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LA EMEPERATRIZ, DAMA DE LA NOCHE...

LA EMEPERATRIZ, DAMA DE LA NOCHE...

Status: Terminada
Genre:Venganza / Mujer poderosa / Reencarnación(época moderna) / Completas
Popularitas:23k
Nilai: 5
nombre de autor: CINTHIA VANESSA BARROS

Mil años atrás, la emperatriz Lían Hua fue ejecutada por adulterio. Antes de morir, juró una maldición: en su próxima vida ningún hombre la llamaría esposa. Sería ella quien los hiciera sus esclavos.
Mil años después, Lían despierta en el cuerpo de Valentina Saggese, una madam recién envenenada por la esposa de su amante. Hereda un club nocturno, quince chicas leales, una venganza pendiente, y una sola advertencia: no te enamores.
Para sobrevivir crea una identidad secreta: la Dama del Fénix, una bailarina enmascarada que enloquece a dos hombres a la vez. El que la asesinó. Y el que, sin saberlo, va a cambiar todo lo que ella se prometió no volver a sentir.
Una emperatriz no perdona. Pero también puede romperse.

NovelToon tiene autorización de CINTHIA VANESSA BARROS para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 23 — La pelirroja Andrea

Andrea subió a la oficina de Lían a las cinco de la tarde del miércoles con un vestido verde que no era de trabajo, los labios pintados de un rojo demasiado serio, y una caja pequeña de terciopelo azul oscuro en la mano derecha.

—¿Vale?

—Pasa.

—¿Estás ocupada?

—Estoy ocupada, sí. Pero pasa igual.

Andrea entró. Cerró la puerta detrás de ella. Se quedó parada al lado de la silla del invitado.

—Siéntate, Andrea.

—Vale, no vengo a quitarte mucho tiempo. Es una cosa rápida.

—Siéntate igual. Estoy cansada de mirar gente parada.

Andrea se sentó.

Apoyó la caja sobre el regazo. Las dos manos sobre la caja, juntas, como una niña en primera comunión. Lían la miró un segundo y entendió todo antes de que la otra abriera la boca.

—¿Te lo pidió?

Andrea levantó la cabeza, sorprendida.

—¿Cómo sabes?

—Andrea. Vienes a mi oficina vestida de catorce de febrero un miércoles a las cinco de la tarde, con una caja de joyería en las manos. No hay que ser muy lista.

Andrea soltó la risa nerviosa que llevaba aguantando desde la escalera.

—Anoche.

—¿Dónde?

—En su casa. Me cocinó él. Mal. Pero cocinó.

—¿Estabas tú sola?

—Estaba yo sola. Las hijas con la abuela. Después del postre se levantó de la silla, se metió a otro cuarto y volvió con la caja.

—¿Te arrodillaste?

—No. Se arrodilló él.

Lían levantó las cejas.

—¿En serio?

—En serio. Me dijo que sabía que no era una primera vez para mí. Que sabía que para mí podía parecer raro lo de un hombre arrodillado. Pero que él lo iba a hacer igual porque era la forma en que había soñado pedirme casarme desde la primera vez que me vio.

Lían bebió un sorbo de café. No dijo nada todavía.

Andrea abrió la caja despacio.

Adentro había un anillo. Un solitario. Diamante decente, no enorme, montura clásica. La piedra brillaba bajo la luz del techo con la honestidad de los diamantes verdaderos. Cuando un diamante es falso, brilla como una bola de espejo. Cuando es de verdad, brilla solo en una dirección. Este brillaba en una sola.

—¿Es de los de verdad? —preguntó Andrea—. No me animé a preguntárselo.

—Es de los de verdad.

—¿Cómo sabes?

—Conozco los diamantes, Andrea. Confía en mí.

Andrea cerró la caja despacio. La dejó sobre el regazo. Levantó la cabeza.

—¿Qué hago, Vale?

—Eso depende. ¿Tú qué quieres?

—Yo lo quiero.

—¿Estás segura?

—Vale, llevo siete meses con él. No me ha levantado la voz. Me trata bien. A las hijas también. Tiene plata. Tiene cabeza. Es viudo, no divorciado, lo cual significa que no dejó a nadie por mí. No tiene ex que vengan a romper la noche. Y es un cliente del Lotus, Vale. Eso significa que sabe quién soy y lo aceptó. No tengo que esconderme.

—Hasta ahí, bien.

—Hasta ahí.

—¿Y después?

Andrea bajó la cabeza.

—Después está la pregunta que no quiero hacerme.

—Hazla.

—¿Y si me trata bien ahora porque me está conquistando, pero el día que firmemos cambia?

Pausa.

Lían se inclinó hacia adelante. Apoyó los codos sobre el escritorio.

—Andrea.

—¿Sí?

—Esa es la pregunta correcta. Y es la única que importa.

—¿Y cómo se contesta?

—Se contesta antes de la boda. Con papel.

—¿Papel?

—Papel. Lo voy a explicar despacio porque es importante. Tú no te casas con este hombre sin un acuerdo de bienes firmado antes. Un acuerdo que diga exactamente lo que es de él, lo que es tuyo, lo que es de los dos, lo que pasa si él se muere, lo que pasa si te separas, lo que pasa con las hijas si él decide tener más, lo que pasa si tú dejas de trabajar. Todo.

—Vale, eso es feo. Eso es decirle de entrada que no confío.

—Andrea.

—¿Qué?

—Eso es exactamente lo que es. Y está bien que sea exactamente eso.

—Pero…

—No hay pero. Escúchame. Si tú le presentas el acuerdo y él lo firma sin discutir, te quiere. Si tú le presentas el acuerdo y él pide cambios razonables, te quiere y es inteligente. Si tú le presentas el acuerdo y él se enoja, se ofende, te grita o te dice que no confías en su amor, no te quiere a ti. Le encantan tus piernas y la idea de tener a una mujer joven en la casa. Pero a ti, Andrea, a la mujer que está sentada en esta oficina con una caja de terciopelo en las manos, a ti no te quiere. Y eso lo descubres antes, con un papel, no después, con tres años perdidos y una mudanza con caja.

Andrea se quedó muy quieta.

—Vale.

—¿Qué?

—Eso fue duro.

—La verdad lo es. Pero la mentira sale más cara, créeme.

Andrea bajó la cabeza otra vez. Se quedó mirando la caja en su regazo.

—¿Y si pide cambios razonables, lo acepto?

—Lo aceptas. Pero los cambios los revisa un abogado tuyo. No el de él, no el de los dos. El tuyo. Yo te lo presto.

—¿El abogado del Lotus?

—El mismo. Lleva veinte años conmigo. Sabe leer letras chicas. Y lo más importante, no es novio de tu novio, ni socio, ni amigo. Es un desconocido que cobra por ti.

Andrea asintió despacio.

—Bien.

—Bien.

—¿Y si firma?

—Si firma sin pelearse, te casas tranquila. Y por mi parte, voy a tu boda con el mejor vestido que tengo y bailo con tus hijas. Te lo prometo.

Andrea levantó los ojos. Sonrió por primera vez.

—¿En serio?

—En serio.

—¿Cuál tienes?

—Tengo uno gris. Largo. Italiano. No me lo he puesto nunca porque no había ocasión. Si te casas, ahora sí.

Andrea se rió.

Una risa corta, mojada. Lían no recordaba haberla escuchado reír así. Andrea siempre se reía fuerte, alta, escandalosa. Esta risa era más pequeña.

Era la risa de una mujer que llevaba años sin permitirse esperar algo bueno.

Lían sintió que se le aflojaba algo en el pecho. Una cosa pequeña.

—Andrea.

—Dime, Vale.

—Una cosa más.

—¿Qué?

—Si después de todo esto, si firma, si te casas, si te vas a vivir con él — quiero que sepas que el Lotus sigue siendo tu casa. Si algún día las cosas se ponen mal y necesitas un lugar a dónde ir a las tres de la mañana con las hijas, las dos camas del segundo piso son tuyas. Sin preguntas. Por el resto de tu vida.

Andrea se quedó muy quieta.

Después, despacio, asintió.

—Vale.

—¿Qué?

—Me vas a hacer llorar y me arruino el maquillaje.

—Pues no llores. Sal a buscar al abogado. Está abajo con Sofía. Le di aviso esta mañana de que ibas a subir hoy o mañana.

Andrea levantó la cara.

—¿Cómo sabías?

—Andrea.

—¿Sí?

—Tu cliente lleva tres meses caminando como un hombre que va a hacer algo grande. Sofía y yo apostábamos cuándo te lo iba a pedir. Yo dije anoche. Sofía dijo el viernes próximo. Le gané diez dólares.

Andrea soltó la carcajada de las de siempre. Fuerte, alta, escandalosa.

—¡Vale!

—Sal, sal. Que el abogado se va a las siete y no vuelve hasta el lunes.

Andrea se levantó. Caminó hasta la puerta. Antes de salir, se giró.

—Vale.

—¿Qué?

—Gracias.

—Vete.

Andrea salió. Cerró la puerta despacio.

Lían se quedó sola.

Se quedó mirando la puerta cerrada un rato.

Después se levantó, caminó hasta el balcón. Abrió la ventana. Esta tarde no encendió cigarrillo. Solo respiró el aire frío.

Pensó.

Acababa de darle a una mujer de treinta y un años un consejo de matrimonio.

Ella.

Ella, que se había casado a los dieciséis con un hombre que la había dejado morir en seda blanca.

Ella, que se había acostado en su cuerpo nuevo con un hombre casado durante doce años, según los recuerdos de Valentina, que la había dejado morir en una camilla.

Ella, Lían Hua de la dinastía Yan, Valentina Saggese del barrio elegante, la Dama del Fénix.

Tres vidas. Dos muertes por hombres. Y ahora andaba dando cátedra sobre cómo se casa una mujer.

—Qué chiste, vieja —dijo en voz baja, al balcón vacío—. Qué chiste.

Sonrió.

Una sonrisa pequeña, de las que sonríen las mujeres cuando entienden que la vida tiene un humor que solo se ríe de ellas.

Cerró los ojos un segundo.

Pensó en Andrea bajando la escalera. En el abogado leyendo un acuerdo de bienes en una mesa del bar. En las dos hijas de Andrea que esa noche iban a saber que su madre se casaba con un hombre que firmaba antes.

Y por dentro pensó algo que la sorprendió.

Me alegra. Me alegra que esta a esta sí le salga bien.

Lían no recordaba haberse alegrado por la suerte de otra mujer en mil un años.

Pero esta tarde, en el balcón del segundo piso del Lotus, mirando una avenida cualquiera de un siglo que no era el suyo, se alegró por una pelirroja escandalosa con un anillo en una caja de terciopelo.

Cerró la ventana.

Volvió al escritorio.

El teléfono vibraba otra vez.

Otro mensaje de Marcelo. Otro nombre en mayúsculas. Otra cifra nueva.

Lo dejó boca abajo.

Esta tarde, no.

Esta tarde le había tocado ser buena. Y ya era suficiente buena por hoy.

1
E.N.Y.C.89❤️‍🔥
jajaja me encantaría ver si bien no sus bailes al menos sus vestuarios la corona esa hermosa máscara que la cuida 🥰🥰
E.N.Y.C.89❤️‍🔥
esto se puso sospechoso
E.N.Y.C.89❤️‍🔥
excelente
E.N.Y.C.89❤️‍🔥
alguien me explica cómo se hizo famosa tan rápido jajaja los reservados del viernes debes cobrar todo al triple sacan plata pero sin vender su cuerpo y eso te dará mucho más capital para ayudar a más chicas
E.N.Y.C.89❤️‍🔥
me encanta la novela amaría que tuviera imágenes o fotos para disfrutar mas
E.N.Y.C.89❤️‍🔥
y cobrales con intereses a todos mi ciela
E.N.Y.C.89❤️‍🔥
al menos está Clarita que lo va a mandar a freír espárragos si es que vuelve🤬
E.N.Y.C.89❤️‍🔥
hablando de cobardes 🤷🏼‍♀️
Roxana C Añez
Me enamoré de la historia, fue... refrescante leer algo tan original.
Me dejó imaginando si se volverían a ver Valentina y su loco Marcelo... me dió lastima ese pobre hombre, perdido en su locura de amor 😔🥺💔
Roxana C Añez
Podrá haber sido un pendejo... pero está parte me dolió 🥺
Su corazón y su mente le pertenecen a ella, aunque tarde se dió cuenta... ojalá se encuentren en la otra vida 🥺
Corina Galantti
una historia hermosa, muy triste, pero con final FELIZ! ME ENCANTÓ. BENDICIONES ESCRITORA
Celia Maza
muy pero muy buena. tenía tiempo que no leía una novela asi
Elizabeth Delvicier
bien fuerte en época machista donde los hombres comían de cada plato y las mujeres tenían que esperar para ser visitadas en sus alcobas
Evelyn
Me encanta como escribes yo leo desde México y me encanta la protagonista una mujer empoderada y que no se dela dominar por nadie
Guadalupe Flores
👏👏👏👏👏👏 Que bonito final. Se fue en paz Valentina. No me gustó que muriera Lucía. Y me quede con ganas de ver más sufrir a Remata. Jajaja felicidades escritora muy bonita novela
Guadalupe Flores
Imaginate jaja3 dos niñas y un niño. Lucia, Lin Hua y el niño que no recuerdo el nombre del papá de Dante. Sería perfecto 👏👏👏👏
Guadalupe Flores
Desde la primera vez que dijiste verdad vieja me recordó a mi mamá ella tenía esa costumbre de decir esas mismas palabras y hablarse a si misma así. 😭
MariaVG😘
hermosísima historia. Te hace sentir muchas cosas emociones. Me encantó la vieja y su hijo de puta🤭🤭 felicidades autora tienes un talento increíble 👏👏👏💐💐💐
MariaVG😘
hermosísima historia. Te hace sentir muchas cosas emociones. Me encantó la vieja y su hijo de puta🤭🤭 felicidades autora tienes un talento increíble 👏👏👏💐💐💐
Lucia Feliciano Falcao
Este pandillero cobarde y ladrón está charlado, no ve que cuando la limosna es grande el ciego desconfía y el cree que la mafiosa de la mujer va le regalar esa suma de dinero por su cara demacrada sin querer nada a cambio.😸😸😸
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