Damiano quería a Zakhar, pero lo quería bajo sus propias reglas.
Ahora, obligado por la mafia italiana a casarse con el letal líder ruso para formar una alianza y así destruir a la Yakuza, se siente como un trofeo entregado en bandeja de plata.
Pero lo que Damiano no sabes es que detrás del frío líder de la mafia rusa de la costa oeste, se esconde una obsesión feroz que lleva años germinando en la oscuridad. Cuando las traiciones estallen y la sangre comience a correr, Damiano descubrirá la magnitud de los pecados de su esposo. En un mundo donde todos quieren verlos caer, el amor retorcido y la protección extrema de Zakhar serán su escudo... aunque el precio sea aceptar que siempre fue la presa perfecta. Pero quizás eso es lo que Damiano siempre había querido y no sabía....
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CAPÍTULO 22: CENIZAS Y DIAMANTES
La erradicación de la Yakuza dejó un vacío de poder masivo que la alianza Ivanov-Moretti llenó antes de que la sangre siquiera se secara en las calles. Sin embargo, para Damiano, el trono nunca estaría asegurado mientras quedara un cabo suelto atado a su pasado: Lorenzo Moretti.
Semanas después de la caída de Akira, Damiano citó a su padre. No en territorio hostil, ni en una bodega lúgubre, sino en la propiedad más neutral y exquisita que poseían: los viñedos privados de la familia Moretti en el valle de Napa, al norte de la Costa Oeste. Era un terreno de belleza serena, bañado por el sol del atardecer, un marcado contraste con la oscuridad que envolvía a los hombres que lo pisaban.
Damiano esperaba sentado en la enorme terraza de piedra de la mansión principal, bebiendo un vino tinto de reserva. Vestía un traje de lino azul marino, impecable, sin corbata. A unos diez metros de distancia, Zakhar permanecía de pie, cruzado de brazos, una sombra inmensa y silenciosa cuya sola presencia garantizaba que nadie en quinientos kilómetros a la redonda se atreviera a levantar la voz contra su esposo.
Cuando Lorenzo Moretti llegó, escoltado por los hombres de confianza de la Bratva, lucía como una sombra de lo que alguna vez fue. Las arrugas en su rostro parecían más profundas, y sus hombros, antes anchos y orgullosos, estaban encorvados bajo el peso de sus fracasos.
Damiano le indicó la silla vacía frente a él con un gesto elegante de la mano.
– Siéntate, padre. Tenemos que hablar del futuro de nuestra familia.
Lorenzo se sentó con pesadez. Miró a su hijo menor, recordando al niño frágil que nunca creyó capaz de liderar, y luego miró al monstruo siberiano que le guardaba la espalda.
– He escuchado lo que hiciste con Akira. – comenzó Lorenzo, con voz ronca. – Todos en la costa lo saben. Has unificado los territorios con sangre, Damiano.
– Sí. Y también he escuchado lo que tú intentaste hacer conmigo hace años. – respondió Damiano, dejando la copa sobre la mesa de cristal. Sus palabras no cargaban gritos ni rabia, sino la fría y dura verdad que Akira le había revelado. – Sé que mamá descubrió tus tratos sucios. Sé que planeabas entregarme a la red japonesa para salvar tus propios negocios y tu pellejo. Y sé que dejaste que la asesinaran para encubrir tu cobardía.
Lorenzo palideció drásticamente. Intentó hablar, intentó formular una excusa, pero las palabras murieron en su garganta. Bajó la mirada hacia sus manos temblorosas.
– Yo... yo creí que era la única forma de salvar el imperio Moretti – balbuceó el anciano, derrotado. – Fui un imbécil. El miedo me cegó. Creyendo proteger la familia, destruí a la única persona que realmente intentaba mantenernos a salvo. Tu madre fue más fuerte que yo. Y tú... tú eres más grande de lo que jamás seré.
Damiano lo observó en silencio durante un largo minuto. Hace años, habría fantaseado con clavarle un cuchillo en el corazón a su propio padre. Pero ahora, sentado en la cima de dos mundos criminales, comprendió que el odio consumía demasiada energía inútil. Lorenzo ya estaba muerto en vida; la humillación de saberse superado por el hijo que despreció era un castigo mucho peor.
– No voy a matarte, Lorenzo – dijo finalmente Damiano, recostándose en su silla. – La sangre derramada termina hoy. Pero a partir de este momento, tú ya no eres el Don. Yo asumo el control absoluto de todas las operaciones, rutas marítimas, cuentas internacionales y negocios legítimos de la familia Moretti. Los fusionaré con los recursos de los Ivanov.
Lorenzo asintió lentamente, aceptando su destitución sin resistencia.
– Lo entiendo. Es tuyo, Damiano. Todo es tuyo.
– Vivirás aquí, en los viñedos – continuó Damiano. – Tendrás seguridad privada proveída por nosotros, y una pensión más que suficiente para vivir como un rey en el exilio. Nunca volverás a tomar una decisión por esta familia, pero vivirás en paz.
Lorenzo levantó la vista, sorprendido por la piedad en los ojos oscuros de su hijo. Una lágrima solitaria traicionó su máscara de anciano capo.
—Gracias, mio figlio – susurró Lorenzo.
Damiano se puso de pie, abrochándose el botón de su saco. – Por primera vez en nuestras vidas, estamos de acuerdo, padre.
Caminó hacia Zakhar. El gigante siberiano le ofreció una sonrisa cargada de orgullo absoluto, envolviendo un brazo alrededor de la cintura de su esposo. Juntos, como los dueños indiscutibles de la oscuridad, dejaron la terraza, dejando atrás las cenizas del pasado para forjar un futuro hecho de diamantes inquebrantables.