En este imperio de sombras, ella es la única que puede calmarlo… o el motivo por el que su mundo arderá.
¿El amor puede sobrevivir cuando tu vida es propiedad del enemigo?
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13
...Isabella Conti...
^^^3 meses después^^^
—¡Matías, por Dios, eso es trampa! —le grité, agachándome para tomar una pequeña piedra del suelo y lanzársela con todas mis fuerzas. El proyectil golpeó su hombro, pero él ni siquiera se inmuto, pareció no dolerle ni un poco.
—¡Eres demasiado lenta y ahora me quieres echar la culpa a mi! —me gritó de vuelta a varios metros de distancia, mientras su risa estruendosa resonaba por todo el sendero de la propiedad.
—¡Te aprovechas de que traigo tacones altos, tramposo! Ya no puedo más —me detuve en seco, apoyando las manos en mis rodillas para recuperar el aliento.
Estábamos corriendo como un par de niños. Leonardo nos estaba esperando en la casa principal de la villa, según nos había avisado por medio de uno de los guardias, tenía visitas imprevistas de negocios importantes y por eso había tenido que adelantarse y cortar nuestro habitual paseo de la tarde. El problema era que yo andaba vistiendo un delicado vestido blanco, suelto y vaporoso desde la cintura hacia abajo, con un elegante escote corazón y tirantes finos. Mi cabello rubio, que había dejado suelto, caía en una cascada desordenada sobre mis hombros debido al viento y a la carrera.
—Hey, ¿sigues aquí, Bells? —la voz de Matías me sacó abruptamente de mis pensamientos, pasando una mano frente a mis ojos.
—Sí, sigo aquí. Pero si me llego a caer y ensucio este vestido, juro que será completamente tu culpa —le adverti, fingiendo indignación.
—Vamos, camina. Súbete a la camioneta, de aquí nos vamos sobre ruedas. Ya es casi la hora de la cena y sabes perfectamente que con los tíos debemos ser sumamente puntuales —me dijo con una sonrisa cómplices mientras abria la puerta del copiloto de la enorme camioneta todo terreno de la seguridad de la villa.
Esperó a que me acomodara, rodeo el capó con paso ágil y se subió al asiento del piloto, encendiendo el motor de inmediato. En menos de diez minutos, las llantas de la camioneta ya estaban frenando frente a la entrada principal de la imponente Villa Bianchi. Matías se estacionó con destreza cerca del Ferrari rojo de Leo y de su propio Lamborghini amarillo.
—Vamos, mi bella Bells —me dijo con caballerosidad, abriendo mi puerta y tomando mi mano con firmeza para ayudarme a bajar.
Caminamos juntos por el sendero de piedra que guiaba a la entrada principal. A medida que nos acercábamos a las grandes puertas dobles de madera, el eco de varias voces conversando en el interior comenzó a filtrarse. De repente, una risa femenina, melodiosa y sumamente familiar, se escucho desde el fondo del vestíbulo. Sentí un escalofrío violento recorrer mi espina dorsal y la piel se me erizó por completo. Me detuve en seco, clavando los tacones en el suelo.
Esa risa... Dios mío, esa risa la conocía perfectamente.
—¿Todo bien, Bells? —me pregunto Matías, deteniéndose a mi lado al notar mi repentino cambio de expresión y cómo me había quedado pálida de golpe.
—Sí... solo que... No, nada —susurre, tragando saliva con dificultad.
Intente convencerme de que me estaba volviendo loca, de que todo era producto de una paranoia estúpida porque no había podido dormir bien la noche anterior debido a una ligera migraña. Me obligué a dejar que los fantasmas se fueran de mi cabeza, la sonrisa tranquila y confiada de Matías me devolvió un poco de la seguridad que acababa de perder.
—Vamos, entremos ya. Si tu prometido ve que no llegamos a tiempo, va a empezar a creer que te secuestré para dar un paseo largo —bromeó con diversión, intentando aligerar el ambiente.
Le di un pequeño golpe juguetoon en el hombro con mi bolso y asentí con la cabeza. Él solto una risita mientras estiraba su mano para revolver un poco mi cabello, despeinándome a propósito.
Justo cuando estábamos cruzando el umbral y nos encarabamos hacia el salón principal, la voz clara y profunda de Leonardo resono con un orgullo que me llenó el pecho.
—Ya está mi bellísima prometida aquí —dijo Leo, poniendose de pie de inmediato y caminando hacia la salida del salón para recibirme con los brazos abiertos.
—¿Lo ves? Ya me estaba esperando a mí, Bells —susurró Matías detras de mí, siguiendo con la broma.
—Quisieras, Matías. Si tú eres un feo de primera —le respondi en un hilo de voz, y ambos soltamos una pequeña risa cómplice.
Pero en el preciso instante en que puse un pie dentro del gran salón, el mundo entero se detuvo. Senti como si un golpe invisible en el estómago me arrebatara absolutamente todo el aire de los pulmones. La garganta se me cerró en un nudo asfixiante y sentí que las paredes de la villa comenzaban a dar vueltas a mi alrededor de forma violenta.
No podía creer lo que mis propios ojos estaban viendo en medio de ese salón de estilo victoriano. No podía ser verdad. Tenía que ser una pesadilla, un juego macabro de mi mente. Enfoqué mi vista con desesperación, luchando por respirar, intentando convencerme de que era una alucinación. Pero no lo era.
Estaban ahí... Él estaba ahi
Alexei Morózov se encontraba de pie junto a uno de los sillones individuales. Me estaba mirando fijamente, con los ojos abiertos de par en par, inyectados en una mezcla de furia, sorpresa y una obsesión tan destructiva que daba miedo. Su expresión era igual o peor que la mía; la sorpresa lo había petrificado en su lugar. Sentí de inmediato el peso de todas las miradas de la habitación clavarse sobre mi cuerpo, pero sobre todo, sentí las manos cálidas y protectoras de Leonardo envolver las mías al notar mi rigidez.
—Amor... Amor, mírame, ¿estás bien? ¿Qué pasa? —la voz de Leonardo sonaba lejana, distorsionada, como si estuviéramos bajo el agua. Me tomó de las mejillas con suavidad, pero yo no supe cómo responderle. No tenía palabras para explicarle el abismo que acababa de abrirse bajo nuestros pies.
—Venía perfectamente bien en el camino —intervino Matías con un tono de voz que denotaba alarma, al ver cómo Leonardo lo miraba con una intensidad exigente, demandando saber qué le había pasado a su prometida en los últimos cinco minutos.
—Se... Se me... se me bajó la presión... —logré articular con un esfuerzo sobrehumano. Sentía que hasta la última gota de sangre quería abandonar mi cuerpo, dejándome completamente fría y débil.
En ese instante, la vista se me volvió completamente borrosa, tiñéndose de manchas oscuras en los bordes. Lo último que alcancé a registrar antes de perder la conciencia por completo fue una escena caótica, Elena y Nikolai poniéndose de golpe a los lados de Alexei, tomándolo con fuerza de los brazos y de los hombros para detenerlo, frenando el impulso evidente del mafioso ruso de abalanzarse hacia mí, mientras yo sentía el vacío del suelo y cómo el cuerpo fuerte de Leonardo me cargaba en el aire antes de que me estrellara contra el pavimento.
—¡Matías, llama al medico de la familia ahora mismo! ¡Ya! —fue el grito desesperado de Leo que retumbó en mis oídos antes de que la oscuridad absoluta me arrastrara y no supiera nada más de este mundo.....
su madre enferma es su mayor dolor
😁😁😁que tal encuentro