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LA EMEPERATRIZ, DAMA DE LA NOCHE...

LA EMEPERATRIZ, DAMA DE LA NOCHE...

Status: Terminada
Genre:Venganza / Mujer poderosa / Reencarnación(época moderna) / Completas
Popularitas:31.6k
Nilai: 5
nombre de autor: CINTHIA VANESSA BARROS

Mil años atrás, la emperatriz Lían Hua fue ejecutada por adulterio. Antes de morir, juró una maldición: en su próxima vida ningún hombre la llamaría esposa. Sería ella quien los hiciera sus esclavos.
Mil años después, Lían despierta en el cuerpo de Valentina Saggese, una madam recién envenenada por la esposa de su amante. Hereda un club nocturno, quince chicas leales, una venganza pendiente, y una sola advertencia: no te enamores.
Para sobrevivir crea una identidad secreta: la Dama del Fénix, una bailarina enmascarada que enloquece a dos hombres a la vez. El que la asesinó. Y el que, sin saberlo, va a cambiar todo lo que ella se prometió no volver a sentir.
Una emperatriz no perdona. Pero también puede romperse.

NovelToon tiene autorización de CINTHIA VANESSA BARROS para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 19 — La oficina de la señora

A las nueve de la mañana del domingo, Renata bajó al despacho del segundo subsuelo.

La mansión Alarcón tenía cosas que ni Marcelo había visto en quince años de matrimonio. Una de ellas era ese despacho. Estaba al final de un pasillo de servicio, detrás de una puerta de madera que parecía un armario de provisiones. La llave la tenía solo Renata. Y un duplicado, en una caja fuerte del banco de su confianza.

Adentro: un escritorio grande, dos pantallas, una caja fuerte empotrada en la pared del fondo, y un sistema de seguridad propio que no estaba conectado al de la casa.

Era la oficina real.

La que Marcelo nunca había pisado.

Renata se sentó. Encendió las pantallas. Miró el calendario.

Sábado próximo: subasta privada. Casa Verde otra vez. Doce mujeres en lote, todas frescas, conseguidas entre marzo y abril. Compradores ya confirmados: cinco europeos, tres del país, dos del Cono Sur. Borys Komárek iba a venir. Iba a comprar a la mayor del lote.

Tachó dos nombres de la lista de compradores. No le gustaba como pujaban. Hicieron el grupo demasiado largo en la última subasta. Esta vez no.

Tomó el teléfono. Llamó a su organizadora de campo.

—Olga.

—Señora.

—La subasta del sábado.

—Sí.

—Saca a Vázquez y a Maraz de la lista de invitados. No los quiero esta vez.

—Sí, señora.

—Y la chica menor. La rubia de quince. Subámosla a la cuarta posición, no séptima. Me lo pidió Komárek desde Praga.

—Sí, señora.

—¿Y la mayor del lote? ¿Cómo está?

—Limpia. Dócil. Hablamos de doce mujeres, todas en condición vendible. Una está con bronquitis pero se le pasa antes del sábado.

—¿Dosis correctas?

—Las dosis siempre las superviso yo, señora. Sabe que no fallo.

—Lo sé, Olga. Eso me das tranquilidad.

Pausa.

—Una cosa más, señora.

—Dime.

—La invitación que mandamos hace un mes a Valentina Saggese.

Renata se quedó quieta.

—¿Qué con esa?

—Volvió a aparecer la última subasta, ¿no? La que reportaste como infiltrada. Quería confirmar contigo si esta vez la dejamos sin invitación, o si la incluimos.

Renata se quedó pensando un momento.

Después sonrió.

—Inclúyela.

—¿Señora?

—Que reciba invitación, Olga. Misma vía. Misma fecha. Mismo lugar. La queremos adentro.

—¿Estás segura?

—Estoy segura. Pero esta vez tiene compañía especial. Quiero que la próxima invitación que reciba diga Una invitada, sin acompañantes. Sin guardia. Sin chofer. Si quiere entrar, entra sola.

Olga hizo una pausa.

—Va a sospechar.

—Va a sospechar pero va a venir. La conozco. Es de las que no resiste la posibilidad de salvar a una. Esta vez vamos a ofrecerle a una niña de doce años. Va a venir.

—Bien. Hago el cambio.

—Y, Olga.

—Sí, señora.

—Si viene con alguien igual, sea quien sea, lo dejamos entrar. Pero esa noche, no se va.

—Entendido.

—Vete.

Olga colgó.

Renata se quedó mirando la pantalla.

Doce mujeres. Cinco europeos. Borys Komárek volando desde Praga. Valentina Saggese invitada otra vez, esta vez con cebo en la mano.

Domingo productivo, querida.

Se sirvió té de un termo. Bebió un sorbo.

A las once de la mañana, le tocaron la puerta tres veces. Era el código de Esteban.

—Pasa.

Esteban entró. Cerró la puerta detrás de él.

—Señora.

—Habla.

Esteban sacó el teléfono. Le pasó una foto.

Renata la miró. Era un pañuelo de seda. Plateado.

—¿Lo encontraste?

—En el bolsillo interior del saco esta mañana. Lo dejó en el perchero del cuarto antes de meterse a bañar.

—¿Lo huele?

—Lo huele cada veinte minutos, señora. Lo sostiene como si fuera un ser vivo.

—¿Otro detalle?

—Esta mañana antes de bajar, sacó la libreta del escritorio. Le agregó una línea nueva.

—¿Cuál?

—Voy a leerlo de memoria, señora. Conseguir el dinero de lo que falta. Renata tiene ocho millones más en una cuenta que no revisa hace tres años. Semana que viene.

Renata no se movió.

Esteban tampoco.

Pasaron diez segundos.

Después Renata se rió.

Una risa baja. Casi silenciosa. La risa de una mujer que acaba de recibir un regalo que esperaba pero no tan pronto.

—Esteban.

—Señora.

—Mi marido planea robarme ocho millones más esta semana.

—Eso parece.

—De una cuenta que no reviso hace tres años.

—Eso dijo el papel, señora.

—¿Sabes algo, Esteban?

—¿Sí, señora?

—Yo reviso todas mis cuentas. Todas. Cada quince días. Hay una cuenta vieja que efectivamente no toco hace tres años porque la tengo congelada esperando un trámite fiscal. Esa cuenta tiene exactamente ocho millones cuatrocientos mil dólares.

—¿Está protegida, señora?

—Está protegida con clave dinámica. La clave cambia cada noventa días. Marcelo no la sabe.

—Entonces no podrá sacarla.

—Por supuesto que no podrá sacarla. Pero lo va a intentar. Y cuando lo intente, va a dejar registro. Y con ese registro, Esteban, yo voy a tener un cargo formal contra mi propio marido por intento de robo a su esposa.

Pausa.

Renata se inclinó hacia adelante.

—Esteban.

—¿Sí?

—Quiero que la próxima semana, cuando Marcelo intente entrar a esa cuenta, lo dejes entrar.

—¿Que lo deje entrar, señora?

—Avísame antes. Yo desbloqueo la cuenta durante diez minutos. El tiempo suficiente para que mueva la plata. Quiero la prueba completa. Después la bloqueo otra vez con él adentro. Y la plata aparece en su cuenta personal, no en la mía.

—Sí, señora.

—Después yo decido cuándo lo denuncio. Pero quiero la prueba en mi caja fuerte antes del fin de mes.

—Entendido.

—Una cosa más.

—Sí.

—Hoy le vas a consignar a la cuenta personal de Marcelo dos millones.

Esteban levantó las cejas.

—¿Dos millones, señora?

—Dos. De mi cuenta abierta. Que aparezca como un préstamo familiar. Sin fecha de devolución. Mañana lunes él los va a ver al consultar el saldo y va a pensar que fui yo, generosa esposa que entiende a su marido cansado.

—¿Para qué, señora?

Renata sonrió otra vez.

—Para que pague otro baile, Esteban. Para que pague el más caro que la bailarina le ofrezca. Para que se quede sin nada antes de que yo lo entierre.

Esteban asintió.

—¿Hago la consignación ahora?

—Ahora mismo. Y le mandas mensaje al banco para que le avisen al señor Alarcón por correo electrónico que tiene una transferencia de su esposa pendiente de aceptación.

—Sí, señora.

—Vete.

Esteban salió.

Renata se quedó sola en el despacho del subsuelo.

Tomó otro sorbo de té.

Abrió la pantalla principal. Tres ventanas: en una, el calendario de la subasta. En otra, los movimientos financieros de Marcelo del último mes. En la tercera, las cámaras del Lotus. Tres cámaras pequeñas que sus hombres habían instalado en la fachada del club tres semanas atrás. Una apuntaba a la puerta principal. Otra a la salida de servicio. Otra a la calle de atrás. No tenía audio. Solo imagen.

Estudió las grabaciones de la noche anterior.

A las once y diez, Sofía había entrado por la puerta principal con un bolso de viaje pesado. A las dos de la mañana, había salido con el mismo bolso, esta vez vacío. Antes, a la una, una mujer había salido por la puerta de servicio con una bata negra encima y la cabeza tapada con un pañuelo de seda. Le había subido a un auto blanco. Era Sofía. La conocía por el auto.

Pero la mujer de la bata negra no era Sofía. La estatura era distinta. Los hombros distintos. La forma de caminar distinta.

Renata se acercó a la pantalla. Pausó la imagen. Hizo zoom.

La mujer tenía una caja pequeña en la mano. Una caja del tamaño de las que se usan para guardar joyería.

O un antifaz.

Renata sonrió.

—La Dama del Fénix —dijo en voz baja, al cuarto vacío—. Sales del Lotus por la puerta de servicio. No vives ahí. Vives en otro lugar y Sofía te lleva. Eso explica que el departamento del río esté vacío. No estás ahí. Pero estás cerca.

Se quedó mirando el video.

Sofía la lleva. Sofía la lleva personalmente. Si me da Sofía, me das a ti.

Llamó a Lorena.

—Lorena.

—Señora.

—El auto blanco de Sofía. Lo quiero seguido las veinticuatro horas a partir de mañana. Quiero saber dónde duerme Sofía y dónde para entre turnos.

—Sí, señora.

—Y quiero un equipo afuera del Lotus toda la semana. Discreto. Que no se note. Que cuente entradas y salidas. Que fotografíe a cada mujer que entre o salga por la puerta de servicio.

—Sí, señora.

—¿Algo más?

—Marcelo recibió el correo del banco, señora. Le avisaron que su esposa le transfirió dos millones. Lo vi sonreír por primera vez en una semana.

—Bien.

—¿Quiere que siga viendo qué hace?

—Sí. Y avísame cuándo le manda a Sofía la próxima oferta a la bailarina.

—Sí, señora.

—Vete.

Renata colgó.

Bebió el último sorbo de té.

Y por dentro, en una esquina pequeña del despacho del subsuelo, pensó algo que llevaba meses pensando sin decirlo en voz alta:

Lían Hua. Te llamas Lían Hua. Y bailas en un club que es de mi rival. Y mi marido te paga millones por una hora. Y eres la única mujer en toda esta ciudad que sale en mis cámaras y no aparece en ningún archivo de identidad. Eres humo, querida. Y el humo lo cazo yo.

Se levantó.

Apagó las pantallas.

Subió al primer piso.

Marcelo estaba en el comedor, leyendo el periódico esta vez, con el pañuelo plateado doblado discretamente al lado del plato como si fuera una servilleta cualquiera.

Renata se acercó. Le besó la coronilla.

—Buen domingo, querido.

Marcelo levantó la vista. La miró sin entender la repentina dulzura.

—Buen domingo —contestó, cauteloso.

—Vi que te transferí algo esta mañana. Espero que te alcance para tu inversión.

Marcelo no respondió. Solo asintió, despacio.

Renata se sentó frente a él. Le pidió a la mucama que le sirviera café.

—Marcelo.

—¿Sí?

—Esta semana vas a estar tranquilo. ¿Verdad?

—Sí.

—Bien.

Renata bebió un sorbo de café.

Y por dentro, sonrió.

Disfruta tu última semana de paz, querido. La próxima va a empezar el descenso.

Marcelo siguió leyendo el periódico.

Sin saber que su mujer ya había firmado la sentencia desde el subsuelo.

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SIMARA Lamas
Hay Lían Valentina subestimaste a la loca de Renata ahí con ella en la oficina calculaste mal y mató a una de las chicas pero las otras están contigo ahora vuelves a joderle la vida a la loca de Renata todas unidas y eso le va a doler y muchooo 😜😜
SIMARA Lamas
Ya va a empezar lo bueno señores la mafiosa contra la emperatriz china ja vamos a ver quién es quién y quién va a ganar vamos Lían Valentina bravo bravo qué no te tiemble la mano para arrancarles los cuatro pelos a Renata
SIMARA Lamas
Carajo Lían Valentina eres una máquina pensadora con razón Dante se enamoró de tí cuándo hablaron la primera vez ojalá rescaten a su hermana y acaben con esa red de tratas de blancas eso es peor qué el cáncer qué sufre una persona la trata de blancas nunca han tocado a los verdaderos responsables
SIMARA Lamas
Estos dos amantes locos si calculan todo jajaja los dos son quisquillosos no tienen remedio ja
SIMARA Lamas
A todas ellas Lían Valentina las rescató de esa organización en dónde las venden muy bien Lían Valentina les hablaste con la verdad muy bien hecho ahí las tienes a todas ellas y te van ayudar a destruir a la loca degenerada de Renata
SIMARA Lamas
Parece qué es la misma doctora aahh qué le trabaja a Renata y también a Valentina no puede ser carajo aquí cómo qué hay 😺 gato encerrado ujumm
SIMARA Lamas
Aayy diosssss Renata tú eres la mente maestra de tratas de blancas pobre Marcelo te usaron y bastante por idiota y qué enamorado Renata mujer ambiciosa avariciosa mente podrida asesina y mafiosa jajaja y Marcelo bien confiado de qué Renata nunca sé iba a enterar lo qué tú tenías a tus espaldas con Valentina Sagasse
SIMARA Lamas
Marcelo qué idiota eres te están cocinando poco a poco lenta y dolorosamente estás demasiadoooo pendejo por Renata y ella te va a destruir a ti mijo y Lían Valentina se la va a comer viva
SIMARA Lamas
Jajaja Marcelo ahora tú queridísima esposa te va a seguir diciendo qué destruyas a Valentina y a Dante por la montada de cachos jajaja qué te hicieron
SIMARA Lamas
No Renata no es reencarnada hay la reencarnada es Valentina porqué cuándo mataron a Lían Valentina acaba de morir envenenada por Renata porqué ella estaba embarazada Valentina le dijo a lian qué vengara su muerte de ella y su hijo qué era hijo de Marcelo así qué Renata no es reencarnada
SIMARA Lamas
Jajajaja al fin ojalá le den duró por pasado y malnacido cayó en la trampa qué Renata le hizo qué hombre tan despreciable y estúpido Renata dijo Marcelo va al club y mata a Valentina y yá ja y Yo me liberó de Marcelo y el va preso jajaja no te preocupes Renata qué pronto te va a llegar el karma
SIMARA Lamas
Jajaja Marcelo Marcelo caiste redondito mijo en las manos de tú querida esposa jajaja te va a comer poco a poco
SIMARA Lamas
Hay vieja tú te enamoraste de ese italiano cuándo el te contactó en el Lotus la primera vez buscando tu ayuda para rescatar a su hermana y tú reistes vieja y dijiste ese hombre está bueno
SIMARA Lamas
Siiiiii supieras Dante qué esa es la dama del antifaz así qué tú te enamoraste de ella
SIMARA Lamas
Ellos dos querían ese encuentro pero sólo sin nada de por medio pero qué pueden hacer nada a comer se ha dicho jajaja y con las ganas jajaja mejor imposible
SIMARA Lamas
Será qué le va hacer cómo cuando la envenenó oh la va a drogar como la primera vez hay carajo está Renata es una mala gente y aparte de éso es loca mafiosa y trabaja con tratas de blancas será qué a ella cuándo estaba pequeña o adolescente a ella la vendieron en alguna subasta al mejor postor aahh y por éso ella es así
SIMARA Lamas
Ojalá le salga todo bien a Lían Valentina y a Dante qué Renata no vaya hacer nada rescaten a la niña y salgan rápido de esa cueva trampa porqué Renata te tiene él oj👀o puesto en tí Lían Valentina ella más o menos sabe qué tú te has metido de llenó a rescatar a las mujeres qué subastan en la trata de blancas y tú eres su piedra en el zapato
SIMARA Lamas
Qué bien le hiciste a Andrea qué abriera los ojos con él hombre qué se va a casar muy bien y sigue Marcelo otra vez a seguir dándole dinero a Lían Valentina jajaja pendejo ya tú querida mujer Renata te va a partir en dos por estar pendiente de la bailarina y robándole. el dinero sucio qué ella se gana en la trata de blancas un dinero qué no sirve
SIMARA Lamas
Ella le vió en la mirada de Dante un brillo especial por la bailarina o sea a ella misma y tiene miedo de qué ella también siente algo por Dante
SIMARA Lamas
Hay Renata ya te están llevando derechito a la 🫕 olla y después para la cocina y tú misma te vas a quemar jajaja y cuándo te enteres qué tú grandioso esposo se acuesta no con la bailarina sino con otras mujeres jajaja qué tú misma lo vas a ver mija ja y veremos qué vas a decir y a pasar
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