Alfredo siempre creyó que el odio tenía justificación.
Homofóbico, violento y consumido por los prejuicios que heredó de su padre, pasó toda su vida despreciando aquello que no entendía… hasta el día de su muerte.
O eso creyó.
Porque al abrir los ojos nuevamente, ya no era Alfredo.
Ahora es Andrei Macías: un joven omega de piel canela, heredero de una poderosa familia de comerciantes y víctima de una tragedia que destrozó su vida.
Atrapado en un mundo donde los hombres pueden ser marcados, deseados y quebrados, Andrei deberá enfrentarse no solo a los nobles que lo lastimaron… sino también al hombre cruel que alguna vez fue.
Pero entre heridas, segundas oportunidades y un temido general extranjero de fama sanguinaria, descubrirá algo que jamás imaginó:
Tal vez el amor no siempre llega para salvarte.
A veces llega para enseñarte a sobrevivirte a ti mismo.
NovelToon tiene autorización de Marcela Salazar S. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
capitulo 24
La puerta del despacho se abrió bruscamente.
—¡Señor! ¡Disculpe la interrupción!
El hombre que irrumpió en la habitación respiraba agitadamente, con el sudor recorriendo su frente.
Sentado tras el escritorio, el noble levantó lentamente la mirada de los documentos que revisaba.
Sus ojos se estrecharon con evidente molestia.
—Maldita sea, ¿por qué ingresas así? —su voz era fría y cortante—. Espero que sea algo urgente.
Arrojó la pluma sobre el escritorio.
—Porque si no lo es... te mataré.
El subordinado tragó saliva con dificultad.
—¡S-señor, es muy importante!
Hubo unos segundos de silencio antes de que reuniera el valor para continuar.
—El Alto Comandante del reino de Freijord se encuentra en estos momentos reunido con el señor Gael Ashford.
Por primera vez en toda la conversación, el hombre detrás del escritorio mostró una reacción.
Sus ojos se abrieron ligeramente.
—¿Qué acabas de decir?
El miedo se reflejó claramente en el rostro del mensajero.
—L-las personas que vigilan la mansión Ashford informaron que el Alto Comandante llegó hace poco y fue recibido personalmente por Gael Ashford y sus hijos.
El despacho quedó sumido en un tenso silencio.
Entonces...
—¿Cómo demonios se conocen esos dos?
La calma del noble desapareció.
De un golpe lanzó varios documentos al suelo.
—¡Inútiles!
Su voz resonó con furia.
—¡Todos ustedes son una maldita bola de incompetentes!
Su mirada se volvió oscura.
—Ni siquiera pudieron secuestrar al hijo de ese desgraciado.
Sus manos se apretaron sobre el escritorio.
—Y ahora todos nuestros planes están viéndose afectados.
El mensajero bajó aún más la cabeza.
Temeroso de siquiera respirar demasiado fuerte.
El noble comenzó a caminar de un lado a otro.
Pensando.
Calculando.
Aquello no era una coincidencia.
Gael Ashford había comenzado a investigar.
Su hijo había sobrevivido.
Y ahora...
El Alto Comandante encargado de perseguir la red de tráfico de personas se encontraba sentado en la mansión Ashford.
Aquello era demasiado peligroso.
Demasiadas variables fuera de control.
Finalmente se detuvo.
—Rápido.
Su voz volvió a sonar tranquila.
Pero esa calma resultaba mucho más aterradora que su ira anterior.
—Debemos informar al señor.
El mensajero levantó la cabeza sorprendido.
—¿A-al señor?
El noble lo observó con frialdad.
—Tiene que enterarse inmediatamente de esto.
—Si Gael Ashford y el Alto Comandante están colaborando...
Hizo una pequeña pausa.
—Entonces nosotros también debemos actuar.
El subordinado sintió un escalofrío recorrer su espalda.
Porque entendía perfectamente el significado de aquellas palabras.
Y sabía algo más.
Cuando el señor decidía actuar...
Alguien siempre terminaba muerto.
---
Ya reunidos en el despacho de mi padre, nos sentamos alrededor de una gran mesa donde descansaban todos los documentos que habíamos conseguido hasta el momento.
Contratos.
Pagarés.
Edictos.
Registros de embarcaciones.
Y toda la información que habíamos logrado recopilar gracias a nuestro infiltrado.
Padre tomó la palabra primero.
—Antes de comenzar, Alto Comandante, creemos que es importante explicarle el motivo por el cual iniciamos esta investigación.
---
Unos días antes
—Padre, creo que es conveniente decirle al Alto Comandante por qué iniciamos esta investigación.
Padre levantó la mirada hacia mí.
—¿Estás seguro?
Asentí.
—No vamos a decirle que matamos a ese maldito de Cedric —respondí con calma—, pero sí debemos explicarle cómo conseguimos parte de esta información y que actualmente contamos con alguien infiltrado que nos proporciona datos.
—Eso generará confianza entre nosotros.
—De lo contrario, tendrá sospechas sobre nuestras intenciones y sobre por qué decidimos entregarle toda esta información.
Padre permaneció pensativo durante unos momentos.
Finalmente asintió.
—Tienes razón.
---
Volviendo al presente
Padre terminó de explicar cómo el ataque que sufrí había sido el detonante para iniciar la investigación.
Sin revelar detalles innecesarios.
Pero dejando claro que buscábamos justicia.
Luego dirigió su mirada hacia mí.
—Le cedo la palabra a mi hijo, quien es capaz de explicar con mayor detalle lo encontrado en los documentos y lo que esperamos obtener pronto de nuestro infiltrado.
El Alto Comandante giró automáticamente la mirada hacia Víctor.
Probablemente esperando que fuera él quien tomara el control de la explicación.
Sin embargo, cuando fui yo quien tomó uno de los documentos, noté un leve cambio en su expresión.
—Como podrá ver —comencé mientras desplegaba varios papeles sobre la mesa—, inicialmente creímos que todos estos hombres actuaban de manera independiente.
Señalé varios nombres.
—Cedric Montfort.
—Alistair Whitmore.
—Leopold Everhart.
—Todos ellos tienen algo en común.
Tomé otro documento.
—Han recibido dinero proveniente de las mismas fuentes o de intermediarios relacionados entre sí.
La mirada heterocromática del comandante descendió hacia los documentos.
—Además —continué—, ninguno parece ser quien realmente toma las decisiones.
—Son piezas reemplazables.
—Peones.
Moví otro grupo de documentos hacia él.
—Aquí encontramos registros de pagos realizados a barcos mercantes utilizados para transportar personas.
—Los destinos coinciden con algunos de los lugares investigados por Freijord.
El asistente del Alto Comandante abrió ligeramente los ojos.
Mientras tanto, yo continué.
—Nuestro infiltrado también confirmó que algunos nobles menores están siendo utilizados como intermediarios.
—Hombres desesperados por dinero o influencia.
—Sin embargo...
Señalé varios nombres conectados entre sí.
—Todos parecen responder ante alguien más.
Hubo un breve silencio.
—Alguien con suficiente dinero, poder e influencia para coordinar todo esto.
Levanté la mirada.
—Creemos que aún no hemos encontrado a la verdadera cabeza de esta organización.
Por primera vez desde que comenzó la reunión, el Alto Comandante habló.
—¿Quién organizó toda esta información?
Parpadeé confundido.
—Entre todos la reunimos.
Su mirada permaneció fija sobre mí durante unos segundos.
—Pero, ¿quién estableció las conexiones?
El despacho quedó en silencio.
Víctor sonrió ligeramente.
Padre ocultó una expresión de orgullo detrás de su taza de té.
Y fui yo quien respondió.
—Yo.
Matew Kieran Dragomir pareció quedarse sin palabras.
Porque el joven noble que había visto defenderse en el mercado.
El omega delicado descrito en los informes.
Y el investigador que tenía frente a él...
Eran la misma persona.
Y una vez más.
Andrei Ashford demostraba ser completamente diferente a todo lo que había esperado encontrar.
—Lo que solicitamos de usted, Alto Comandante, es su ayuda para entrar en la mansión del señor Alistair Whitmore.
Padre deslizó varios documentos hacia Matew.
—Según nuestros hallazgos, él es quien ha estado dando ciertas órdenes dentro de esta red.
Matew revisó los papeles en silencio.
—Sin embargo —continuó padre—, también somos conscientes de que él no es la cabeza de esta organización.
Tomé la palabra nuevamente.
—Creemos que es un peón con mayor libertad de movimiento que los demás.
—Si logramos llegar hasta él, podríamos conseguir evidencias sobre quienes se encuentran más arriba en esta estructura.
Mis dedos se apretaron levemente sobre mi ropa.
—Y quizá encontrar finalmente a la persona responsable de lo que me ocurrió.
La habitación quedó en silencio.
Matew observó los documentos unos momentos más antes de levantar la mirada.
Fue entonces cuando padre habló nuevamente.
Su voz, habitualmente firme y segura, sonó extrañamente pesada.
—Alto Comandante...
Vi cómo se levantaba lentamente de su asiento.
—Sé que esta petición puede resultar descortés.
—Sé que esta investigación no le pertenece a este reino.
—Y sé que usted no tiene obligación alguna de ayudarnos más allá de sus propios deberes.
Antes de que pudiera comprender sus intenciones...
Padre comenzó a inclinarse.
—Pero le suplico que nos ayude.
—Como padre...
Su voz tembló ligeramente.
—No puedo quedarme de brazos cruzados después de ver el estado en que regresó mi hijo.
Mi pecho se tensó.
—No pude protegerlo.
—No estuve allí cuando más me necesitaba.
—Y si debo dejar de lado mi orgullo, mi posición y mi dignidad para encontrar a quienes le hicieron esto...
La voz de padre se quebró por primera vez.
—Entonces lo haré sin dudarlo.
Antes de que pudiera arrodillarse por completo...
Una mano detuvo su hombro.
Matew se había puesto de pie.
—Eso no será necesario.
Su voz profunda llenó el despacho.
Padre levantó lentamente la mirada.
Los ojos heterocromáticos del comandante permanecían tranquilos.
—No se arrodille.
—No frente a mí.
Hubo un breve silencio.
—No existe vergüenza en que un padre desee proteger a sus hijos.
Su mirada se dirigió brevemente hacia mí.
—Y tampoco existe humillación en buscar justicia para ellos.
Matew retiró lentamente la mano del hombro de padre.
—No necesito súplicas.
—Ni promesas.
—Ni favores.
Volvió a tomar asiento.
—El tráfico de personas es un crimen que llevo años persiguiendo.
—Las personas responsables de esto han arrebatado hogares, familias y vidas.
Su expresión se endureció ligeramente.
—Y ahora han intentado hacer lo mismo con la suya.
Sus ojos volvieron a encontrarse con los de Gael.
—Así que no.
—No los ayudaré porque me lo estén pidiendo.
—Los ayudaré porque es lo correcto.
Luego desvió la mirada hacia mí.
—Y porque ningún hijo merece pasar por algo así.
Por primera vez desde el inicio de la reunión...
La tensión que había dominado el despacho pareció disiparse un poco.
Padre permaneció en silencio durante unos segundos.
Finalmente inclinó ligeramente la cabeza.
—Gracias.
Matew asintió.
—Entonces trabajaremos juntos.
—Y acabaremos con esta organización.
Sus palabras fueron pronunciadas con absoluta calma.
Pero todos en la habitación comprendimos algo.
No eran una promesa.
Eran una sentencia.
bendiciones autora y ánimo
bendiciones autora y ánimo