres.

Aquello la hizo callar.

Pero no por obediencia.

Sino por curiosidad.

La llevaron por un pasillo largo.

Demasiado silencioso.

Cada paso resonaba como si el lugar estuviera vacío… aunque Ana sentía que era todo lo contrario.

La puerta final se abrió.

Y allí lo vio.

Ramiro Echeverría.

Sentado.

Tranquilo.

Como si la hubiera estado esperando toda su vida.

Ana se detuvo en seco.

El aire se le cortó.

—Tú…

Ramiro levantó la mirada.

—Finalmente.

Ana sintió la rabia subirle por la garganta.

—¿Dónde está Jared?

Ramiro sonrió apenas.

—Siempre empiezas por lo que te duele.

Ana avanzó un paso.

—No juegues conmigo.

El hombre se puso de pie lentamente.

—No estoy jugando.

Silencio.

—Está vivo —dijo Ramiro.

Ana sintió un alivio breve… seguido inmediatamente por terror.

—¿Qué le hiciste?

Ramiro la observó con calma.

—Lo que tenía que hacerse.

Ana apretó los puños.

—Si lo lastimas…

—Ya es tarde para amenazas.

El ambiente cambió.

Algo en la voz de Ramiro no era solo autoridad.

Era certeza.

Ana lo entendió.

Ese hombre no improvisaba.

Ese hombre decidía.

—Te hemos estado observando desde antes de que supieras quién eras —dijo Ramiro.

Ana lo miró con desprecio.

—No soy su experimento.

Ramiro caminó lentamente alrededor de ella.

—No eres un experimento.

Pausa.

—Eres una consecuencia.

Ana lo siguió con la mirada.

—¿De qué?

Ramiro se detuvo frente a ella.

—De decisiones que otros tomaron hace más de veinte años.

El silencio fue absoluto.

Ana sintió el peso de esas palabras.

—Jared me dijo lo mismo.

Ramiro sonrió apenas.

—Jared sabe solo una parte.

Ana frunció el ceño.

—¿Qué parte?

Ramiro la miró directamente.

—La parte donde él es víctima.

Silencio.

—Pero no te ha dicho la parte donde también es heredero de todo esto.

El aire se volvió frío.

Ana sintió un escalofrío profundo.

—No entiendo.

Ramiro dio un paso hacia ella.

—Claro que no.

Pausa.

—Todavía no.

De repente, una puerta lateral se abrió.

Ana giró la cabeza.

Y lo vio.

Jared.

Entrando.

Caminando.

Sin esposas.

Sin heridas visibles graves.

Pero con una expresión completamente distinta.

No era el Jared del bosque.

Era otro.

Más frío.

Más cerrado.

Ana dio un paso hacia él.

—Jared…

Él la miró.

Y no avanzó.

No sonrió.

No reaccionó como antes.

Solo la observó.

Como si la distancia entre ellos hubiera crecido kilómetros.

—¿Estás bien? —preguntó ella.

Jared no respondió de inmediato.

Ramiro habló primero.

—Él tomó una decisión.

Ana giró lentamente hacia Ramiro.

—¿Qué le hicieron?

Jared bajó la mirada un segundo.

Y cuando habló, su voz fue baja.

Demasiado controlada.

—No me hicieron nada.

Ana lo miró con incredulidad.

—No te creo.

Jared levantó la vista.

Y en sus ojos había algo que la heló.

—Deberías.

Silencio.

Ana sintió el mundo tambalear.

—¿Qué significa eso?

Ramiro se adelantó.

—Significa que ahora entiende su lugar.

Ana miró a Jared.

—¿Tu lugar?

Jared apretó la mandíbula.

—Sí.

Ana sintió que algo se rompía otra vez.

—No…

Jared dio un paso hacia ella.

Pero no con cercanía.

Con distancia.

—Ana… esto es más grande de lo que pensabas.

Ella lo miró con desesperación.

—¡Deja de decir eso!

—No puedo.

Silencio.

Jared respiró hondo.

—Te traje hasta aquí porque era la única forma de que esto terminara de abrirse.

Ana lo miró sin comprender.

—¿Abrirse qué?

Jared la sostuvo con la mirada.

Y por primera vez, su voz fue completamente clara.

—La verdad completa.

Ramiro sonrió detrás de ellos.

Y Ana entendió algo con un frío absoluto.

No había rescate.

No había fuga.

No había final sencillo.

Solo capas de una mentira demasiado grande para ser ignorada.

Y ella estaba justo en el centro.

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Primi Mendez
pero no tiene sentido que diga que no podrá escaparse de su pasado si ella es lo que esta buscando. y lo que se busca siempre se encuentra /Bye-Bye/
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