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Entre Llamas Y Mareas: El Destino Del Avatar

Entre Llamas Y Mareas: El Destino Del Avatar

Status: En proceso
Genre:Mundo de fantasía / Época / Romance
Popularitas:470
Nilai: 5
nombre de autor: Fachis Reyes

En el mundo de Avatar: La Leyenda de Aang, donde la paz parecía finalmente establecida, una amenaza resurge desde las sombras: el temido Loto Rojo. Mientras tanto, en la era moderna, una joven fanática revive por milésima vez la historia del Avatar en su tableta, completamente enamorada del príncipe Zuko. Lo que no imagina es que su destino cambiará para siempre cuando una misteriosa luz azul la transporta a ese mismo universo… pero no como espectadora, sino como una poderosa maestra agua.

Ahora, atrapada en Ciudad República, en un cuerpo que no es el suyo y con una nueva vida rodeada de secretos, descubre una conspiración que amenaza con destruir al Avatar Aang y romper el equilibrio del mundo. Al advertir al Equipo Avatar, se ve envuelta en una batalla peligrosa contra enemigos implacables, donde el honor, la lealtad y el amor serán puestos a prueba.

NovelToon tiene autorización de Fachis Reyes para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Carta urgente

El viento soplaba con suavidad entre los pasillos del Templo Aire, llevando consigo una calma que contrastaba con la inquietud que se había instalado en el corazón de Sereya.

Había pasado una noche desde su llegada.

Una noche en la que apenas pudo dormir.

Cada vez que cerraba los ojos, veía aquella bóveda. Aquellas sombras. Aquellas voces hablando de muerte con una tranquilidad escalofriante.

—No fue mi imaginación… —murmuró mientras caminaba por uno de los corredores abiertos del templo.

Sus manos se cerraron levemente.

—Van a atacar.

Se detuvo, mirando el horizonte. Desde lo alto del templo, Ciudad República parecía tranquila, casi perfecta. Los canales brillaban bajo la luz del sol, las calles se llenaban de vida… y, sin embargo, ella sabía que debajo de esa calma, algo oscuro se estaba moviendo.

—Tengo que hacer que crean en mí…

Pero no sería fácil.

Katara dudaba.

Y Aang… necesitaba pruebas.

Suspiró.

—Si tan solo pudiera demostrarlo…

—Sereya.

La voz de Katara la sacó de sus pensamientos.

Se giró rápidamente.

—Oh… Katara.

Katara caminó hacia ella con paso firme.

—Aang quiere verte.

Sereya sintió un pequeño salto en el pecho.

—¿A mí?

Katara asintió.

—En la sala principal.

Sereya tragó saliva.

—Está bien.

Caminaron juntas en silencio. Sereya podía sentir la mirada de Katara sobre ella de vez en cuando.

“Sí… definitivamente me está vigilando.”

Al llegar a la sala principal, Sereya vio a Aang de pie frente a una mesa baja. Sobre ella había un pergamino del tamaño de una hoja, extendida, tinta fresca y un pincel.

Aang levantó la mirada al verla.

—Hola, Sereya.

—Hola…

Se acercó con cuidado.

—¿Me llamabas?

Aang asintió.

—He estado pensando en lo que dijiste.

Sereya sintió su pulso acelerarse.

—¿Y…?

Aang respiró hondo.

—No podemos ignorarlo.

Sereya parpadeó.

—¿En serio?

Katara cruzó los brazos.

—Pero eso no significa que confiemos completamente.

—Lo sé —respondió Sereya rápidamente—. Pero es algo...

Aang tomó el pincel.

—Voy a enviar una carta.

Sereya inclinó ligeramente la cabeza.

—¿A quién?

Aang la miró directamente.

—Al general Iroh.

El nombre hizo que el corazón de Sereya se detuviera por un segundo.

—¿A… Iroh?

Una emoción inesperada la recorrió.

—Claro… el Loto Blanco…

Katara asintió.

—Si alguien sabe algo sobre organizaciones ocultas… es él.

Aang comenzó a escribir.

El sonido suave del pincel deslizándose sobre el pergamino llenó el silencio.

Sereya observó cada movimiento.

Aang escribió con calma, pero con determinación. Su expresión era seria y concentrada.

—Debo ser claro —dijo mientras escribía—. No podemos permitirnos malentendidos.

Katara asintió.

—Y tampoco pánico innecesario.

Sereya bajó la mirada un instante.

Aang levantó la vista hacia Seraya.

Continuó escribiendo.

Después de unos minutos, dejó el pincel.

Enrolló el pergamino con cuidado.

—Listo.

Katara tomó la carta.

—¿Quién la llevará?

Aang sonrió levemente.

—Un mensajero rápido.

Sereya observó cómo Katara salía con la carta.

Un silencio quedó entre ellos.

Aang la miró con suavidad.

—Gracias por decirnos.

Sereya se sorprendió un poco.

—Pensé que no me creías.

Aang negó con la cabeza.

—No es que no te crea… es que necesito entender.

Sereya asintió.

—Yo también…

Hubo un momento de calma.

Pero en otro lugar…

Muy lejos del templo…

En la Nación del Fuego...

El sonido del agua hirviendo llenaba el aire.

El aroma del té recién preparado se extendía por la habitación, creando una atmósfera cálida y tranquila. En una sala amplia, decorada con elegancia y tonos rojizos, un hombre mayor sostenía una taza con ambas manos, disfrutando de cada sorbo con calma.

Iroh cerró los ojos por un instante.

—Ah… el equilibrio perfecto…

La puerta se abrió.

—Tío.

Iroh sonrió sin abrir los ojos.

—Zuko.

Zuko entró en la sala, con paso firme y expresión seria. Su presencia llenaba el espacio con una intensidad distinta a la calma de Iroh.

—Ha llegado una carta.

Iroh abrió los ojos lentamente.

—¿De quién?

Zuko se acercó, extendiendo el pergamino.

—Del Avatar.

El ambiente cambió.

Iroh dejó la taza con cuidado.

Tomó la carta.

La desenrolló.

Y comenzó a leer.

Zuko observaba cada cambio en su expresión.

Al principio, curiosidad.

Luego… atención.

Y finalmente…

Seriedad.

Iroh bajó la carta lentamente.

—Interesante…

Zuko frunció el ceño.

—¿Qué dice?

Iroh levantó la mirada.

—Habla de una organización.

—¿Una organización?

—El Loto Rojo.

Zuko se tensó.

—Nunca he escuchado de ellos.

El aire se volvió pesado.

—Hace años… un miembro del Loto Blanco abandonó nuestro camino.

Zuko cruzó los brazos.

—¿Quién?

—Xai Bau.

El nombre quedó suspendido en el aire.

—No estaba de acuerdo con nuestra visión de equilibrio —continuó Iroh—. Creía que el mundo debía liberarse de toda estructura, incluso quieren "liberar" el mundo de la presencia del Avatar.

Zuko frunció más el ceño.

—¿Y formó esto…?

Iroh asintió lentamente.

—Parece que sí, pero no estábamos del todo seguros, hasta ahora.

Zuko apretó los puños.

—Entonces es real.

Iroh dobló la carta con cuidado.

—Más real de lo que nos gustaría.

Zuko caminó unos pasos.

—Si están en Ciudad República…

—Entonces el Avatar está en peligro —completó Iroh.

Zuko se detuvo.

Su mirada se volvió más intensa.

—Tenemos que ir.

Iroh sonrió levemente.

Zuko giró hacia él.

—¿Vendrás?

Iroh tomó su taza nuevamente.

—Por supuesto.

Bebió un último sorbo.

—No dejaría pasar una taza de té en Ciudad República… ni una crisis de tal magnitud.

Zuko suspiró.

—Tío…

Iroh rió suavemente.

—Además… será interesante ver qué tan cierta es esta advertencia.

Zuko miró la carta.

—¿Crees en lo que dice?

Iroh lo observó.

—Creo… que alguien arriesgó mucho para decirlo.

Zuko asintió.

—Entonces no podemos ignorarlo.

Iroh dejó la taza.

—Prepárate. Partimos hoy mismo.

Zuko no dudó.

—Sí.

Salió de la sala con determinación.

Iroh se quedó unos segundos más.

Miró la carta una vez más.

—Loto Rojo…

Sus ojos se entrecerraron ligeramente.

—El pasado siempre encuentra la forma de volver…

Horas después…

Un barco de la Nación del Fuego cortaba las aguas con rapidez.

El viento agitaba las velas.

Zuko estaba de pie en la proa, mirando al horizonte.

Sus ojos reflejaban determinación.

—Ciudad República…

Detrás de él, Iroh observaba el mar con calma.

—El destino nos llama otra vez.

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