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Heredero Enamorado

Heredero Enamorado

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Traiciones y engaños / Amor eterno
Popularitas:1.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Tintared

Darién, un joven orgulloso, prejuicioso, al lado de su grupo de amigos se ve envuelto en una saga de estrategias en donde su única ambición es acabar con el aburrimiento.
La élite, como se hacen llamar. inician el juego de sus vidas, uno que comenzó como un simple experimento pero que pondrá sus mundos de cabeza.

NovelToon tiene autorización de Tintared para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La invitación plateada.

Una semana después…

La Universidad de Heidelberg había cambiado.

O quizá no.

Quizá siempre había sido así… y ahora simplemente lo mostraba sin disimulo.

El ambiente ya no era académico.

Era expectante.

Tenso.

Hambriento.

La llamada “Fiesta de Bienvenida” no era una celebración. Era una demostración de poder. Un ritual de jerarquía donde cada invitación definía quién existía… y quién no.

Los pasillos murmuraban con una devoción casi enfermiza:

“El Ascenso del Soberano.”

Las invitaciones plateadas no eran papel.

Eran veredictos.

Idril sostenía la suya sobre el escritorio, sin tocarla del todo, como si el contacto prolongado pudiera quemarla.

El sobre perlado brillaba bajo la luz tenue. La caligrafía gótica no invitaba… ordenaba.

El sello de cera roja parecía una herida sellada a la fuerza.

—Es una trampa —murmuró Aranza, cruzada de brazos—. Una trampa elegante, sí… pero trampa al final. Nos quieren ahí para compararnos. Para exhibirnos.

Idril no respondió de inmediato.

Su pulgar rozó la venda en su mano.

Todavía dolía.

—Entonces no vamos —dijo al fin, aunque su voz no era firme—. No tengo nada que hacer en ese lugar, Aranza. No tengo su apellido… ni su forma de sobrevivir.

—Exacto —asintió Aranza—. Que se queden con su teatro.

Pero Idril no apartó la mirada de la invitación.

Y eso… ya era una grieta.

Mientras tanto, en el santuario de la Élite, el ambiente era otro.

No había ansiedad.

Había control.

El aire olía a lujo… y a dominio.

Darién Herzog observaba el campus desde el ventanal, inmóvil. No miraba estudiantes; evaluaba piezas.

Un tablero.

Siempre un tablero.

—Sigo pensando que es innecesario —dijo Holga, con una impaciencia apenas contenida—. Invitar a esa chica… arruina la estética.

No era disgusto.

Era rechazo visceral.

—No es estética —intervino Saúl, girando su copa con calma—. Es contraste. La perfección aburre sin algo que la haga evidente.

Sonrió.

—La necesitamos.

Darién habló entonces.

Sin alzar la voz.

Y aun así… todo se detuvo.

—No las invitamos para verlas —dijo—. Las invitamos para definirlas.

Se giró lentamente.

—Si las excluimos, se victimizan. Si las incluimos… y las rompemos en nuestro terreno…

Pausa.

—Se convierten en lección.

El silencio se volvió más denso.

—Quiero que lo entiendan todos —continuó—. Que fuera de sus libros… no son nada.

Samantha apoyó la barbilla en su mano.

—¿Y si no vienen?

Darién no dudó.

—Vendrán.

Su seguridad no era arrogancia.

Era certeza.

—La curiosidad es una debilidad en gente como ellas. Quieren ver lo que no les pertenece… aunque eso las destruya.

Y entonces, una leve sonrisa.

Casi invisible.

—Y si no vienen… nos encargaremos de que lo lamenten.

No sonó como amenaza.

Sonó como procedimiento.

Esa noche, Idril no durmió.

El departamento estaba en silencio, pero su mente no.

El libro abierto frente a ella era inútil. Las palabras se deslizaban sin sentido.

Porque algo más ocupaba su atención.

La invitación.

No era una fiesta.

Era una jugada.

Y ella… ya estaba dentro del juego.

Se levantó y se miró en el espejo.

La imagen no había cambiado.

Pero la percepción sí.

Se veía… pequeña.

Desplazada.

Y, aun así…

había algo nuevo en su mirada.

No era valentía.

Era resistencia.

El timbre sonó.

Aranza entró sin ceremonia, como siempre.

—No dejes que te engañe —dijo directamente—. Esto es una ejecución social.

Idril asintió.

—Lo sé.

Silencio.

—Pero estarán los decanos… el director —añadió—. No pueden descontrolarse completamente.

Aranza la miró con atención.

Y entonces lo vio.

Ese destello.

—¿Estás considerando ir?

Idril soltó una pequeña risa sin humor.

—No. Sería suicida.

—O interesante —respondió Aranza.

Se acercó.

—Vamos.

Idril la miró, incrédula.

—¿Quieres entrar ahí?

—Quiero verlos de cerca —dijo Aranza—. Sin pedestal.

Más cerca.

—Quiero ver qué pasa cuando no reaccionamos como esperan.

Eso… la hizo dudar.

—Entramos una hora —continuó—. Observamos. Nos vamos.

—No pertenecemos ahí —insistió Idril.

—Exacto —respondió Aranza—. Y eso es lo que los incomoda.

Silencio.

Largo.

Pesado.

Idril bajó la mirada.

Su pulso se aceleró.

Y luego…

decidió.

—Está bien.

Alzó la vista.

Había algo distinto en sus ojos ahora.

—Pero no vamos como víctimas.

Aranza sonrió.

—Nunca lo hacemos.

—Somos observadoras —añadió Idril—. Nada más.

—Fantasmas —concluyó Aranza.

Y así sellaron su error.

O su primer movimiento.

Al día siguiente, el salón principal de eventos se transformaba.

No en un lugar.

En un escenario.

Holga dirigía todo con precisión quirúrgica. Cada flor, cada luz, cada copa tenía un propósito.

Nada era decorativo.

Todo era simbólico.

—La iluminación debe obligarlos a verse pequeños —ordenó—. Quiero que sientan el peso del lugar desde que entren.

Los trabajadores se movían rápido.

En silencio.

Como si temieran romper algo más que el protocolo.

Saúl recorría el espacio, evaluando.

—Tengo una mesa perfecta —comentó—. Visible. Expuesta.

Sonrió.

—Educativa.

En el balcón superior, Darién observaba.

No le interesaban los detalles.

Le interesaba el efecto.

—Que todo sea impecable —dijo finalmente—. La mejor humillación… es la que no parece intencional.

Miró el salón como si ya viera la escena completa.

—Mañana no habrá escándalos.

Pausa.

—Solo realidad.

Su mirada se endureció apenas.

—Y todos recordarán cuál es su lugar.

Porque en Heidelberg…

el poder no se gritaba.

Se demostraba.

Y la fiesta…

no era el inicio.

Era la prueba.

1
Megara García
ya me comí las uñas y la actualización no llega 😭😭 auxilio ☹️
Megara García
la amiga me e cae gorda por traidora
Megara García
cómo siempre el rico aprovechándose de la situación y Aranza tendrá que hacer más que un sacrificio para salvar a su madre
Megara García
que desesperación debe sentir hasta yo sentí su dolor estar sóla en el mundo sin nadie que te cobije y la disque amiga mendigando atención
Megara García
el mundo de la élite está cargado de idiotas
Megara García
el mundo de la élite está cargado de idiotas
Megara García
me avisan cuando esté la continuación que emocionante capitulo
Yolanda Luna
Buenísima hasta donde voy leyendo
Megara García
😭😭😭😭😭 porque no está completa!!!!!
Megara García
👏👏👏👏 aplausos para la escritora este capitulo me dió emoción ternura amor y aventura
Megara García
cada vez se pone más interesante está novela
Megara García
me encantan las novelas juveniles
Megara García
maldito bullying
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