Noah Sullivan lleva años preparándose para obtener la beca internacional más prestigiosa de la universidad. Cada examen, cada trabajo y cada sacrificio han tenido un único objetivo: ganar.
Todo parece ir según lo planeado hasta que aparece Leo Moreau.
Popular, talentoso y desesperadamente encantador, Leo se convierte en el único rival capaz de disputarle la beca. Desde el primer encuentro, la tensión entre ambos es inmediata. Cada clase se transforma en una competencia y cada conversación en un desafío.
Cuando el director del programa anuncia que los dos candidatos finales deberán colaborar en un proyecto conjunto para demostrar sus capacidades de liderazgo, Noah siente que es una condena.
Sin embargo, cuanto más tiempo pasan juntos, más difícil resulta ignorar lo que hay detrás de las máscaras que ambos han construido.
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01
El resplandor de las luces fluorescentes del laboratorio de física se reflejaba en las gafas de Noah Sullivan mientras anotaba los resultados de su último experimento. Eran las diez de la noche, pero él no sintió el cansancio. Solo la punzante satisfacción de estar un paso más cerca de la beca Richardson.
—Tres horas y cuarenta y siete minutos —murmuró para sí mismo, consultando su reloj—. Nuevo récord personal.
Con una precisión casi clínica, guardó sus materiales en la mochila. Cada movimiento estaba calculado, cada segundo contabilizado. Desde que ingresó a la Universidad de Westbrook, su vida había girado en torno a un único objetivo: obtener esa beca. El prestigio, la oportunidad de estudiar en Cambridge, la validación de todos sus sacrificios.
Mientras caminaba por el pasillo silencioso, su teléfono vibró. Era un mensaje de su hermana menor.
—¿Vas a venir a casa esta noche o planeas vivir en el laboratorio? —leía el mensaje.
Noah sonrió ligeramente antes de responder. —En camino.
La puerta del gimnasio se abrió antes de que pudiera salir por completo, dejando escapar el eco de patines sobre hielo y el murmullo de una pequeña multitud. Noah frunció el ceño. El equipo de hockey sobre hielo de la universidad debía haber terminado su práctica hace horas.
Su curiosidad lo venció. Se desvió hacia la pista, atraído por los sonidos. Allí, bajo los focos brillantes, una figura solitaria se movía con una gracia que parecía desafiar la gravedad. Leo Moreau.
Noah lo reconoció inmediatemente, aunque nunca se habían presentado formalmente. Leo era una leyenda en Westbrook: capitán del equipo de hockey, estudiante de honor, y según los rumores, el otro contendiente principal para la beca Richardson.
Con un movimiento fluido, Leo detuvo el disco con la punta de su stick, levantó la vista y sus ojos se encontraron con los de Noah. Una sonrisa juguetona cruzó su rostro mientras levantaba una mano en saludo. Noah respondió con un leve asentimiento, sintiendo una incomodidad extraña en el estómago.
—Sullivan —dijo Leo, deslizándose hacia la barrera donde estaba Noah. Su voz era más cálida de lo que Noah esperaba—. Te he visto en la biblioteca. Siempre con esa expresión de concentración que podría derretir el hielo.
Noah se sorprendió por el comentario directo. —Moreau. No sabía que el hockey fuera tu único método de tortura.
Leo se rio, un sonido genuino que resonó en el espacio vacío. —Necesito despejar la mente. ¿Y tú? ¿Siempre estudias hasta tarde o es una especialidad para mí?
La tensión flotaba entre ellos como el vapor helado que se elevaba del hielo. Noah notó cómo los músculos de Leo se tensaban en sus brazos mientras se apoyaba en la barrera, la camiseta del equipo adherida a su torso.
—No sé de qué hablas —respondió Noah, sintiendo cómo su pulso se aceleraba—. Solo estoy enfocado en mis objetivos.
—Los objetivos son importantes —dijo Leo, su mirada intensa—. Pero a veces, los mejores logros vienen cuando menos lo esperamos.
Noah no respondió. Simplemente asintió y se giró para marcharse, pero la voz de Leo lo detuvo.
—¿La beca Richardson, verdad? —preguntó Leo—. También estoy postulando.
El desafío estaba implícito, pero la forma en que Leo lo dijo carecía de arrogancia. Era una declaración simple, casi como si compartiera un secreto.
—Sí —dijo Noah, volviéndose para enfrentarlo—. La beca Richardson.
—Bueno, que gane el mejor —dijo Leo, con esa misma sonrisa que parecía a la vez desafiante y encantadora—. Aunque algo me dice que esto va a ser más interesante que solo llenar formularios.
Noah no supo qué responder a eso. Asintió una vez más y continuó su camino, sintiendo el peso de la mirada de Leo en su espalda. Mientras salía del gimnasio, una pregunta resonó en su mente: ¿qué significaba exactamente "más interesante"?
La noche siguiente, Noah se encontraba en el salón de estudios, rodeado de libros y notas. Estaba revisando su ensayo final para el seminario de literatura comparada cuando la puerta se abrió y entró Leo Moreau, seguido por el Dr. Henderson, director del programa de becas.
—Sullivan, Moreau —dijo el Dr. Henderson, su voz cortando el silencio como un cuchillo—. Necesito hablar con ustedes dos.
Noah sintió cómo se le helaba la sangre. Esto no podía ser bueno.
—Como saben, el comité ha reducido los candidatos para la beca Richardson a ustedes dos —continuó el Dr. Henderson—. Ambos tienen expedientes impresionantes, pero necesitamos evaluar sus habilidades de liderazgo y colaboración.
Leo parecía perfectamente tranquilo, mientras que Noah sentía cómo sus nudillos se blanqueaban alrededor de su bolígrafo.
—Por lo tanto —dijo el Dr. Henderson—, su última evaluación consistirá en un proyecto conjunto. Necesititan trabajar juntos para organizar y ejecutar el evento anual de recaudación de fondos para el programa de becas de verano.
Noah tuvo que contener la respiración para no emitir un sonido audible. Un proyecto conjunto. Con Leo Moreau. Era su peor pesadilla materializada.
—¿Tienen alguna pregunta? —preguntó el Dr. Henderson.
—No —dijo Leo antes de que Noah pudiera hablar—. Suena interesante. ¿Cuándo empezamos?
Noah miró a Leo, incrédulo. ¿Cómo podía estar tan tranquilo? ¿Acaso no entendía lo que esto significaba? La beca Richardson no se basaba solo en méritos individuales, sino también en la capacidad de liderazgo. Este proyecto podía definirlo todo.
—Mañana a las nueve en mi oficina —dijo el Dr. Henderson—. Les daré todos los detalles. Espero lo mejor de ambos.
Cuando el Dr. Henderson se fue, Noah no pudo evitar mirar a Leo con una mezcla de resentimiento y pánico.
—Interesante, ¿verdad? —dijo Leo, acercándose a la mesa de Noah—. Parece que estaremos pasando mucho tiempo juntos.
Noah recogió sus libros con brusquedad. —No tengo tiempo para juegos, Moreau. Esta beca es todo para mí.
Leo se quedó mirando el lugar donde Noah había estado sentado, su expresión indescifrable. Cuando Noah salió del salón, sintió la mirada de Leo clavada en su espalda, igual que la noche anterior en el gimnasio.
De vuelta en su apartamento, Noah intentó concentrarse en su ensayo, pero las palabras se difuminaban ante sus ojos. Solo podía pensar en la sonrisa de Leo, en la forma en que sus ojos brillaban con desafío, en cómo su presencia parecía alterar el equilibrio perfectamente controlado de su vida.
—Esto es un desastre —murmuró, pasando las manos por su cabello.
El teléfono volvió a vibrar. Era su hermana otra vez.
—¿Vas a venir a cenar o vas a seguir hablando solo? —leía el mensaje.
Noah suspiró y respondió. —En camino. Pero necesito tu consejo. ¿Qué haces cuando tu mayor rival se convierte también en tu compañero de proyecto?
La respuesta llegó casi de inmediato. —Sonríe y prepárate para ganar. Pero quizás, solo quizás, descubre que hay cosas más importantes que ganar.
Noah sonrió. Su hermana siempre tenía una perspectiva diferente. Pero esta vez, no estaba seguro de que pudiera aplicarla. Porque para él, ganar la beca Richardson no era solo importante. Era todo.