Ante la insertidumbre de la hambruna y la guerra, nosotros unos campesinos que viven cerca de la frontera, debimos huir en busca de un futuro mejor, tanto nuestra familia como nuestros vecinos, emprendimos un viaje con la esperanza de encontrar un lugar tranquilo para vivir
Acompañenos a ver esta aventura de sobrevivir en caravana
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Cap 22. Alojamiento
El pueblo que apareció al final del camino se mostraba como un pequeño rayo de luz entre tantas vivencias grisáceas. Después de días enteros viendo campos vacíos, ramas secas y árboles y humo en el horizonte, las paredes de adobe y los techos de madera parecían irreales, algunos lloraron apenas cruzaron el arco de entrada en la aldea; otros siguieron caminando con la mirada baja, demasiado cansados incluso para sentir alivio
Los animales parecían comprender el momento, que incluso su andar pareció volver a retomar el ritmo en su andar
Yo solo quería dormir
Vimos a varias personas acercándose, observaban en silencio, algunos tenían una mirada de compasión y otros con evidente desconfianza; entre ellas un hombre de mediana edad con una barba corta adelantó su paso y se colocó delante de todos, podría decirse que era el jefe del pueblo, vestido con un abrigo oscuro que seguramente había sido elegante antes de la guerra, ahora parecían harapos frente a tana miseria
Nos recibieron en la entrada del pueblo y con unas señas nos llevaron hacia la plaza
-Sé que vienen de un lugar bastante lejano, por ahora pueden quedarse unos días, hasta entonces les pido que respeten las normas del pueblo, tendrán agua, comida caliente y un techo
Tenía una vos bastante firme cuando mencionó esto. Aunque ese “unos días” que mencionó… quedó flotando en el aire porque todos sabíamos que algunos no se irían jamás
Nuestro destino es la Segunda Región del Este, lastimosamente todavía estaba lejos, más allá de los montes y de los caminos infestados de soldados desertores, se decía que allí la guerra apenas era un rumor lejano, que los mercados seguían abiertos y que los niños aún podían jugar en las calles
Debido a un tema político, es muy poco probable que el Este se meta en guerras, era más pacifista y lograba afrontar todas sus disputas con los reinos vecinos a través del dialogo o intercambios comerciales favorables para ambos, sonaba tentador… Pero nadie sabía cuánto de eso era verdad, si realmente encontraríamos paz en ese lugar
Aunque la duda se formaba en nuestras mentes y la mirada perdida de todos divagaba sin un punto fijo, muchos ya no tenían fuerzas para averiguarlo
Nos dieron permiso para quedarnos en algunos lugares en específico
Las familias comenzaron a repartirse los espacios disponibles. Las casonas que antes servían como hospedajes ahora reciben grupos enteros de desconocidos; las bodegas vacías se llenaron de colchones improvisados; incluso la vieja escuela abrió sus puertas para los refugiados sin dinero
Escuché discusiones apenas bajamos de las carretas
-Nos quedaremos aquí
-¿Y si la guerra nos alcanza?
-Dudo que llegue a este lugar, todo se ve muy tranquilo
-Puede que no llegue la guerra, pero los bandidos y los desertores… ni qué decir
La guerra había convertido a todos en expertos sobre temas de despedidas y suposiciones
En lo que llevábamos las carretas hacia un lado para evitar incomodar el paso de los demás, mi suegro logró conseguir habitaciones en una posada cercana a la plaza; lo más seguro es que haya pagado más de lo que valían, pero todavía conservábamos parte del dinero que escondió antes de abandonar la ciudad, además de lo que conseguimos al vender la primera tanda de provisiones
Gracias a eso, no tuvimos que dormir hacinados con otras familias, mis suegros consiguieron una habitación propia, Samuel se quedó con Maryori y su pequeño hijo Matthias, Alejandro con Fatima en otra, y una que Alan compartiría conmigo
Las habitaciones eran pequeñas, si lo decimos de manera amable porque apenas cabían la cama y una mesa torcida junto a la ventana, cuando cerré la puerta detrás de mí, sentí algo parecido a la paz, afuera estaba el ambiente ligeramente frío, pero dentro era extraño… no pensé que un lugar como este, nos brinde una calidez que invade el corazón
Mi esposo dejó parte de nuestras cosas y se sentó pesadamente en el borde de la cama.
-Al menos no tendremos que escuchar el berrinche de los demás esta noche
Sus palabras me hicieron soltar una pequeña sonrisa
Desde la ventana podía verse parte del pueblo, las calles abarrotadas de refugiados, la plaza donde hace un momento nos habíamos reunido, tenía carpas donde varias familias vivían; era un contraste abrumador, la diferencia de antes del caos donde un pueblo a esta hora de la mañana estaría animado con los negocios y niños corriendo, ahora alberga a familias destruidas por la lucha de poder
Ahora en esas calles animosas se ve como algunos habitantes repartían sopa en enormes ollas de hierro, algunos niños pequeños corrían entre las piernas de los adultos como si aquello fuera una aventura y no una huida; en cambio, los más grandes trataban de ayudar en lo que podían
Me preguntaba cómo estarían los demás, si habrían conseguido medicamentos para tratar sus heridas o si decidieron quedarse, hasta que unas voces provenientes del pasillo me distrajeron
Una mujer discutía con alguien porque no quería compartir habitación con otra familia, mientras un anciano tosía sin parar, tal parece que tenían miedo de contagiarse de algo. A estas alturas, hasta una simple gripe puede ser mortal
La tranquilidad parecía tener presencia por unos instantes, antes de que todos comenzaran a impacientarse
Me senté junto a mi esposo y apoyé la cabeza en su hombro, olía a polvo, sudor y humo de leña. Durante semanas ese olor había significado supervivencia.
-¿Quieres quedarte aquí? - pregunté sin mirarlo.
Él tardó en responder
-No lo sé
Era la verdad más honesta que había escuchado en días porque quedarse daba miedo, pero seguir avanzando daba todavía más
En el comedor de la posada escuché rumores mientras cenábamos. Algunas familias ya estaban negociando trabajo a cambio de alojamiento permanente; un herrero necesitaba ayudantes, la panadería buscaba manos extras e incluso el jefe del pueblo parecía dispuesto a aceptar nuevos habitantes si eso fortalecía la región
Otros hablaban de partir apenas recuperaran fuerzas
Esa noche, acostada en aquella cama estrecha, escuché la lluvia golpear suavemente el techo de madera
Por primera vez en mucho tiempo no estábamos durmiendo al aire libre, ahora teníamos un techo y paredes que nos parecían aislar de la alborotada realidad de afuera; y aun así, mientras cerraba los ojos, no pude evitar pensar que seguíamos siendo personas de paso como viajeros descansando junto al camino antes de continuar su marcha