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LA ACOMPAÑANTE...

LA ACOMPAÑANTE...

Status: Terminada
Genre:Venderse para pagar una deuda / Salvar al hijo enfermo / Amante arrepentido / Completas
Popularitas:976k
Nilai: 4.9
nombre de autor: JHOHANNA PEREZ

"¿Qué harías por salvar la vida de tu hijo? Mar Montiel, una madre desesperada, se enfrenta a esta pregunta cuando su hijo necesita un tratamiento costoso. Sin opciones, Mar toma una decisión desesperada: se convierte en la acompañante de un magnate.

Atrapada en un mundo de lujo y mentiras, Mar se enfrenta a sus propios sentimientos y deseos. El padre de su hijo reaparece, y Mar debe luchar contra los prejuicios y la hipocresía de la sociedad para encontrar el amor y la verdad.

Únete a mí en este viaje de emociones intensas, donde la madre más desesperada se convertirá en la mujer más fuerte. Una historia de amor prohibido, intriga y superación que te hará reflexionar sobre la fuerza de la maternidad y el poder del amor."

NovelToon tiene autorización de JHOHANNA PEREZ para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Cliente amable...

Santiago fue muy amable con Mar esa noche, algo que le pareció extraño a ella, pero la hizo sentir muy bien.

Santiago bajó personalmente a la cocina y pidió que le prepararan un caldo de pollo con verduras, preferiblemente sin condimentos. No se arriesgaría a que ella se pusiera mal otra vez.

Media hora después, Santiago tocó a la puerta. Mar se levantó de la cama y fue a abrir.

—Hola, traje caldo de pollo con verduras. Seguramente te hará bien —dijo Santiago, con un tono inusualmente suave.

—Gracias, no debiste molestarte —respondió ella, analizándolo con cierta sorpresa. El hombre frente a ella parecía desconcertado, vulnerable incluso.

—No es ninguna molestia. Tómalo como mi manera de reivindicarme por lo que ocurrió ayer —dijo Santiago, con su tono habitual, aunque algo más contenido.

—¿Te estás disculpando? —preguntó ella, arqueando una ceja y dejando escapar una sonrisa que le iluminó el rostro, haciéndola ver aún más hermosa.

—¿Me vas a dejar aquí parado frente a tu puerta haciendo el ridículo? —dijo él, cambiando el tema con torpeza.

—No… ven, te recibo —dijo ella, apartándose.

—¿Ni siquiera me invitarás a entrar? —replicó él, fingiendo ofensa.

—Si quieres, puedes entrar —dijo ella, encogiéndose de hombros.

Santiago entró y acomodó la bandeja en una mesa. Tomó el tazón y lo llenó con caldo de la olla y unos pedazos de pollo.

—Siéntate y come —ordenó con ese tono firme que parecía imposible de contradecir.

Mar obedeció y empezó a comer. Tenía mucha hambre.

—Mmm… qué delicia. Muchas gracias —dijo con una sonrisa satisfecha, sintiendo que el cuerpo por fin le respondía.

Santiago la observó en silencio, con seriedad aparente, aunque por dentro estaba encantado de verla tan natural, tan ella.

De repente, Mar dejó de comer, como si recordara algo.

—Santiago, ¿tú ya cenaste? Con lo del restaurante… tú tampoco pudiste comer —preguntó con sincera preocupación.

—Come tranquila, yo no tengo apetito —respondió él con serenidad.

—No, eso sí que no. Espera —dijo ella con determinación.

Terminó su caldo de pollo rápidamente, se levantó, lavó el plato y la cuchara, y regresó para servir otro tazón.

—Toma, come. Podemos compartir. No tienes por qué aguantar hambre por mi culpa —habló ella con naturalidad, mirándolo con ternura.

Santiago no soportaba el caldo de pollo, pero al ver los ojos expectantes de Mar, relajó el gesto.

—Luna, no me gusta el caldo de pollo… pero gracias por pensar en mí. Come tú, esperaré hasta que termines —dijo finalmente, con honestidad.

Mar se sintió avergonzada.

—Lo lamento, no sabía. Pero deberías ordenar algo de cenar para ti —dijo bajando la mirada.

—No te preocupes. Además, no tenías cómo saberlo. Ya es tarde, y no acostumbro a comer a esta hora. Termina de comer —dijo Santiago, con una calma que contrastaba con su mirada intensa.

Mar suspiró, rindiéndose, y siguió comiendo, aunque ya sin mucho ánimo. Santiago se regañó internamente por no haber probado al menos un bocado para no decepcionarla, pero prefería ser sincero a fingir lo que no sentía.

Ser completamente honesto era parte de su naturaleza. Algunos lo consideraban una virtud, otros un defecto. Santiago era el tipo de hombre que decía siempre lo que pensaba sin filtros… pero Mar empezaba a despertar en él una conciencia diferente.

Cuando terminó, Mar le agradeció con una sonrisa.

—Esperaré hasta que te duermas —dijo Santiago con tranquilidad.

—No es necesario, por hoy ya es suficiente. Arruiné tu cena y, por si fuera poco, te quedaste sin comer —respondió ella con tono de culpa.

—No fue tu culpa, fue un incidente. Anda, duerme, si no, no me iré. Por cierto, deberías hacerme una lista de tus alergias para evitar este tipo de sustos en el futuro —habló con tono serio.

—Como ordene, señor mandón —dijo ella entre risas.

Santiago sonrió levemente. Mar se acostó, pero con él en la habitación le era imposible dormir. Santiago se sentó en el sofá del rincón, concentrado en su celular, aunque su atención iba y venía hacia ella.

—Santiago —llamó ella al cabo de unos minutos.

—Dime, ¿te sientes mal? —preguntó él, levantándose de inmediato, preocupado.

—No, es solo que me cuesta dormir con la luz prendida —dijo ella.

—Ah, es eso. Ya apago las luces —respondió él, sin pensarlo.

—Pero… —intentó decir ella, aunque él ya había apagado todo y regresado a su sitio.

Mar dio vueltas y vueltas en la cama, hasta que se rindió. Se levantó decidida a pedirle que regresara a su habitación.

—Santiago, es mejor que regreses a tu habitación. Así no puedo dormir —dijo sin rodeos.

No hubo respuesta. Al acercarse, lo vio dormido profundamente. El cansancio del día anterior lo había vencido.

Con cuidado, Mar le quitó el teléfono, lo apagó y lo puso en la mesa. Luego fue por una cobija y lo cubrió con delicadeza, cuidando de no despertarlo. Por varios segundos se quedó observándolo.

Su rostro, en calma, parecía otro. La rigidez habitual se había desvanecido, dejando al descubierto un hombre mucho más humano, incluso tierno. Aquello la desconcertó.

Después de unos minutos de contemplarlo, regresó a la cama y, por fin, logró dormirse.

A la mañana siguiente, Mar despertó temprano, como solía hacerlo. Giró la cabeza y lo vio aún dormido. Se veía relajado, sereno… casi perfecto.

—Al verte así, nadie pensaría que eres un tonto prepotente y grosero a veces —pensó para sí misma, divertida.

Fue al baño, tomó una ducha caliente y, al salir envuelta en una toalla, recordó demasiado tarde que no estaba sola.

Santiago acababa de despertar cuando ella salió. Su mirada la recorrió de pies a cabeza sin poder evitarlo. La piel aún húmeda, el cabello mojado cayendo en ondas, las pecas sutiles sobre su rostro… y ese aroma a frambuesa que lo envolvió por completo.

Por un instante, Santiago se quedó sin aire.

—Buenos días —dijo al fin, intentando sonar natural, aunque su voz salió más grave de lo habitual.

Mar se sonrojó.

—Buenos días —respondió, tratando de parecer tranquila.

—No sé en qué momento me quedé dormido. Solo quería cuidarte. Gracias por abrigarme —dijo él, con una sonrisa leve, sin dejar de mirarla.

—Supongo que no querías dormir tan incómodo. Disculpa por haberte causado tantos inconvenientes —dijo ella, buscando ropa en su maleta.

—Si te vuelves a disculpar por lo de anoche, te haré pagar por ello —advirtió él, con tono serio, aunque sus ojos brillaron con picardía.

Mar frunció el ceño, sin saber si estaba bromeando o no, y se encerró en el baño con una mezcla de nervios y desconcierto.

Santiago la siguió con la mirada. No podía evitarlo. Cada gesto, cada palabra suya lo desarmaba. Admiró la forma en que caminaba, el contoneo natural de su cuerpo… y su mente lo traicionó por un segundo, imaginando cómo sería tocarla.

Sacudió la cabeza con fuerza, maldiciendo en silencio. Tomó su teléfono y salió de la habitación antes de perder el control.

Mar estaba empezando a remover demasiado dentro de él. Y eso lo asustaba más de lo que estaba dispuesto a admitir.

1
Eulamer pedroza
Hay Mar por lo visto ese será tu calma.Pero vamos a ver cuál es la estrategia de la autora con sus personajes me encanta la historia
Felipa Ballon Castillo
ME ENCANTÓ TU HISTORIA ESTUBO MUY HERMOSA
Cliente anónimo
Mar con Santiago, Viktor amigo y nada más...
Cliente anónimo
Santiago tienes que reinvindicarte por todo lo alto, aplasta al cucaracho Russell, la Fernanda no la dejes levantar cabeza, al dueño de la agencia ponlo a pedir limosna, y tú mamá aplícale la ley de hielo x un mes, después de todo es tu mamá...
Alejandra Vanina Landaburo
me encantó!!!
Magnolia
y el bendito examen de ADN, en qué quedó...
ya pasó tiempo...
Oly Aguilar
Me gustó mucho, felicidades!!
Dolores Gracia
Presiento q en algún problema se metió 🤣🤣🤣
Dolores Gracia
No debe de ser su mamá una verdadera madre no actúa como ella por un error de su hija al contrario apoya y alienta
Dolores Gracia
Ajaaa hasta a mi me dolió el cuerpo 😂😂🥰🥰🥰 gracias por tanto deleite
Sara Ximena Cifuentes
le faltaba la cereza al pastel y esta fue excelente novela 100 de 100 felicitaciones autora
Sara Ximena Cifuentes
debes de hacer la novela de la deslenguada con final feliz aaaahhhh me encanta
Sara Ximena Cifuentes
las madres perdidas siempre aparecen
Cliente anónimo
está novela es muy linda y es la tercera a vez que la leo, y cuando llego a la parte de la cirugía me toca llorar de tristeza y rabia a la vez, y me hago la mismo pregunta...xq Jhohanna no pudo ser un poco más sensible y que Mar pudiera estar en la cirugía de su hijito, ahí siento que te odio Jhohanna, xq me partes el corazón 💔💔💔. pero a la vez te felicito y bendigo tu talento para escribir tan bonito...
Jhohanna Perez: jajaja tranquila guapa no eres la única muchas me reclamaron lo mismo 🤭🤭
total 1 replies
Dolores Gracia
Eso si el ADN q sea cuidadosamente vijilado para q no haya malos entendidos
Dolores Gracia
Jajajajjaa y eso q siempre tiene algo q decir
Dolores Gracia
Creo que un ADN es justo y necesario
Dolores Gracia
Me imaginé tu cara carola de quererte lo comer 🤣🤣🤣
Magnolia
quítame este hombre del corazón 🎶🎶🎶
Magnolia
imbécil, al siguiente día ya no estabas ebrio... y bien que le seguiste...
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