NovelToon NovelToon
IMPERIO DE CRISTAL " LA REYNA DE MAXIMILIAN"

IMPERIO DE CRISTAL " LA REYNA DE MAXIMILIAN"

Status: En proceso
Genre:Amor-odio
Popularitas:1.2k
Nilai: 5
nombre de autor: mailyn rodriguez

Maximilian es el Faraón del siglo XXI, un hombre que no perdona errores y que ha construido su mundo sobre el orden y el oro. Amara es la joya que él ha deseado en silencio, la mujer que rescató de un destino cruel para sentarla en un trono que ella nunca pidió.Pero en los pasillos dorados del palacio de cristal, los secretos pesan más que las joyas. Mientras las copas de cristal se alzan en honor a su unión, un beso robado en las sombras y un plan de huida están a punto de derribar el imperio de Maximilian.Él le dio el mundo. Ella solo quería un corazón. Cuando el hombre más poderoso del planeta descubra que su reina ama a un peón, la ciudad de oro conocerá la verdadera furia de un rey traicionado. Porque en la guerra por el amor, Maximilian no está dispuesto a perder... y Amara no está dispuesta a dejarse poseer."

NovelToon tiene autorización de mailyn rodriguez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 1: El Precio de la Gracia

La cúspide de la Torre Ra no era una oficina; era un santuario al poder absoluto. A mil metros sobre el suelo, las nubes de 2026 se deslizaban contra los cristales blindados, teñidas de un naranja violento por el sol que comenzaba a ocultarse. Dentro, el aire estaba saturado con el aroma denso de la mirra y el incienso de alta gama, un recordatorio constante de que, aunque el mundo exterior se regía por el silicio y los algoritmos, Maximilian se regía por la eternidad.

Maximilian permanecía de pie, de espaldas a la puerta, observando su ciudad. Vestía una túnica de seda blanca inmaculada, ceñida por un cinturón de cuero egipcio con relieves en oro. Sobre sus hombros, un bisht —el manto real árabe— de una transparencia casi etérea, bordado con hilos de oro que formaban patrones geométricos intrincados, caía con un peso majestuoso. Sus manos grandes, esas que habían firmado contratos que movían continentes, estaban entrelazadas tras su espalda. Sus brazos fuertes se adivinaban bajo la seda, y su cabello, negro y liso, caía en un desorden calculado sobre su nuca, otorgándole un aire de león en reposo.

Escuchó el siseo de las puertas de cristal de zafiro al abrirse. No se dio la vuelta de inmediato. Disfrutaba del silencio pesado que precedía a la desesperación.

—Maximilian… gracias por recibirnos —la voz de Omar, su socio de años, sonó rota, desprovista de la arrogancia que solía lucir en los clubes de golf.

Maximilian se giró lentamente. Sus ojos café, profundos y gélidos como dos pozos de petróleo, se clavaron en la pareja que temblaba frente a su escritorio de obsidiana. Omar y su esposa, Elena, parecían haber envejecido una década en una noche. Sus trajes de diseñador ahora se veían como harapos sobre cuerpos consumidos por la angustia.

—Siéntense —dijo Maximilian. Su voz, un barítono suave pero cargado de autoridad, llenó la sala. No era una invitación, era una orden.

Se sentó tras su escritorio, donde una pequeña estatua de Anubis en oro macizo parecía vigilar la conversación. Maximilian cruzó sus piernas largas y apoyó los codos sobre la superficie negra. Su barba, perfectamente delineada, resaltaba la mandíbula firme que no mostraba ni un ápice de emoción.

—Hemos perdido todo, Maximilian —comenzó Elena, con lágrimas rodando por sus mejillas—. Las inversiones en el sector tecnológico colapsaron, las deudas con los bancos extranjeros están vencidas… y Kedar… ese hombre es un monstruo.

Maximilian arqueó una ceja. Conocía a Kedar. Un hombre de cincuenta años que escondía su decadencia tras una fachada de crueldad y tres esposas que vivían en jaulas de oro. Sabía del contrato de compromiso que pesaba sobre Amara desde que era una bebé. Un pacto arcaico que Omar había firmado en un momento de debilidad años atrás.

—Kedar reclama el cumplimiento del contrato —continuó Omar, con la voz quebrada—. Dice que si no pagamos la deuda mañana, se llevará a Amara. Ella solo tiene diecisiete años, Maximilian. Ya tiene tres esposas, es un hombre vil… Amara morirá de tristeza en ese palacio.

Maximilian permaneció en silencio. En su mente, la imagen de Amara apareció como un destello de luz entre tanta oscuridad. La había visto en las reuniones desde que era una niña. La había visto transformarse en esa belleza de piel canela y ojos profundos que siempre lo miraba con una mezcla de curiosidad y rebeldía. Para el mundo, él era un hombre frío, pero nadie sabía que el nombre de Amara era el único que hacía que su corazón de hielo latiera con una fuerza peligrosa.

—¿Y qué quieren de mí? —preguntó Maximilian, aunque ya conocía la respuesta.

—Ayúdanos —suplicó Elena, cayendo de rodillas ante el escritorio—. Paga la deuda de Omar. Libéranos de Kedar. Eres el único que tiene el poder y el dinero para enfrentarse a él y anular ese contrato. Te devolveremos cada centavo, lo juramos…

Maximilian se levantó. Su estatura imponente parecía llenar toda la habitación. Caminó lentamente alrededor del escritorio hasta quedar frente a ellos. Se inclinó y, con una gentileza extraña en él, ayudó a Elena a ponerse de pie.

—Yo no hago préstamos, Elena. Yo hago inversiones —dijo Maximilian, sus ojos fijos en los de Omar—. Kedar no soltará a Amara por dinero. Él quiere el estatus que ella le da. Para que él renuncie a ella, necesita ser aplastado. Y yo puedo aplastarlo. Puedo comprar su deuda, sus empresas y su silencio en una hora.

Omar sollozó de alivio, pero Maximilian levantó una mano, deteniendo el agradecimiento.

—Pero hay una condición. Una que no es negociable.

El silencio volvió a reinar, roto solo por el suave zumbido del aire acondicionado.

—No voy a pagar para que Amara sea libre y luego regrese a un hogar en ruinas —sentenció Maximilian, su voz volviéndose más dura—. Si yo intervengo, Amara vendrá conmigo. Yo me casaré con ella. Ella será mi única esposa, la dueña de todo lo que poseo. Borraré el contrato de Kedar con un nuevo contrato matrimonial.

Omar y Elena abrieron los ojos con asombro. No esperaban que el "Faraón" tuviera tal interés.

—¿Tú… quieres casarte con nuestra hija? —preguntó Omar, atónito—. Pero ella es tan joven… y tú…

—Yo le daré seguridad, poder y un imperio que Kedar no podría soñar en mil vidas —interrumpió Maximilian, acercándose a Omar—. No la estoy pidiendo. Estoy estableciendo el precio de su salvación. Mañana a primera hora, mis abogados liquidarán todas sus deudas y Kedar recibirá una oferta que no podrá rechazar si quiere conservar su cabeza. A cambio, Amara se mudará a esta torre y se convertirá en mi esposa antes de que termine la semana.

Maximilian volvió a su posición junto al ventanal, dando por terminada la reunión.

—Tienen una hora para decidir. Si aceptan, el contrato se redactará de inmediato. Si no, espero que Amara sea feliz en la casa de Kedar.

Cuando los padres salieron de la oficina, derrotados pero aliviados, Maximilian cerró los ojos y apretó los puños. Sabía que Amara lo odiaría. Sabía que ella lo vería como el hombre que la compró, como otro tirano en su vida. Lo que ella no sabía era que él la amaba con una intensidad que lo asustaba, y que prefería ser el villano en su historia con tal de que ella nunca tuviera que sufrir bajo el toque de Kedar.

No sabía que, en ese mismo momento, Amara estaba en el jardín de su casa, besando a un joven empleado y prometiéndole que huirían juntos, sin sospechar que su destino acababa de ser sellado con oro y seda en la cima de una pirámide de cristal.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play